En infraestructura de tarjetas, postergar la modernización se convirtió en un costo creciente para los bancos, en un mercado donde la velocidad y la agilidad para responder a la experiencia de uso funcionan como variables competitivas. La discusión, que durante años se concentró en si convenía construir y operar la infraestructura de manera interna o apoyarse en un tercero especializado, se desplazó hacia otra pregunta: cuánto cuesta seguir sosteniendo una plataforma legacy que ya no responde al ritmo que exige el mercado, incluso si fue desarrollada in-house o provista por un proveedor tradicional.
La presión no proviene solo de otras entidades financieras. La banca tradicional también compite con fintechs y billeteras digitales capaces de lanzar y modificar productos en ciclos cada vez más cortos, lo que obliga a revisar los tiempos de salida al mercado y la capacidad de adaptación. En ese marco, la velocidad deja de ser un tema exclusivamente tecnológico y se vuelve una decisión estratégica.
Santiago Witis, Country Manager del Cono Sur en Pomelo, lo resume en estos términos: “La velocidad no significa simplemente desarrollar más rápido”. “Significa poder convertir una decisión de negocio en un producto disponible para los clientes sin que la infraestructura se convierta en el cuello de botella”, agregó.
Costo operativo y costo de oportunidad
Sostener una plataforma de tarjetas legacy implica más que el desarrollo inicial de una solución. Requiere mantenerla actualizada, incorporar nuevos requerimientos, garantizar disponibilidad, gestionar integraciones y responder ante incidentes, mientras evolucionan las necesidades del negocio y los estándares de seguridad. En bancos de gran escala, ese esfuerzo también se traduce en un costo de oportunidad: recursos que podrían enfocarse en nuevos productos, experiencia de cliente o estrategia de negocio.
“El costo de sostener una infraestructura que no evoluciona al ritmo del negocio no termina cuando el producto sale a producción”, señaló Witis. “La pregunta es cuánto foco y cuánto tiempo de los equipos requiere sostener todo eso”, completó.
Criterios para una modernización
Al modernizar infraestructura crítica, la evaluación incluye riesgos como la dependencia del proveedor, la migración de la cartera y el cumplimiento regulatorio, por lo que la decisión no se limita a costos o plazos de implementación. Entre los criterios mencionados aparecen disponibilidad y resiliencia —para evitar interrupciones ante picos de demanda o incidentes—; escalabilidad —para acompañar el crecimiento del volumen de tarjetas y transacciones sin rehacer integraciones—; seguridad y cumplimiento —según estándares y regulación de cada mercado en el que opera el banco—; y capacidad de evolución, para incorporar nuevos productos y requerimientos sin proyectos de migración.
En esa línea, el enfoque propuesto apunta a definir qué capacidades son estratégicas para el banco y cuáles pueden ser resueltas por especialistas, sin resignar seguridad, disponibilidad ni control. Pomelo plantea que una infraestructura moderna puede resolver la complejidad tecnológica y operativa detrás de estos servicios a través de una integración, de modo de liberar recursos para el desarrollo del negocio.


