El mercado de la salud equivale a la población total del país. La cifra tomada como referencia en la mayoría de las estadísticas considera una base de 36 millones de personas. De este total, según datos de la Superintendencia de Servicios de Salud, 10 millones tienen cobertura de una obra social sindical nacional, 6 millones dependen de las obras sociales provinciales, 4 millones son atendidas por el Pami, 1 millón pertenece a obras sociales de personal de dirección y 3 millones están afiliadas a prepagas. Los 12 millones restantes no tienen cobertura y dependen del hospital público para su atención.
En la Argentina, el gasto total anual en salud suma $ 22.100 millones, lo que representa 7,4% del PBI. De este total, las obras sociales sindicales nacionales gastan $ 3.100 millones y las provinciales $ 1.900. Del PAMI salen $ 2.400 millones, mientras que el gasto público de atención en salud acumula unos $ 5.100 millones. Las obras sociales de dirección movilizan $ 700 millones, y el sistema de prepagas $ 2.700 millones.
Uno de los datos más significativos, dentro de este cuadro, es que $ 6.200 millones corresponden al denominado gasto privado o de bolsillo, que la población realiza para completar la atención recibida, ya sea por parte del Estado, su obra social o su servicio prepago.
El gasto per cápita exhibe importantes diferencias según el sistema de salud que cubra al beneficiario. Las obras sociales nacionales y provinciales tienen un promedio de gasto mensual de $ 26 por persona. Esta cifra sube a $ 58 en el caso de las obras sociales del personal de dirección y a $ 75 en los sistemas prepagos.
Según Fundación Isalud, el centro de estudios y capacitación dirigido por el sanitarista Ginés González García, 22,2 millones de argentinos (62,3%) cuenta con algún tipo de cobertura de seguros de salud (privados u obra social), mientras que 13,5 millones (37,6%) dependen del hospital público.
Obras sociales y prepagas
En el rubro de las obras sociales conviven unas 290 entidades (excluyendo al Pami) que atienden a 11,6 millones de personas. Las primeras 20 del ranking concentran casi dos tercios (65,7%) de los beneficiarios totales, y, entre ellas, las 10 primeras absorben 51,5%.
La líder por número de beneficiarios es Osecac, que brinda cobertura a 1.400.000 empleados de comercio y actividades civiles. Le sigue la obra social del personal rural, con 890.811 personas, y en tercer lugar se ubica Osde, la obra social del personal de dirección de empresas, con 831.869 beneficiarios.
Si la concentración es alta en cuanto a la cantidad de beneficiarios cubiertos, resulta mucho mayor si se considera el manejo de recursos. Del total de $ 3.979,3 millones, diez obras sociales recaudan 57%.
El sistema de medicina prepaga, por su parte, cuenta con 196 entidades. Según datos de Fundación Isalud, 58% tiene su sede en la Capital Federal, 19% en el Gran Buenos Aires y 23% en el resto del país. Del volumen total de asociados, 65% son adherentes individuales, y el resto afiliados corporativos. Las diez empresas líderes cubren aproximadamente 41% de la demanda en cuanto a número de asociados. Las entidades más grandes registran un ingreso promedio mensual por beneficiario que duplica al de las menores.
El ranking lo encabeza Medicus, con una facturación anual de $ 200 millones, y un share de 9,6%. Le sigue SPM (Tim Galeno Life), con una facturación de $ 190 millones al año y una participación de 9%. Swiss Medical, en tanto, ocupa el tercer lugar, con $ 128 millones y una penetración de 6,1%.
Los cambios de la polémica
La anunciada desregulación de las obras sociales, que debe entrar en vigencia el 1º de enero, fue establecida por un decreto de necesidad y urgencia el 2 de junio de este año. La nueva norma otorga a los beneficiarios del Sistema Nacional del Seguro de Salud (es decir, a los afiliados de obras sociales) la posiblidad de cambiar de agente sanitario y asignar el aporte correspondiente a la entidad de su elección. Las prepagas están habilitadas para competir en este sector, aunque no se las obliga a hacerlo.
