jueves, 30 de abril de 2026

    “Relación carnal” entre el mundo empresario y el sistema educativo

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    Por Debora Schapira (*)

    En nuestro país este paradigma estratégico se ha venido extendiendo en los últimos años bajo el concepto de Responsabilidad Social Empresaria (RSE).
    El economista argentino Bernardo Kliksberg, uno de los principales teóricos del concepto, traza en diferentes artículos el camino de un paradigma que con el correr de los años fue evolucionando desde la noción de una empresa que solo existe para producir beneficios entre sus accionistas hasta la idea de una “ciudadanía corporativa” en la que se espera de la empresa que se comporte como un ciudadano ejemplar. El paradigma fue dejando atrás –sobre todo en los países desarrollados– ese “reflejo” social consistente solo en el gesto filantrópico o la donación de marquesina.
    ¿Qué sucede en la Argentina en ese ámbito? En noviembre pasado, Mercado publicó una encuesta que arroja resultados reveladores del avance que se ha logrado en nuestro país en esta dirección pero también del largo trecho que aún resta por recorrer. El estudio –que la revista lleva a cabo anualmente entre ejecutivos de empresas de primera línea– demostró que sobre una base de 256 empresas encuestadas, 83% dijo realizar algún tipo de acción de carácter filantrópico o comunitario; sin embargo 46% lo hace sin un presupuesto específico y cuando se trata de evaluar la calidad del funcionamiento, los logros reales y el balance social de estos programas, solo 23% cuenta con indicadores específicos.


    Richard Schmalensee.

    Experiencia en las universidades
    A medida que el concepto de responsabilidad social se va asentando en el tramado “ideológico” y práctico del universo corporativo, otras instancias comunitarias van reclamando y descubriendo la enorme potencialidad que supone abrazarlo y ejercerlo. Así, junto al concepto de RSE se ha venido abriendo paso otro de similar sesgo conocido como RSU (responsabilidad social universitaria).
    Martin Kaufmann, vicerrector de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, destaca la experiencia de la casa de estudios al señalar que, “el compromiso social de nuestra institución se materializa en los objetivos básicos que se ha fijado desde su creación”.
    Kaufmann ilustra este compromiso de RSU con la creación del museo de la Universidad (Muntref) cuyas más de 21 muestras a escala regional ejemplifican la voluntad de difundir la cultura en toda la región y a todos los niveles. Desde el año 2002 se han exhibido muestras pertenecientes a Antonio Seguí, Antonio Berni y Juan Carlos Castagnino, entre otros. “Para la Tres de Febrero –dice– la RSU forma parte de esa relación íntima e irrenunciable entre el conocimiento, el desarrollo y el bie­nestar de los pueblos”.
    La tarea de incluir un modelo de compromiso social de las universidades semejante al del ámbito empresarial constituye sin duda una tarea difícil, ya que esta actividad suele asociarse a un estilo corporativo de gestión. Sin embargo, en la última década un equipo de académicos de diversas universidades latinoamericanas (Chile, México, Perú, Costa Rica) ha realizado estudios orientados a establecer estándares para las dimensiones del posicionamiento ético-político de las instituciones.
    El proyecto “Construye País” en Chile, por ejemplo, conformado por un equipo de académicos de diferentes universidades, ha desarrollado instrumentos de medición de carácter cualitativo y cuantitativo de la RSU a los fines de incorporar mejoras a las acciones de la universidad frente a la sociedad. En México se ha elaborado un índice de RSU que sintetiza los aspectos que requieren las instituciones de educación superior para alcanzar mayor correspondencia con la comunidad: pertinencia social, vinculación, extensión universitaria y difusión de la cultura, y en Costa Rica el Trabajo Comunal Universitario (TCU) articula la docencia, la investigación y el servicio a la sociedad.
    En general, los diversos estudios publicados sobre el tema de la responsabilidad social universitaria (RSU) tienden a identificar como espacios de aplicación aquellas áreas funcionales que le son propias a las instituciones de la educación superior: docencia, extensión y gestión.
    “Las universidades, al igual que las empresas –sostiene Antonio Domingo, coordinador de la Carrera de Administración de Empresas de la Universidad Nacional de Tres de Febrero–, son organizaciones. Su misión es procurar el desarrollo humano y el mejoramiento colectivo. Son responsables de formar profesionales pero también ciudadanos con sensibilidad social y comportamiento ético".
    En lo que podría representar una voluntad teórica de inscribir el concepto en un marco “holístico”, el BID y el BM definen la responsabilidad social universitaria (RSU) como “la gerencia ética e inteligente de los impactos que genera la organización en su entorno humano, social y natural”.
    Los “impactos” se refieren a los actores que se vinculan con ella, la comunidad universitaria (estudiantes, graduados, docentes y no docentes) y también otros actores claves del desarrollo social (Estado, ONG, organismos internacionales y empresas). Bajo el marco teórico de los “impactos” se han venido elaborando una serie de variables o indicadores que permiten monitorear la coherencia de estos enunciados y sus acciones concretas.
    Así, un estudio del francés François Vallaeys (Pontificia Universidad Católica de Perú) señala “…algunos de los temas claves que engloban estas variables son por ejemplo, gestión ética y calidad de vida institucional, participación social responsable, formación académica socialmente responsable, investigación socialmente útil y gestión medioambiental responsable”.


