La trazabilidad y el monitoreo en tiempo real ganan lugar como criterios operativos para evaluar la solvencia de una organización sanitaria en Argentina. En esa mirada, la transparencia deja de ser un atributo ético y pasa a funcionar como un activo de gestión, en un contexto donde el sector enfrenta demandas de “certezas financieras y respuestas inmediatas”.
Marcelo Shwiff, presidente de Grupo ROISA, sostiene que el sistema transita un cambio de paradigma: pasar de una administración pasiva de recursos a una “ingeniería de datos aplicada al bienestar”. El planteo apunta a ordenar procesos, mejorar la capacidad de respuesta y sostener la sustentabilidad sin resignar calidad médica ni atención humana.
Para que ese modelo sea sostenible, el directivo describe una arquitectura de tres pilares tecnológicos y operativos: automatización de procesos, monitoreo preventivo y transparencia de la información. El objetivo es abordar uno de los desafíos críticos del sector: identificar áreas de mejora operativa y corregir desvíos en el flujo de recursos que históricamente limitaron la capacidad de inversión del sistema.
En ese esquema, los tableros de control cumplen un rol central. La implementación de herramientas de seguimiento “de alta precisión” permitiría detectar oportunidades de optimización antes de que se traduzcan en desajustes financieros. Además, ese tipo de monitoreo se asocia a una mayor robustez técnica en auditorías y procesos de fiscalización.
Otro componente es la digitalización y la autogestión, que se presentan como herramientas de eficiencia con impacto directo en la estructura de costos. Al reducir la asimetría informativa y automatizar consultas mediante canales virtuales, se busca disminuir la fricción administrativa de los canales tradicionales. En esa lógica, un sistema de salud moderno es el que permite que el socio gestione necesidades de forma autónoma, con acceso inmediato a información clara.
La propuesta se completa con la integración vertical y la capacidad de respuesta física. Shwiff incluye en ese punto la trazabilidad en autorizaciones y el despliegue de recursos propios en áreas sensibles, como emergencias o programas de prevención móvil, para mitigar riesgos y reducir costos futuros mediante la detección temprana.
“En última instancia, la tecnología actúa como el garante de la humanización del sistema”, dijo Marcelo Shwiff, presidente de Grupo ROISA.












