Desde 1994, la demanda local de medicamentos ha disminuido 12,5% en volumen. Sin embargo, la facturación total del mercado vino en aumento hasta 1998, con una caída el año pasado. Esto se explica por el incremento del precio promedio, que pasó de US$ 14,4 en 1994 a US$ 16,8 en el último año.
En la Argentina hay 255 laboratorios de especialidades medicinales representados por tres cámaras: el Centro Industrial de Laboratorios Farmacéuticos (Cilfa), que reúne a las empresas nacionales; la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (Caeme) donde se nuclean los de capital extranjero, y Fecofar, que agrupa a las cooperativas.
En los últimos años, ha habido un fuerte aumento de la participación de los laboratorios extranjeros, que actualmente controlan alrededor de 48% del mercado. El sector exhibe, tanto aquí como en el resto del mundo, un alto grado de fragmentación. (En el mercado internacional, Merck, la empresa líder, tiene menos de 4% del total del mercado.)
Concentración en los canales
Los mayoristas controlan 86,30% del total de las compras realizadas a los laboratorios. Apenas 7,87% corresponde a adquisiciones directas de las farmacias. Y 4,66% de los pedidos proviene de hospitales y clínicas.
Los productos más demandados en el punto de venta son los destinados al aparato digestivo (9,85%). En segundo lugar se ubican los dirigidos al sistema cardiovascular (con 9,33%). Y luego vienen los medicamentos para afecciones del sistema nervioso central: analgésicos, tranquilizantes, antiepilépticos y antiparkinsonianos.
La distribución de medicamentos muestra una tendencia a la concentración, en particular para el caso de la atención de los centros urbanos más importantes. Los laboratorios se han agrupado en distribuidoras para mejorar su posición estratégica en la negociación con las droguerías, unificando los márgenes y evitando que éstas puedan lograr mejores condiciones, como lo hacían en el trato directo con cada laboratorio.
Continúa, por otra parte, la integración vertical de los laboratorios que compran droguerías y participan así en el negocio de la distribución.
La escasa participación de los supermercados como canal de los productos medicinales se debe a una decisión estratégica dirigida a evitar la presión hacia una baja de los precios. Este criterio es apoyado por las organizaciones profesionales del sector farmacéutico.
Hace dos décadas apareció una nueva figura en la cadena de la distribución de medicamentos: las distribuidoras, conformadas por un conjunto de laboratorios. Su función es proveer a las droguerías con los productos que ellos mismos fabrican.
Bagó y Montpellier dieron origen a Disprofarma a fines de los años ´70. Poco después, Roemmers y Roche crearon Rofina. Syntial y otras dieron el puntapié inicial para la aparición de Farmanet. Hace pocos años surgió Global Pharm.
Las distribuidoras brindan servicios de almacenamiento, distribución, gestión de ventas y cobranza en forma unificada. Las droguerías comenzaron, así, a tener un único interlocutor para comprarle a un conjunto de laboratorios. Las distribuidoras, que reúnen a 50 laboratorios de los 255 que operan en el mercado, uniforman las condiciones de compra y limitan las posibilidades de negociación.
El avance de los laboratorios comenzó sobre las droguerías y mandatarias pero la tendencia es que los seguros de salud completen el proceso de integración vertical iniciado por la industria mediante la compra de prepagas y obras sociales.
Cifras relevantes
De la venta de medicamentos en el país, 90% se realiza a través de las droguerías, que constituyen el eslabón medio de la cadena, entre los laboratorios y las farmacias. Están, por un lado, las que comercializan todo tipo de medicamentos, y que por esa condición se denominan integrales; y, por el otro, las de nicho o de oportunidad, que se dedican a ciertos grupos de productos.
Las farmacias suman, por su parte, 12.031 locales, fuertemente concentrados en las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y la Capital Federal, que reúnen 78,14% del total.
Según datos de la Confederación Farmacéutica Argentina (Cofa) hay en el país alrededor de 13.000 profesionales matriculados que ejercen en hospitales, la industria, la docencia y, mayoritariamente (80%), en farmacias privadas.
Evolución atípica
Así como en todos los sectores de la economía argentina, a partir de la desregulación del mercado en 1991, surgió una fuerte competencia que impulsó el descenso de los precios, en el sector farmacéutico el proceso siguió la dirección opuesta.
Si se toma el período 1991-1999 se estima que el nivel de precios en algunos casos se multiplicó varias veces. Y esto obedece a diversas razones. Una de ellas está relacionada con la nueva generación de medicamentos. Sus costos elevados dispararon el promedio general de precios. Por lo cual, el costo de cada medicamento ascendió significativamente.
El precio promedio del medicamento, a la salida del laboratorio sin impuestos, ascendió de US$ 2,80 en 1988 a US$ 9,90 en 1998. Sin embargo, las unidades vendidas descendieron de 450 millones a 411 millones en el mismo período.
Este ascenso ubica a la Argentina en un precio promedio de US$ 9,43 en el rubro de los productos farmacéuticos. Con este resultado el país se ubica cerca de los precios de Canadá (con US$ 10,98) y por encima del Reino Unido (US$ 8,27).
En la última década, la evolución de los precios de los productos líderes registró un incremento que va desde 17% hasta 109%, con un promedio de 60%. Sin embargo, los precios a la salida del laboratorio de estos productos líderes se estabilizaron a partir de 1995, y registraron un incremento de sólo 7,4% durante los últimos años.
