miércoles, 29 de abril de 2026

    Los primeros síntomas

    El escenario económico internacional presenta
    síntomas cada vez más evidentes de que lo que hay por
    delante es una compleja y delicada situación. Se proyecta, por
    un lado, una imagen floreciente de Estados Unidos y de la
    Unión Europea. En contrapartida, surge la visión del
    resto del mundo deslizándose por una pendiente negativa.

    Japón se ha sumido en una recesión; la primera en
    veinte años. Durante el primer trimestre, su PBI se contrajo
    en 1,3%. Para caracterizar mejor el cuadro, cabe agregar que una
    cotización de 144 yenes por dólar, como la alcanzada a
    mediados de junio, indica que, en los últimos tres
    años, la moneda japonesa se devaluó en 44%. Y un
    número creciente de analistas considera que esta tendencia
    aún no se ha frenado.

    Para el resto del Asia, que viene acumulando los efectos de la
    crisis que se desató a mediados del año anterior, la
    combinación de una débil demanda en Japón, la
    caída permanente del yen y la fragilidad de su sistema
    bancario ha sido devastadora: mayor competencia en los mercados
    internacionales, menor confianza y menores créditos de los
    bancos.

     

    Norte y Sur

    El riesgo soberano, en países como Brasil y la Argentina,
    ha vuelto a incrementarse desde fines de marzo. Es preciso tener en
    cuenta, además, que las cotizaciones en sus recintos
    bursátiles habían declinado, desde fines de junio de
    1997 y hasta mediados del mismo mes de este año, 26% en el
    caso de la bolsa de San Pablo y 30% en la de Buenos Aires. En cambio,
    los mercados de Estados Unidos y Europa crecieron significativamente.
    En el caso del Dow Jones el aumento fue de 17%.

    Si, como suelen argumentar los economistas, permanecen constantes
    las actuales tendencias que se observan en la economía
    mundial, los grandes beneficiarios de la situación
    serán Estados Unidos y la Unión Europea. Debe tenerse
    en cuenta que en conjunto representan 40% del PBI mundial y que, sin
    duda, la demanda interna es la principal fuente de su crecimiento. En
    ese marco, la presión deflacionaria que proviene de los
    países asiáticos y la caída en los precios de
    los commodities permite, simultáneamente, que se siga
    alimentando el recalentamiento de la economía norteamericana y
    el avance de las europeas sin que ello se acompañe, por ahora,
    de mayores riesgos inflacionarios.

    No obstante, esta perspectiva difícilmente se sostenga a
    largo plazo. Más allá de la discusión que
    envuelve a economistas y analistas acerca de si existe o no un nuevo
    paradigma de crecimiento en Estados Unidos, casi nadie duda de que,
    en algún momento, habrán de surgir las presiones
    inflacionarias.

    En ese sentido, con independencia del hermético testimonio
    del presidente de la Reserva Federal en el Congreso estadounidense,
    la decisión de no modificar las tasas de interés de
    corto plazo en la última reunión de la Fed ha sido
    interpretada, mayoritariamente, como una necesidad impuesta por el
    complejo escenario internacional. Se estima que un aumento de la
    tasa, en el actual contexto, podría gatillar una
    situación de mayores perturbaciones en los mercados de divisas
    y de acciones.

    Podría suponerse que la actual crisis internacional
    comienza a solucionarse: que los sucesivos paquetes de medidas
    adoptados resultan exitosos y que la amarga medicina recomendada por
    el FMI para enfrentar el colapso de los países del sudeste
    asiático empieza a curar al enfermo.

    En ese marco, la confianza de los inversores tendería a
    restablecerse y los flujos de capitales privados retornarían
    hacia Japón, las naciones del sudeste asiático y los
    otros países emergentes. Dado que la mayor parte de los
    capitales que se fugaron se dirigieron a Estados Unidos y a la
    Unión Europea, un escenario de estas características
    podría derivar en una nueva crisis financiera internacional;
    pero en este caso se podría iniciar en Estados Unidos.

    Aunque se estima que la economía norteamericana
    exhibirá superávit en sus cuentas fiscales, la
    combinación de un amplio y persistente déficit en
    cuenta corriente del balance de pagos y la ya indudable
    sobrevaluación de los activos accionarios podría poner
    en marcha esa nueva ronda de conmociones financieras internacionales.
    Al respecto, un reciente estudio sobre los valores de las acciones,
    basado en el modelo que suele utilizar la Fed, mostraba que a
    principios de junio la sobrevaluación superaba el nivel de
    20%.

     

    Pesadilla china

    Podría plantearse un tercer escenario en el cual la
    caída del yen se mantenga, China no pueda resistir las
    presiones para devaluar y Hong Kong, en ese contexto,
    difícilmente pueda evitar salir de la convertibilidad. Esta
    situación, indudablemente, provocaría una nueva ronda
    de devaluaciones competitivas y un colapso económico que,
    incluso, arrastraría inevitablemente a Brasil y a la
    Argentina.

