viernes, 1 de mayo de 2026

    El cliente con nombre propio

    “Hemos sufrido un lavado de cerebro; el marketing tradicional nos
    hizo pensar en mercados y en clientes promedio. Nos hizo olvidar por
    completo del dueño del almacén de ramos generales que
    llamaba por su nombre a cada uno de los clientes, que sabía
    qué había hecho cada uno y cuál iba a necesitar
    alpargatas y cuál semillas de girasol”, afirmó el
    consultor Alejandro di Paola en la apertura del Seminario MERCADO
    Data Base Marketing.

    En pleno auge de los hipermercados, y cuando ya no quedan rastros
    de los almacenes de ramos generales, el marketing relacional regresa
    de la mano de las bases de datos. Otra vez, como a principios de
    siglo, el cliente vuelve a ser considerado el activo más
    importante de una organización.

    Y, como siempre, advirtió di Paola, hay que empezar por
    abandonar los criterios de la etapa anterior. “Primero, tenemos que
    dejar de pensar en productos; después, de basar las decisiones
    en el precio -porque hoy la variable clave es el servicio- y en
    investigaciones limitadas; no puede ser que las empresas decidan
    inversiones millonarias guiadas por las impresiones de doce tipos
    aburridos que fueron por un sandwich a un focus group.”

    Convencido de que el marketing masivo resulta ineficiente porque
    no permite conocer “cuál de las mitades del presupuesto
    publicitario es la que se está tirando a la basura”, Di Paola
    señaló que el núcleo del nuevo marketing
    consiste en retener a los consumidores que ya son clientes y
    administrar los contactos con ellos. “Debemos construir una escalera
    de lealtad y entablar con cada uno de ellos una relación a
    medida.”

    Uno de los mecanismos capaces de entregar mensajes personalizados
    es el selective binding. Concebido en Estados Unidos -donde el
    negocio editorial depende básicamente de la
    suscripción-, apunta a la confección a medida, tanto de
    contenidos como de avisos. Un ejemplo interesante es Farm Journal,
    una revista mensual destinada a los productores agropecuarios que ha
    llegado a tener una edición de 6.000 versiones diferentes,
    según los intereses de sus 800.000 lectores. El próximo
    paso es llevar el tailor made a las pantallas a través de la
    televisión interactiva. Las empresas habrán dado
    entonces un paso importante para atenuar el poder creciente de los
    intemediarios entre la marca y el cliente.

     

    Audiencias mínimas

     

    ¿Por qué es ésta la década del marketing
    de base de datos?, se preguntó en su ponencia Myles Megdal,
    profesor de la Universidad de Nueva York y ex ejecutivo de American
    Express. Los factores son varios. Entre ellos, la declinación
    de la eficacia de los medios, la fragmentación de las
    audiencias, la segmentación de los consumos, la paridad de los
    productos y la reducción de costos del procesamiento de la
    información.

    “No podemos darnos el lujo de invertir recursos en clientes que
    están fuera de nuestro target”, aseguró Megdal. En
    Estados Unidos la administración de una base de datos cuesta
    entre tres y cuatro veces más que 20 años atrás,
    sobre todo a causa de los mayores salarios del sector; los espacios
    en los medios se tornan cada vez más caros, el correo
    también se encareció y, encima, sólo responde
    1,2% de los destinatarios.

    Una muestra de las actuales posibilidades del marketing de base de
    datos es el posicionamiento múltiple. Así, Ford
    utilizó comunicación a medida para promover su modelo
    Explorer en tres segmentos distintos. En un caso lo presentó
    como una 4×4, en otro como un auto familiar y a un tercero le
    ofreció un vehículo de lujo con altas prestaciones.
    “Con las comunicaciones masivas, Ford se habría visto obligada
    a optar por un solo segmento y sacrificar el resto”, concluyó
    Megdal.

     

    Cultura o tecnología

     

    “El marketing de base de datos sigue siendo marketing”,
    advirtió de entrada Salvador Filiba, presidente de Dial
    Database Marketing.

    Para él, el desafío que enfrentan las empresas es
    cultural antes que tecnológico, porque se trata de conseguir
    que “la gente de sistemas empiece a trabajar con la gente de
    marketing”.

    Filiba señaló, además, que antes que el costo
    y la potencia de los equipos, lo que cuenta es la creatividad en el
    uso de la herramienta, “porque la etapa más sofisticada es la
    capacidad de hacer data mining, es decir, bucear entre toda la
    información que tengo para encontrar patrones”. El ejemplo
    clásico es el de Wal Mart, que descubrió en su inmenso
    almacén de datos una correlación importante entre la
    venta de cerveza y pañales descartables. Puso un producto al
    lado del otro y aumentó las ventas de ambos 30%.

