Una campaña con mayores precipitaciones, asociada a un año Niño, puede acelerar la adopción de drones agrícolas para realizar aplicaciones cuando las máquinas terrestres no logran ingresar al lote por falta de transitabilidad. La ventaja principal es la posibilidad de intervenir aun con excesos hídricos, aunque el desempeño no depende solo del equipo: requiere capacitación, criterios agronómicos, logística y elección del modelo adecuado.

En ese marco, el Ing. Agr. Matías Fernández Koller, jefe de Investigación y Desarrollo de Bidcom Agro, planteó que el principal desafío no se limita a “entrar” al lote, sino a hacerlo en el momento agronómico indicado. El costo de esperar a que seque el piso puede acumularse dentro del cultivo, con impacto sobre el control de malezas, enfermedades y plagas.

El valor de llegar a tiempo

En barbecho, la demora puede implicar enfrentar malezas de mayor tamaño y más difíciles de controlar. “Si no puedo entrar y no aplico, las malezas siguen creciendo”, señaló Fernández Koller. También señaló que una maleza adulta es más resistente y tolerante que una joven, por lo que la oportunidad de aplicación incide en la eficacia del control y en la eficiencia de la intervención.

El mismo concepto se extiende a tratamientos preemergentes y postemergentes. En el caso de fungicidas e insecticidas, la ventana de aplicación puede ser más acotada. “Al tener una ventana de aplicación acotada, si una enfermedad o una plaga avanza mientras no podemos entrar, el control pierde eficacia”, agregó Fernández Koller.

Además de llegar a tiempo, el dron evita circular sobre el lote y reduce el pisoteo. Fernández Koller mencionó referencias de pérdidas de rendimiento de entre 2% y 4% en aplicaciones terrestres, según condiciones de trabajo. En un año húmedo, también se evita el ingreso de maquinaria pesada sobre suelos con exceso de agua, con riesgo de huellas y compactación.

Errores a evitar y alternativas de adopción

El uso de drones no implica reemplazar a las pulverizadoras terrestres, sino sumar una herramienta complementaria cuando las condiciones del suelo, el desarrollo del cultivo o la urgencia dificultan su utilización. Para quienes se inician, Fernández Koller destacó dos aspectos agronómicos: la preparación de la mezcla y la calidad de aplicación. “Con el dron trabajamos con muchos menos litros por hectárea y una solución mucho más concentrada”, explicó.

También cambia la dinámica de la gota: el dron puede operar a tres o cuatro metros de altura, con mayor impacto del viento y las condiciones ambientales, lo que vuelve más exigentes la calibración y el uso de coadyuvantes. A eso se suma el riesgo de trasladar al dron la misma receta de una pulverizadora terrestre, ya que una sobredosificación puede aumentar casos de fitotoxicidad.

Antes de adquirir un equipo, otra alternativa es recurrir a contratistas especializados. “Se puede averiguar qué contratistas están trabajando en la zona, conocer cómo vienen operando y probar la tecnología”, recomendó Fernández Koller. Según estimaciones manejadas por Bidcom Agro, el parque de drones agrícolas habría pasado de unos 100 equipos en 2023 a alrededor de 3.000 en 2026.