martes, 23 de junio de 2026

    A la búsqueda de la reactivación

    No importa cuán serias sean las disputas por espacios políticos dentro del partido de gobierno, los enfrentamientos entre los

    principales protagonistas del quehacer público o las noticias que apuntan a mejorar el ánimo.

    Aun a riesgo de simplificar en exceso, los empresarios tienden a creer que todo esto no pasa de ser una cortina de humo que

    busca ocultar el problema de fondo. Lo que se percibe es que el verdadero problema que enfrenta la economía es que nadie

    sabe cómo salir de la recesión en el marco de la convertibilidad.

    Lo que no deja de ser paradójico. La estabilidad lograda en los últimos años es un bien al que nadie está dispuesto a renunciar. No

    hay quien aunque lo piense esté dispuesto a sostener que hay que recurrir a la devaluación o a mecanismos que pongan en

    juego todo lo logrado.

    Así ocurrió antes con la democracia. Es patrimonio de toda la sociedad. Lo mismo acontece con la estabilidad. Pero del mismo

    modo en que hubo un momento en que la opinión pública reclamó estabilidad en democracia, ahora se percibe cada vez con más

    fuerza el reclamo de crecimiento con estabilidad. Y lo cierto es que, dentro del arsenal de herramientas del elenco económico no

    parece existir la palanca que logre este doble efecto.

    Quien encuentre la fórmula sensata dispondrá de un enorme capital político. Muchos economistas repiten con tozudez que

    tal receta no existe, que es una quimera, una ilusión.

    Este fatalismo, esta resignación, es lo que está enconando al común de la gente, y especialmente a los empresarios,

    inclinados por naturaleza a la acción.

    En los medios académicos internacionales hay una crítica cada vez más abierta al papel estático de la teoría económica en boga y en

    especial al papel de los economistas. Son, se dice cada vez con mayor frecuencia, los antiguos shamanes, los brujos de la tribu. Ellos

    saben lo que se puede y lo que no se puede hacer. Los políticos, como los antiguos jefes tribales, tienen algunas atribuciones

    importantes, pero menores desde esta perspectiva, y no pueden violar las leyes sagradas, los tabúes intocables.

    En todo el mundo industrializado hay una reacción enérgica contra esta hegemonía economicista. Los políticos pugnan por

    encontrar nuevas fórmulas que les permitan romper este rígido corsé. La misma puja se advierte ya en la Argentina.

    Sobre fin de año, llega la temporada ideal para los pronósticos. Veamos qué se vaticina a escala mundial para la economía

    durante 1996.

    Hay tres grandes nubes en el horizonte, según el consenso de los principales observadores internacionales:

    * La situación fiscal estadounidense. En 1980, Estados Unidos tenía activos internacionales por valor de US$ 300.000 millones.

    Ahora tiene una deuda neta de US$ 700.000 millones. El continuo endeudamiento del fisco en Washington es algo con lo que el

    mundo aprendió a convivir, pero la posibilidad de un duro aterrizaje no debe descartarse. Puede llegar el momento en que el dólar

    deje de ser la moneda refugio a la que se acude en tiempos de crisis.

    * Japón ya no es la potencia que parecía destinada a ser a principios de la década. La crisis en el mercado bursátil e inmobiliario fue

    seguida por la de los bancos. Se estima que, en el mejor de los casos, la deuda que el sistema financiero nipón no puede recuperar

    está en el orden de los US$ 500.000 millones, mucho mayor que el saldo de la crisis del sistema de ahorro y préstamo para la

    vivienda que soportó Estados Unidos, y que debió ser pagada por los contribuyentes.

    * Finalmente, la situación financiera de las famosas economías emergentes, entre las que se encuentra la Argentina.

    Mayores tasas de interés internacionales y la fragilidad financiera de Japón pueden causar un estancamiento en el nivel de

    crecimiento de la economía mundial y un franco retroceso en lo que antaño se denominaba el Tercer Mundo.

    Con una recesión global, será más difícil hacer frente al servicio de la deuda externa o contraer nuevas deudas, mientras que

    las exportaciones pueden reducirse sustancialmente.