    Debora Schapira

    ¿Cómo vincular RSE y RSU?
    Muchos analistas tienden a reconocer la necesidad de establecer una “relación carnal” entre el mundo empresario y el sistema educativo de modo tal que la RSE y la RSU se retroalimenten en el marco de una colaboración y un feedback permanente, que resulten en el diseño de un círculo virtuoso.
    “No sería nada nuevo –dice Sergio Álvarez, quien se desempeña como supply chain manager en una importante compañía del mercado– ya que el sistema universitario ha sido proveedor de numerosos aportes científico-técnicos, desarrolla estudios especializados sobre diversas disciplinas y brinda al mercado laboral un semillero de nuevos profesionales. A su vez la empresa ofrece infraestructura tecnológica y logística, recursos económicos a través de donaciones y becas de estudio, y provee el escenario industrial para la formación laboral y práctica profesional de estudiantes y graduados”.
    En los países desarrollados, esta transferencia universidad-empresa constituye el enlace institucional dinamizador de la economía nacional. En Alemania, considerada por muchos analistas como el modelo a seguir en materia de RSU, existe el sistema universitario dual –de alternancia– caracterizado por impartir una formación en la que el alumno combina períodos laborales en empresas con períodos formativos (habitualmente en trimestres alternos).
    Alumno y empresa están vinculados por un contrato laboral a lo largo de los años docentes. La Universidad Privada de Ciencias Aplicadas de Economía y Tecnología “FHWT” (Vechta) exhibe con orgullo el resultado de esta modalidad institucional que ha generado una red de 200 empresas alemanas socias. 
    En nuestro país –hay que reconocerlo– existen no pocos ejemplos de colaboración universidad-empresa. Sin embargo, estas iniciativas bien intencionadas fracasan a veces por no tener un correlato orgánico estructural y presupuestario de envergadura entre sus miembros. Pero existen también ejemplos alentadores de continuidad y permanencia en el plano de la educación media.
    Así, la Asociación Empresaria Argentina –AEA– ha venido implementado desde 2004 un programa de acción cuyo fin es promover el acercamiento entre la escuela técnica y el mundo productivo. Uno de los pilares de este programa es el ciclo de visitas de los docentes del ciclo superior de las escuelas técnicas a empresas del sector afines a las materias que imparten. Es un clásico ejemplo de círculo virtuoso: se produce un acercamiento al mundo productivo y se genera a su vez un espacio de actualización docente in situ. Durante el año 2010 se realizaron 21 visitas y se capacitaron 361 docentes pertenecientes a las disciplinas de computación (167), química (148) y otras especialidades técnicas (46).
    Quickfood/Marfrig, Praxair, Conuar, IBM y Coto representan solo algunos ejemplos de las empresas visitadas en el último semestre del año.1
    En la educación superior la vinculación con el sector productivo se materializa en áreas específicas. Los temas de reclutamiento son los de mayor intercambio, las pasantías educativas por ejemplo son una de las figuras institucionales que ha mantenido su continuidad a pesar de los últimos cambios en su reglamentación relacionados con la duración de la pasantía, una baja en la carga horaria, cobertura de salud y salario no inferior al básico del convenio colectivo.
    Cabe mencionar también las ferias de empleo u otros eventos de empresas que suelen organizarse de manera conjunta con el sector educativo así como la capacitación “in company” sobre temáticas específicas de la actividad industrial o cursos de formación gerencial.
    Otro tipo de enlace entre empresa y universidad surge a partir de los servicios de consultoría, estudios sectoriales, evaluación de proyectos y formulación de planes estratégicos. Bernardo Rudoy, director del Centro de Estudios de la Pequeña y Mediana Empresa de la Facultad de Ciencias Económicas (CEPYMECE) de la UBA explica que “el objetivo central que impulsó la creación del centro fue apoyar a las pequeñas y medianas empresas desde el ámbito universitario para vincular las actividades académicas con la economía real”. “Este concepto –agrega– redundó por ejemplo en actividades de asesoramiento sobre comercio exterior, consultoría tributaria y jurídica, líneas de crédito a tasas subsidiadas para equipamiento y capital de trabajo, informatización organizacional y consultoría sobre competencia desleal por dumping”.
    Puede que esta primera suma de experiencias constituya la excepción de una voluntad que no siempre se traduce en impactos significativos. Pero también es cierto que ellas revelan una vocación tanto empresarial como universitaria que reconoce la necesidad de identificar –y armonizar eficazmente– esa convergencia virtuosa entre RSE y RSU.
    Como dijo Richard Schmalensee, decano de la Escuela de Management del MIT (Massachusetts Institute of Technology), al dirigirse a los candidatos a ingresar a la escuela: “Si están interesados solo en hacer dinero, este no es el lugar para ustedes. Si buscan aprender medios creativos para gerenciar organizaciones complejas de modo de ayudar a la sociedad y construir riqueza, esto es lo que ofrecemos. Sean bienvenidos”.

    1- Datos disponibles en www.empresaescuela.org

    (*) Debora Schapira es licenciada en Administración de Empresas – Posgrado de especialización en Políticas Educativas Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Profesora Universitaria.
    debyschap@fibertel.com.ar