– Usted aseguró que uno de los ejes de su gestión será la desmonopolización del sector. Sin embargo, podría argumentarse que tanto la privatización de Entel como el decreto de apertura pautada del mercado de telecomunicaciones crean situaciones irreversibles en cuanto a la posición dominante de las empresas establecidas.
– No lo veo así. Esto ocurriría en un contexto de tecnologías fijas y de evolución lenta. En materia de telecomunicaciones hay que renovar el vocabulario cada tres años, porque los servicios, los protocolos y hasta las empresas protagonistas cambian notablemente. El diseño de las redes debe hacerse cada 18 meses, los nuevos actores empujan a los anteriores a cambiar sus estructuras de negocios. Hoy, la irrupción brutal de la telefonía sobre el protocolo de Internet (IP) en el mercado de comunicaciones internacionales y nacionales hace que en países desarrollados represente 15% de su tráfico total, y la tendencia es creciente. El dinamismo tecnológico y empresario del sector es el más importante del mundo y no se puede asegurar que las inversiones queden congeladas por efecto de una decisión tomada diez años atrás.
– ¿Cómo se hace, entonces, para desmonopolizar?
– A través de la competencia. Hay decenas de miles de pequeños genios, que están inventando las maneras de optimizar los sistemas de comunicaciones. En los últimos seis años, las capacidades de transporte se multiplicaron por millones. Ejemplos como éste se repiten en otras áreas, y en el mercado de comunicaciones esto genera una revolución brutal. En Estados Unidos, hay siete nuevas empresas que no existían en 1990 o eran apenas unos pequeños callbackeros que hoy cotizan a más de US$ 4.000 millones en la bolsa y operan las comunicaciones internacionales a precios desafiantes. Hace dos años, una llamada de Nueva York a Londres costaba US$ 0,15 el minuto a precios mayoristas; hoy está por debajo de US$ 0,015. En medio de semejante terremoto, si la empresa más grande del mundo tomara una decisión equivocada que significara costos altos o baja performance de servicios, en tres años desaparecería.
– Todo indica, entonces, que la desmonopolización queda en manos de la tecnología. ¿Dónde está la política?
– La política… es el arte de hacer que la sociedad viva bien. Si la política se opusiera a la inteligencia sería una mala política. Lo que quiero decir es que la política debe favorecer toda la inteligencia que la sociedad tiene y generar las reglas que permitan crecer en libertad. La creatividad es libertad y un gobierno que vaya en contra de la libertad estaría ejerciendo el despotismo. Esto, que es una verdad en lo político, también lo es en lo empresarial y en lo científico. Entonces, al gobierno le toca establecer las reglas de tránsito de la libertad para que todos puedan ir lo más rápido que quieran al lugar que desean, sin chocar al otro.
– El decreto 264/98, que sentó las bases para la apertura del mercado de telecomunicaciones, habilitó a cuatro operadores. Sin embargo, sólo juegan tres. ¿Cómo se hace para que haya más?
– El cuarto, es decir CTI, pidió una prórroga y estimamos que en mayo comenzará a operar.
– ¿Cómo cree que se desarrollará la competencia durante el presente año?
– Va a ser muy fuerte en los tramos internacional e interurbano, al igual que en accesos para Internet, y será incipiente en telefonía local, donde habrá operadores nuevos que desafiarán a los instalados, no con más zanjas, sino con tecnologías inalámbricas fijas. Esto se observará en las grandes ciudades.
– ¿Cómo evalúa la situación heredada en materia de telecomunicaciones?
– Hay dos cuestiones. Una tiene que ver con el diálogo y la manera de proceder con el sector. Con algunas tensiones y reclamos, los usuarios, las empresas y el gobierno parecían mantener cierta paz en sus relaciones hasta 1995. A partir del rebalanceo tarifario se crea una distorsión. Empresas y Estado aparecen unidos por un lado, y usuarios por el otro. Algunos diarios titularon entonces que los usuarios no tienen quien los defienda.
Quiero revertir esta situación y creo que la rebaja de las tarifas locales residenciales y del abono comercial -un tema del que conversamos con las empresas antes de la asunción de Fernando de la Rúa a la Presidencia- es una clara manifestación de que el Estado quiere cambiar la lógica de la imposición por la del acuerdo. En este caso, el diálogo entre empresas y gobierno, que se veía como nefasto en otras épocas, dio un resultado positivo.
– ¿Cuál es el segundo punto, en cuanto a la situación heredada?
– Tiene que ver con el espectro radioeléctrico. Muchos servicios ya no van por cable y necesitan del uso de frecuencias para su transporte. Van desde el teléfono inalámbrico hasta la televisión digital, pasando por redes de datos para bancos, por ejemplo. El espectro radioeléctrico es un patrimonio escaso y común de la humanidad. Pero durante el último año y medio hubo una feria persa de venta y reventa de frecuencias, otorgadas a empresas fantasmas o de gente conocida de la administración anterior. Esto debe ser revisado con detalle porque se malgastó el patrimonio nacional en materia de frecuencias, lo que tiene mucha importancia, ya que todos los servicios tienden a ofrecer movilidad al usuario.
