miércoles, 24 de junio de 2026

    Ética en la empresa (II parte)

    En tiempos en que la crisis de valores parece alcanzar todos los estamentos sociales y los múltiples campos de la vida

    cotidiana, resulta imposible poner en tela de juicio una ética empresarial sin cuestionar la moral de la sociedad en su

    conjunto.

    Respecto de este punto, el lector Silvio Anseldi sostiene que esta sociedad, que sólo avala a quien tiene dinero sin importar

    los medios con que lo hizo, es la principal generadora de la antiética, de la antimoral, llegando a tal extremo que no se tiene

    una real idea de lo que es correcto y lo que no.

    Según la perspectiva de la unidad moral, ¿es entonces la poco ética conducta moral de fin de siglo la que propicia abusos

    en la práctica de los negocios? Pablo Churin, de la compañía Interpack, extrae esta conclusión de su experiencia personal:

    Nuestra actividad habitual es la importación y exportación. Con referencia al tema de la ética, creo que hay muy poca en

    los cánones de conducta, por lo menos en la década presente.

    A una sociedad de normas permisivas, correspondería una ética empresarial poco rigurosa, adecuada a sus propios intereses

    y necesidades.

    Otro lector, Oscar M. Bruno, cuestiona los escasos controles existentes para crear una empresa, los cuales alentarían el

    fraude. Relata su experiencia con Winitex SA, una compañía que para ponerse en marcha sólo necesitó una oficina, el

    nombre de una firma que ya no funcionaba pero que estaba inscripta y la osadía para actuar en un mercado desconocido.

    Más adelante agrega que se cerraron operaciones con Los Dos Chinos- Menú SA para contratar almuerzos (de 120

    personas), con Olivetti de Argentina y Compaq para la adquisición de computadoras y con Pierre Balmain para la ropa del

    personal, compras que alcanzaron a $100.000. Se intentó poner sobre aviso a los proveedores del fraude que se estaba

    gestando, pero éstos, en vez de renegociar, intimaron a la empresa a retirar la mercadería solicitada. La burocracia

    empresarial, sus usos y costumbres favorecieron al defraudador.

    Una Sola Etica

    Varios lectores se plantean cuál es el campo real que involucra la ética empresarial. ¿Se trata sólo de respetar al público, los

    clientes y la competencia? ¿Hay una ética para adentro y otra para afuera? Sobre este punto, Isabel Rimanoczy opina: La

    ética abarca la forma de encarar un negocio, la definición de la estrategia, la relación con los proveedores. Incluye la

    garantía sobre el producto y el manejo financiero de la compañía, la filosofía implícita en la contratación, desarrollo y

    desvinculación del personal. Comprende decisiones de inversión, definición de procesos internos administrativos y de

    producción. También abarca la responsabilidad social hacia la comunidad y el medio ambiente.

    Sin embargo, hay casos en que no existe coherencia entre la ética interna y la externa. El ingeniero Arturo J. Otin relata su

    experiencia personal: Ingresé en NCR, hoy AT&T, el 5 de junio de 1956, y me retiraron el 17 de mayo de 1993. Durante la

    negociación sobre el retiro, me hicieron una serie de promesas según las cuales quedaría vinculado con la empresa, pero

    nunca fueron cumplidas. Hoy, ya en poder de AT&T, la compañía se caracteriza por tener personal que dura pocos años y

    que rara vez se jubila en la misma.

    En opinión del abogado Enrique Mariscal consultor en Desarrollo de la Organización una empresa no va a tratar

    mejor a sus clientes que lo que trata a su personal.

    Aun así, hay quien esgrime el estandarte de la ética aplicada a los negocios sin que ésta afecte negativamente la

    rentabilidad. El contador Edgardo Guisoski, de Jorge Antón SA, asegura que se puede tener éxito sin ser desleal ni abusivo

    con clientes, proveedores y empleados. Es posible el camino del éxito dentro de la ética individual y corporativa. Están los

    dos factores: el humano y el comercial, y ambos se pueden compatibilizar.

    Más o menos rigurosa, la ética no se puede separar de la actividad empresaria. Para Edgardo Abramovich vicepresidente

    del Consejo Profesional de Relaciones Públicas de la Argentina, sin ella no es posible una gestión eficaz. La ética forma

    parte de la decisión política y de la misión que tiene la empresa. No se trata del objetivo a lograr sino de una línea

    estratégica de acción de la compañía. Tampoco es un ingrediente cosmético. Los fines de la empresa se anuncian desde una

    perspectiva ética o simplemente son negocios para algunos individuos y no para el desarrollo de una entidad corporativa.

    Códigos y Cursos de Formación

    Como en Estados Unidos, en la Argentina hay empresas que se manejan con códigos de ética internos. El lector

    Enrique Cárrega profesor titular de Relaciones Gremiales de la Facultad de Ciencias de la Administración de la

    Universidad del Salvador sugiere que para conocer mejor esta experiencia sería importante consultar con Esso,

    Grupo Bemberg, American Express y Johnson & Johnson de Argentina, que cuentan con códigos de ética, principios

    guía, etc., con respecto a empleados, clientes, proveedores, accionistas, autoridades públicas y la sociedad en

    general.

    Al igual que en Estados Unidos, en nuestro país han proliferado las cátedras y cursos sobre esta disciplina. Pero su utilidad

    está cuestionada. Muy teóricos o demasiado light, estos cursos no siempre cumplen su cometido. El profesor Eloy Soneyra,

    doctor en Psicología, es lapidario con referencia a este tema: En los eventos postgrado o de perfeccionamiento de la gestión

    empresarial, los participantes esperan un certificado de concurrencia como si esta sola constancia fuera prueba efectiva de

    haber asimilado los diferentes contenidos o fuera una nota de la idoneidad adquirida. Más adelante concluye: Solamente

    interesan los estudios de casos y algunas fórmulas que se consideran como llaves para el éxito en la actuación empresaria.

