martes, 21 de abril de 2026

    El país, cerca de un nuevo ciclo histórico

     

     

     


    © vschlichting – Fotolia.com

    Entre agosto y octubre (primero con las primarias abiertas y luego con las elecciones de renovación parlamentaria) habrá un verdadero plebiscito sobre la popularidad del actual Gobierno y sobre sus posibilidades de gestionar los dos años que quedan hasta el final del mandato, sin sobresaltos.
    Una derrota en la provincia de Buenos Aires y en los principales distritos podría impulsar un proceso conocido como el tiempo del “lame duck” o pato rengo, como llaman en Estados Unidos al gobernante vaciado de poder efectivo. Pueden ser tiempos muy difíciles, dadas las características de los principales actores en escena.
    Pero en todo caso está claro que el país está a las puertas de un nuevo ciclo histórico ya que el actual demuestra su agotamiento. Es necesario “la reinvención de la Argentina” (tema que ocupará el espacio central de la próxima edición de agosto).
    En un contexto muy significativo: cuando el mundo experimenta uno de los cambios más grandes de la historia, y el centro de gravedad de los acontecimientos se ha trasladado de los países avanzados a los emergentes, del Atlántico al Pacífico, de EE.UU. a China.
    Aunque nada es definitivo y siempre hay margen para rectificar. Los que ayer sentenciaban que EE.UU. dejó de ser la megapotencia hegemónica de un mundo unipolar y que su decadencia es imparable, se encuentran hoy con que la economía de ese país crece más que todas las de Europa y muchas de las de Asia y que el shale gas & oil estadounidense da un respiro y alienta la reactivación industrial inmersa además en un extraordinario proceso de innovación tecnológica.
    Algo a tener en cuenta sobre las posibilidades de nuestro país que parece contar con la segunda reserva mundial en shale oil. Una perspectiva energética que, junto a la enorme capacidad del país para producir alimentos, puede ser decisivo para cambiar la historia.
    Según pronostica la FAO, hacia 2050 la población mundial habrá subido 2.000 millones sobre la cota de 2001. Para mantener cierto equilibrio, la producción de alimentos deberá expandirse alrededor de 70%. Es una cifra enorme, máxime para suelos sobreexplotados y una oferta alimentaria orientada a 2.500 millones de personas cuya productividad tiende a retrasarse.
    Para revertir ese proceso, muchos analistas y dirigentes creen urgente otra “revolución verde”, inclusive superior a la trasformación y el alza de rindes en las décadas del 60 y el 70. Semejante objetivo presupone mejores tecnologías, semillas genéticamente alteradas y otros adelantos tecnológicos. Los riesgos de hambrunas detonadas por necesidades básicas fuera del alcance para mucha gente, ponen en primer plano el problema de la seguridad alimentaria.
    Parece una contradicción, pero no lo es. Una visión de largo plazo se torna urgente si nuestro país aspira seriamente a consolidar un camino de desarrollo sostenible. El próximo orden global es más incierto, pero al mismo tiempo hay condiciones propicias para insertarnos con éxito en la economía mundial.

    Cómo la tecnología cambia los negocios

    No toda tecnología emergente es una revolución ni modificará drásticamente el escenario social o económico, pero algunas de ellas tienen el potencial de transformar a fondo la forma en que la gente trabaja o vive.
    Por eso es esencial para el mundo de los negocios detectar a tiempo cuáles son las tecnologías con vocación disruptiva y actuar en consecuencia.
    Algunos indicios de este cambio vertiginoso: toda la información digital, la data disponible, se duplica cada 20 meses; el número de artefactos conectados a Internet es ahora de 12.000 millones; los pagos efectuados desde teléfonos móviles están arañando la marca de US$ 1 billón (millón de millones).
    Tanto big data como su consecuencia, analytics, comienzan a ser herramientas imprescindibles para que el mundo de los negocios entienda los mercados en los que operan y puedan tomar decisiones correctas. Lo que se ha dado en llamar social media, se ha convertido en una pieza clave que vincula a empleadores, clientes y proveedores como nunca antes.
    La nube, “the cloud”, con su inmenso poder revolucionario de entregar poder digital a bajo costo está diseminando una nueva variedad de modelo de negocios que inclinan el fiel de la balanza a la alternativa “alquilar” antes que a la de “comprar”.
    Durante este año, Mercado se ha ocupado de temas centrales de la tecnología. Y lo seguirá haciendo hasta diciembre.
    Ahora lo que importa, en el informe que se despliega en esta edición (a partir de la página 122) es –cómo Techbusiness o la tecnología transforma los negocios–, es determinar cuáles han sido las empresas de IT que aportaron en este proceso y qué fue, concretamente lo que aportaron que cambió la forma de hacer negocios.