Pero se excluye de la competencia al Pami, a las obras sociales de las fuerzas armadas, policía y seguridad, y a las obras sociales provinciales y nacionales que no adhieran y que no estén dentro del Sistema del Seguro de Salud.
Como requisito prestacional se exige cubrir lo establecido en el Plan Médico Obligatorio (PMO), que el Ministerio de Salud acaba de modificar, para poner mayor énfasis en la prevención.
Se establecen, además, diferencias en cuanto al aporte que realiza cada trabajador para el denominado Fondo Solidario de Redistribución. La cuota de 8% que regía para los afiliados a las obras sociales sindicales se modifica para adaptarla al nivel de ingresos.
El Fondo Solidario de Redistribución les garantiza a los agentes de salud una percepción mínima de $ 20 per cápita para brindar atención a los afiliados. Debe financiar, además, aquellas patologías de alto costo y baja incidencia.
Los fondos provenientes de la aplicación del IVA a las prepagas, que anteriormente se destinaba a Rentas Generales, ahora pasa a engrosar el Fondo Solidario de Redistribución.
Otro de los cambios consiste en garantizar $ 20 de cápita tomando como base la persona individual. Antes, se garantizaban $ 40 por titular del grupo familiar, lo que significaba una discriminación para las familias numerosas, que debían dividir esos $ 40 por la cantidad de miembros.
El decreto también establece condiciones financieras para las empresas que quieran entrar en la libre competencia. Para las entidades interesadas en brindar servicios en una jurisdicción provincial, se exige un patrimonio neto mínimo de $ 1 millón.
La reforma abarca a 11,6 millones de argentinos beneficiarios de obras sociales bajo la esfera de la Superintendencia de Servicios de Salud, lo que equivale a 32% de la población.
Los protagonistas se rebelan
Los directivos de los sistemas de medicina prepagas fueron los primeros en oponerse al nuevo esquema de desregulación. De hecho, hasta el momento ninguna institución se anotó en el registro abierto por la Superintendencia de Servicios de Salud para los interesados en ingresar en la libre competencia.
Claudio Belocopitt, presidente de Swiss Medical Group, afirma: “El gobierno sacó un decreto apurado por el Fondo Monetario y el Banco Mundial, que aseguran que la atención de la salud en la Argentina, tal como está planteada, no da para más. Debido a que hay libre elección de jubilación y de teléfonos, tiene que haber libre elección de la atención médica. Lo que ocurre es que el decreto que hicieron no le sirve a nadie. El gobierno dice que si no le gusta a ninguno de los actores del sector debe ser muy bueno, porque eso quiere decir que no se dejaron presionar. Pero creo que aquí faltaron consensos mínimos con los actores del sistema”.
Según Belocopitt, la desregulación no debería ser indiscriminada en una primera etapa. Cree que deberían competir las obras sociales sindicales entre sí y las de dirección con las prepagas. En una segunda etapa, cuando las obras sociales sindicales se depuren, podría darse la competencia total.
En cuanto a los motivos del rechazo a la desregulación, Belocopitt asegura que: “A nosotros nos interesa competir en un segmento donde el dinero alcance para brindar el servicio. Los $ 20 que el Estado garantiza por persona no alcanzan. Hicieron mal las cuentas de lo que se gasta hoy. Ellos dicen que en las sindicales hay una cápita de $ 20, pero esa cifra es falsa. Porque la gente hoy está pagando mucho de bolsillo. En Estados Unidos, donde los medicamentos son más baratos que en la Argentina y la internación tiene valores similares, darle atención a una persona cuesta US$ 150 o 200 por mes. El gobierno puede venir con cifras que indican que hay una obra social sindical que tiene una cápita de $ 17,60, pero yo les pregunto si esa obra social brinda la atención médica que quiere la gente”.