    ¿Cuál Es la Falla del Sistema?

    La formación gerencial en materia de ética puede ser insuficiente o inadecuada, y por otro lado los códigos tal vez no sean

    bien interpretados. Lo cierto es que existe una creencia generalizada de que no se puede mantener la honestidad a niveles

    elevados dentro de una empresa. Así lo expresa el mensaje de la lectora Silvia Konis: Hasta cierto punto se puede tener

    éxito sin ser desleal, pero cuando se alcanzan los altos niveles gerenciales de las empresas importantes surgen los

    compromisos; en niveles inferiores es posible mantenerse al margen.

    ¿Existe una fatalidad que lleva a modificar la ética personal a medida que se escalan posiciones dentro de una compañía?

    De ser así, ¿esta modificación se produce porque el individuo acata las reglas de juego de la misma o porque se corrompe

    favorecido por el contexto?

    Karina Grasso estudiante de la carrera de Comercialización considera que el quid de la cuestión es si yo como persona

    dentro de una empresa tengo que ajustarme a sus valores o a los míos propios. Por otra parte, opina que cada entidad tiene

    valores diferentes y que corresponde a sus dirigentes mantener leyes éticas que se puedan generalizar. Citando a Kant, dice:

    Una persona tiene que obrar por deber y teniendo en cuenta que su acción pueda ser universal y no contradictoria.

    El ex fiscal Luis Moreno Ocampo actual consultor empresarial entra en el debate con dos ideas: En primer lugar, la

    conducta ética de la alta gerencia (y no sus palabras) definen la ética de la organización y, en segundo término, es necesario

    distinguir la ética de un individuo de la de la empresa en la cual se desempeña. Ampliando el concepto cita a R. Klitgard y

    Th. C. Schelling: Una organización comercial u otra es un sistema de información, reglas de decisión e incentivos. Su

    desempeño es diferente de la actuación individual de las personas que trabajan en ella. Esperar que una organización refleje

    las cualidades de los individuos que trabajan para ella o imputarles las virtudes que uno observa en la organización es

    cometer lo que los lógicos llaman la falacia de la composición.

    Para Moreno Ocampo la organización en la que actuamos influye sobre nuestra conducta. Todos llevamos en nuestro

    interior impulsos negativos, como la codicia; algunos contextos ayudan a controlarlos y otros a desarrollarlos, sostuvo el ex

    fiscal en su comunicación con MERCADO. Pero insiste en diferenciar la corrupción individual de la empresarial. Un

    gerente tiene el deber y la responsabilidad de controlar y modificar el sistema de organización de su empresa para asegurar

    reglas claras y positivas. Como conclusión subraya: Los códigos de ética o las auditorías no son suficientes. Hablar de

    ética mientras se actúa sin ella sólo enseña hipocresía. Hay que poner en acción los principios y dar el ejemplo.

    Cómo Compatibilizar Etica con Excelencia

    Con el propósito de abrir un espacio de reflexión sobre este punto, Liliana Delgado y Marta López Gil especialistas del

    Centro de Investigaciones Eticas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA mantienen en su trabajo De camino a una

    ética empresarial que no habrá excelencia, innovación, creatividad ni competitividad, o será más difícil lograrlas, si no se

    insiste en un reconocimiento moral de los individuos que componen la empresa. De acuerdo con un estilo más femenino de

    gestión del que son ejemplo acabado Frances Hesselbein y Nancy Badore directoras ejecutivas de Girls Scouts-EE.UU. y

    Ford Motor, respectivamente, las investigadoras destacan que ese reconocimiento moral de cada uno y de todos en las

    relaciones interpersonales de una comunidad, supone el abandono de la vieja estructura piramidal de la empresa. Sólo así el

    conocimiento, las actitudes de aprendizaje, las habilidades en relación con la información, se distribuirán en forma

    horizontal.

    En su comunicación con esta revista, Alberto Castells investigador científico del Conicet y productor agropecuario

    hace referencia a las impresiones del filósofo español Julián Marías, para quien las estimativas y valores que operan en el

    mundo de los negocios son en muchos casos equívocos y difusos. La codicia y la avaricia, que antes no se

    consideraban dignas, hoy son bendecidas en nombre de la productividad y el espejismo del consumo. En este sentido

    Castells señala que, ante la necesidad de definir el nuevo territorio del comportamiento humano, las empresas líderes de

    países avanzados estarían encarando una reconversión interna basada en el manejo de las pautas culturales vigentes en la

    sociedad global, pero asumidas a la manera de sistema de valores consensuados, desde la interioridad de la propia

    compañía. Recientes investigaciones sobre el comportamiento empresarial confirmarían la estrategia adoptada por las

    grandes corporaciones que responden tanto al modelo neocapitalista liderado por Estados Unidos y Gran Bretaña como al

    modelo renano desarrollado en Alemania y Japón.

    De estos comentarios y opiniones se desprende que la inquietud generada por la crisis moral en nuestra sociedad ha dado

    lugar a un debate específico en el seno de las empresas. El problema de la ética en las mismas, que parece pasar inadvertido

    en los estamentos políticos, no sólo preocupa a los hombres de negocios de acuerdo con lo que refleja esta nota sino

    también a los pensadores, filósofos, académicos, estudiantes y consumidores en general. La ética no puede estar disociada de

    la excelencia en un mercado mundial cada vez más integrado donde la competencia exige un comportamiento honesto en

    concordancia con el accionar de los demás participantes.