Costa Rica plantea una forma de turismo de lujo que se aleja de la idea tradicional centrada en la categoría del hotel o la sofisticación del servicio. La propuesta se organiza alrededor de otros atributos: disponer de tiempo, desconectarse de la rutina, permanecer en contacto con la naturaleza y diseñar viajes a medida de los propios intereses.
En ese marco, el destino pone el acento en experiencias que buscan redefinir qué se entiende por exclusividad. “Lo extraordinario no depende solamente de dónde alojarse, sino de cómo se vive el destino”. Bajo esa lógica, el lujo puede asociarse a despertar con los sonidos del bosque, relajarse en aguas termales alimentadas por la actividad geotérmica, contemplar fauna en su hábitat natural, descubrir playas alejadas del ritmo cotidiano o dedicar horas al descanso.
Esa lectura del viaje se vincula también con el concepto de “Pura Vida”, una expresión arraigada en la identidad costarricense. Se presenta como una filosofía que trasciende el saludo y se conecta con “disfrutar lo simple, valorar el presente, conectar con las personas y con la naturaleza y vivir con una actitud positiva”. Trasladado al turismo, el enfoque apunta a bajar el ritmo para experimentar el destino de manera más pausada, en lugar de limitarse a recorrerlo.
La variedad de combinaciones posibles aparece como uno de los rasgos centrales. Un itinerario puede alternar caminatas por parques nacionales con baños termales; o bien articular jornadas de adrenalina, como una tirolesa entre los árboles, con sesiones de yoga o tardes frente al océano. “Naturaleza, playa, aventura, bienestar, cultura y gastronomía pueden combinarse dentro de un mismo itinerario y adaptarse a los intereses, tiempos y preferencias de cada persona”.
La diversidad también se refleja en las opciones de alojamiento. El país reúne hoteles de lujo de cadenas internacionales, hoteles boutique, resorts, ecolodges y propuestas sostenibles, distribuidos en entornos de playa, montaña, bosques y zonas rurales. En muchos casos, la naturaleza se integra a la estadía como parte de la experiencia: desde despertar cerca del océano hasta descansar rodeado de vegetación o elegir alternativas orientadas al bienestar.
Dentro de este esquema, el turismo wellness ocupa un lugar relevante. La oferta incluye sesiones de yoga, caminatas por el bosque, contacto directo con la tierra, alimentación basada en productos locales, spas, hidroterapia y aguas termales. A la vez, se suman propuestas de senderismo en parques nacionales, observación de fauna silvestre, recorridos por volcanes y visitas a fincas de café o cacao, además de actividades como surf, rafting y experiencias vinculadas con la conservación.