A la hora de proponer soluciones, Belocopitt señala que hay que considerar los gastos reales en salud y no aquellos que se derivan de los descuentos salariales. “Hoy, a una persona con un salario promedio del sistema le hacen descuentos para cubrir una cápita de $ 25 mensuales. Pero pide un turno y se lo dan para varias semanas después. Lo que hace esa persona es ir a un privado y pagarlo de su bolsillo, porque su hijo necesita la atención urgente. Ese es el problema que hay que sincerar. En la Argentina existe un doble o triple gasto en salud. Por eso, yo estoy convencido de que si a esa persona le preguntamos si además de los $ 25 de aporte está dispuesta a poner otros $ 25 por mes para tener una atención de primera, va a decir que sí. Yo creo que cada uno tiene que pagar lo máximo que pueda, y para aquellos sectores que no tengan recursos debe existir la asistencia del Estado. Lo que tiene que quedar en claro es que es imposible brindar un servicio de salud de primera por $ 20 mensuales”.
¿Los chicos discriminados?
Las prepagas chicas, radicadas en su mayoría en el interior del país, también se oponen a la desregulación. Caempri (Cámara de Empresas de Medicina Privada de la República Argentina) nuclea a 12 entidades que cuentan con más de 100.000 afiliados y facturan alrededor de $ 70 millones al año. Su titular, Carlos Hernández, explica que el principal problema que encuentran en la desregulación son las duras condiciones financieras que se impusieron para los interesados en participar en la competencia, lo que, a su criterio, favorece la concentración del negocio en manos de grandes jugadores, en detrimento de las prepagas del interior, que en su mayoría son Pymes.
“El Estado exige un patrimonio neto de $ 1 millón para operar en una provincia y 3 millones para tener alcance nacional. Una compañía como Medifé, que brinda servicio en la zona de Cuyo, no llega a facturar $ 800.000 mensuales. A esto hay que sumar las exigencias que traería la ley de regulación de las prepagas, que exigirá un capital mínimo de $ 250.000 y reservas técnicas por $ 800.000 para las empresas que ya están operando. Además de esto, tenemos que tener un capital de giro, por la evasión y la mora que se registran en el sector de la seguridad social a la hora de cobrar”, argumenta Hernández.
El representante de las prepagas del interior también señala otro problema: el costo diferente del Programa Médico Obligatorio según la región geográfica. Hernández estima que a las empresas les insume entre 70 y 80% de sus ingresos cumplir con el PMO, y asegura que el gobierno realizó sus cálculos teniendo en cuenta los costos en Capital y el Conurbano, sin considerar cuánto se requiere para brindar las mismas prestaciones en otros lugares del país.
También explica que las prepagas no ingresan a la competencia porque, si bien el promedio de cápita del sistema es de $ 33, temen recibir un aluvión de personas con cápitas de $ 20, a las que no podrían brindar servicios. Es por eso que Hernández propone que, en una primera etapa de transición, los traspasos se realicen a través de cupos anuales para evitar un desfinanciamiento de las empresas.
Los deberes hechos
Osde (Organización de Servicios Directos Empresarios) es la principal obra social que agrupa al personal de dirección. Con 830.000 afiliados, es una de las mayores del país. Su gerente de Relaciones Institucionales, Tomás Sánchez de Bustamente, explica por qué también ellos plantean reparos frente a la desregulación. “El decreto 446 salió para llevar los deberes hechos al Fondo Monetario Internacional, pero con $ 20 por persona es muy difícil dar una buena atención médica. Además del tema del financiamiento, pensamos que una cuestión tan importante debería salir por ley. Creemos, además, que la discusión comienza por cómo se recauda, en lugar de empezar por plantearnos qué modelo de salud queremos en la Argentina”.
Consultado sobre cómo debería desregularse el sistema, Sánchez de Bustamente señala: “Tiene que haber libertad de elección entre las sindicales y hay que permitir que las prepagas compitan en cada uno de los segmentos donde quieran entrar. Creemos que las reformas tienen que ser graduales”.
Pero también advierte que, antes de hablar de la desregulación, hay que tratar otras cuestiones. “Creemos que hay que discutir cómo se gasta en salud y en qué se está gastando. Vemos que se está tirando manteca al techo y, aunque se disminuyeron de 500 a 400 millones las unidades de medicamentos vendidas por año, el gasto sigue siendo el mismo”.