    En este caso, aunque Estados Unidos tiene un déficit
    externo manejable, un escenario como éste podría
    empeorar su posición y, con ello, las posibilidades de salir
    relativamente airoso de la crisis. En esas condiciones, las presiones
    de tipo proteccionista podrían alcanzar niveles elevados. De
    ahí que la probabilidad de una fase de corrección en
    los mercados de acciones no pueda descartarse; corrección que
    alcanzaría tanto a Estados Unidos como a la Unión
    Europea.

    En suma, con distintos matices, ninguno de estos escenarios
    muestra perspectivas inmediatas alentadoras. Por el contrario, la
    impresión que prevalece es que lo peor de la crisis iniciada a
    fines del primer semestre de 1997 todavía no ha pasado. Y la
    Argentina no ha sido ajena a ese cambio de clima.

    La evolución de indicadores como la prima de riesgo
    país, la cotización de las acciones líderes, el
    saldo de la cuenta comercial externa y el monto de las reservas del
    Banco Central muestran que, en una medida no desdeñable, la
    confianza de los inversores sobre el rumbo futuro de la
    economía argentina presenta no pocas dudas e incertidumbres.
    Así lo refleja, con crudeza, la encuesta de expectativas de
    los empresarios para el segundo semestre, elaborada por MERCADO, que
    se publica a partir de la página 111.

    Ese cambio en el clima de confianza también comienza a
    reflejarse en la evolución de los principales agregados
    macroeconómicos. Los datos correspondientes al primer
    trimestre del año de los componentes de la oferta y la demanda
    global muestran que, en términos desestacionalizados, el PBI
    creció apenas 0,7% con respecto al nivel alcanzado a fines de
    1997. Se habría entrado en una suerte de meseta en el nivel de
    producto.

    Y se estima que, si no mejora el clima que prevalece en los
    mercados internacionales, en el segundo trimestre podrían
    aparecer los primeros síntomas de caída en el nivel del
    PBI.





























































































































































































































































































    Oferta y demanda global


    Datos desestacionalizados


    (variación en % respecto del trimestre
    inmediato anterior)






    Consumo


    Exportaciones


    Importaciones


    Inversión


    PBI


    1991


    I Trimestre


    0.8


    -9.7


    12.8


    0.2


    -1.1




    II Trimestre


    4.7


    7.0


    18.5


    18.8


    5.6




    III Trimestre


    2.4


    5.8


    21.1


    6.6


    2.3




    IV Trimestre


    5.5


    -6.9


    16.0


    8.8


    3.2


    1992


    I Trimestre


    4.1


    -0.1


    13.3


    6.0


    2.8




    II Trimestre


    3.5


    5.7


    18.7


    11.3


    3.6




    III Trimestre


    0.1


    -0.3


    9.0


    4.1


    -0.3




    IV Trimestre


    -2.0


    2.6


    -6.9


    0.2


    -0.7


    1993


    I Trimestre


    2.1


    -0.6


    -4.4


    -1.7


    1.9




    II Trimestre


    4.3


    -3.1


    11.8


    5.9


    2.9




    III Trimestre


    2.2


    -0.8


    8.1


    10.8


    3.2




    IV Trimestre


    -0.4


    6.7


    6.4


    8.6


    0.9


    1994


    I Trimestre


    4.1


    3.2


    8.8


    7.3


    3.6




    II Trimestre


    2.5


    4.2


    5.4


    -3.1


    1.2




    III Trimestre


    -1.5


    4.9


    -5.0


    5.1


    1.6




    IV Trimestre


    8.3


    9.1


    -0.5


    -29.4


    0.3


    1995


    I Trimestre


    -10.2


    10.2


    -3.0


    39.4


    -1.0




    II Trimestre


    -4.4


    7.1


    -6.5


    -20.4


    -6.1




    III Trimestre


    -1.5


    -9.3


    -7.8


    -2.7


    -1.2




    IV Trimestre


    2.0


    2.1


    5.4


    4.4


    1.1


    1996


    I Trimestre


    2.7


    1.8


    2.9


    3.6


    2.8




    II Trimestre


    1.0


    2.8


    1.0


    5.4


    2.1




    III Trimestre


    1.7


    5.9


    20.2


    4.3


    0.8




    IV Trimestre


    1.2


    4.7


    -2.1


    7.7


    2.9


    1997


    I Trimestre


    2.7


    0.9


    8.1


    5.8


    1.9




    II Trimestre


    2.2


    0.0


    2.7


    5.6


    2.5




    III Trimestre


    2.3


    2.3


    15.0


    8.5


    2.4




    IV Trimestre


    1.2


    -0.8


    0.0


    2.7


    1.1


    1998


    I Trimestre


    0.6


    -6.0


    -1.6


    3.2


    0.7


    Fuente: Elaboración propia en base a datos del
    Ministerio de Economía