“Creo que en los próximos dos o tres años los
empresarios argentinos van a tomar conciencia de que la
inversión en capital humano es indispensable para aprovechar
las oportunidades y competir exitosamente en el Mercosur”, afirma el
mexicano Roberto Batres, número uno de Arthur D. Little para
América latina y uno de los hombres que representó a su
país en las negociaciones por el Nafta. “Muchas empresas
están pensando en hacer algo, pero pocas se están
preparando verdaderamente para dar el salto”, agrega el
brasileño José Luiz Bichuetti, nuevo titular de la
filial argentina de la consultora, una de las más grandes del
mundo, que tuvo un papel protagónico en los mayores procesos
de transformación de la región, como Cemex, el gigante
mexicano del cemento, e YPF.
Ambos conversaron extensamente con MERCADO acerca de los
desafíos que plantean el Mercosur, el Nafta y la
globalización para empresarios grandes y pequeños en
estas latitudes.
– ¿Cuál es, en este momento, la actitud predominante
en los inversores internacionales hacia las economías de la
región?
Batres: -Estamos presenciando un resurgimiento muy importante de
la inversión extranjera directa que después del tequila
había sufrido un fuerte colapso en gran parte de
América latina. En Colombia ha repuntado bastante, ahora lo
está haciendo también en Venezuela, y qué decir
de México, donde a fines del ´96 la inversión
renació y en lo que va del año ha sido muy buena.
– ¿Los inversores muestran tanto entusiasmo por el Mercosur
como por el Nafta?
Batres: -Si bien el Nafta ha estado en el centro de la escena,
resulta cada vez más evidente que a mediano y largo plazo el
Mercosur es importantísimo. Otro factor notable es el
reordenamiento que está teniendo lugar en Venezuela, que
aunque no obedece a un tratado de libre comercio, representa una
apertura muy importante a la inversión extranjera directa,
sobre todo en materia petrolera. Todo esto significa que
América latina como región suma más que las
partes individuales.
– Teniendo en cuenta la histórica inestabilidad cambiaria
de Brasil, ¿no intranquiliza a los inversores la posibilidad de
un efecto caipirinha con consecuencias similares al tequila?
Batres: -El tequila fue realmente una situación
excepcional. Vamos a tener resbalones en Brasil, en la Argentina, en
muchas partes, así como se tienen en Europa, pero
catástrofes de esa magnitud lo dudo. Además, cuando
hablamos de inversión, hay que distinguir bien entre la que se
hace en activos fijos productivos y los movimientos de capital en los
mercados financieros, que tienen una dinámica totalmente
diferente. Una catástrofe como la del tequila estuvo precedida
por un colapso de la inversión extranjera directa durante tres
años consecutivos, y un endeudamiento de corto plazo de
más de US$ 30.000 millones, casi 70% de las exportaciones del
país. Brasil no tiene, en absoluto, un fenómeno
similar, aun con 3 o 4% de déficit de cuenta corriente.
Bichuetti: -Es verdad que Brasil depende mucho de un aspecto para
conseguir una estabilidad total, que es la reforma fiscal. Me
preguntaron muchas veces aquí en Argentina qué va a
ocurrir cuando tenga lugar la devaluación brasileña.
Creo que puede haber una devaluación, pero no muy fuerte.
Todos los estudios manifiestan que habría un impacto en la
economía, en la inflación, pero ni remotamente cercano
al que se vio con el tequila. De todos modos, esto no va a ocurrir
antes de las elecciones del año próximo, lo que da
tiempo al gobierno brasileño para buscar las alianzas que le
permitan hacer las reformas fiscales necesarias. Pero, aun sin ellas,
la devaluación no tendrá los efectos de la mexicana del
´94, ni la actual de los países asiáticos.
– ¿Cómo debe interpretarse, en este sentido, la
reciente ola de inversiones en la Argentina, concentrada sobre todo
en la banca?
Bichuetti: -Hay algunos factores específicos que pueden
estar atrayendo inversiones al negocio financiero. El primero es el
bajo nivel de bancarización de la Argentina. Además
está el atractivo de que en países como la Argentina y
Brasil las tasas de interés son más altas que en
economías más estabilizadas. Y yo creo que hay un
factor adicional, quizá más subjetivo, que es que con
la globalización muchos bancos quieren estar donde
están sus clientes globales.
Batres: -Pero si la inversión extranjera en la Argentina se
dirige predominantemente al sector bancario, de una u otra forma eso
no es muy bueno. Yo me preguntaría si eso no trae aparejada
una falta de promoción de la inversión extranjera hacia
sectores industriales, agrícolas, energéticos o de
infraestructura. Siempre es mejor un país diversificado,
equilibrado. Por otra parte, la banca está haciendo una
especie de catch up. Exhibe un retraso en la
internacionalización de sus negocios, está muy
atrás en la globalización comparada con otros sectores,
como las industrias farmacéutica, automotriz o química.
– En el caso particular del Mercosur, ¿se están
generando las herramientas de gestión y los recursos humanos
necesarios para encarar la nueva situación?
