miércoles, 22 de abril de 2026

    Destinos exóticos, confort garantizado

    Para quien suele cruzar el océano más de una vez por año, el mundo parece chico a la hora de elegir un lugar fuera de lo común, donde pasear, descansar y conocer nuevos escenarios en medio del confort y el mejor servicio. Tal vez por eso los destinos exóticos se han convertido en una de las estrellas del mercado turístico de lujo.


    Fundada en 1984, la empresa TC Asociados se especializa en este tipo de viajes desde 1994, cuando comenzaron a operar en la Argentina las líneas Malaysian, South African y Quantas, lo que redujo las tarifas y la duración de los viajes a los destinos asiáticos, africanos y de la cuenca del Pacífico.


    La empresa transporta a unos 5.000 pasajeros por año a destinos como Kenia, Zimbabwe, Botswana, Namibia; las islas Seychelles, Maldivas, Comores y Mauricio; Malasia, Bali, Indonesia y Singapur; los Emiratos Arabes, y Australia, Nueva Zelanda y Polinesia. Los viajeros son, en su mayoría, matrimonios de 28 a 40 años, con y sin chicos, y gerentes o profesionales algo mayores (entre 40 y 60 años).


    “Miami no va más”, sentencia Roberto Rosales Santiago, socio gerente de la empresa. “Quienes eligen estos destinos exóticos son gente que viaja a Europa una vez por año. Les gusta conocer otros lugares y disfrutar de un servicio de primer nivel. En el sudeste asiático, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica, además, se gasta poco en relación con otros destinos. Porque las cosas que hay para comprar son baratas, y no son sitios donde haya mucha actividad nocturna.”


    En Ciudad del Cabo está el Cape Grace, considerado entre los mejores hoteles del mundo. Contrariamente a lo que podría creerse, no es particularmente caro: US$ 300 la noche, bastante lejos del flamante Burj Al Arab, de Dubai, el único hotel siete estrellas del mundo, que se levanta, moderno y majestuoso, sobre el agua. Una noche en alguna de sus suites cuesta un promedio US$ 1.000. TC Asociados ya vendió 15 noches. “Van empresarios, políticos; algunos son figuras conocidas, cuyos nombres no puedo revelar”, desliza Rosales Santiago.


    En otro estilo, existen en Africa algunas reservas privadas donde pasar una noche cuesta US$ 1.200.


    El príncipe Carlos de Inglaterra suele visitar, con la menos célebre Camilla, la isla Mauricio, en el océano Indico, un lugar que a los argentinos les cuesta US$ 6.000 por una semana. Más allá de que el lugar es, según quienes lo conocen, de una belleza extraña e irresistible, la habitual presencia del noble británico es uno de los motivos por los cuales lo eligen los viajeros de este lado del mundo.


    Para los más osados, están los safaris en Botswana, adonde se llega en aviones privados. Hacia estos destinos, cuyos precios oscilan entre US$ 7.000 y 8.000 por una semana, TC Asociados vende tres o cuatro paquetes cada año.


    Hay propuestas para familias de cuatro personas que pueden costar un total de US$ 60.000. En una temporada, TC vende varios de estos paquetes, sobre todo en enero.


    Según Rosales Santiago, la recesión no le puso freno a sus tours. “Nuestro mercado no la siente especialmente, aunque sí se advierten algunas pausas que tienen que ver con momentos de expectativa. Por ejemplo, después del anuncio del blindaje, en una semana la gente decidió viajar y salió a contratar paquetes. El 2000 fue un año malo, pero ahora, después del blindaje, estamos mucho mejor”.


    Sobre rieles


    Según afirman muchos viajeros experimentados, el ferrocarril suele ser el medio de transporte más placentero. Sobre todo cuando el tren es uno de los más lujosos del mundo. En Sudáfrica hay dos ejemplos notables: el Blue y el Rovos, con suites de tres ambientes y vagones alfombrados. Recorren paisajes exóticos a baja velocidad, con servicios de primer nivel, vagones panorámicos, comidas y tragos exclusivos, músicos en vivo y visitas a templos y reservas.


    El Rovos Rail ofrece originales safaris ferroviarios, además de la posibilidad de realizar a bordo conferencias, lanzamientos de productos, reuniones de ejecutivos y seminarios para profesionales. El Blue Train despliega cinco tipos de alojamientos diferentes para recorrer el sur del país.


    El Eastern and Oriental Express, que une Bangkok y Singapur, ofrece servicios que van desde los US$ 800 hasta los US$ 3.000 que cuesta la suite presidencial. Durante los tres días de viaje, los pasajeros atraviesan selvas y arrozales, toman el té en sus compartimientos, hacen visitas guiadas a las ciudades en las que se detienen y disfrutan, incluso, de una excursión en bote por el legendario río Kwai. Todo por algo menos de US$ 1.500 por persona.


    En Europa, el Royal Scotsman es otra de las alternativas de alto nivel, reservada para los proverbiales happy few: transporta apenas a 32 pasajeros. En su recorrido a través de Gales, Escocia e Inglaterra incluye visitas a mansiones y castillos.


