jueves, 28 de mayo de 2026

    Cómo manejar la comunicación interna

    Tacsa es una Pyme singular. Dedicada a la fabricación de cintas aisladoras de PVC para uso eléctrico, fue fundada hace apenas 14 años por dos ex gerentes de 3M Argentina. Desde el comienzo de sus operaciones, creció y perfeccionó la calidad de su producción hasta conquistar una importante posición en un mercado habitualmente dominado por productos del sudeste asiático. El ingreso posterior de un tercer accionista permitió introducir más tecnología e hizo que, en los últimos cinco años, la compañía alcanzara un crecimiento notable. Actualmente exporta más de 50% de su producción al Mercosur y es el principal proveedor de los mayores operadores de electricidad del país.


    Sin embargo, pese a su éxito en el campo comercial, desde 1996 manifestaba dificultades ­pozos de equilibrio en la jerga de la sociología empresaria­ en los vínculos de trabajo. “Se produjo una fluctuación en la producción y en el ánimo de la gente que hizo ver a los gerentes más jóvenes un síndrome de algo cuya causa se desconocía, pero que con buen criterio empezaron a considerar como un problema de comunicación”, afirma Marcelo di Gregorio, uno de los consultores que tuvo a su cargo el estudio y el tratamiento del síndrome.


    “Eran hechos tangibles, originados en que no había una fluida comunicación horizontal y la vertical tenía muchos ruidos. La gente percibía que existían mensajes incongruentes y todo eso se reflejaba en la operatoria del día a día”, relata Fernando Matiazzo, hijo de uno de los fundadores de la empresa y actual jefe de producción.

    La primera tarea fue hacer un strategic thinking que no es otra cosa
    que descubrir adónde se quiere ir. “Es algo poco habitual en un país
    como la Argentina, acostumbrado a pensar sólo en el corto plazo”, destaca
    Di Gregorio. Durante tres días, aislados en un club, la dirección,
    la gerencia y los mandos medios tuvieron oportunidad de discutir la estrategia
    para los próximos tres años. La idea fue encontrar una respuesta
    a preguntas claves como ¿qué se pretende llegar a ser?, ¿de
    qué modo se va a actuar?, y hasta ¿cómo podría responder
    la competencia frente al accionar de la compañía en el mercado?

    Mapa de obstáculos

    Di Gregorio explica que, una vez que la empresa sabe adónde quiere llegar,
    antes de transmitírselo al resto del personal, hay que conocer cuáles
    son los ruidos que dificultan la comunicación. Para ello se desarrollaron
    dos modelos de indagación: el climate scanner, un trabajo autoadministrado
    y anónimo que registra el clima de la organización, proporcionándole
    a la gente la oportunidad de explayarse libremente con respecto a su insatisfacción;
    y el contraste que permite conocer la relación entre supervisores
    y supervisados.


    “Definitivamente, el problema era la comunicación”, resume el especialista. “La dirección no creía que, además de pagar y tener a la gente trabajando correctamente en sus puestos, fuera necesario mantener una adecuada comunicación. En última instancia, se trataba de una típica falta de preparación para liderar grupos humanos de quienes tienen una formación industrial. Su filosofía no comunicacional provocaba un quebranto. El personal estaba bien en su trabajo, pero tenía un reparo: le faltaba una comunicación vertical adecuada, que fuera más allá de las meras instrucciones de trabajo.”

    El problema es que esto, a la vez, generaba la correspondiente ausencia de
    feedback. “No los enojaba, simplemente creaba una distancia entre la
    organización y el individuo que no permitía alinear estrategia,
    cultura empresarial y tecnología”, reflexiona el consultor.

    Capacitación y cambio

    Una vez definido el diagnóstico, se plantearon dos alternativas: la
    dirección debía modificar su forma de actuar o delegar el proceso
    de comunicación en quienes mejor lo entendían. Se eligió
    la segunda opción y se creó un steering committee, integrado
    por los mandos más jóvenes con experiencia ejecutiva.


    “Nos dimos cuenta de que faltaba capacitación en el área administrativa. Cuando los individuos están seguros de que manejan profesionalmente lo que hacen lo comunican sin cortapisas. Cuando tienen problemas de conocimiento temen que esto se descubra y entonces callan”, señala Matiazzo.


