miércoles, 29 de abril de 2026

    Las armas de seducción del sector público

    Lo atractivo o no de un territorio ­unidad administrativa, provincia, municipio, ciudad­ tiene que ver con la política para ese territorio; la capacidad para atraer inversiones y la estrategia del sector público para llevarla a cabo. Así, el territorio/comunidad en cuestión tendrá ventajas comparativas y cualidades originales o construidas. De tal forma, cuando se establecen objetivos importantes en ese sentido y se asignan los medios, la acción pública debe desempeñar nuevas funciones en respuesta a situaciones concretas.


    La nueva función de gobierno consiste en mostrar siempre una fuerte presencia inscripta en una política de ordenamiento del territorio: promueve la región, atrae inversiones, selecciona candidatos, invierte en infraestructura, participa como accionista y/o propietario en los emprendimientos para hacerlos factibles.


    El punto es que toda gestión pública para hacer atractivo un territorio será beneficiosa si contribuye a su largo plazo, a su futuro. Es inevitable que esta situación fluya hacia una alianza estratégica entre gobiernos y empresas. Estas deciden diversificarse geográficamente para desarrollar actividades en otros países y las comunidades deciden industrializarse. Cada cual aporta lo suyo y lo importante es tener en claro que este proceso de cooperación entre territorios y empresas debería apuntar a armar organizaciones equilibradas y estables.


    Una política de atracción territorial según criterios de largo plazo requiere diferentes tipos de inversión y propiciar la creación de empresas bajo el concepto paraguas y distintivo de atracción dirigida, antes que atracción indiscriminada. Esto es, adoptar un principio de jerarquización: preferencia por los nuevos emprendimientos y los joint ventures más que por las compras o absorciones que se hacen para tener una mayor porción del mercado mundial ­es lo que se compra verdaderamente­ y vender más, o sea importaciones en potencia, independientemente del mayor o menor valor agregado de la actividad en cuestión.


    El eje de la cuestión pasa por inversiones realizadas hacia adelante en el proceso de elaboración de un producto (etapa de comercialización) que casi siempre genera importaciones, y las realizadas hacia atrás (alta gerencia e investigación y desarrollo), que generan exportaciones. Una vez desatada la estampida de compras masivas y en cadena, los territorios/mercados que se disputan entran en situación potencial de dependencia y control si se descuida la cuestión. Por eso, la capacidad para estimular inversiones dirigidas de cualquier nacionalidad, determinará la competitividad de la industria y el crecimiento de la comunidad.


    Un gran mercado


    Desde hace un cuarto de siglo, la recomendación para realizar negocios internacionales es ver el mundo como un gran mercado; elaborar un ranking de países según su PBI, ingreso per cápita y pronóstico de la evolución económica. El mercado del futuro ­el actual­ estaría en los países en desarrollo, debido a la crítica importancia que tiene la población como determinante de la demanda, y considerando que ellos albergan a dos tercios de la población mundial.


    Pero el escenario internacional ha cambiado y hoy en día las compañías multinacionales que evalúan puntos de localización a escala planetaria negocian con funcionarios y técnicos que, en gran proporción, están mejor preparados que hace 25 años. Ahora, el mecanismo es el siguiente: si hay intenciones firmes de instalarse, surge un trabajo conjunto entre el gobierno y entes gubernamentales y empresas. Estas contactan al organismo encargado que identifica la localización óptima según sus objetivos.


    La etapa de internacionalización de actividades dejó varias enseñanzas para los gobiernos. Una de ellas es que hay que evitar las desigualdades que se producen o acentúan dentro de los límites del país y entre distintas unidades administrativas; levantando regiones y postergando otras. Esto es: un sector público orientado a las inversiones propias y las implantaciones, contribuyendo a la planificación espacial de las actividades y evitando la concentración y las desigualdades internas que generan problemas sociales.


    En este juego compartido, los criterios empresarios de selección de territorios son los que hacen a la eficiencia de la organización. Así es que, al nivel y calidad del transporte y comunicaciones, diversidad y calificación de la mano de obra ­antes que salarios bajos­ se suma la presencia de otras firmas internacionales y centros universitarios y de investigación que garantizan el dinamismo de la región y la hacen más elegible.


    Vendedores ambulantes


    La realidad de actividades globalizadas exige funcionarios con habilidades particulares, porque existen conflictos entre comunidades que se superponen a la competencia entre empresas. Desde presidentes hasta gobernadores e intendentes son responsables de promocionar el territorio que gobiernan y deben asumir el papel de vendedores ambulantes que en misiones oficiales combinadas con el sector privado recorren el mundo ofreciendo las oportunidades de realizar negocios en esos espacios.


    Las organizaciones multinacionales interesadas se encuentran, sin excepción, en diferentes estados de evolución, de acuerdo con la naturaleza de sus actividades y según los umbrales de crecimiento que hayan traspuesto. De ahí que la calidad del emprendimiento que se proponga está en función de lo anterior y deberá ser convincente como para efectuar la gestión de atraerlo.


    Para ello debe necesariamente inscribirse en la dinámica de largo plazo de un territorio: organización del espacio, industrialización, crecimiento económico, bienestar. Si es así ­y esto depende del grado de claridad con que funcionarios y dirigentes manejen el concepto­ la organización interesada hallará lo que necesite: parques industriales, posibilidades de construcción de fábricas, financiamiento, disponibilidad de mano de obra, etcétera.


    Por el lado del espacio receptor, la capacidad de atracción no puede ser una finalidad en sí misma, pero está claro que atraer determinado tipo de inversiones dependerá de las virtudes demostradas para ser considerado atractivo; y que el que resuelva mejor los problemas empresarios, seducirá mejor.