Disparen contra el Fondo (I)
Sachs vs. Fisher
El desarrollo de la crisis en los países del sudeste de Asia disparó
algunas interesantes discusiones en las que cruzaron espadas algunos pesos pesados
de la comunidad académica internacional. Una de ellas giró alrededor
de la misión que debería cumplir el Fondo Monetario Internacional
Jeffrey Sachs definió al FMI como un instrumento de diplomacia financiera
del gobierno norteamericano que “incentivó a los bancos centrales, desde
Jakarta hasta Moscú y Brasilia, a aumentar las tasas de interés
a niveles estratosféricos para proteger a las monedas”, pero lo único
que consiguió de este modo fue aumentar el pánico. Lo correcto,
según Sachs, hubiera sido permitir mayores fluctuaciones de los tipos
de cambio en lugar de la escalada de tasas que sólo deprimirían
la economía sin conseguir convencer a los inversores externos sobre la
fortaleza de las monedas.
La réplica de Stanley Fisher, director del FMI, no se hizo esperar.
Desde el punto de vista interno, señaló, permitir mayores depreciaciones
de los tipos de cambio hubiera puesto en serio riesgo la supervivencia de la
mayor parte de las empresas, fuertemente endeudadas en moneda extranjera. Desde
el punto de vista externo, una política de este tipo hubiera desatado
un proceso de devaluaciones competitivas cuyo final era difícil de predecir.
Otra interesante discusión que suscitó la crisis tiene que ver
con la cuestión de hasta qué punto es eficiente permitir una total
libertad para los movimientos de capitales.
Rudiger Dornbush, profesor del MIT, reconoció que, aunque en su opinión
los controles de los movimientos de capital eran nocivos, iban a ponerse de
moda. De hecho, varios analistas ya señalan que países como China,
India y, en menor medida, Chile, han sido menos afectados por la crisis gracias
a las restricciones que habían impuesto al libre flujo de capitales.
Un contrapunto interesante sobre este tema fue el que protagonizaron dos eminentes
figuras del mundo académico: Lawrence Summers, actual secretario del
Tesoro norteamericano y Joseph Stiglitz, economista jefe del Banco Mundial.
Summers comparó la globalización de los mercados financieros con
la invención del avión: “podemos ir adonde queremos mucho más
rápido y, la mayoría de las veces, más seguros. Sin embargo,
cuando ocurre un accidente, éste es mucho más espectacular”.
Stiglitz recogió el guante y señaló que “aunque es cierto
que los accidentes de avión son un acontecimiento tan poco usual que
nadie se animaría a cuestionar la superioridad de la aviación
para viajes a larga distancia, la opción de aviones pequeños cubriendo
cortas distancias presenta grandes dudas”.
Disparen contra el Fondo (II)
Prevenir, más que curar
Pero no fue éste el único embate que recibió la estrategia
del FMI en el sudeste asiático. Martín Feldstein, profesor de
la Universidad de Harvard y presidente del National Bureau of Economic Research,
señaló recientemente que “el énfasis del FMI en imponer
grandes reformas estructurales e institucionales, en lugar de apuntar hacia
ajustes de balance de pagos, tendrá adversas consecuencias tanto en el
corto plazo como en el futuro distante”. Feldstein agregó que el FMI
debería trabajar con países que no llegaron aún a una crisis
cambiaria, para tratar de prevenirla, en lugar de tratar de imponer dolorosas
contracciones del nivel de actividad y reformas económicas radicales.
La respuesta de Fisher fue que la reestructuración del sector financiero
y otras reformas estructurales forman parte de los programas, porque problemas
tales como instituciones financieras débiles, regulación y supervisión
bancarias inadecuadas y relaciones poco transparentes entre gobiernos, la banca
y las corporaciones, son una parte importante de la explicación de las
crisis económicas de los países del sudeste asiático.
Derivaciones de la crisis
¿Volver a los controles?
Otra interesante discusión que suscitó la crisis tiene que ver
con la cuestión de hasta qué punto es eficiente permitir una total
libertad para los movimientos de capitales.
Rudiger Dornbush, profesor del MIT, reconoció que, aunque en su opinión
los controles de los movimientos de capital eran nocivos, iban a ponerse de
moda. De hecho, varios analistas ya señalan que países como China,
India y, en menor medida, Chile, han sido menos afectados por la crisis gracias
a las restricciones que habían impuesto al libre flujo de capitales.
Un contrapunto interesante sobre este tema fue el que protagonizaron dos eminentes
figuras del mundo académico: Lawrence Summers, actual secretario del
Tesoro norteamericano y Joseph Stiglitz, economista jefe del Banco Mundial.
Summers comparó la globalización de los mercados financieros con
la invención del avión: “podemos ir adonde queremos mucho más
rápido y, la mayoría de las veces, más seguros. Sin embargo,
cuando ocurre un accidente, éste es mucho más espectacular”.
Stiglitz recogió el guante y señaló que “aunque es cierto
que los accidentes de avión son un acontecimiento tan poco usual que
nadie se animaría a cuestionar la superioridad de la aviación
para viajes a larga distancia, la opción de aviones pequeños cubriendo
cortas distancias presenta grandes dudas”.
Krugman
El caso de Malasia
En una presentación reciente en la Brookings Institution, Joseph Stiglitz
señaló que los flujos internacionales de capital de corto plazo
pueden exponer a los países en desarrollo a riesgos innecesarios sin
beneficios claramente medibles.
El prolífico economista norteamericano Paul Krugman, que una semana
antes de la imposición de los controles cambiarios en Malasia se había
mostrado, en un artículo de la revista Fortune, favorable a este tipo
de medidas se apresuró luego a enviar una carta abierta al Primer Ministro
malayo tratando de poner distancia con la medida.
Aunque Krugman reconoció haber recomendado el empleo de controles de
capitales, aseguró que este tipo de medidas deberían cumplir con
cuatro principios fundamentales que no se observaban en el caso malayo. Estos
principios son:
- que los controles de capitales traten de no perjudicar actividades comerciales
usuales, tales como el turismo internacional; - que sean temporarios;
- que vayan acompañados por un tipo de cambio altamente competitivo;
y - que sean utilizados como una ayuda a un plan de reformas en lugar de una
alternativa a éste.
Polémica
Los intereses de Wall Street
Jagdish Bhagwati, de la Universidad de Columbia y uno de los más feroces
defensores del libre comercio de bienes desde la teoría económica,
señalo que “los operadores de Wall Street tienen obvios intereses en
un mundo con libertad para los flujos de capital, porque esto agranda el terreno
en el que pueden ganar dinero”. En cambio, “las naciones que estén contemplando
la posibilidad de adherir a la libre movilidad del capital, deben calcular los
costos y considerar la posibilidad de sufrir una crisis”.