    Un sistema ideal debería colocar a todas las herramientas
    de marketing en torno de la base de datos. “Tenemos que dirigir
    nuestros esfuerzos de comunicación en función del valor
    del cliente y encontrar el perfil de ese 20% que genera 80% de
    nuestras ganancias. Pero al mismo tiempo debemos asegurarnos de que
    el que reciba comunicación masiva y personalizada esté
    recibiendo un único mensaje”, advirtió.

    Por último, garantizar que sea mensurable. Esta capacidad
    es lo que ha hecho avanzar a la herramienta en todo el mundo, a punto
    tal que la inversión en marketing directo absorbió 56%
    de los US$ 236.000 millones destinados a comunicación en 1996
    en Estados Unidos.

     

    Masivo y personalizado

     

    En Internet ya no existen los intereses masivos: ocho de las diez
    palabras más buscadas en Alta Vista están relacionadas
    con el sexo y las restantes con software, pero, sumadas, representan
    sólo 3% de todas las búsquedas; el resto está
    diseminado en miles de temas. Al igual que el marketing de base de
    datos, la Web se las arregla para admitir un uso masivo y a la vez
    personalizado.

    Para Michael Gordon, presidente de ACT, y Federico Raggi, Internet
    Manager de Microsoft Argentina, la Web es el medio ideal para el
    marketing de base de datos: es interactivo, opera durante las 24
    horas, se dirige uno por uno a sus usuarios, trabaja en tiempo real y
    sus respuestas pueden ser medidas sin dificultad. “Es un canal
    inigualable. Muchos de los usuarios, que se conectan desde sus casas
    en pijama, están dispuestos a entregar mucha
    información acerca de sí mismos, de quiénes son
    y qué hacen”, afirmaron durante su ponencia.

    Internet constituye, según ellos, un medio de nichos; quien
    quiera aprovecharlo como herramienta comercial deberá tener
    claramente definido a qué perfil específico de
    consumidores apunta. Si no, que guarde su dinero. “Existe una gran
    confusión; se cree que tener presencia en la red es armar un
    site”, afirmó Raggi. “El resultado de esto es que la
    mayoría de los sites nacen sin objetivos y mueren sin visitas.
    En Internet, la cuestión no es estar, sino ir a los clientes.”

    A la radio le demandó 38 años conseguir en el mundo
    una audiencia de 50 millones. La televisión tardó
    sólo 13 en llegar a esa cifra. Para el cable fueron
    suficientes 10 años. Internet lo logró en apenas cinco.
    “Con tanta prisa, nadie sabe adónde va. Lograr feed back se
    vuelve, entonces, vital; necesitamos monitorear permanentemente
    qué están haciendo los usuarios, porque es la
    única manera de darle algún control a un blanco
    móvil como Internet”, señaló Gordon.

    Los aspectos técnicos del análisis de bases de datos
    fueron abordados por la consultora María del Rosario Bruera,
    quien señaló que los volúmenes de
    información acumulados en los últimos años
    sobrepasan a los manejados con métodos manuales de
    procesamiento, como las hojas de cálculo o incluso los
    lenguajes de consulta convencionales (SQL). De ahí
    surgió la necesidad de disponer de una nueva generación
    de técnicas -como el data mining- capaces de “descubrir
    conocimiento”, y a partir de ellas avanzar hacia la confección
    de patrones y modelos.

    Pedro Barbero, director técnico comercial de Aeroterra,
    destacó, por su parte, a la variable geográfica como un
    elemento integrador de “bases de datos que están partidas”. De
    acuerdo con sus cálculos, más de 80% de los datos de
    negocios tienen un componente geográfico inherente. Por eso,
    argumentó, el Sistema de Información Geográfica
    constituye una herramienta imprescindible para la ubicación de
    los clientes potenciales, visualización de densidades de
    consumo y análisis de áreas de influencia de mercado.

     

    Con bombones, en Florida

     

    Freddy Rosales, vicepresidente de Di Paola y Asociados, sostuvo
    que el marketing de base de datos es, ante todo, una medición
    del valor de los clientes para orientar la inversión en
    comunicación en función de su valor vitalicio.

    En el caso -extremo- de los pañales descartables, ninguna
    promoción será capaz de prolongar la duración
    del vínculo más allá de dos años y medio.
    En el mercado automotor los números son distintos: General
    Motors estima el valor vitalicio de un comprador estadounidense en
    US$ 340.000.

