El Alzheimer puede comenzar años antes del diagnóstico, sin olvidos evidentes. En muchos pacientes, el inicio se manifiesta con cambios de conducta, ansiedad o síntomas depresivos, y recién tiempo después aparecen limitaciones en dominios neurocognitivos. En ese marco, la Dra. María Luciana Ojeda (M.P. 07.257), médica especialista en Psiquiatría y fellow en Demencias y Enfermedad de Alzheimer, planteó que una forma de depresión “que sigue funcionando” puede pasar inadvertida y asociarse a un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad.
La Organización Mundial de la Salud reporta que 57 millones de personas en el mundo conviven con demencia y que el Alzheimer representa entre 60% y 70% de esos casos. En Argentina, con una población que envejece, el impacto crece cada año.
Ojeda sostuvo que el carácter silencioso del proceso puede confundir. “Lo que confunde a muchos es que los primeros signos no son siempre olvidos evidentes”, señaló la especialista. También describió que, en algunos casos, la enfermedad avanza de manera “invisible” mientras hacia afuera la vida cotidiana se mantiene aparentemente normal.
La depresión que no paraliza
En la práctica clínica, la psiquiatra identificó un fenómeno que, afirmó, no debería ignorarse: una depresión que no interrumpe la rutina. “Existe una forma de depresión que no paraliza”, explicó Ojeda. En esa situación, las personas pueden ir a trabajar, responder mensajes y sostener obligaciones, pero postergan la consulta porque perciben que “no es para tanto”.
Entre los patrones recurrentes mencionó cansancio que el sueño no repara, dificultades para concentrarse, pérdida de interés en actividades antes disfrutadas, cambios sin explicación en el peso o el apetito y un vacío emocional difícil de nombrar. También describió un retroceso social: menos llamadas respondidas, ausencias en reuniones y menor participación, sin que desde afuera se perciba algo alarmante.
La especialista vinculó ese cuadro con un entorno cultural que desalienta la vulnerabilidad. Planteó que reconocer que algo no está bien puede vivirse como un fracaso personal y que las redes sociales profundizan la presión por sostener una imagen de vida perfecta.
Riesgo por sexo y prevención
Ojeda enfatizó una conexión neurobiológica entre depresión no tratada y riesgo de Alzheimer. En su explicación, la depresión sin tratamiento afecta la circulación sanguínea, incrementa la inflamación e interfiere en mecanismos de protección neuronal, con efectos acumulativos durante años.
En cuanto a la diferencia por sexo, afirmó: “Las mujeres con depresión tienen el doble de riesgo de desarrollar Alzheimer… y en los hombres… el riesgo se cuadruplica”. Como medidas para intervenir, enumeró decisiones cotidianas como controlar la presión arterial, cuidar la diabetes, mantenerse activo y atender la salud mental.
Para quienes cuidan a una persona con Alzheimer, recomendó evitar confrontaciones y priorizar intercambios simples y directos, cara a cara. Además, señaló alternativas de intervención temprana con respaldo: psicoterapia cognitivo-conductual, tratamiento psiquiátrico cuando corresponde y ejercicio físico regular, por su efecto sobre neurotransmisores vinculados al estado de ánimo.


