Luego de su primera y última visita a la Argentina en la primavera de 1929, el legendario Le Corbusier, quien había definido a Buenos Aires como una “ciudad gigantesca, la más inhumana que pueda imaginarse”, aseguró “ha sonado en el país la hora de la arquitectura”. Quizá proféticamente, un año más tarde, el estudio de Aslan y Ezcurra comenzó a imprimirle su sello personal a la arquitectura local. El estudio, uno de los más tradicionales junto con el de Mario Roberto Alvarez y el de Sánchez Elía, Peralta Ramos y Agostini, desarrolló un vastísima actividad que le permitió el reconocimiento internacional. Aslan y Ezcurra proyectó, entre otras grandes obras, el estadio de River Plate, y en la actualidad se orienta hacia un perfil de servicio a las empresas. Muestra de ello son los edificios de Ciba-Geigy, Hoechts, Volkswagen, TNT (la empresa que ganó la licitación para montar una ensambladora dentro de la planta de Ford que ocupa la automotriz alemana) y Gillette, con un monto de inversión cercano a los US$ 1. 100 pesos el metro cuadrado sin equipamiento. “Cada vez más, la tarea del arquitecto abarca desde la búsqueda del terreno y el análisis de la factibilidad económica, hasta el estudio de la organización interna”, asegura Matías Gigli, integrante del estudio. Las nuevas tendencias en arquitectura corporativa señalan la necesidad de planificar el crecimiento, es decir, contar “con un lay-out que contemple el futuro”.
Otros horizontes
Además de extender los límites de la urbanización, la salida de las empresas del centro de la ciudad hacia horizontes más abiertos -generalmente donde se encuentran sus plantas de producción, marcan la diferencia. “Las empresas combinan las instalaciones de administración y producción. Esto reduce los costos fijos y eleva la calidad de vida del personal que trabaja allí”, señala Gigli. “Además, la arquitectura funciona como forma de organización: adapta y transforma la dinámica interna de la empresa y ayuda a hacer más efectivo su funcionamiento. Un buen edificio ayuda a una buena administración, no es sólo el cascarón. “También las nuevas tecnologías cambiaron la filosofía arquitectónica. Para Gigli, “las works stations definen las nuevas líneas. Todo apunta a optimizar recursos y a bajar los costos. La importancia de los edificios inteligentes radica en que, por ejemplo, en caso de detección de incendio, se pone en marcha la coordinación de los diversos sistemas, como alarmas, el equipo de aire acondicionado, el sistema eléctrico, etc. El ahorro de energía es prioritario”. Muchas veces los cambios organizacionales -cambios de management, fusiones, adquisiciones- son tan dinámicos que aun con la obra terminada hay que hacer modificaciones. “Aunque no se requiera de una obra húmeda, hay que repensar el espacio, y por eso es muy importante trabajar con la gente de la empresa”, asegura Gigli, quien admite que “la realidad hace que uno se especialice incluso sin proponérselo”.