– En este marco, ¿cuáles son los puntos de continuidad y de ruptura con la gestión anterior?
– El de continuidad es que el Estado es el mismo, es decir, las reglas que rigen en el mercado de telecomunicaciones son las mismas. El punto de ruptura pasa por lograr una gestión transparente de cara a usuarios y prestadores. En los últimos tres años una de las aventuras más excitantes para los que estamos en telecomunicaciones fue la lectura del Boletín Oficial, porque podía haber sorpresas dramáticas. Me encantaría que volvamos a hacer del Boletín Oficial un diario aburrido que refleje las normas que surgen después del diálogo con todos los interesados.
– Hay quienes dicen que una de las deudas de la gestión anterior es no haber logrado una nueva ley específica del sector.
– Ese es un tema complejo. La Ley de Comunicaciones de Estados Unidos de 1996 y las regulaciones europeas de ese mismo año se dictaron cuando Internet apenas asomaba. Hoy en día, Internet es mucho más perceptible y el cambio de protocolos se impone de manera tal de darle sentido a dos conceptos de los que se habla mucho: convergencia tecnológica y convergencia de servicios.
Entonces, tenemos alguna ventaja al situarnos al final de este proceso, porque debatiremos terminologías de última generación y lograremos una ley último modelo, no atada a definiciones que ya están cayendo. Por ejemplo, hoy en día decimos que Internet es un servicio de valor agregado que utiliza como soporte a la telefonía, pero uno puede hacer un click en la pantalla para hablar por teléfono, es decir que la telefonía puede ser un valor agregado sobre la red Internet, y de ese modo se invierten todas las definiciones.
– ¿Qué va a ocurrir con los acuerdos de interconexión de redes?
– Son acuerdos entre actores dinámicos en un entorno evolutivo; se establecen para el momento en que se firman y deben adaptarse a medida que se modifican las condiciones. En ningún país hay satisfacción plena en materia de precios de interconexión, porque el acuerdo que fue bueno ayer puede no ser adecuado dentro de tres meses.
– Pero, ¿hay una preocupación de esta gestión por lograr una ley específica para el sector?
– No hay una preocupación, sino una ocupación. Me parece que lo primero que tenemos que hacer es establecer reglas claras para la apertura, como revisar el régimen de licencias, porque, entre otras cosas, la Argentina se comprometió a tratar a las inversiones extranjeras en igualdad de condiciones que a las nacionales, y el actual régimen de licencias le impone al inversor extranjero la obligación de tener como socio local a una empresa que ya cuente con experiencia en el servicio que quiere prestar.
Esto plantea un problema que no podría resolver ni Wells con la máquina del tiempo. Si yo soy un prestador que viene a dar un nuevo servicio con tecnología original y un concepto de última generación, debo aliarme con alguien que también lo haya inventado en la Argentina. Además, el régimen de licencias tiene una serie de definiciones que no son compatibles con la evolución de los servicios. Por otro lado, en materia de interconexión, los principios son buenos, pero los anexos referenciales de precios, que se establecieron en marzo de 1998, deben ser revisados.
– ¿Cómo se debe compatibilizar esta ley del sector con la de defensa de la competencia?
– Una cosa es regular para el sector y otra son los procesos de fusiones y adquisiciones que pueden crear una situación monopólica. Esta es la división que todavía no está absolutamente clara, pero me parece que una cosa es determinar si una farmacia vende remedios no autorizados y otra es ver si una misma cadena compra todas las farmacias del país. Uno es un hecho regulatorio que tiene que ver con el buen servicio y otro es un movimiento económico que, en el marco del respeto y del buen funcionamiento del sector, define una situación del mercado que puede impactar en los consumidores.
– ¿Cómo se hace para que la mayoría de la población pueda tener acceso a Internet?
– Hasta las pasadas elecciones presidenciales, los usuarios argentinos de Internet pagaban costos 25 veces superiores al promedio mundial. Con la asunción del gobierno de De la Rúa, hubo otros gestos del sector, que buscó nuevas fórmulas comerciales para bajar el costo de acceso. En la medida en que el consumidor sepa que un uso intensivo de Internet no le va a costar más de tantos pesos al mes y se tienda a esquemas de tarifa plana, entonces vamos a estar en condiciones de difundir Internet en todo el país.
Esta es una tarea en la que nos embarcamos en conjunto con la Secretaría de Ciencia y Técnica, con la que planeamos la regulación de las comunicaciones para establecer normas de eficiencia y reducción de costos en el sector, y el Ministerio de Educación, que se encargará de la llegada de la computación e Internet, primero a los maestros, y después a todos los alumnos. La batalla del futuro es la de Internet, porque no hay una sola actividad que no dependa de su crecimiento y de la capacidad de usarla, no tecnológicamente, sino como soporte de la propia actividad. Esta revolución de Internet no puede verse sólo como un propósito de esta gestión, ya que, si no lo logramos, el país fracasa.
– ¿Cómo se consigue que las empresas ofrezcan tarifa plana?
– Mi respuesta no va a ser original: con sana competencia. Todos estos fenómenos nuevos se dan en mercados maduros. Si aceleramos la maduración del mercado produciremos los mismos fenómenos.