Para proponer un modelo alternativo de salud, Osde conformó, junto con otras entidades sin fines de lucro, la Asociación Civil de Actividades Médicas Integradas. Entre sus integrantes se encuentran los hospitales Alemán, Británico, Italiano y San Juan de Dios, la Fundación Favaloro, el sanatorio Mater Dei y el Cemic.
La propuesta es un proyecto que brinde cobertura a los 13 millones de personas que carecen de asistencia, sin incrementar los gastos del sector.
Horacio Dillon, director médico de Osde y dirigente de Acami, asegura que “el proyecto desregulador del gobierno es un parche para una situación que contempla a 30% de los argentinos. Es necesario encarar un proyecto abarcativo, que llegue a un consenso con respecto al servicio mínimo de salud que tiene que recibir todo el mundo”.
Los argumentos oficiales
A pesar de la resistencia de los actores que deberían participar de la desregulación, el gobierno sigue defendiendo la iniciativa. Los principales argumentos a favor de la desregulación, según los funcionarios, se pueden resumir en los siguientes puntos:
El sistema es más solidario. Se modifica la estructura del Fondo Solidario de Redistribución, que se integra ahora aplicando un porcentaje progresivo, acorde con el nivel de ingresos, sobre la remuneración bruta de los titulares pertenecientes al sistema. Los porcentajes que la reforma determina son superiores a los que fija la ley anterior que regía estos montos. Esto permite elevar el Fondo de los $ 360 millones actuales a unos $ 512 millones.
Provee más recursos. El decreto desregulador establece que el Fondo Solidario de Redistribución se incrementará con un aporte proveniente de Rentas Generales de la Nación, igual a la recaudación del IVA aplicado al sector salud. Este es un primer paso hacia la financiación del sistema por fuentes alternativas a las imposiciones sobre los salarios, sometidos a los vaivenes de la actividad económica y los niveles de empleo, morosidad y evasión.
Se evita la selección de riesgo. Con la desregulación, un nuevo agente privado del sistema no puede discriminar a quién recibe, y debe afiliar obligatoriamente a cualquier persona que lo elija como destinatario de su aporte.
Es la única solución para los traspasos: la reforma provee una solución sencilla y única para los tres tipos de traspasos posibles en el sistema: obras sociales sindicales-obras sociales de dirección, obras sociales sindicales-agentes privados y obras sociales de dirección-agentes privados.
¿Cierran los números?
Rubén Cano, superintendente de Servicios de Salud, y principal defensor de la desregulación, sale al cruce del argumento esgrimido por las prepagas de que los $ 20 per cápita son insuficientes. “El nuevo Fondo Solidario de Redistribución fue reformulado con un criterio mucho más solidario, con el fin de garantizar $ 20 por cada integrante y no $ 40 por titular del grupo familiar. Las prepagas deben comprender que no habrá $ 20 por cápita sino que habrá al menos $ 20. Además, no están obligados a participar, pero aquellos que participen deberán aceptar que hay libertad de migración entre todos los actores del sistema”.
Agrega que “los $ 20 por persona surgen de los recursos reales del sistema”. Y destaca: “El Fondo Solidario de Redistribución se amplía, cubriendo prestaciones de alta complejidad”.
Cano reconoce los números rojos del sistema, fundamentalmente las deudas que tienen las obras sociales con prestadores de todo el país. En ese sentido, adelanta que el Banco Nación financiaría parte de la deuda con un esquema que está siendo negociado actualmente.
Luis Ceriani, representante del Ministerio de Economía en la Superintendencia de Servicios de Salud, indica: “Ante la crítica de que los $ 20 no alcanzan, yo comprendo que haya prepagas de alto nivel que verían afectada su estructura de costos. Pero existen otras a las cuales sí les cerrarían los números. Cabe aclarar que los $ 20 son el mínimo que garantiza el Estado y la cifra puede ser superior. La evasión es, claramente, un problema; la estimamos en un promedio de 10% en los últimos años, y la financiación de la seguridad social depende de la recaudación”.