    “A la línea de producción, en cambio, le dimos otro tipo de formación para que pudieran comprender cómo es la empresa y la relación del individuo con la producción.”


    La otra vía para mejorar la comunicación fue provocar un cambio en la cultura de la organización, tratando de predisponer al personal para que hablara con claridad, y pudiera estar seguro acerca de dónde bajan las órdenes, quién era el jefe y cuáles eran los límites de sus derechos y responsabilidades.


    “Cuando la comunicación se pone en marcha, los mensajes bajan con claridad, y suben las respuestas, como una demanda de la dirección que pide saber lo que pasa. Es como crear una especie de estado democrático dentro de la compañía”, afirma Di Gregorio, que lamenta que perdure en la Argentina la creencia de que mantener informados a los empleados es un síntoma de debilidad o pérdida de poder.


    Para este consultor, la información es la materia prima de los procesos intelectuales. “Así como en una fábrica no hay producto terminado si no existe materia prima, en un sistema intelectual, como es el management, si no hay información permanente y sana ­es decir con origen y validez confirmadas­ no puede haber dirección.”

    Según Matiazzo, cuando se abre un proceso de comunicación se
    genera una gran expectativa. “Si uno no la satisface, empiezan a aparecer los
    líderes del descontento. Es cuando la gente empieza a percibir
    el hecho de comunicar como una cuestión esnobista. Hay mucho de
    moda en las empresas con respecto a fenómenos como la comunicación
    o el empowerment, y resulta que luego en la realidad no se aplican como
    debieran.”

    TGS: El cara a cara es fundamental

    “En comunicación se puede ser sumamente efectivo, muy simpático
    y hasta hablar y escribir bien, pero lo que realmente importa es cómo
    afecta lo que estamos diciendo a la persona destinataria del mensaje y, eventualmente,
    a su familia. Por ese motivo debemos ser claros y, fundamentalmente, coherentes”,
    dice Luis Atucha, a cargo de los recursos humanos y las comunicaciones en Transportadora
    de Gas del Sur (TGS), la empresa que opera los casi 6.800 kilómetros
    de gasoductos que unen las cuencas patagónicas con Buenos Aires.

    Los primeros inconvenientes, recuerda, surgieron de las diferencias operativas
    y empresarias de quienes integraron la firma, nacida de la división y
    privatización de Gas del Estado. “Por un lado, estaba la gente del operador
    extranjero (Enron, de Estados Unidos); por el otro, los que veníamos
    del socio local (Perez Companc); y, finalmente, teníamos al grueso del
    personal proveniente de una compañía estatal. Además, había
    problemas idiomáticos, culturales y hasta de oportunidad. No olvidemos
    que aquí, como en la mayoría de las empresas privatizadas, faltaba
    tecnología, lo que nos obligaba a esforzarnos más para tratar
    de explicar qué queríamos y cómo iba a afectar a la gente.”

    La tecnología no alcanza

    TGS ($ 500 millones de facturación anual) tiene más de 600 empleados,
    muchos de ellos dispersos en plantas compresoras, a lo largo de la Patagonia.
    “La atomización nos obligó a ser creativos y, fundamentalmente,
    a responder a aquella máxima de repetición y contagio para
    que el mensaje de la organización llegue a todo el personal, por diferentes
    medios y en distintas oportunidades”, explica Atucha.


    Además de utilizar las ventajas que le brinda el hecho de ser una compañía altamente informatizada, lo que habilita el uso generalizado del correo electrónico, y de editar un house organ bimestral (Sumándonos) y una newsletter cada 15 o 20 días, en TGS confían, ante todo, en la comunicación cara a cara. “Si uno se limita a escribir, nunca va a poder comprobar si el mensaje llegó como se quería”, sostiene Atucha.


    Por esa razón, todos los directores tienen la obligación de viajar permanentemente para enterarse personalmente de los problemas y responder a las preguntas del personal.


    “Aunque técnicamente lo tengamos todo, muchas veces eso no sirve porque los problemas sólo se solucionan si ambas partes entienden de qué están hablando”, reflexiona el ejecutivo. “Tenemos que tener claridad sobre todos los temas, de lo contrario el feed back tarda demasiado. Mientras tanto, los problemas crecen y eso es precisamente lo que no queremos.”

