El derrumbe del peso mexicano tuvo menos gravitación en el
comercio y en la economía internacionales que la crisis
asiática. Hay que esperar, por lo tanto, un efecto más
intenso y complejo.
Un ingrediente constante en todos los episodios especulativos es
lo que algunos analistas llaman “una fuga en masa de la realidad”,
que excluye toda consideración sensata sobre la verdadera
naturaleza de lo que está aconteciendo; por ejemplo, que “en
las economías libres ningún mercado sube siempre”, tal
como señaló John Bond, máximo ejecutivo del Hong
Kong Shanghai Bank en el reciente coloquio de Idea en Bariloche.
Que este simple señalamiento no se tenga en cuenta de
manera sistemática revela la extrema fragilidad de la memoria
financiera; esto es, la facilidad con que se olvidan las experiencias
traumáticas del pasado y se les otorga un mayor valor a las
nuevas oportunidades que muestra el presente. En palabras del
vicepresidente del HSBC: “Los mercados de valores de todo el mundo
subieron durante un largo período, y estaban destinados a una
corrección. Tal vez estaban buscando una razón para
bajar, ya que no les resultaba fácil encontrar una
razón para continuar subiendo. Ahora tienen que devolver lo
ganado en el último año”.
Sin embargo, el común denominador más llamativo de
las recurrentes crisis de los mercados bursátiles es que en
todos los episodios especulativos estuvo presente la idea de que algo
nuevo había surgido en el mundo de las finanzas; en la etapa
más reciente, los llamados derivados. Pero no debe perderse de
vista que toda innovación financiera incluye, de una u otra
forma, la creación de una deuda garantizada, en mayor o menor
medida, por activos reales.
Al mismo tiempo, las mismas innovaciones conllevan algún
tipo de endeudamiento apalancado &emdash;provisto por
terceros&emdash; con garantías aun más limitadas por el
lado de los activos. Finalmente, todas las crisis bursátiles
incluyeron un endeudamiento con el sistema bancario y financiero que,
de una u otra manera, en algún momento se tornó
peligrosamente desproporcionado con respecto a los medios de pago
existentes.
Corregir hacia abajo
A medida que transcurre el tiempo parece afirmarse la
convicción de que la crisis actual no sólo es diferente
de la que desató el colapso financiero mexicano en diciembre
de 1994 sino también más amplia y compleja. Los fuertes
ajustes reales en el tipo de cambio de los países del sudeste
asiático &emdash;caídas de entre 30% y 40%&emdash;
están llamados a tener un impacto mayor que la
devaluación del peso mexicano. Al respecto, debe tenerse en
cuenta que la economía mexicana tenía una baja
ponderación en el comercio mundial y representaba un
porcentaje reducido del PBI internacional. En cambio, las recientes
devaluaciones competitivas en el sudeste asiático afectan a
economías que representan alrededor de 30% del PBI y del
comercio mundial. De ahí, entonces, que no sea insensato
corregir hacia la baja las estimaciones de crecimiento de la
economía y del intercambio internacional para 1998.
Más aún, los funcionarios norteamericanos no dejan
de reconocer el impacto negativo que podría tener una fuerte
prolongación de las turbulencias sobre las exportaciones de su
país; en especial, por la importancia de los mercados de los
países del sudeste asiático para las empresas
norteamericanas. Por eso hay quienes sostienen que, en ese caso,
podría haber un renacimiento de las tendencias proteccionistas
en Estados Unidos, ya que el déficit en la balanza de comercio
tendería a profundizarse.
Aunque amparados en razones de tipo fiscal o en la necesidad de
dar cumplimiento a normas de la Organización Mundial de
Comercio, Brasil y la Argentina procedieron a elevar el arancel
externo común en tres puntos porcentuales, con lo que se
convirtieron en los primeros países del mundo que aumentaron
su protección nominal frente a la mayor competitividad de los
países asiáticos.
