CEOs y líderes empresariales comenzaron a ocupar un rol cada vez más visible en redes y plataformas digitales, donde hablan en primera persona, construyen audiencias propias y adoptan prácticas asociadas a los creadores de contenido. El fenómeno, que se instaló bajo la etiqueta de “influencers corporativos”, se vincula con cambios en la forma en que hoy se construye la confianza y con una mayor afinidad de las audiencias por voces humanas frente a discursos institucionales tradicionales.
La dinámica se apoya en dos fuerzas que avanzan en paralelo. Por un lado, la *creator economy* impulsa la idea de que cualquier individuo puede construir una audiencia y una narrativa propia. Por otro, crece la desconfianza hacia los formatos corporativos más clásicos, donde la voz pública de las compañías suele quedar mediada por comunicados, campañas y voceros institucionales entrenados.
En ese cruce, el C-Level suma una función adicional a la conducción de las organizaciones: representar públicamente valores, decisiones y cultura. “Es en ese cruce donde el C-Level empieza a ocupar un nuevo rol además de liderar organizaciones, también representar públicamente sus valores, decisiones y cultura”, dijo Mariela Mociulsky, CEO de Trendsity.
En América Latina, la tendencia se vuelve cada vez más visible en plataformas como LinkedIn, y también empieza a expandirse hacia TikTok e Instagram. En esos espacios, se observa a ejecutivos que comparten aprendizajes, muestran el detrás de escena de sus compañías o participan de tendencias culturales con el objetivo de conectar con audiencias más amplias.
El crecimiento de esta exposición pública no se limita a la región. A nivel global, además del “caso paradigmático de Elon Musk”, aparecen ejemplos de CEOs que adoptan lenguajes propios de creadores. Esa decisión, sin embargo, abre un capítulo de riesgos reputacionales: la visibilidad incrementa el alcance, pero también amplifica reacciones adversas.
Un ejemplo citado en el análisis fue el de un CEO de una multinacional que intentó conectar desde un formato más informal en redes, al mostrarse en una dinámica cotidiana vinculada al producto. La reacción fue de rechazo: lo que buscaba humanizar a la marca fue interpretado por parte de la audiencia como forzado o poco auténtico.
La lectura de Trendsity es que la confianza hoy se construye más en voces humanas y auténticas que en marcas abstractas, aunque la presencia del C-Level por sí sola no alcanza. “Hay que construir una presencia con sentido, consistencia y autenticidad”, dijo Mociulsky.












