domingo, 21 de junio de 2026

    ¿Un arma de doble filo?

    “¿Dónde está el Capitán?” Con
    esa pregunta, la firma Quaker desafiaba hace algunos años a
    sus consumidores norteamericanos a que encontraran la figura
    emblemática de Horatio Crunch, que había desaparecido
    del frente de su caja de cereales. Con la ayuda de algunas claves, se
    la podía hallar al dorso del envase, lo que permitía
    acceder a significativos premios en dinero. Quaker, que domina el
    mercado de cereales calientes en Estados Unidos, invirtió nada
    menos que US$ 18 millones en las 14 semanas que duró la
    campaña. Los responsables de la operación consideraron
    que había valido la pena: las ventas de la marca aumentaron
    50%. El teórico Philip Kotler refiere el caso como ejemplo de
    empleo de “incentivos de corto plazo para alentar la
    adquisición o venta de un producto o servicio”. En otras
    palabras, de promoción. En los últimos tiempos, ese
    recurso ha demostrado sobradamente su utilidad, también en la
    Argentina.

    Es que la apertura económica, con la consiguiente
    sectorización y modernización del mercado local,
    obligó a las empresas a extremar sus recursos con el fin de
    llamar la atención de un consumidor que tiene cada vez mayores
    posibilidades de elegir y es cada vez menos fiel a las marcas. De
    modo que como la sola publicidad no parece suficiente para atraer al
    público, las empresas salen a regalar, desde figuritas hasta
    automóviles, desde remeras hasta departamentos y desde juegos
    para los chicos hasta premios millonarios en efectivo. Todo sirve
    para agregarle valor extra al producto.

     

    El debut de las petroleras

    En los primeros meses del año, por ejemplo, las petroleras
    protagonizaron una verdadera guerra promocional. Esso eligió
    regalar entradas para ver los partidos de la Selección
    Argentina de fútbol, YPF sorteó automóviles
    Volkswagen Gol, Eg3 ingresó al “Juego del
    Millón” de Susana Giménez y Shell prefirió
    canjear el consumo de nafta por una réplica en miniatura de un
    auto de Fórmula Uno.

    “Los consumidores perciben a nuestra firma como la máxima
    calidad en naftas y lubricantes —se explaya Roberto Kirston,
    gerente de Comunicaciones de Shell— y a Ferrari, especialmente
    en la Argentina, como lo máximo en autos. Para la gente es
    totalmente coherente que ambas marcas se unan. Si la promoción
    la hubiera lanzado otro, no habría tenido la misma
    trascendencia.” Lo cierto es que la “Gran Promo Shell”
    excedió todas las expectativas: se agotó el stock de
    más de tres millones de autos, y hasta hubo que escuchar
    algunos reclamos. Para Matthew Turner, director de Estrategias de One
    Four One, que trabajó junto a Javier Prieto en la exitosa
    campaña, “es contraproducente no poder satisfacer lo que
    el consumidor pide, no hay que defraudarlo. Pero es parte del
    aprendizaje. La experiencia nos enseñó mucho sobre
    cómo responde el mercado argentino, que es absolutamente
    virgen”.

    A la hora de las evaluaciones, Kirston prefiere no hacer referencia a
    los números: “Todas las promociones hicieron crecer
    nuestra participación en el mercado, pero es difícil
    dar una cifra. Además, nosotros apostamos más a largo
    plazo, a dejar residuales de imagen”.

     

    Dos viejos conocidos

    “El que pega primero pega dos veces”, dice la
    añeja frase, pronunciada con frecuencia por los hombres de
    marketing. A pesar de la tradicional advertencia, Pepsi firmó
    este año un convenio con la Asociación del
    Fútbol Argentino para sponsorear su torneo de primera
    división. Desembarcó así en un negocio en el que
    Coca-Cola tiene una fuerte presencia desde hace tiempo.