    Pero, indudablemente, la estrella de todos los trenes es el Venice Simplon-Orient Express, que atraviesa Europa en medio de una ambientación que recrea el esplendor de los años ´20. Uno de sus itinerarios más populares une Londres y Venecia en tres días, pasando por París, y cuesta algo menos de US$ 2.000 por persona, promedio. El mejor champagne, los vinos más selectos, las comidas más refinadas y la música en vivo acompañan el viaje, que incluye el paso a través del túnel que une Inglaterra y Francia. Eso sí: no tiene duchas, ya que los vagones son los originales de la época.


    Una de las características claves de este tipo de viajes es la anticipación que se requiere para hacer las reservas. En el caso de las líneas africanas, se calcula que un mes es el tiempo adecuado. Pero el turista argentino no suele ser muy previsor, en parte por cuestiones de idiosincrasia, y en parte por la situación económica general. De modo que los operadores y representantes locales tienen que reservar cierta cantidad de plazas, aunque no estén seguros de venderlas. Para el Orient Express, la espera puede extenderse a un año.


    De alto vuelo


    En un viaje a Miami por American Airlines, los pasajeros que vuelan en la clase económica un día de semana en temporada baja, pagan unos US$ 700; pero en ese mismo avión hay 16 asientos que están reservados para los que quieran y puedan pagar casi 10 veces más. Claro que a cambio de esos US$ 6.770 se espera un servicio acorde con el precio. Desde que llega al aeropuerto, con un servicio especial de embarque, hasta el trámite para ingresar a Estados Unidos, una vez llegado a destino, el pasajero recibe una atención que corre pareja con la comodidad de unos asientos tan aptos para el trabajo como para el descanso.


    Según Héctor Perícoli, gerente de Business Relations de American Airlines, “después de algunas transformaciones podemos decir que nuestra primera clase es de pleno lujo”.


    La estrategia de marketing que desarrolla la empresa responde a una venta de imagen a través de los contactos y de las visitas personalizadas, fundamentalmente a las empresas de origen norteamericano.


    Cuestión de espacio


    Con cinco vuelos semanales a Zurich (tres con escala en San Pablo y los otros dos en Río de Janeiro), Swissair tiene reservado el más calificado servicio en su primera clase para 12 pasajeros. Esta distinción demanda un desembolso de US$ 6.000, contra los US$ 899 que cuesta un boleto en la clase económica en temporada baja.


    Franz Seigenthaler, gerente de Swissair para el área latinoamericana, explica que la diferencia de precios entre una clase y otra surge, básicamente, por el espacio que ocupan los asientos: “El avión es una superficie que vendemos para transportar bienes y personas, y lo que estamos vendiendo principalmente es el metro cuadrado a cierto precio. Un asiento en primera clase equivale a las dimensiones de seis en la categoría turista”.


    El índice de ocupación en primera clase es de 75%, que para Swissair equivale a una facturación anual de US$ 2 millones. En lo que parece una constante para todas las aerolíneas, casi 70% de sus pasajeros son ejecutivos de empresas internacionales o multinacionales radicadas en la Argentina.


    Según Seigenthaler, el juego de la oferta y la demanda es lo que debe nivelar las distintas modalidades en los pasajes, y por eso el año pasado Swissair redujo de 24 a 12 el número de asientos en primera para poder agrandar su clase business. “Los tiempos recesivos afectaron a algunas empresas y muchos hombres y mujeres de negocios que viajaban en primera cambiaron a la clase ejecutiva. Ahora, la situación está bastante estable y hemos tenido un leve aumento de demanda de pasaje en primera clase desde que hicimos estas transformaciones”.


    Para las estrategias de marketing, Swissair apunta principalmente a la comunicación con los agentes de viajes, a través de reuniones periódicas donde se presentan los nuevos servicios y distintas modalidades de viaje. A esto se suma el manejo de una base de datos de todos sus clientes, a quienes se les envía regularmente información, y una organización de eventos especiales para sus pasajeros frecuentes.


    Más estrellas que en el cielo


    Tradicionales símbolos del lujo, los hoteles cinco estrellas proliferaron en Buenos Aires durante la última década. Tanto que el Sheraton, primero de una cadena internacional que se instaló en el país en la década de 1970, debió construir vertiginosamente otra ala, el Park Tower, para ponerse a tono con el despliegue de la competencia.


    “Casi todos nuestros huéspedes son extranjeros y, en su mayoría, gente de negocios”, afirma Alan Duggan, director de Ventas y Marketing. “Aunque en el 2000 hubo una retracción general, se mantuvo una ocupación promedio de 65%, de la cual 70% correspondió a viajeros de negocios”. Al parecer, el mercado del incentivo de alto nivel es hoy uno de los pilares de la actividad. “Las empresas internacionales contratan 60 u 80 habitaciones, y a veces hacen un paquete con Iguazú, Bariloche o Santiago de Chile”, señala Duggan.


    En cuanto a los precios, una habitación común arranca en $ 450 (según la tarifa de mostrador, ya que la corporativa suele ser bastante menor). Claro que si se opta por la suite presidencial, de 360 metros cuadrados habrá que desembolsar $ 3.600.


    ¿Y los viajeros locales? “El empresario nacional que viaja por negocios generalmente no para en un cinco estrellas”, explica Duggan. “Quizá sí venga a pasar un fin de semana de placer, y para eso tenemos paquetes especiales con precios más accesibles, ya que es el momento de la semana en que hay menor ocupación”.