sábado, 22 de agosto de 2026

Angie Mastrángelo pone el foco en el criterio como clave para delegar

La especialista plantea que, en pymes argentinas, el crecimiento se frena cuando el conocimiento y las decisiones quedan concentrados en la conducción y no se traducen en criterios compartidos, un punto que impacta en la autonomía del equipo, la velocidad operativa y la capacidad de escalar procesos sin interrupciones constantes.

La delegación de tareas aparece como un tema recurrente cuando una pyme busca crecer, pero no siempre se agota en definir procesos, roles, seguimiento o en evaluar la capacidad del equipo. En ese recorrido, Angie Mastrángelo propone mirar un obstáculo menos visible: la dificultad de poner en palabras el criterio que guía decisiones cotidianas y que suele quedar concentrado en la conducción.

“Tu empresa no puede crecer si todo sigue viviendo en tu cabeza”, seññaló la capacitadora. La frase sintetiza una dinámica frecuente: quienes lideran una pyme no solo dirigen, también conservan una parte importante de la memoria operativa del negocio.

Ese conocimiento acumulado se expresa en detalles que no siempre están documentados ni compartidos. La conducción suele saber qué cliente requiere una atención especial, qué proveedor tiende a fallar, qué excepción puede hacerse o qué promesa quedó pendiente. En el día a día, ese “saber” funciona como un atajo para resolver situaciones y destrabar problemas con rapidez.

El costo aparece cuando el equipo necesita consultar antes de avanzar y la respuesta llega de manera fragmentada: entre una reunión y otra, por WhatsApp, por mail o en un pasillo. La situación puntual se resuelve, pero el criterio queda en el mismo lugar. Ante un caso similar, la pregunta se repite y la organización entra en un circuito de dependencia: el equipo ejecuta, pero las decisiones relevantes vuelven de forma recurrente a una sola persona.

En ese escenario, es habitual interpretar que el problema es la falta de autonomía. Mastrángelo plantea que, incluso con personas capaces y voluntad de delegar, puede faltar un elemento decisivo: el “mapa completo” para decidir. “Lo que muchas veces nos falta traducir y conversar es el criterio: qué miramos, qué evaluamos y qué priorizamos nosotros antes de tomar una decisión”, comentó.

Sin ese sentido compartido, elegir se vuelve difícil. El desafío se intensifica cuando la empresa crece: durante una etapa, muchas cuestiones se resolvieron por cercanía, con información que circulaba de manera informal y decisiones rápidas. Cuando el equipo se amplía, lo que antes era agilidad puede transformarse en dependencia; la charla breve que ordenaba todo pasa a ser una interrupción permanente, y la claridad de estar “todos cerca” se diluye frente a más personas, más clientes, más decisiones y nuevas capas de gestión.

La pregunta que propone la especialista es concreta: qué parte de la empresa sigue dependiendo de que la conducción esté disponible para pensar, validar o destrabar. Identificar los criterios que hacen la diferencia evita que cada situación vuelva al punto de partida y permite que el conocimiento, el criterio y la capacidad de decisión circulen en el equipo.