El gran comprador
El Pami gasta en medicamentos US$ 360 millones por año y sus autoridades quieren bajar ese desembolso a US$ 290 millones. Por eso, rescindieron el contrato que desde 1997 la obra social de los jubilados mantenía con las cámaras farmacéuticas para la provisión de productos medicinales a sus cuatro millones de afiliados.
A estas cifras hay que agregar los US$ 2,5 millones mensuales por productos que no están cubiertos por el convenio, como los destinados al tratamiento del sida y la hemofilia. Los afiliados desembolsan otros US$ 35 millones por mes para abonar los medicamentos no cubiertos por los descuentos del Pami.
De esta forma, la obra social y sus afiliados destinan mensualmente US$ 65 millones a la compra de productos medicinales. El monto representa un porcentaje importante del mercado farmacéutico argentino y transforma al Pami en un decisivo orientador de precios.
El Instituto cuenta con canales de distribución que funcionan en forma simultánea (medicamentos de internación, oncológicos y los destinados a pacientes ambulatorios con prescripción médica).
Cuando un paciente necesita un medicamento oncológico presenta su prescripción médica en la farmacia. A partir de ese momento, y como en la mayoría de los casos la farmacia no tiene stock de esta clase de productos debido a su elevado precio, el farmacéutico realiza el pedido a la droguería. También le indica al cliente cuánto tiempo demorará el medicamento en estar disponible en el punto de venta.
Cuando la droguería entrega el producto oncológico a la farmacia también le extiende una factura que será abonada cuando sea reconocida por la obra social. Esto no ocurre con el resto de las transacciones comerciales, que deben ser abonadas en los plazos pautados con la droguería.
De esta manera, el Pami funciona como un financiador, más que un comprador de medicamentos. Si se suman los productos oncológicos y los ambulatorios, es el mayor consumidor del mercado.
Todos los productos de venta bajo receta, que fueron incluidos en el convenio entre la industria farmacéutica y el Pami, tienen congelados sus precios al nivel vigente en septiembre de 1994. Esto es válido para todas las formas farmacéuticas y todas las presentaciones que estaban en el mercado en el momento de la firma del acuerdo. Para ser incluidos dentro del convenio, los nuevos productos y las nuevas presentaciones deben ser aceptados a través de mecanismos de negociación entre las partes interesadas.
El sistema en el banquillo
Si bien es corriente que los pacientes que necesitan comprar un medicamento acudan a la farmacia con la receta médica, tanto en la Ciudad de Buenos Aires, como en las provincias de Santa Fe, Buenos Aires y La Pampa, el farmacéutico está habilitado para reemplazar el medicamento prescripto, cuando el principio activo sea idéntico.
Dentro de un sistema donde los beneficios del farmacéutico son proporcionales al precio del medicamento, se está incentivando el movimiento de los productos más caros. Sin embargo, si se reemplazara el sistema de remuneración de los farmacéuticos por un monto fijo, en lugar de un margen variable, se podría generar un marco donde el profesional actúe como un aliado en la búsqueda de alternativas más económicas sin sacrificar los niveles de efectividad.
Existen diferentes mecanismos para la fijación de márgenes de comercialización. Algunos de ellos son: un porcentaje fijo sobre el precio del producto, o bien un monto fijo por receta o por paciente. En el Reino Unido, por ejemplo, se combina una remuneración fija con un pago fijo por receta. Aunque también incluye un porcentaje fijo en medicamentos que superan determinado precio. En Holanda el farmacéutico recibe una remuneración fija por beneficiario adscripto a la farmacia, al que se agrega el pago de un honorario por medicamento.
Los problemas de financiamiento llevaron a las entidades a introducir esquemas de control del gasto, a modificar sus contratos de provisión, sin encontrar respuestas adecuadas por parte de los proveedores, poco habituados a plantear relaciones de tipo comercial. El resultado final de esta situación fue la pérdida de contratos por parte de las entidades gremiales y una variedad de modelos de provisión controlados por nuevos actores, preparados para responder a la necesidad de control del gasto en medicamentos. El principal actor en la circulación de medicamentos seguirá siendo la seguridad social, porque su papel de pagador le permite definir el negocio y discutir el precio.
Es importante recordar que la demanda de medicamentos no tiene su origen en el propio consumidor, quien efectúa la compra en la farmacia. El verdadero consumidor es el médico y hacia él apuntan los laboratorios con sus equipos de marketing y de visitadores médicos.
Hay que tener en cuenta que en la Argentina el profesional farmacéutico
no cumple un papel estratégico como en Estados Unidos. Allí, el
farmacéutico orienta con más fuerza acerca del consumo en el punto
de venta. Y esto no sucede en la Argentina a pesar de que en ciertas zonas,
como en toda la provincia de Buenos Aires, el farmacéutico esté
habilitado para reemplazar cualquier medicamento, siempre que esté preparado
con la misma droga base.
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¿Medicamentos La distribución En la Argentina Para que |
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Las farmacias A principios Hacia fines Algunos En este |
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El imperio El mapa Estos datos El mercado Pero quizás |
| “Un dolor de cabeza“. MERCADO Córdoba, marzo de 1999. “Laboratorios y droguerías se reparten las farmacias”. “Cambio sin remedio”. Clarín, 9 de agosto de 1998. “Actos fallidos“. “Brasil en la mira”. La Nación, 20 de febrero de 1997. |
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