El envejecimiento activo combina movimiento, estimulación cognitiva, participación social y un entorno preparado para que la persona sostenga sus hábitos con la mayor independencia posible. Con ese enfoque, En Casa reunió recomendaciones orientadas a preservar la autonomía y la salud mental de los adultos mayores, con prácticas que pueden incorporarse en el hogar y cuidados específicos para reuniones familiares.
En el plano físico, la propuesta apunta a sostener la movilidad y reducir el riesgo de caídas. Caminar, realizar ejercicios de fortalecimiento muscular y sumar prácticas de equilibrio, flexibilidad o elongación forman parte de ese esquema. No se trata, necesariamente, de rutinas complejas: una caminata regular y ejercicios sencillos en casa aparecen como alternativas de base, mientras que disciplinas como yoga y taichí pueden incorporarse de acuerdo con las posibilidades y la indicación médica de cada persona.
La dimensión cognitiva también requiere entrenamiento. Leer, hacer manualidades, aprender un juego o un instrumento, escuchar música, escribir o participar de actividades teatrales se enumeran como formas de estimular atención, memoria y aprendizaje. Cuando estas propuestas se comparten con otras personas, además, favorecen el contacto social y ayudan a prevenir el aislamiento, un factor que suele incidir en el bienestar emocional.
El vínculo con generaciones más jóvenes suma un componente adicional dentro de la participación social. Jugar, contar historias, enseñar un oficio o aprender a usar una herramienta tecnológica se mencionan como actividades que rompen la rutina y generan un intercambio en el que todos participan. En ese ida y vuelta, el adulto mayor puede reforzar el sentido de propósito y la percepción de que sus conocimientos y vivencias mantienen vigencia.
“El envejecimiento activo no consiste en negar el paso del tiempo, sino en atravesarlo con autonomía y calidad de vida”, afirmó María Eugenia Méndez, directora médica de En Casa. “Acompañar esta etapa implica revisar los controles de salud, la alimentación, la vacunación y las condiciones del hogar”, agregó.
En el terreno doméstico, las recomendaciones se vuelven especialmente relevantes durante reuniones familiares, que conservan una dinámica vincular valiosa pero requieren consideraciones prácticas. Se sugiere mantener libres las zonas de paso, retirar alfombras u otros obstáculos, asegurar una buena iluminación y dejar bastones o andadores al alcance. Si la persona utiliza silla de ruedas, debe contar con espacio suficiente para desplazarse y permanecer cómoda. También se plantea respetar las pautas de alimentación e hidratación.
En personas con desorientación o deterioro cognitivo, los encuentros numerosos o los cambios de ambiente pueden generar confusión y temor; en esos casos, suelen funcionar mejor reuniones pequeñas, en espacios conocidos y con estímulos moderados. En paralelo, el acompañamiento profesional en el hogar puede ayudar a integrar estas dimensiones en la vida cotidiana: cuidadores, acompañantes terapéuticos y equipos de rehabilitación no solo asisten en tareas diarias, también promueven hábitos, vínculos y actividades orientadas a sostener la autonomía y el bienestar emocional.


