Africa
¿El último mercado emergente?
La reciente y prolongada visita del presidente norteamericano Bill
Clinton a cinco países africanos bien puede interpretarse como
un gesto político para lograr la apertura de la región,
que mantiene estrechos vínculos con sus ex colonizadores
europeos.
La visita de Clinton fue acompañada por la
aprobación de una ley que prevé la reducción o
la supresión de barreras aduaneras para más de 1.800
productos provenientes del Africa al sur del Sahara.
El representante demócrata Charles Rangel
señaló abiertamente que Africa “es la única
parte del mundo donde los norteamericanos no hemos realmente
invertido ni establecido vínculos comerciales”; la secretaria
de Estado para asuntos africanos, Susan Rice, exaltó, por su
parte, los méritos de “un enorme mercado poco explotado, con
más de 700 millones de habitantes y enormes riquezas no
aprovechadas”.
Una parte del continente puede identificarse con estas
declaraciones: cinco de las veinte economías que más
crecieron en el mundo son africanas. Pero muchos de estos Estados
cargan con las consecuencias de una década de ajuste
estructural y carecen tanto de capitalistas como de mercados, por lo
que su integración a la economía mundial parece lejana.
Islandia
Paraíso fiscal de hielo
La imagen del off-shore banking en una isla del Atlántico
evoca indefectiblemente las playas soleadas de las Islas
Caimán. Sin embargo, este estereotipo puede verse modificado
por la intención de Islandia de ingresar al mundo de las
finanzas internacionales como nuevo centro de depósitos
internacionales.
Esta isla volcánica, antigua colonia nórdica, tiene
sólo 300.000 habitantes y está siempre en los primeros
puestos en los diversos índices internacionales de desarrollo
humano y calidad de vida.
El gobierno estudia la posibilidad de emular a Luxemburgo y Suiza
como refugio seguro para los depositantes que necesitan seguridad; de
hecho, ya tiene encargados varios estudios sobre la factibilidad de
esta transformación. La Unión Europea está
intentando armonizar la regulación bancaria de Luxemburgo con
la del resto de los países miembros; dado que Islandia no
pertenece a la Unión, puede ser un buen candidato para
sustituir a Luxemburgo como centro financiero.
Dos recetas
Corea y Nueva Zelanda
En materia de política monetaria, es un ejercicio
interesante comparar las medidas tomadas por Corea y Nueva Zelanda
frente a la crisis asiática. El empeoramiento de los
términos de intercambio implica una reducción del
ingreso del país. ¿Cómo deberían reaccionar
frente a un shock de este tipo? Don Brash, gobernador de la Reserva
Federal neocelandesa, decidió ablandar la política
monetaria bajando las tasas de interés en 150 puntos
básicos y anunció que podría continuarse en este
camino si los precios de las exportaciones seguían cayendo.
Desde mediados del ´97, cuando estalló la crisis
asiática, el dólar neocelandés se devaluó
20%, y las autoridades señalaron que un tipo de cambio aun
mayor es la respuesta apropiada para un shock externo de este tipo.
La reacción de Corea frente a una crisis similar fue
exactamente la inversa: restringió la política
monetaria para estabilizar la tasa de cambio. Por supuesto, el costo
de esta medida en términos de producto puede ser alto, con
aumento del desempleo y destrucción de una parte importante de
las pequeñas y medianas empresas. Una política similar
a la neocelandesa habría permitido estabilizar el nivel de
demanda agregada interna en un nivel más alto y evitado una
parte de estos costos. Sin embargo, sin la estabilización de
la tasa de cambio la moneda se habría devaluado, aumentando el
peso de la deuda externa, una situación muy difícil de
sostener para Corea.
Los países exportadores de commodities enfrentan
importantes fluctuaciones en sus términos de intercambio, y
pueden verse obligados a tomar medidas duramente recesivas cuando su
endeudamiento llega a niveles demasiados altos.
