Comparar el futuro con el pasado es una forma relativamente simple de
comprender qué nos espera en el mundo digital. La gente entiende
rápidamente el hecho de que un libro, un diario o una revista están
compuestos por bits (que luego se convierten en tinta, se apretujan sobre
árboles muertos y se envían a todo el planeta). Forbes ASAP
también envía más de 230 toneladas de papel a más
de 750.000 lugares en cada edición.
La corporización de los bits en pulpa de papel se produce porque
el papel sigue siendo el mejor medio para visualizar algo y, por lo tanto,
ofrece una mejor interfaz con el hombre que cualquier computadora. Pero
seguramente esto habrá de cambiar. No vamos a ser la Familia de
los Atomos para siempre. El patrón de la vida digital seguirá
sorprendiéndonos, como ha venido haciéndolo hasta ahora,
con fenómenos como la desintermediación, los grupos de consumidores
y la publicidad que va de boca en boca pero electrónica.
Entonces, ¿cuál será el próximo gran cambio?
¿Qué átomos se convertirán en bits y cambiarán
realmente al mundo? Para mí, la respuesta es simple: el dinero en
efectivo. Lo que hoy conocemos como moneda y papel moneda terminará
convirtiéndose en bits. Y no estoy refiriéndome a las tarjetas
de débito o de crédito, ni a los sistemas contables de ese
tipo. Estoy hablando del valor almacenado, de bits en su disco rígido
o en su billetera electrónica.
No tendrán el aspecto ni la textura del dinero &endash;tal
como lo conocemos hoy&endash;, sino que tendrán todas sus propiedades
no físicas y más también. El anonimato, la universalidad
y la capacidad para realizar pagos pequeños son sólo algunos
de sus beneficios. El efectivo es sólo una pequeña parte
de nuestro actual sistema monetario, pero consideremos por un momento un
mundo en el que no es el gobierno el que imprime el dinero, sino otros.
Tomemos la balanza comercial, que es realmente un número artificial,
e imaginemos una balanza que no se pueda calcular. O pensemos en un sistema
de pago no expresado en dólares sino en microcentavos. El efectivo
digital materializa al comercio digital.
Una de las suposiciones más comunes sobre el mundo digital es
que no es un lugar seguro. ¿Verdadero? No: falso. El mundo virtual
es mucho más seguro, más privado y menos peligroso que el
mundo real. Pero observe que no dije que es mejor. Cuando la gente me dice
que nunca ingresaría su número de tarjeta de crédito
a la Internet, yo trato de contener la risa. Porque esta misma gente lo
recita alegremente por teléfono o le entrega su tarjeta a un mozo
de mirada lasciva, que desaparece con ella durante algunos minutos.
El mundo de los bits es mucho más seguro; sólo tenemos
que querer que sea de esa forma. Para empezar, los gobiernos deberían
abandonar sus estúpidas leyes en contra de la criptografía,
tanto con referencia a su uso como a su exportación. Los traficantes
de drogas y los terroristas no piden permiso para usarla; en cambio, muchos
ciudadanos se ven privados de ella. La privacidad es todo un tema, pero
lo que se interpone entre usted y la privacidad digital no es la tecnología
sino las políticas. La Casa Blanca admite que éste es uno
de los temas más conflictivos que enfrenta. Algunos países,
como es el caso de Francia, tienen una verdadera obstinación con
el tema y han declarado ilegal que sus ciudadanos utilicen el encriptado.
Cuando todo esto cambie &endash;observe el lector que no dije si
cambia&endash; muchas cosas habrán de cambiar, incluido el dinero.
En ese momento voy a ganar monedas digitales únicas y seriadas que
podré gastar en cualquier lado, y rescatar de la manera que quiera.
Las empresas familiares emitirán dinero y los bancos, tal como los
conocemos hoy, dejarán de existir. Surgirá entonces una nueva
economía.
Uno de mis ejemplos favoritos proviene de un juego electrónico
que está desarrollando Rocket Science Games. Es un juego de roles
del estilo Calabozo y Dragones, que se entrega gratuitamente y que corre
en la Internet al costo nominal o sin costo alguno. Por lo tanto, ¿cómo
gana dinero Rocket Science? He aquí la respuesta. Usted se encuentra
en un hermosísimo castillo medieval cara a cara con un dragón
de dientes largos que larga humo por la boca. Usted lleva puesta una salida
de baño de toalla, que es adecuada para salir de la bañera
o la ducha pero inapropiada para luchar contra los dragones. Luego observa
una armadura de caballero finamente lustrada que cuelga de la pared del
calabozo. ¿Adivine qué? La puede alquilar por cinco centavos
y alejar al monstruo.
Encantador. Más que encantador. Y éste es sólo
un pequeño ejemplo de un modelo económico totalmente diferente
de cualquier otra cosa que pudiéramos haber considerado antes. Cuesta
alrededor de 25 centavos procesar un gasto con tarjeta de crédito
y US$ 1 manejar un cheque. Por lo tanto, no funcionan. Pero, ¿recuerda
el viejo sistema de dar el vuelto en caramelos? El efectivo sí funciona,
sólo que ahora tendrá que gastar monedas digitales. Y como
negocio, es magnífico. Imagine una empresa a la que 1.000 millones
de personas le pagan dos centavos por día. Tendría aproximadamente
el tamaño de Microsoft.
Sí, la pregunta que más me formulan es el tema de este
artículo: ¿y ahora qué? La Internet tomó a
tanta gente por sorpresa que muchas de estas personas ahora se preguntan
si les espera alguna otra sorpresa a la vuelta de la esquina. Ahora que
comenzamos a comprender las redes, ¿habremos de encontrarnos, por
ejemplo, con computadoras con ADN, comunicaciones extraterrestres o algún
nuevo tipo de memoria que crezca regándola? Quizá, puede
ser, tal vez. Pero sí es seguro que algo nos aguarda a la vuelta
de la esquina, y creo que es el dinero digital.
© Forbes ASAP / MERCADO
(*) Nicholas Negroponte es fundador y director del Laboratorio de Medios
del MIT y del Centro de Investigación Interdisciplinaria, que se
dedica a estudiar las formas futuras de la comunicación humana.
Su libro más reciente es Being digital.