    La consigna básica del marketing de base de datos,
    explicó Rosales, es la retención de los clientes.
    Recordó, en este sentido, el caso de Plan Rombo, que en 1996
    se lanzó a rescatar a los ahorristas morosos. “Mediante un
    mail, la empresa logró recuperar a 2.700 suscriptores y vender
    otros 3.300 vehículos sin invertir más de $ 120.000.
    Casi simultáneamente, una brillante campaña de la
    agencia Agulla & Baccetti, con récord de top of mind y
    excelencia creativa, consiguió colocar otros 2.000 autos, pero
    con un desembolso de $ 1.500.000.”

    Más allá de las cifras, para Rosales esta
    elección tiene un fuerte contenido de sentido común:
    “Si quiero salir con una chica, voy a abrir la libretita negra y
    llamar a las que ya conozco; esto es mucho más sensato que
    pararme en la calle con un ramo de flores y una caja de bombones a
    ver qué consigo. Sin embargo, lo que hace la mayoría de
    las empresas argentinas es comprar todos los días una caja de
    bombones y un ramo de flores y pararse en la calle Florida”. El
    problema, remató, es que estas compañías “no
    tienen una libretita negra” o aún no aprendieron a registrar
    sistemáticamente cada uno de los contactos.

    Diego Ardiaca

     

    Quién es quién

     

    Los listados disponibles en el mercado para iniciar una base de
    datos son, según los especialistas, de regulares a malos:
    conseguir uno que tenga 10% de devoluciones es ya un éxito. El
    precio de alquiler o compra varía dentro de un rango que va de
    10 centavos a 1 peso por registro, dependiendo del tamaño, la
    especificidad, la complejidad y el tipo de clientes censados.

    Desarrollar listados propios no es una mala idea. En el segmento
    de consumidores finales el problema no es tanto construirlos -lo que
    puede hacerse a partir de cualquier promoción-, sino
    mantenerlos. Puesto que se estima que cada año se muda 12% de
    la población, en una nómina de cuatro años de
    antigüedad sólo sirve la mitad de los registros.

    En el sector de business to business es fácil identificar a
    clientes potenciales, pero la rotación de los ejecutivos y la
    dilución de la facultad de tomar decisiones a lo largo del
    organigrama hacen que resulte insuficiente contar con
    información sobre una persona; se requieren datos de todos los
    involucrados en un proceso institucional.

    Frente a estas dificultades, en Estados Unidos las empresas forman
    pools sectoriales para la construcción de bases de datos.
    Allí está claro que la competencia no está en la
    información cruda, sino en la habilidad para leerla y volcarla
    en acciones concretas.

     

    El nuevo almacén

     

    A lo largo de este siglo el marketing completó un
    círculo en Estados Unidos, afirmó Megdal. Si bien los
    plazos de la evolución presentan desfasajes, el ejemplo
    resulta válido para el mercado local. En la primera
    década, relató Megdal, el almacenero de la esquina
    conocía, sin más recursos que su memoria, a cada uno de
    sus clientes, sabía qué debía ofrecerles y en
    qué habían estado gastando. Estas condiciones
    perduraron hasta la posguerra. Los motores del fordismo, netamente
    orientados hacia el producto, impulsaron en los ´50 el marketing
    masivo en un mercado que siempre pedía más.

    Junto a las computadoras, en los ´60 emergió el
    individualismo como nuevo valor. Etapa de transición, esta
    década presenció el apogeo de las grandes audiencias y
    el atisbo de las comunicaciones personalizadas y los archivos de
    clientes. Diez años después el marketing directo,
    adoptado por los servicios financieros y las líneas
    aéreas, era el rey. Aparecían las bases de datos
    jerárquicas y modelos LTV de segmentación, y los
    clientes empezaban a ser considerados en base a su ciclo de vida
    antes que por las ventas del período. Las tarjertas de
    crédito, los 0-800 y el aumento del precio del correo
    transformaron el mercado.

    Los ´80 fueron los años de la segmentación y
    del incremento del poder de los canales. El crecimiento
    económico desacelerado se conjugó con clientes
    más demandantes y menos leales a las marcas. Los sistemas
    Unix, estrellas de esta etapa, funcionaban como soporte del marketing
    relacional en un mercado en el que no cesaban de proliferar productos
    básicamente iguales.

    Los ´90, por fin, se definen como la década de las bases de
    datos y del uno por uno masivo. Las empresas se comportan como el
    viejo almacenero, hablándoles, esta vez, a millones de
    clientes en un escenario de crecimiento económico achatado y
    declinación de la lealtad a las marcas. La novedad surge del
    data warehouse, la exploración de medios interactivos y la
    aplicación de herramientas tradicionales de marketing de base
    de datos a los medios masivos. El almacenero modernizado
    aprendió varios idiomas; sus audiencias, inestables, se
    fragmentan en consumos mediáticos cada vez más
    selectivos.

     

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