lunes, 1 de junio de 2026

    Las nuevas cartas de amor

    Dimes y diretes de la industria de mailing lists, en la que no todo
    lo que reluce es oro. El caso de Dun & Bradstreet, tradicional proveedora
    de informes comerciales, que hoy genera 20% de sus ingresos con la venta
    de registros para bases de datos.

     

    Su majestad el cliente puede &endash;y suele&endash; ser tan
    pérfido como las damas de los tangos. Después de todo, igual
    que en el mercado de los hombres, nunca es demasiada la diferencia entre
    lo que ofrecen uno y otro jugador.

    La apuesta de fidelización que ensayaron las empresas en los
    ´90 &endash;iniciada 20 años antes por los servicios financieros
    y las líneas de aviación&endash; se parapetó en
    el marketing uno a uno masivo; volvieron a susurrar al oído de los
    clientes, intentando recrear en las megalópolis la cercanía
    del tendero de principios de siglo.

    Con el reflorecimiento del amor, salieron favorecidos quienes comercializan
    listados de registros; a ellos les toca jugar de celestinos y armar las
    agendas de los candidatos. La consultora estadounidense Dun & Bradstreet
    es uno de los principales actores de este negocio. Su historia ejemplifica
    el desarrollo de la industria; llegada al país en 1902, hasta hace
    tres años se dedicaba básicamente a la venta de informes
    comerciales; hoy, 20% de su facturación proviene de los registros
    para bases de datos.

    “Avanzamos a este rubro como un subproducto de nuestros informes comerciales;
    por eso nuestras bases de datos pueden ofrecer desde la simple dirección
    y teléfono hasta más de cien campos de segmentación”,
    asegura Gustavo Cusi, presidente de la empresa. Este origen, reconocen
    en el resto del mercado, le da a Dun & Bradstreet una fortaleza inigualable
    en el segmento del business to business. En el de personas, compite en
    el de altos ingresos. Su caballito de batalla son los 25.000 gerentes y
    directores de las 3.000 empresas que más facturan en el país.

    La mejor de las listas que se pueda conseguir en plaza parte de un error
    no menor a 15%. La razón es sencilla: ése es el índice
    promedio de rotación anual en las empresas, y se estima que 12%
    de la población cambia de domicilio en ese período. Por eso,
    señala Cusi, “es mucho más difícil administrar y actualizar
    una base que confeccionarla”.

    Dun & Bradstreet realiza al mes entre 5.000 y 6.000 informes comerciales,
    en cada uno de los cuales releva los datos de entre cinco y 20 directores
    y gerentes. “Esa es la manera que tenemos de mantener viva nuestra información;
    estamos hablando de entre 50.000 y 60.000 personas por mes, lo que nos
    permite tener datos con una antigüedad promedio de seis meses”, afirman
    en la consultora, que en el mundo tiene la segunda base de datos más
    grande, detrás de la del Pentágono.

    La industria en general &endash;compuesta básicamente por
    empresas de marketing directo que integraron la confección de listas&endash;
    desarrolló además otro sistema de depuración en cooperación
    con el cliente: por cada contacto inexacto el proveedor entrega dos reemplazos.
    Los costos de actualización llevan a que el precio de los registros
    de Dun & Bradstreet resulte elevado en comparación con las bases
    robadas que se pueden conseguir en el mercado.

    “Lamentablemente también tenemos que competir con gente que puede
    vender registros a 10 centavos, mientras los nuestros van de 40 centavos
    a $1, de acuerdo con la complejidad y cantidad de datos; lo que no dicen
    esos precios son los costos ocultos de una mala base de datos, porque después
    el que la usa va a tirar los 80 centavos del folleto, los 40 del correo,
    o el $ 1,50 si la carta va con aviso de retorno y la llamada de telemarketing”,
    resumen en la empresa, orgullosa de cuatro ex empleados que se transformaron
    en presidentes de Estados Unidos: Lincoln, Cleveland, Mac Kinley y Grant.

    Las bases robadas &endash;en su mayoría listas de tarjetahabientes&endash;
    generaron otro problema adicional, puesto que recurrentemente se transformaron
    en la materia prima de infinidad de acciones. “Esa gente, muy manoseada,
    se hartó del marketing directo”, reconoce Cusi.

    Los registros más caros son los que tienen un match code, esto
    es un número &endash;DNI o CUIT&endash; que permite garantizar
    que se trata de una sola persona. Aunque menos frecuente, la anexión
    de los antecedentes legales y bancarios encarece en $ 3 el costo de un
    contacto.

    “Por lo general, vendemos bases mucho más simples y masivas;
    40.000 o 60.000 registros por entre US$ 20.000 y US$ 30.000, y si se nos
    pide más de 100.000 personas, el precio del contacto cae a 30 centavos”,
    dice Cusi. Una alternativa para bajar costos es el alquiler de la base.
    Además del precio, tiene a su favor la segura actualidad de los
    datos; en contra, que puede ser utilizada una sola vez. En esta modalidad
    el cliente ni siquiera entra en contacto con la base. En su lugar, recibe
    un pilón de etiquetas.

    La expansión convirtió a los bancos en heavy consumers
    de listas. De la cartera de 100 clientes, Dun & Bradstreet reúne
    80% de su venta en 30, de los cuales 13 son bancos. “Todos están
    abriendo nuevas sucursales y quieren saber qué hay en la zona donde
    se afincan”, puntualiza Cusi, y agrega: “Cada vez bajan más a las
    Pymes, piden información sobre la crema del sector; aquellas empresas
    o comercios que facturan más de US$ 100.000 al mes. El desplazamiento
    fue notable, antes no bajaban de las 1.000 o 3.000 primeras industrias”.

    El credo del marketing de base de datos repite que la publicidad debe
    ser dirigida en forma personal, que el objetivo central de las empresas
    es ganar participación en el cliente antes que en el mercado y que
    se administran contactos, no productos. A pesar de tener estudiados los
    salmos, el management local suele tentarse con los hábitos del marketing
    masivo.

    “Muchas empresas me compran una base y después la compilan con
    datos que sacaron de otra parte sin chequear de dónde los sacaron;
    siempre quieren más, no se dan cuenta de que no se trata de un negocio
    de volumen sino de calidad de contactos”, afirma Cusi.

    Para él, las listas nacidas de cupones y concursos “tampoco terminan
    de ser confiables”. Estima que entre 30% y 40% de las respuestas tiene
    fallas, tanto por respuestas falsas como por simples errores.

    Por un lado están el bias de prestigio y las especulaciones a
    las que los individuos se embarcan antes de llenar un cuestionario. “La
    gente piensa que, si dice la verdad, por ahí deja de ser interesante
    o siente vergüenza; especulan; nadie, por ejemplo, contesta la verdad
    acerca de si paga algo en cuotas o no; están los que mienten para
    negar la deuda y los que mienten para demostrar que alguien ya les dio
    crédito”, dice Cusi.

    Por otro lado, esta fuente de datos está plagada de “errores
    increíbles, como dar mal el número de documento”. La dirección
    y el teléfono no fallan &endash;después de todo, siempre
    esperan ser alcanzados por un premio&endash;, pero, agrega Cusi, “de
    ahí en más, hay de todo”.

    D. A.