martes, 28 de abril de 2026

    “Así, la convertibilidad no ayuda en nada”

    -En octubre usted dijo que los problemas de competitividad de la Argentina no están relacionados con la cuestión tributaria. ¿Cómo se solucionan estas debilidades? ¿Es un problema cambiario?


    -No es sólo un problema cambiario. Es también de escala de producción, y de costos, como los de los servicios públicos, que se prestan generalmente en condiciones oligopólicas. También hay cuestiones laborales y un problema fiscal: inoperancia del gasto público o fiscalidad mal dirigida. Me niego a sostener que la falta de competitividad argentina se deba a fallas tributarias. La Argentina no es un país perverso desde el punto de vista de las exacciones fiscales a los contribuyentes. Y hay un problema cambiario sobre el cual no se habla porque es muy delicado.


    -También dijo que la alta desocupación, la convertibilidad y el endeudamiento externo conforman un cóctel explosivo. Los ingredientes siguen presentes.


    -Y esto fue confirmado por la realidad. El desempleo es una inmoralidad, no sólo económica, también en la organización de la sociedad y el sostenimiento de la familia. Desde el punto de vista económico, si nosotros llegáramos a tener un empleo como el que históricamente hubo en la Argentina, el país podría tener US$ 50.000 millones más de PIB. Con dos millones más de empleados, tendríamos ese aumento en el producto. Y la recaudación fiscal se incrementaría en US$ 10.000 millones. Desaparecería el déficit.


    -¿Qué papel juega la convertibilidad en este cóctel?


    -El problema de la convertibilidad es que no hay que salir de ella, sino de la caja de conversión, que es equivalente al patrón oro o divisa. Con esta caja, la liquidez de la economía se juega fundamentalmente en los ingresos o egresos netos de divisas. Si entran más divisas de las que se van, el clima es propicio. Pero si se van los capitales, el sistema se queda sin liquidez. La base monetaria y crediticia se contrae y las tasas suben, hay menos inversiones. Se ha sostenido el equilibrio de precios en los últimos años en un contexto de destrucción de la oferta, vía desaparición de firmas buenas, regulares y malas. Esta convertibilidad fue tramposa porque se nutrió de dólares para asegurar el equilibrio general del sistema de precios financiando las importaciones que fueron a la oferta para no tener deslizamiento de precios. Hubo oferta de importaciones que se pagaron con la venta de las compañías privatizadas, con ingresos de capitales golondrinas, capitales repatriados y con una deuda externa gigantesca como la de los ´90, cuando casi se duplicó. Financiamos todo con venta de patrimonio y con deuda. Las dos cosas son explosivas.


    -Hay que bajar costos, con alto desempleo y un contexto internacional desfavorable. ¿En qué ayuda la convertibilidad en este momento?


    -No ayuda en nada. Si después de una década, un estilo de política económica no conquistó la confianza de los operadores, quiere decir que no sirve y hay que ir a otra cosa. Después de una guerra devastadora, en 10 años se reconstruyó Europa. Desde 1998, Corea y Malasia se han levantado. México, Brasil y Rusia también. Han crecido sus exportaciones y cayó el desempleo. ¿Por qué la Argentina no puede mejorar en una década? Se clavó el tipo de cambio, en un mundo donde las devaluaciones son competitivas.


    -Es evidente, sin embargo, que hay justificado temor a salir de la convertibilidad.


    -La decisión demanda al menos cuatro condiciones irrenunciables para evitar tropiezos. En primer lugar debe afirmarse la convertibilidad en el sentido de libertad cambiaria en términos del FMI. En segundo, debe equilibrarse el presupuesto sin incrementar la deuda pública. Esto es muy duro: si se recauda, se paga; si no, no se paga. En tercer lugar, debe devolverse al Banco Central la función reguladora de la oferta monetaria, según el crecimiento de la actividad económica en términos reales con prohibición de asistir al Tesoro, para que la gente vea que va en serio. Por último, si la credibilidad se instala en los operadores y en la gente, algún grado de flexibilización cambiaria debería cerrar la estrategia, pero esto tiene que estar acompañado de fuertes ofensivas exportadoras, para doblegar la vulnerabilidad externa de los patrones monetarios que tienen oro o divisas como base de sustentación. En otras palabras, credibilidad a partir de disciplina fiscal y una fuerte ofensiva exportadora con fuerte diplomacia para exportar. Las compañías extranjeras que compraron las empresas de servicios públicos deberían hacer lobby para que destraben el ingreso de la producción argentina en Francia, Alemania, Italia y España, porque pronto no podremos enviar ni miel.


    -¿Qué tipo de lobby?


    -No puede ser que la Argentina sea víctima de semejante discriminación teniendo empresas que se llevan US$ 3.000 millones al año en utilidades. Hay que patear. Lo que pasa es que este país tiene una diplomacia de señoritas, no como Brasil, Chile, Estados Unidos, Inglaterra o Rusia. La Argentina no tiene diplomacia económica. No se entiende que el país esté hundido en esta crisis y no le pidamos a las empresas que ganaron las privatizaciones que sean socias, para que les digan a las casas matrices que no podrán remitir si la Argentina no tiene dólares. Esto pasó en los años ´30, cuando el país se quedó sin divisas y no pudo transferir.


    -¿A qué atribuye la aproximación de Domingo Cavallo al gobierno? Como padre de la convertibilidad, ¿sólo él puede desmontarla?


    -Yo creo que detrás de eso hay un operativo muy respetable de intereses que confían en su visión básicamente financiera de la vida económica, y eso lo justifico pero no lo comparto. En la democracia es muy común que los lobbies aboguen por un personaje en quien creen para resolver un problema. Yo opino que Cavallo, que tiene todo el derecho a ser Presidente, no puede resolver el problema que él creó y que sigue complaciente consigo mismo cuando dice que “nos ahogamos en un vaso de agua” o “es muy fácil salir”. Yo votaría a Cavallo como ministro de Economía, pero me tiene que demostrar cómo sale de esto. Y de esto no se sale con más de lo mismo. Se sale, mínimamente, con un programa más desarrollado, y que tiene que ver con la forma en que funciona el mundo moderno, que no lo hace con caja de conversión, que seguramente ratificará Cavallo.


    -¿Por qué han dejado de debatirse, en el país, las ideas económicas? ¿Es el triunfo del llamado pensamiento único?


    -En la Argentina no hay debate económico porque no hay debate sobre nada. Este es el drama. No hay evocación al pasado, los liberales no hablan de Eduardo Mallea, la izquierda se olvidó de Ezequiel Martínez Estrada, de Jorge Abelardo Ramos, un gran intelectual. Los nacionalistas no hablan de los hermanos Irazusta, que fueron nacionalistas no sectarios. No hay debate. Es un país con la mentalidad de los unitarios del siglo XIX, los rivadavianos, los lomos negros, sectarios, incapaces de ver otra realidad que no fuera aquella que pasa por sus intereses. Hay una dictadura del pensamiento único, que además es muy pobre. Ninguno de los economistas sobresalientes de la Argentina, salvo alguna excepción, tiene una obra orgánica.


    -Dentro de tres meses, ¿Machinea seguirá siendo ministro de Economía?


    -Sí, salvo que sobrevenga algo muy desafortunado. Pero no veo por qué Machinea tendría que irse. Responde a un modelo que es el que el Presidente eligió, no hay que perder eso de vista.