El gran tema en discusión ahora es si además de conservar el ambiente y ser eficientes en el uso de energía –por ejemplo– las empresas deben cambiar el modelo de negocios para lograr crecimiento global con desarrollo sustentable, sostenible en el tiempo.
Los que están a la vanguardia en esta materia sostienen que lo único relevante es transformar los actuales modelos de negocios en línea con la sustentabilidad.
El debate ha ganado en madurez. La cuestión de fondo es si las empresas están en condiciones de hacer los grandes cambios estratégicos necesarios para lograr un desarrollo global que de verdad sea sostenible.
Algunos pensadores que transitan entre la política y la economía sostienen que, para lograr que el capitalismo beneficie a toda la sociedad, las empresas deben comenzar a pensar de otro modo; abandonar los estrechos límites de la responsabilidad social empresaria y avanzar en el diseño de estrategias que a la par que garantizar utilidades generen mayor valor social a su accionar.
Propuesta a la que es difícil oponerse, aunque sea casi imposible ponerse de acuerdo en cómo se logra. Más allá de la repulsa que merecería de Milton Friedman si estuviera vivo, este concepto tiene una notable seducción intelectual pero el camino a recorrer está plagado de dificultades.
Las empresas, o al menos un grupo importante de ellas, en especial las de presencia global, están haciendo esfuerzos por introducir cambios que les permitan crecer cuidando simultáneamente el medio ambiente. Los Gobiernos, por su parte, exhiben un liderazgo débil que los lleva –por ahora– de fracaso en fracaso.
Si bien ya hay muchas empresas que se esfuerzan por aumentar la eficiencia energética y practican el management de recursos, muchos les reclaman que vayan más allá del cambio incremental y transformen totalmente sus modelos de negocios. De lo que se trata es de si pueden o no hacer los ambiciosos cambios estratégicos que hacen falta para lograr un desarrollo global sustentable.
Más recientemente, aparecieron dos conceptos revolucionarios: todo modelo de negocio debería ser sustentable y el crecimiento económico debe ser siempre inclusivo, que combata con eficacia la pobreza.
Corto y largo plazo
Como telón de fondo, hay otra gran inquietud: cómo, en un ámbito que se mueve con objetivos de corto plazo, las empresas pueden desarrollar las estrategias de largo plazo necesarias para hacer frente a temas como la pobreza, el cambio climático y el problema global del agua.
Si se observan las actividades de algunas empresas líderes parecería que la corriente se está volcando hacia modelos de negocios que adhieren al concepto de desarrollo sustentable.
Empresas como Unilever, Nestlé, Procter & Gamble y muchas otras han manifestado deseos de transformar sus cadenas de suministro mediante estrategias que van desde el apoyo a pequeños agricultores africanos hasta la imposición de rígidos niveles ambientales a los proveedores y rediseño de productos.
Para el director del británico “Forum for the Future”, Jonathon Porritt, hoy es más fuerte el liderazgo que proviene del sector empresarial que del Gobierno. Lo demuestran las cifras que arroja el Índice BITC (Business in the Community) que realiza una ONG británica sobre responsabilidad empresaria. Los resultados indican que algunas empresas se están desempeñando muy bien. Sin embargo, los rankings empresariales y los premios de sustentabilidad no necesariamente indican cambio generalizado.
Algunas de las empresas que recibieron premios por estrategias responsables a veces no han dado ejemplo de responsabilidad. Por ejemplo, en su momento, la cantidad de galardones ambientales recibidos por la comercializadora de energía Enron no le impidió involucrarse en un gigantesco escándalo contable.
Con todo, se vuelve cada vez más difícil para las empresas esconder malas conductas o abuso ambiental. La difusión de tecnologías de comunicación ha hecho de la transparencia una exigencia cotidiana para las organizaciones.
En realidad, se trata de un círculo virtuoso: con el aumento de la transparencia, las empresas que declaman valores que no cumplen se exponen al ridículo en cualquier momento.
El Estado frente a la agenda sustentable
Habrá mayor presión regulatoria sobre toda la actividad privada