El factor real
Brasil y la Argentina han resistido los embates sobre el tipo de
cambio. No obstante, en el marco de la integración mundial de
los mercados, no pudieron sustraerse a las correcciones en los
valores bursátiles. Mientras la defensa del tipo de cambio
brasileño sea exitosa, los problemas que se puedan suscitar en
el sistema bancario por los ajustes descendentes en los precios de
los activos financieros pueden ser manejables. Pero, si las defensas
montadas alrededor del real son evaluadas como insuficientes por los
operadores y, por lo tanto, resultan desbordadas por los ataques
especulativos, es muy difícil que los países del
Mercosur puedan evitar atravesar por una situación semejante a
la que muestran los países del sudeste asiático.
La descripción anterior da cuenta del escenario menos
favorable. Sin embargo, en los análisis más recientes
de los especialistas y de los empresarios el panorama que proyectan
no muestra signos de gran optimismo. En tal sentido, es cada vez
más extendida la convicción de que la crisis, tal como
expresó el ministro de Economía de Brasil, “va a durar
un buen tiempo” y que, por lo tanto, las complicaciones
también llegarán a la esfera real de la
economía.
En otras palabras, el aumento del riesgo país
reducirá el flujo de capitales externos y, junto con el
incremento de las tasas de interés domésticas, se
registrarán mayores presiones para que la economía
ingrese en una nueva fase descendente del ciclo. En ese marco, el
nivel de actividad tenderá, en el mejor de los casos, a
reducir su ritmo de aumento hasta llegar al estancamiento y, en el
peor de los escenarios, a contraerse. En cualquiera de las
circunstancias la creación de empleos se resentirá, y
se producirá una caída en la recaudación
fiscal.
Se abre el paraguas
Como el cumplimiento de los compromisos financieros externos por
parte de los países miembros constituye uno de los objetivos
centrales del FMI, el organismo ha dado señales de que
está dispuesto a brindarle a la Argentina el paraguas de un
acuerdo de facilidades extendidas por tres años por un monto
de US$ 3.000 millones (de los cuales 2.000 millones sólo
serían utilizados en el caso de que se produjera un ataque
especulativo contra el peso) con el compromiso de un déficit
fiscal para 1998 que no puede exceder el estimado en el proyecto de
presupuesto que se debate en el Congreso Nacional, y con una suerte
de cláusula gatillo por la cual el gobierno se compromete, en
el caso de que la recaudación no se comporte de acuerdo con
las proyecciones oficiales, a un ajuste fiscal con aumentos en las
tasas impositivas, extensiones de la base imponible y recortes en los
gastos.
Indicadores económicos y financieros relevantes
Tasas de interés internas en pesos (%) | |||||||
pasiva a 30 días, CD | |||||||
call | |||||||
prime | |||||||
Tasas de interés internas en dólares | |||||||
pasiva a 30 días, CD | |||||||
call | |||||||
prime | |||||||
Par bond-spread over t.b. 30 years (1) | |||||||
Argentina | |||||||
Brasil | |||||||
México | |||||||
Riesgo-país de Argentina (1) | |||||||
F.R.Bond/UST 5 | |||||||
Tipo de cambio comprador contra dólar | |||||||
Yen | |||||||
Indices bursátiles | |||||||
Merval | |||||||
Dow Jones | |||||||
Bovespa | |||||||
(1) Número de basic points.
Fuente: Elaboración propia en base a datos de
Econométrica SA.
Desde que se iniciaron las perturbaciones en los mercados
financieros mundiales a fines de julio pasado con la
devaluación de la moneda tailandesa, lenta pero
progresivamente la crisis se fue extendiendo hacia otros mercados y
latitudes. En efecto, los recintos bursátiles de las plazas
más importantes del mundo iniciaron un viraje descendente en
las cotizaciones de sus activos financieros. Los países
emergentes como Brasil, México y Argentina no pudieron escapar
a esas presiones. El peso mexicano volvió a devaluarse,
mientras Brasil era sometido a un duro ataque especulativo. En ese
marco, el riesgo-país, que había declinado fuertemente
desde finales de 1995, cuando ya había pasado lo peor del
efecto tequila, hasta fines de septiembre pasado, registró un
salto de significación cuando la crisis alcanzó mayor
virulencia en los recintos bursátiles. Al mismo tiempo, las
tasas de interés iniciaron un ciclo ascendente.