    Afortunadamente, éste es el peor escenario, y hasta ahora viene observándose que la mayoría de los pronósticos no suelen

    confirmarse. Pero la ansiedad existe y refuerza la imaginación por encontrar soluciones innovadoras.

    Agujero Negro del Sistema Monetario

    A los economistas les siguen preocupando los altos riesgos que entrañan las operaciones con derivatives, o productos

    financieros derivados. En los órganos de control y regulación de Estados Unidos crece la ansiedad por los agujeros del

    sistema. Casi no pasa semana sin algún accidente costoso en el comercio de estos instrumentos.

    Esta preocupación contribuye a aumentar el temor por la estabilidad del sistema financiero internacional. La primera vez

    que los observadores alertaron sobre la salud del sistema financiero global fue en 1971, cuando el colapso de la tasa de

    cambio fija del sistema Bretton Woods dejó a las monedas a merced de los mercados. Hoy, la utilización de derivatives

    reaviva aquellos temores al poner en manos de los actores instrumentos poderosos con los que hacen apuestas a futuro. Esos

    instrumentos reducen todavía más la capacidad de los gobiernos para definir tasas de cambio y de interés.

    Pero en este debate sobre quién controla la economía, si los gobiernos o los mercados financieros, aparece una faceta

    diferente con las nuevas generaciones de productos derivados. Algunos expertos confían en que estos nuevos productos sean

    más fáciles de manejar. Pero muchos analistas y observadores independientes creen que los derivados generan riesgos que

    ni los usuarios de estas operaciones ni quienes las conciben están en condiciones de prever y manejar. En un contexto más

    amplio, dicen, esos complicados productos podrían llegar a quebrar el sistema financiero internacional.

    Richard O´Brien, economista jefe del American Express Bank, reseñó para la Harvard Business Review las dos posiciones

    opuestas en este tema. La primera es desarrollada por Gregory J. Millman en su libro The Vandals´ Crown: How Rebel

    Currency Traders Overthrew the World´s Central Banks (The Free Press, N.Y. 1995). Millman describe a los vándalos del

    mercado libre que están barriendo con el orden establecido y advierte que, igual que aquellos vándalos que conquistaron la

    Roma decadente, los actuales pueden borrar imperios del planeta.

    Una y otra vez se ha demostrado, dice Millman, que, cuando los gobiernos no pueden controlar las realidades financieras,

    los especuladores se convierten en agentes de la destrucción.

    La otra perspectiva de este debate toma cuerpo en un informe publicado el año pasado por la Comisión Bretton Woods bajo

    la conducción del entonces presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker. La publicación, titulada Bretton Woods: Looking

    to the Future, compila una serie de documentos escritos por académicos y ex funcionarios sobre temas relacionados con el

    sistema monetario internacional.

    Los documentos presentan el debate desde el punto de vista del establishment y su entorno. Los colaboradores, aunque

    admiten que los vándalos de Millman han estado causando muchos problemas, no abandonan la lucha y siguen creyendo en

    las posibilidades de un buen gobierno y un sólido manejo de la economía.

    Con respecto a este último aspecto O´Brien emite una opinión. Dice que se podría comparar a los defensores del sistema con

    aquellos acorralados gobernantes de Roma, que reinaban sobre un imperio que se achicaba y que de tanto en tanto se

    retiraban a una nueva capital mientras simulaban que el imperio seguía existiendo.

    Bretton Woods y Sus Criaturas

    Los trabajos que integran el documento Bretton Woods fueron escritos para celebrar el 50_ aniversario de la conferencia de

    New Hampshire, que definió el orden económico de la postguerra e instituciones como el Fondo Monetario Internacional

    (FMI) y el Banco Mundial. Y aunque el sistema Bretton Woods quebró hace 24 años, las instituciones que creó no han

    muerto.

    El Banco de Pagos Internacionales (Bank of International Settlements) fue creado después de la Primera Guerra Mundial

    para instrumentar las reparaciones de guerra por parte de Alemania; un año después Alemania renegó de esos pagos pero la

    organización siguió existiendo, convirtiéndose en lo que es ahora, un lugar de encuentro de los bancos centrales.