Ceriani agrega que no puede haber cupos para los traspasos, ya que serían utilizados para realizar selecciones de riesgo. En cuanto a las carencias y las preexistencias, otros dos puntos que preocupaban a las prepagas, aclara: “No puede haber carencias para el Programa Médico Obligatorio, aunque consideramos que sí puede haberlas para el caso de lo que llamamos prestaciones adicionales como cirugía estética u hotelería, que constituyen aspectos no esenciales. Con respecto a las preexistencias, creemos que se tiene que aplicar la legislación vigente, que indica que si una persona que se traspasa tiene una patología crónica, la obra social de la cual sale tiene que financiar esta enfermedad durante nueve meses”.
Falta un plan para todos
Ginés González García, uno de los más conocidos sanitaristas del país, y rector de Fundación Isalud, un centro dedicado a la capacitación e investigación de políticas sanitarias, sostiene que “las motivaciones de la desregulación nunca fueron sanitarias. Inicialmente el Ministerio de Economía impulsó esta reforma para dar señales al mercado externo. Después, el Ministerio de Salud la utilizó para demostrar ante la sociedad que se iban a poner fuertes contra los sindicatos”.
También coincide en que los $ 20 por beneficiario no alcanzan para dar un buen servicio de salud y se queja de que el gobierno ni siquiera haya hecho la reserva de esos fondos en el presupuesto para el año próximo.
Asegura, por otra parte, que la desregulación estuvo mal planteada desde su gestación: “No se puede aplicar la ideología de un seguro privado a uno público y viceversa. Son reglas distintas y por eso todos los actores están en contra”.
“Brindar los servicios que estipula el PMO por $ 20 es una expresión de deseos. Nosotros hicimos nuestros cálculos y establecimos que dar esa cobertura cuesta entre $ 22 y 25 según la zona del país.”
González García también apunta contra la idea de que la gente pueda elegir adónde llevar su dinero: “La idea del seguro de salud no es compatible con el concepto de demanda intercambiable. Las empresas de salud hacen cálculos en virtud de la gente que saben que tienen, y compensan los números porque saben que hay un porcentaje de sus afiliados enfermos y otros sanos, una cierta cantidad de gente joven y gente mayor. Pero cuando la demanda puede variar en cualquier momento, ya no se pueden hacer predicciones. Un sistema de traspasos tan amplio fue probado a nivel internacional y los que lo pusieron en práctica tuvieron muchas dificultades”.
El agujero negro
Federico Tobar, jefe del Departamento de Investigaciones de Fundación Isalud, brinda otros datos que explican por qué hay tanto rechazo en el mercado para ingresar a la desregulación: “De las 11,6 millones de personas que abarca la desregulación, 1,7 millón no paga. Este es uno de los puntos que alimentan la desconfianza de las prepagas, que tendrían que entrar a un sistema con más de 10% de evasión cuando en su sector la evasión es inexistente”.
El sanitarista Aldo Neri, quien fuera ministro de Salud durante el gobierno de Raúl Alfonsín, suma su opinión al debate. “Lo interesante es que se amplía el Fondo de Redistribución, y el que más gana más aporta al sistema solidario. Pero la solidaridad tiene dos polos: uno es que quien más gane más aporte, y el otro es que con este dinero todos tengan un mismo servicio de salud. Hay equidad real cuando todos aportan según lo que pueden y todos obtienen las mismas prestaciones”.
Acerca de la cuestión de los traspasos, indica: “No es posible que la apertura genere el estallido del sistema, que algunas obras sociales tengan que recibir de forma imprevista una gran cantidad de gente. Se puede trabajar a partir de cupos, pero la que tiene que elegir es la gente”.
Neri sostiene que esta desregulación no puede ser planteada como una reforma real del sistema porque sólo cubre algunos aspectos. Según señala, hay que plantear un sistema integral de salud que tenga en cuenta a todos los actores, incluyendo a las obras sociales, las prepagas y el conjunto de entidades estatales.
