miércoles, 24 de junio de 2026

    Las otras vidrieras

    Cada vez escucho, con mayor frecuencia y sorpresa, la ligereza con que algunos afirman que las empresas o las instituciones

    pueden elegir su perfil comunicacional. Ríos de tinta referidos al low profile, cientos de definiciones algunas más felices

    que otras, multiplicidad de autores, no han logrado que el sentido común conquiste pacíficamente nuestros pensamientos

    y podamos entender sin complicaciones que no siempre existen alternativas. Nadie nunca elige en soledad, cómodamente y

    con libre albedrío, el papel y el exacto voltaje de su política comunicacional. Existe un afuera, un mundo externo

    condicionante y condicionado que selecciona con uno y por uno. Hay un contexto que diseña el texto y se convierte en

    coautor.

    El rápido proceso de las privatizaciones en la Argentina provocó el nacimiento de un grupo de empresas que está

    escribiendo los primeros capítulos de una experiencia singular e inédita en la historia de las últimas décadas. La prestación

    de un servicio público esencial en manos privadas no tiene, para la mayoría de los argentinos contemporáneos, puntos de

    referencia válidos. Es una novedad que clientes, empresarios, gobiernos y periodistas vivimos como podemos.

    Estas empresas, sobre la base de su filosofía, optan entre distintas rutas estratégicas para desarrollar sus negocios; lo que no

    pueden elegir es el perfil de comunicación que van a mostrar a la sociedad. ¿Alguien puede pensar que llegar con el servicio

    de energía eléctrica a más de cinco millones de hogares, distribuir gas a casi dos millones de clientes, permite cultivar el

    bajo perfil? Estas compañías tienen más alto nivel de exposición que cualquier otra en la Argentina. La diversidad de

    públicos con los que se manejan, las alternativas ideológicas que conviven en la sociedad, las banderas de los ejércitos

    defensores del consumidor y de la ecología agitándose en este fin de siglo, forman un menú integral con el cual hay que

    convivir, de ser posible en paz.

    En estas compañías la comunicación interna y la externa deben ser un eje articulador clave, pues tienen un factor

    fenomenal y excluyente: la no historia es la historia, la no identidad es la identidad, la complementación cultural entre

    operadores extranjeros, grupos argentinos y empleados estatales es tal vez uno de los capítulos más apasionantes que quedan

    por escribir. La mayoría de estas empresas no tiene problemas de comunicación, tiene problemas lógicos y esperables que

    pueden estar bien comunicados, mal comunicados o no comunicados.

    La clave es poder elegir a tiempo el qué, el cómo y el cuándo. Sólo si somos capaces de entender que el perfil alto nos fue

    impuesto casi del mismo modo que los reglamentos de servicio vamos a poder actuar a la altura de las circunstancias.

    Disponemos de todos los mensajes, debemos lograr ser creíbles y respetados como emisores; eso se logra no mintiendo, no

    omitiendo, no exagerando y no minimizando.