    Para aventar malos entendidos, Joaquín Anderson, gerente de
    Promociones de Pepsi, aclara que no se trata de agregarle un elemento
    nuevo a la antigua guerra: “El objetivo número uno fue
    hacer nuestro negocio. Creo que en el corto plazo nuestra marca va a
    estar igual o más metida en el fútbol que la
    competencia”. Con una inversión de US$ 8 millones, Pepsi
    contrató a cuarenta futbolistas del país,
    multiplicó sus caras en las tapas de las botellas y, mediante
    una mecánica de canje, salió a inundar el mercado de
    figuritas, posters y remeras. Los participantes más
    afortunados pudieron cumplir el sueño de compartir algunas
    horas con su ídolo.

    “Quisimos eludir la saturación de autos cero
    kilómetro, viajes y efectivo —explica Anderson—; por
    eso elegimos un premio grande y novedoso que apuntara más a lo
    humano. Además, para luchar contra la falta de confianza de la
    gente, que piensa que los ganadores son de mentira, hicimos
    hincapié en los premios masivos.”

    En una pequeña vuelta de tuerca destinada a demostrar que las
    gaseosas no están condenadas a depender de las tapitas para
    esta clase de campañas, Coca-Cola presentó en sociedad
    su “Ventana Mágica”. “En un mercado cada vez
    más sofisticado en la materia —explica el gerente de
    Promociones Luis Gérardin—, se buscó un fuerte
    impacto por medio de una mecánica original. En el corto plazo
    se obtuvo un incremento del orden de 10% en las ventas con respecto
    al mismo período del año anterior y dos puntos
    más de share con relación a diciembre.” Para
    comunicar el lanzamiento y la mecánica de la promoción,
    Coca elaboró una campaña publicitaria con una serie de
    comerciales de expectativa, incógnita y develación.
    “Como se pudo apreciar en los comerciales —sigue
    Gérardin—, esta promoción fue dirigida a la
    familia. Por eso las amas de casa protagonizaron todas las piezas
    comunicacionales, en lugar de las habituales adolescentes en
    situaciones playeras.”

    Eduardo del Boca, director ejecutivo de Inter Promo y a cargo de la
    campaña promocional de Pepsi, sostiene que la diferencia en la
    comunicación de ambas gaseosas consiste en que “Coca
    trabaja mucho más la masividad del consumo, mientras que Pepsi
    se centra en la elección. Para que la marca más elegida
    sea la tuya, el consumidor tiene que dejar de elegir la otra. No
    puede tomar dos gaseosas al mismo tiempo”.

     

    Millones por TV

    El año pasado, el negocio de las promociones sufrió
    un impacto millonario. Mariano Glaser y Matías Sarasola, de
    Eiffel, convencieron a tres empresas (Resero, Elite y Fargo) para que
    pusieran en juego un premio de US$ un millón en el programa
    televisivo de Susana Giménez. Una vez que el juego de
    “Hola Susana” estuvo en marcha, Glaser y Sarasola no se
    quedaron quietos. Pronto aparecieron los US$ 500 mil de Molinos, el
    millón de Nestlé y el medio millón de Philip
    Morris. “El concurso televisivo es la técnica más
    transparente —arguye Sarasola—, porque el participante ve
    el sorteo. Aunque no salga su carta sabe que todos los días
    alguien gana.”

    “Hoy el consumidor es fiel a su bolsillo —diagnostica
    Alejandro Costa, jefe de producto de Resero— y no está
    dispuesto a pagar de más por una marca. En ese contexto,
    difícilmente se puedan mantener niveles de inversión
    publicitaria muy elevados. Por eso, el año pasado
    creímos que para lograr un fuerte impacto de volumen lo mejor
    era hacer una promoción.” Así fue como la bodega
    decidió participar de “El juego del millón”.
    Después de invertir US$ 3 millones, Resero intervino en el
    concurso en el primer trimestre y en el tercero, y dejó el
    segundo para Molto, la marca de salsas y condimentos de la
    compañía.