    Atucha reconoce que, en la línea de operaciones, la gente cree mucho
    más en su jefe inmediato, con el que convive todos los días. “A
    nosotros podrá escucharnos y hasta respetar lo que decimos, pero somos
    como aves de paso”, admite, para destacar la importancia de los mandos medios
    en el proceso de comunicación.

    Errores costosos

    Para Atucha, el principal problema de la comunicación es el ruido
    que se genera cuando una actitud no es coherente con lo que se dice. “Es importante
    que la gente se acostumbre a que el mensaje de la empresa es creíble
    y a que quien lo está emitiendo es confiable. De lo contrario, se podrán
    decir muchas cosas, utilizar todas las herramientas de que se disponga, pero
    la comunicación fallará. Tanto allí como en la capacitación,
    se debe ser sumamente claro. Pero además hay que darle la oportunidad
    a la otra persona para que pregunte lo que no entendió, y nosotros debemos
    repreguntar, para confirmar que lo dicho ha sido comprendido.”

    Según el directivo, hay que tratar de no apoyarse demasiado en los
    house organs u otro tipo de comunicación institucional, porque
    el personal suele tomarlos como información de la empresa. Los
    empleados leen los mensajes escritos cuando realmente les importan o los afectan.
    Ante todo “la gente está buscando saber qué se espera de ellos.
    Cuando tiene una medida de eso, recién ahí comienza a preguntarse:
    ¿cómo puedo ayudar a la compañía?”, reflexiona.

    Techint: dónde está
    el eje

    Edgardo Consolini tiene a su cargo la gerencia de difusión de Techint
    Compañía Técnica Internacional, la empresa de ingeniería,
    construcción y servicios del grupo. El directivo explica que el trabajo
    propio de esta compañía, ligado a grandes obras, hace que permanentemente
    tenga personal distribuido por todo el territorio nacional e incluso en países
    limítrofes. Por lo tanto, hace 15 años, la dirección se
    planteó que había que tener un elemento de comunicación
    que uniera a la gente y le transmitiera el mensaje de la compañía.
    “El hombre afectado a una obra en plena montaña, aislado de las oficinas
    centrales, no percibe con facilidad lo que está ocurriendo en el resto
    de la empresa”, dice.


    El medio elegido fue el house organ, bautizado en este caso Techint Noticias, pero que se repite con otros nombres y contenidos en cada una de las compañías del grupo.

    Consolini reconoce a este house organ como la columna vertebral para
    comunicar la visión de la compañía. Hay otro medio de comunicación,
    a nivel del grupo y editado desde Italia, pero dirigido a una franja específica
    de la gerencia. “Techint Noticias es el único elemento de comunicación
    que llega a todos, desde el presidente hasta el último empleado”, se
    enorgullece.

    El interés personal

    Según Consolini, a diferencia de otras empresas, la experiencia no los
    ha enfrentado a problemas internos que hayan tenido que resolver con la comunicación.
    “La relación de la firma con sus empleados es buena y nunca ha tenido
    conflictos internos. Sí es probable que los tengamos externos, pero de
    otras características”, admite. Pone como ejemplo más reciente
    la polémica desatada por el impacto ambiental del gasoducto Norandino
    ­un proyecto de Techint­ en la selva de las Yungas, provincia de Salta.
    En esa oportunidad, el house organ fue el vehículo utilizado para
    que todo el personal conociera la posición y el accionar de la compañía
    al respecto.

    ¿Lee la gente un house organ? Algunos especialistas sostienen
    que suelen faltar mediciones serias en este terreno. En el caso de Techint,
    Consolini reconoce que no existe una metodología de contralor establecida.
    Pero sostiene que la percepción cotidiana de la avidez por recibir la
    próxima edición, debida a que aparece sólo tres veces al
    año, lo lleva a confiar en su éxito como elemento de comunicación.
    “Por distintos motivos, porque saben que van a aparecer en alguna nota o van
    a ser mencionados por cumplir una cantidad significativa de años en la
    empresa, resulta común recibir consultas del tipo ´¿Estoy en el
    próximo número de Techint Noticias?´ Esto habla del interés
    que tiene la gente”, opina el ejecutivo.

    Héctor Casinelli

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