viernes, 1 de mayo de 2026

    Con ética y autorregulación

    DOSSIER |

    Por Carina Martínez


    Eduardo Pestarino

    La crisis financiera global enseñó que las regulaciones implementadas luego de Enron no tuvieron el efecto deseado. ¿Qué es lo que falló? Para Eduardo Pestarino, Regional Executive, The Americas de Crowe Horwath, una parte importante de la respuesta está en la ética, que es algo que no se escribe ni se regula sino que se practica.
    “La mayoría de los escándalos financieros y que involucran a los auditores no tienen que ver con que los profesionales no supieron hacer su trabajo, sino con que no tuvieron independencia. Se trata de un problema ético y moral y la solución es una autorregulación real, el autocontrol; ser más estrictos con uno mismo”, asegura el ejecutivo.
    De ahí, la importancia del trabajo de los organismos que nuclean a los profesionales, que son los que generan las normas y llevan adelante el control, y la apuesta a seguir trabajando en la capacitación en valores. “Esta capacitación empieza con el ejemplo –enfatiza–. La ética no se expresa con palabras sino con hechos. De la cabeza de la firma hacia debajo debe haber una línea que diga ‘este es el camino a seguir’. –Y remarca– La independencia del auditor es un estado mental, no se puede regular”.
    Para Pestarino, la influencia de los entes reguladores en la profesión es negativa, porque han impuesto procesos muy largos y costosos. Y en cuanto a las propuestas que están barajándose en Europa respecto de la regulación de la profesión, considera que gran parte de ellas no van a implementarse y que, de hacerse, EE.UU. (con quien la Argentina está más alineada profesionalmente) tardará muchos años en incorporarlas.
    En términos generales, el ejecutivo admite no concordar con las prohibiciones e imposiciones –en parte porque obligan a las empresas-cliente a tener que elegir a quién contratar–, ni con la propuesta de que las empresas deban cambiar de auditor cada seis años. “El costo de la primera auditoría es muy alto y en el caso de una gran empresa, en seis años el auditor no llega siquiera a conocerla”, sostiene. En cambio, sí le resulta positivo que exista rotación de socios y de ejecutivos principales, que haya ciertos niveles de control y que las instituciones financieras no dirijan todas las auditorías a las Big Four, para que se abra la competencia.

    Responsabilidad compartida
    Si bien los auditores fueron foco de atención en los renombrados casos de fraude, Pestarino advierte la necesidad de mirar más allá, ya que se trata de un problema de gobierno corporativo. “Cuando en la mayoría de los casos la remuneración de los directivos está en función de los resultados, pueden generase esquemas que terminan por confundir al auditor. Para que exista un fraude tiene que haber una oportunidad pero también una motivación y la motivación ahí es muy grande. Es cierto que el auditor tiene que tener un rol más activo en temas de fraude, y que tiene una gran responsabilidad, pero no es el único culpable”.
    Para el ejecutivo, resulta importante entender que la relación entre empresa y auditor es constructiva y no solo de control. “El rol del auditor es central para la compañía y el crecimiento de la economía. Es quien debe ayudar a la empresa a mejorar su sistema de comunicación, eficiencia, controles; debe colaborar para que la red de información que termina en un estado financiero sea útil para la firma y para terceros”, explica.
    Y más allá de las distintas propuestas de regulación, rescata otro proceso fundamental: la globalización de los estándares, la utilización de normas internacionales de contabilidad (IFS). “En la medida en que EE.UU. termine de adoptarlas y haga el cambio, se va a facilitar la comparación de los estados financieros, va a mejorar la calidad de la información y va a ser más fácil que el mercado se depure”.
    “Además, permitirá que organizaciones como la nuestra, que sin ser una Big Four tiene una estructura mundial con altos estándares de control de calidad, mucha capacitación internacional, metodologías y plataformas tecnológicas comunes, pueda competir por cualquier cliente internacional de un tamaño medio alto, como lo hacemos ahora. El mercado va a entender que no tiene que pagar de más por una marca”.
    En cuando a la Argentina, donde identifica un alto perfil de profesionales y un trabajo destacado de la actividad, considera que es necesario avanzar en la tendencia internacional de certificación de profesionales, de tal manera que no valga lo mismo la firma de un recién egresado o de alguien que nunca ejerció la actividad, que la de un profesional con capacitación continua.
    “Tenemos que ayudar a elevar el estándar de la profesión; eso es autorregulación. Que no dé lo mismo estudiar que no estudiar, ser ético o no; para no desprestigiar la profesión y competir por precio, lo cual bastardea una profesión importantísima, que es parte de un engranaje”.