Batres: -La Argentina es un país de un tamaño
importante -una economía mediana a nivel mundial- que ha
hecho una apertura en todos los órdenes a una velocidad
vertiginosa. Eso provoca, inevitablemente, un cuello de botella muy
estrecho en la capacitación, en el talento disponible para
concretar la internacionalización de la productividad
nacional. El rezago, particularmente en el renglón de los
recursos humanos, es sencillamente doloroso, pero inevitable. Creo
que los empresarios argentinos en los próximos dos o tres
años van a tomar conciencia de que la inversión en el
capital humano es indispensable para aprovechar las oportunidades y
competir exitosamente en el Mercosur. Brasil tiene más camino
recorrido en todo eso.
Bichuetti: -He notado en la gran mayoría de las empresas
con las que trabajamos una preocupación muy grande con
respecto a la capacitación ejecutiva. Muchas están
pensando en hacer algo, pero pocas verdaderamente se están
preparando para dar el salto importante en la competencia de los
recursos humanos.
– Las Pymes, que son las principales generadoras de empleo, se
encuentran ante el dilema de que deben reestructurarse para
sobrevivir en el mercado globalizado, pero en general no cuentan con
los recursos para financiar un programa de transformación.
¿Cómo puede abordarse este problema?
Bichuetti: -Pueden contar con el apoyo de algún tipo de
consultoría que las ayude a desarrollar sus proyectos de
reingeniería a precios accesibles. Pero hay una posibilidad
más importante: que una compañía más
grande, que tenga pequeñas y medianas como proveedoras, les
brinde apoyo para transformarse. En Brasil, por ejemplo, hay un
programa no gubernamental, que brinda diferentes tipos de apoyo a las
Pymes, desde la consultoría en áreas específicas
a costos muy accesibles hasta la financiación a empresas
más grandes para hacer proyectos con compañías
pequeñas. Volkswagen, por ejemplo, participó en este
programa. En Venezuela, junto a PDVSA (la petrolera estatal),
apoyamos un programa de desarrollo para Pymes, no solamente para
capacitarlas como proveedoras de la empresa, sino también para
exportar servicios a otras petroleras fuera de Venezuela.
Batres: -Venga la ayuda del gobierno o de una gran empresa, el
hecho es que las pequeñas empresas van a necesitar asistencia,
porque los países latinoamericanos estamos saliendo al mundo
de una forma tremendamente abrupta, no racional ni planificada,
impulsados por la necesidad. Aquí no hemos tenido el beneficio
de décadas de evolución hacia el capitalismo y hacia la
internacionalización, como fue el caso de Estados Unidos, o
siglos de evolución, como es el caso de los ingleses o de los
alemanes. Es imposible esperar que nuestros pequeños
empresarios se suban al carro y se conviertan en
compañías eficientes en tres años, o en cinco, o
en ocho, porque estas cosas de las que estamos hablando debieron
haber sido hechas en 30 o 40 años. Entonces, la ayuda es
imprescindible, la única discusión es de quién
debe venir, quién la fomenta y quién la organiza.
– Por ahora, parecería que quienes en mayor medida
aprovechan las oportunidades del Mercosur son las empresas
multinacionales que dividen sus negocios entre Brasil y la Argentina
o las compañías nacionales muy grandes.
Bichuetti: -Esto es verdad. No sólo las Pymes argentinas,
también empresas más grandes están preocupadas
por el Mercosur. Ven lo que significa, pero son tímidas al
explorar oportunidades en Brasil porque no saben cómo
buscarlas o, cuando fueron a estudiarlas, se encontraron con un
mercado de un tamaño tan grande que se asustaron. No buscaron
a empresas brasileñas de sus mismas dimensiones, a las que
también les podría interesar una sociedad, una alianza
estratégica que les permitiría complementar mercados.
– ¿Qué escenario se plantea Arthur D. Little para la
próxima década?
Bichuetti: -Primero, un cambio en el papel del Estado, con menor
intervención en la economía. Segundo, creo que vamos a
tener en Latinoamérica una integración económica
mucho más fuerte, formando un gran bloque como es Europa hoy.
Pero habrá mucho que caminar para llegar a eso.
Batres: -Sin duda alguna iremos a algún tipo de zona
americana de libre comercio, y a un creciente grado de
integración; Mercosur con Venezuela, Colombia, Nafta, y esto
será muy bueno. Pero creo también que hay dos factores
que tendremos que empezar a resolver, porque de lo contrario no va a
subsistir el modelo. El primero es que la integración y el
libre comercio en América latina no signifiquen un retroceso
permanente en el nivel de vida de mucha gente. Si no lo corregimos,
este distanciamiento no nos va a llevar a buen puerto. Por otro lado,
considero imprescindible que subsistan las grandes empresas
latinoamericanas, por lo menos un gran número de ellas.
Desearía que Latinoamérica no llegara a ser
Canadá, donde quedan sólo 10 o 15 empresas importantes,
y todas las demás son subsidiarias. El poder no está
allí.
H.C. y D.V.