    Los resultados de la promoción variaron a lo largo del
    año. Funcionó bien para Molto, ya que ayudó a
    que la gente conociera la marca, y durante el primer trimestre Resero
    ganó “entre 3 y 4 puntos” de mercado. En los
    últimos tres meses los números no fueron tan
    satisfactorios.

    “Estaba previsto que cada tres meses se hiciera un recambio de
    las cartas para volver a generar expectativa —admite
    Costa—. No se hizo, y el juego fue perdiendo interés.
    Para el premio que había en juego, las probabilidades del
    tablero (1 en 2.024) no eran malas, pero la gente se desalentaba al
    ver que había 30 millones de cartas y tenía pocas
    posibilidades de que saliera la suya.” Luego de la experiencia
    en una megapromoción, este año Resero eligió
    enfocar su comunicación a acciones más puntuales que,
    apuntando a las ventas, también ayuden a formar la imagen del
    producto.

     

    Nada es perfecto

    Exitos aparte, hay quienes se preguntan si la tendencia a repetir
    ciertas recetas de resultados probados no implicará el riesgo
    de que el público se canse, por ejemplo, de responder
    acertijos, de llenar cupones y de mandar cartas.

    El esfuerzo por conseguir incrementos instantáneos en las
    ventas supone, además, otro peligro: que el consumidor
    abandone el producto, con la misma rapidez con que se acercó a
    comprarlo, una vez que la promoción haya terminado. Pero nada
    preocupa tanto a quienes reflexionan sobre el asunto como la
    posibilidad de que la saturación del mercado con promociones
    poco creativas y parecidas entre sí termine por hacer
    desaparecer el verdadero valor de la marca. Dicho de otra manera, que
    la diferenciación entre los productos quede reducida a una
    guerra por ver quién regala más.

    Para Costa, por ejemplo, el mayor riesgo que se corre con la
    promoción es “pensar que es la solución para todo.
    Es una herramienta muy importante que quizás hoy se
    esté pasando de rosca. Hay que tener mucho cuidado para no
    deteriorar la marca porque, aunque se commoditice el mercado, sigue
    siendo un diferencial que hay que mantener”.

    Los hombres de Eiffel, por su parte, parecen no dejarse amedrentar
    por aquello de la saturación. Respecto de los concursos
    televisivos, aseguran: “Son lo más masivo que hay y lo
    que hoy está generando ventas. No hay que cambiarlos hasta que
    veamos los primeros síntomas de que están cayendo. La
    gente los elige todos los días al participar. Hay que
    acostumbrarse; las promociones no son una moda, son una
    tendencia”.

    “La promoción —tercia Anderson— es una
    herramienta de marketing que a corto plazo da volumen. Lo negativo es
    que no es alto el porcentaje de consumidores que, al terminar la
    promoción, siguen fieles a la marca. Para buscar la fidelidad
    del consumidor es mejor realizar una campaña
    institucional.”

    En cuanto el eventual doble filo de las promociones, es probable que
    una de las claves sea la que aporta Javier Prieto, gerente operativo
    de 141 (One Four One): “Con la promoción se puede
    reforzar el valor de la marca en la mente de los consumidores. Las
    compañías que hacen promociones que no están
    directamente vinculadas a su marca la están
    perjudicando”.

    Mariano Thieberger

     

     

    Bebidas lima-limón

    Un golpe de frescura

    En el agitado sector de las gaseosas, mientras Coca y Pepsi
    parecen condenadas a repetir ciertas recetas en materia de
    promociones, la creatividad aparece por el lado de las bebidas
    lima-limón, que, con una menor responsabilidad de marca,
    demuestran que todavía pueden hacerse cosas nuevas.

    El año pasado, la que pateó el tablero fue la
    promoción “Quién se robó el camión
    de Sprite”, que se instrumentó a partir de un acuerdo con
    el programa televisivo “Poliladron”.

    “Por primera vez en la televisión argentina se
    involucró a un producto como si se tratara de un protagonista
    más del programa —se entusiasma Adrián Rogers
    Ford, gerente de Grupo de Marcas y Sabores de Coca-Cola de
    Argentina—. La idea era que el consumidor participara de una
    actividad que, además de darle la posibilidad de ganarse un
    buen premio, fuera divertida en sí misma.”