    La Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (Ocde), que en aquel momento se llamó Organización para

    la Cooperación Económica Europea, fue creada después de la Segunda Guerra Mundial con la misión de aplicar el Plan

    Marshall, pero todavía existe.

    Los integrantes de la Comisión Bretton Woods están abiertamente a favor de fortalecer el accionar del sistema monetario

    internacional en lugar de buscar un nuevo papel para estas instituciones. Reconocen que durante la última década se impuso

    la idea de dejar que el mercado se regule a sí mismo, pero creen que ningún mercado hizo buen papel y que los resultados

    los sufre el mundo entero, que muestra un decepcionante crecimiento económico.

    Las recomendaciones que elaboran para controlar el sistema monetario internacional son las siguientes: en primer lugar, los

    gobiernos deben fortalecer sus políticas macroeconómicas y lograr mayor convergencia económica; segundo, deben

    establecer un sistema más formal de coordinación para evitar grandes discrepancias en la tasa de cambio y volatilidad;

    también recomiendan que el FMI instale un fondo de intervención para ayudar a los gobiernos en su lucha contra los

    ataques de la especulación.

    El problema con estas recomendaciones es que no difieren en mucho de lo que los gobiernos y el FMI han tratado de hacer

    durante los últimos veinte años, con diferentes resultados. ¿Por qué entonces habrían de tener éxito esta vez?

    Cuatro Fuentes de Poder Económico

    Aunque los miembros de la Comisión Bretton Woods no lo admitan, la verdadera razón para mantener instituciones como

    el FMI que antes derivaba su fortaleza del poder de los gobiernos que lo integraban es que ahora son esos mismos

    gobiernos los que necesitan reunir allí su poder, cada vez más débil, para así poder resistir a las hordas invasoras.

    Los gobiernos tienen cuatro fuentes de poder económico:

    1) Cobrar impuestos.

    2) Imprimir papel moneda.

    3) Tomar préstamos.

    4) Regular los mercados financieros.

    En tres de esas áreas impositiva, impresión de dinero y regulación han tenido siempre una posición monopólica, pero

    la apertura de los mercados financieros pone en peligro esa capacidad. Ahora los grandes grupos financieros y hasta

    personas particulares pueden optar por otros regímenes impositivos.

    Imprimir moneda todavía sigue siendo un privilegio y un monopolio de los gobiernos, pero cada vez son más estrictos los

    estándares con que se califica a un gobierno según sea la salud de su base monetaria.

    En cuanto a la capacidad de tomar préstamos, los gobiernos están limitados por la intensa competencia global por los

    fondos disponibles en el mundo. Los límites de este poder hacen que los gobiernos se esfuercen por reducir sus gastos al

    mínimo, disminuir la participación del Estado en las empresas del país y privatizar todo lo privatizable.

    En el área de la regulación, la posición de los gobiernos también se ve amenazada, pero aquí no gusta tanto que reine la ley

    del mercado. Pocos creen que sea bueno dejar que los mercados financieros se regulen solos. Un grave problema en este

    terreno es la apertura de las fronteras. Los territorios se desdibujan cuando los mercados existen en las redes de

    computación.

    Es posible que en el futuro se vea a los reguladores imponer castigos más serios a los que se equivocan y exigir más

    transparencia para que consumidores y gobiernos tengan más información. Gobiernos y reguladores deberán unir esfuerzos

    para trabajar juntos frente a los vándalos.

    Los gobiernos siguen teniendo grandes poderes, especialmente el poder de sorprender a los mercados con medidas

    inesperadas. De tanto en tanto los vándalos pueden sufrir algunas pérdidas debido a su exceso de confianza, lo que

    les hará tomar conciencia de su propia vulnerabilidad. Pero cuando son las mismas autoridades financieras las que se

    sorprenden por las reacciones y las medidas que adoptan los mercados, uno comienza a preguntarse quién controla la

    situación.