Todos los domingos del mes, el cine York (Juan Bautista Alberdi 895, Olivos) proyecta Nuestra tierra, la más reciente película de la Lucrecia Martel y repasa las películas anteriores de la directora. El ciclo comenzó este domingo 3 de mayo con La ciénaga (2001). A continuación, el resto de la programación:
10/05 – 18 h
La niña santa (2004)

Sinopsis: En un hotel de aguas termales viven sus dueños, y una hija adolescente, Amalia, que participa de grupos de reflexión católica junto a su amiga Josefina. Se realiza un congreso médico en el hotel y entre los que participan está el tímido Dr. Jano. Un triángulo amoroso, inquietantes revelaciones íntimas y una serie de equívocos harán que las vidas de estos personajes se crucen bajo los techos de este hotel hasta que todo estalle.
En su segundo paso, Martel profundiza una línea donde lo íntimo se vuelve inestable y lo moral se desarma desde adentro. El despertar de una adolescente no aparece como un paso claro, sino como una zona confusa donde religión, deseo y culpa se contaminan mutuamente. La mutación del cuerpo y lo que creemos que sabemos de él como cruz, santo y seña. Martel se desplaza hacia la percepción: su obra empieza a delinear un mundo donde las certezas nunca son fiables y la experiencia se construye desde lo ambiguo.
La mujer sin cabeza (2008)
Sinopsis: Una mujer, en una distracción mientras conduce, atropella algo. Recorren la ruta pero sólo hay un perro muerto, y amigos allegados a la policía confirman que no hay información de un accidente. Todo vuelve a la calma y el mal momento parece superado, hasta que la noticia de un macabro hallazgo preocupa nuevamente a todos.
Los fantasmas de Martel en su máxima expresión: la negación como forma de existencia. ¿Qué es un ánima si no un negador de la mayor de las certezas que tenemos como humanos? La protagonista, María Onetto en estado de plena gracia, no solo atraviesa un posible accidente, sino que encarna una manera de habitar el mundo basada en eludir aquello que resulta insoportable. Una maldición victoriana que anda. Martel convierte esa evasión en forma cinematográfica: lo que falta, lo que no se ve o no se dice, organiza el relato. En su trayectoria, esta película marca un punto de máxima depuración: lo inquietante como perfecto hogar del cine.
Sinopsis: Zama es un hombre que espera muchos años ser reconocido por sus méritos, ser deseado, ser amado. Decide atrapar a un peligroso bandido y recuperar su nombre. En el fracaso se libera de su espera.
Martel toma la novela de Antonio Di Benedetto y expande sus limbos hacía un tiempo y un espacio ajenos. Eso sí: mantiene intacta su obsesión por los cuerpos atrapados, en este caso, en un sistema que lo excede y comprime. El foco ya no está en la familia contemporánea sino en la estructura colonial, aunque la lógica es la misma: sujetos inmovilizados, dominados por fuerzas que no controlan. La espera, la frustración y el deterioro se vuelven aquí históricos, ligados a una identidad construida sobre la negación y el deseo de pertenecer a otro lugar.