    A partir de la promoción, las ventas de Sprite crecieron entre
    10 y 15% con respecto al año anterior. Además, “le
    aportó mucha recordación de imagen a la marca,
    fortaleció sus principales características y
    reafirmó el liderazgo de la compañía en cuanto a
    innovación y creatividad”, señala Rogers Ford.

    Este verano fue Seven Up la que desarrolló una mecánica
    novedosa para salir a inundar el país de gaseosas los
    días en que el termómetro alcanzó los 34º.
    “Luego de un período en que 7UP había estado
    bastante callada —explica Sergio de Francesco, gerente de
    Marketing de Sabores de Pepsi—, nuestra intención era dar
    un golpe fuerte que se vinculara inherentemente a la marca. Por eso
    elegimos resaltar su máxima virtud, que es su poder
    refrescante.”

    Para evitar que la promoción relacionara demasiado a 7UP con
    el calor, y se marcara la estacionalidad del consumo, se
    realizó un evento de cierre bajo el eslogan “El calor se
    acaba y 7UP sigue”. La inversión total fue de $ 2
    millones.

    “No buscábamos un movimiento de volumen —afirma De
    Francesco—. Nos conformábamos con revitalizar los
    indicadores de imagen, que son los que, a largo plazo,
    deberían tender a incrementar las ventas. Se pensó
    más en un efecto publicitario que promocional, y nos
    sorprendió el impacto que sufrieron las ventas.”

     

     

    Cámara Argentina de Marketing Promocional

    La voz institucional

    A partir del crecimiento que experimentaron las promociones en los
    últimos años, las agencias especializadas sintieron la
    necesidad de agruparse. Luego de una serie de intentos fallidos, el
    año pasado lograron conformar la Cámara Argentina de
    Marketing Promocional.

    Los objetivos de la Campro consisten en profesionalizar el servicio,
    intercambiar experiencias entre sus integrantes y defender los
    intereses de la profesión. “Hay tres categorías de
    agencias que se dedican a las promociones —cuenta su
    vicepresidente, Enrique Meyer—. Están las agencias de
    promoción, las de publicidad, y el resto del negocio lo mueven
    en forma poco profesional las agencias de personal eventual, que
    muchas veces ni siquiera están habilitadas. Por eso, la
    Cámara restringe la admisión a aquellas agencias que
    han demostrado que brindan un servicio profesional”.

    Para la Campro, las empresas descubrieron la promoción como
    “una herramienta muy inteligente y focalizada para llegar a
    targets muy específicos con una enorme economía de
    esfuerzos y presupuesto”. De acuerdo con sus cálculos,
    las promociones representan hoy en la Argentina más de 40% de
    la inversión total en comunicación que realizan las
    empresas, lo que significa un presupuesto de cerca de US$ 2 mil
    millones por año.

    La infidelidad a las marcas hace que ya no alcance con la imagen de
    calidad de un producto. “Coca-Cola, que lidera ampliamente su
    sector —opina Meyer— tiene que hacer promociones
    permanentemente porque de lo contrario Pepsi la haría
    desaparecer en un corto plazo.” El funcionario admite, sin
    embargo, que es difícil lograr que las promociones atraigan
    nuevos consumidores y, mucho más, que ellos permanezcan fieles
    a la marca. “La mayoría de las promociones generan un
    extravolumen en los propios consumidores del producto, por una mayor
    rotación y unincremento en el hábito de compra o de
    consumo”, señala.

    “Cuando se habla de promociones —concluye Meyer— la
    mayoría de la gente piensa en los concursos de TV, pero
    más de 70% de la inversión promocional se hace en los
    puntos de venta. Existe una especie de saturación con respecto
    a las tele promotions. A la gente ya no la sorprende que se ofrezca
    un millón de dólares. Prioriza más las
    propuestas inteligentes y creativas y no se fija tanto en el valor de
    los premios.”