    Finanzas globalizadas: tregua o nuevos rumbos

    La globalización es una tendencia irreversible. Pero como suele suceder con las tendencias, tiene avances y retrocesos en su camino hacia delante. Hace al menos tres décadas que las finanzas globales iniciaron su marcha globalizadora, con el aporte de nuevas tecnologías y del acceso a nuevos mercados. Pero la crisis financiera, a partir de 2008, puso fin a esa etapa y hoy, con estancamiento, el problema es como retornar al camino del crecimiento.
    En Europa, por ejemplo, desde finales de 2007 los bancos redujeron en US$ 2,8 billones (millones de millones) los préstamos transfronterizos dentro de la zona del euro. A cinco años de la crisis, estos flujos de capitales se mantienen 60% por debajo de su pico pre-crisis y el crecimiento de los activos financieros se ha detenido. La cuestión ahora es: ¿podría la continuidad de este retraimiento convertirse en una amenaza para el crecimiento y la prosperidad del futuro?
    ¿Para dónde se inclinará el fiel de la balanza? Lo que ocurrió a finales de junio es desalentador para los optimistas de la globalización. En la última semana de ese mes, se produjo un verdadero derrumbe en el precio de títulos de deuda del Tesoro de Estados Unidos y en el mercado de bonos privados.
    Para que ello ocurriera, bastó que el titular de la Reserva Federal, Ben Bernanke, anunciara que está próximo a finalizar el programa de quantitative easing que inyectaba nuevos fondos mensuales en la economía estadounidense (y por tanto en la global).
    En ese lapso, las tenencias de bonos del Tesoro en las arcas de la FED por orden de instituciones financieras extranjeras disminuyeron en US$ 32.400 millones en esos días, reduciendo el total a US$ 2,93 billones.
    También los inversionistas privados se sumaron al festival de ventas y redimieron bonos por US$ 23.300 millones en forma simultánea.
    La hasta ahora reciente abundancia de dólares en el escenario internacional, así como el largo periodo con bajas tasas de interés, tuvieron que ver con el proceso de inyección mensual de recursos. Programa que comenzó en el momento culminante de la crisis financiera de 2008, y que fue objeto de tremendas críticas. Los economistas republicanos insistían en que habría inflación –y no aumento del empleo como aseguraba la FED–.
    En 2010, cuando los demócratas perdieron el control de la Cámara de Representantes, la Reserva anunció la segunda etapa: la compra de US$ 600.000 millones en títulos del Tesoro.
    Un año después, se anunció la tercera etapa (QE3, también conocida como Operation Twist). La meta era en ese momento reducir las tasas de interés de largo plazo, comprando precisamente bonos del Tesoro de largo plazo. Naturalmente, los opositores redoblaron sus críticas.
    Lo curioso y contradictorio de la actual situación es que, ahora que la FED está dispuesta a reducir el proceso de compra mensual y a eliminarlo en algún momento del año próximo, sin embargo sigue bajo ataque. Ahora, porque esos anuncios han contribuido a levantar las tasas de interés. Es temprano para terminar la experiencia, dicen en esta oportunidad.
    En verdad, todo lo que dijo Bernanke es que era prudente, a medida que la recuperación económica es evidente, y después de haber dominado el rumbo de los mercados financieros por más de seis años, moderar el ritmo mensual de compras durante este año.
    Se estima que el proceso de compras mensuales cesará totalmente cuando el indicador de la tasa de desempleo llegue a 7%. Por ahora, la FED sigue comprando un promedio de US$ 85.000 millones mensuales, manteniendo bajas las tasas de interés, y logrando que haya un excedente de dólares ávido de ser invertido en economías emergentes.
    Pero un cambio de la política de quantitative easing puede tener efectos inmediatos. Una enorme masa de dinero que circula por el mundo sin rumbo fijo y sin encontrar las oportunidades que pretende puede decidir el retorno a Estados Unidos, donde –por ejemplo– la nueva realidad energética, con abundancia de shale oil y shale gas, garantiza rendimientos interesantes al capital.
    Siempre que las buenas noticias económicas sigan fluyendo, como ha estado ocurriendo en los últimos meses. Pero como lo advirtió Bernanke, cuando se abandone esta política monetaria, la FED no venderá más títulos respaldados por hipotecas. Además, cuando la tasa de desempleo baje de 7%, será el momento de comenzar a elevar las tasas de interés.