“El hospital público, que no fue tenido en cuenta en esta desregulación, es, en realidad, la válvula de escape del sistema. Porque atiende todo lo que el resto no quiere atender. Hay que ir hacia un sistema con una prestación única, descentralizado, donde las provincias administren sus ámbitos y el Estado Nacional se reserve una función redistributiva y regulatoria.”
Desde la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), el sanitarista Horacio Barri opina que la desregulación planteada sólo pone en el centro del debate la reparación de la enfermedad, y nadie habla de prevención. “Aquí no hay plan de salud. Muchos países latinoamericanos tienen mejores indicadores sanitarios que los nuestros, y con un presupuesto más acotado. En la Argentina se gastan más de $ 20.000 millones anuales en salud, de los cuales $ 6.000 o 7.000 millones corresponden a medicamentos. La Organización Mundial de la Salud recomienda que los medicamentos no superen 10% del total”.
Barri agrega que la Argentina va a contramano de los países europeos, que continúan con una fuerte intervención del sector estatal en el manejo del sistema de salud. “La idea de pedir una depuración de obras sociales es procurar que queden pocas, porque así lo quieren las empresas internacionales interesadas en venir a quedarse con este mercado. En medio de todo esto, nos preguntamos dónde está el plan de salud”.
Gasto ineficiente
Según la mayoría de los especialistas, el problema de la salud en la Argentina no es cuánto se gasta, sino cómo y en qué. Un estudio realizado por la Superintencia de Servicios de Salud indica que el país exhibe el segundo gasto per cápita de América latina, con US$ 611 anuales. Chile gasta aproximadamente US$ 330 y el resto de los países de la región destina alrededor de US$ 200.
Pero el gasto, a pesar de ser uno de los más altos de América latina, no se refleja con pareja magnitud en los indicadores de salud. Por ejemplo, la esperanza de vida al nacer de los argentinos es de 73,1 años, lo que ubica al país en cuarto lugar en la región, detrás de Costa Rica, Chile y Uruguay.
Por otra parte, la tasa de mortalidad infantil en la Argentina es de 21,8 por mil, casi el doble de los registros de Chile y Costa Rica, países cuyo gasto en salud por habitante equivale a prácticamente la mitad.
Estas incongruencias aparecen reflejadas también en los informes que
elabora la Organización Mundial de la Salud. En el correspondiente a
este año, la Argentina se ubica en el puesto 71º del ranking
de países medidos según la performance de sus servicios
de salud. Sin embargo destina, según la misma fuente, 8,2% de su PBI
a este rubro, un porcentaje similar a países como Bélgica (8%)
o Austria (9%), que se ubican en las posiciones 28ª y 15ª, respectivamente.
En el ámbito de América latina, Chile aparece en el 23º lugar,
mientras que Costa Rica está en el 25º.
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| Las grietas rojas del sistema Según Pero a las Armando Cavalieri Todos los Desde el Por su parte, En este Los prestadores Pero, debido Las clínicas, Según |
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| El agotamiento del modelo impone cambios Por La salud No podía Con frecuencia, Aunque no Tales magnitudes, Sucede que Con el correr Ello explica La falta Las obras Hoy, la Y, otra Ya se trate Es tiempo, Y para ello (*) Doctor en Medicina (UBA). Autor de los siguientes libros: Al Gran Pueblo Argentino, ¡Salud! (Eudeba, 1999); Replanteo Frente a la Encrucijada en Salud (Editorial DEL, 1997); La Tercera Edad (Editorial Planeta, 1992) y Salud Para Todos (Eudeba, 1988). |
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| El remedio y la enfermedad Según El mismo El gasto |
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| Armando Cavalieri, titular de Osecac “Mucha ideología y poca practicidad” -¿Qué -Yo creo -¿Cómo -La diferencia -¿Cuáles -Lo veo -¿Qué -El mayor -¿Cómo -Yo creo -¿Cómo -Ya hay |
| • “Desregulación, fusiones y crecimiento”. MERCADO, octubre de 2000. • “Texto del decreto de necesidad y urgencia”. Home page |










