La industria del gaming en América Latina dejó de ser un espacio centrado solo en el entretenimiento y pasó a funcionar como un ecosistema digital y financiero de alto valor, por la convergencia de microtransacciones, activos virtuales, datos personales y medios de pago integrados. En ese escenario, VU ubicó a estas plataformas entre los blancos prioritarios del cibercrimen organizado, con ataques orientados al robo de activos y a la suplantación de identidades.
En el marco del Día del Gamer, la compañía sostuvo que las amenazas evolucionaron desde vulneraciones simples hacia operaciones “altamente automatizadas” apoyadas en inteligencia artificial generativa. Ese cambio, describió, permite desplegar campañas de ingeniería social hiperrealistas, capturar credenciales a escala y duplicar sitios oficiales para apropiarse de cuentas.
El contexto actual, señaló, expone un límite de los esquemas tradicionales: validar una credencial de acceso de manera aislada ya no resulta suficiente. Entre las modalidades mencionadas aparecen la distribución de malware a través de chats de juego, promesas engañosas de activos virtuales y la creación de páginas clonadas de procesadores de pago para capturar información financiera.
Dentro de ese mapa de riesgos, la protección de usuarios vulnerables —en particular, menores de edad— se convirtió en un punto de discusión regulatoria y operativa. VU planteó que el uso de verificación biométrica con prueba de vida cobra relevancia cuando se integra a sistemas de validación de edad con fuentes confiables. El objetivo es comprobar la titularidad de una cuenta en servicios restringidos y evitar el acceso de menores a plataformas no autorizadas, sin depender de controles estáticos que suelen ser evadidos.
La compañía también ubicó como eje el equilibrio entre seguridad y experiencia de usuario. Durante años predominó la premisa de que sumar controles incrementa la fricción y eleva el abandono de los jugadores. Sin embargo, sostuvo que el impacto negativo aparece cuando la protección está mal diseñada y aplica barreras uniformes sin evaluar el riesgo. La tendencia, agregó, migra hacia la autenticación adaptativa y el análisis contextual, con evaluación continua de señales de comportamiento y patrones anómalos para operar casi sin intervención en transacciones habituales y elevar exigencias cuando se detecta mayor riesgo.
“La identidad digital siempre tiene a una persona detrás”, dijo Sebastián Stranieri, CEO de VU. “La tecnología no debe ser una serie de obstáculos, sino una arquitectura de confianza”, agregó.
Entre las recomendaciones, la firma sugirió comprobar la autenticidad de los sitios web y evitar ingresar a plataformas o realizar pagos desde enlaces recibidos por mensajería instantánea o anuncios no solicitados. También propuso implementar verificación multifactor o llaves de acceso (passkeys) resistentes al phishing, y revisar los datos del procesador de pago antes de autorizar depósitos o retiros de dinero. En entornos familiares, recomendó evitar guardar métodos de pago en dispositivos compartidos, utilizar controles parentales y no compartir códigos de verificación, claves ni datos personales en chats de videojuegos.












