Cuando se tomó la decisión de erradicar la aftosa, a partir de una definición del entonces presidente de la Sociedad Rural
Argentina, Alberto Alchourón (Las vacas tienen aftosa, las vacas son nuestras, la aftosa es nuestro problema), se actuó
sobre la base de una motivación: atacar a fondo una enfermedad que se había instalado en la Argentina desde hacía más de
un siglo.
Tras cinco años de esfuerzo e inversión, la mancomunión de productores, Estado y sectores vinculados al quehacer pecuario
dio sus frutos. En septiembre de este año se cumplen 16 meses sin presencia clínica de la enfermedad entre los casi 54
millones de cabezas de bovinos, en todo el territorio nacional.
El siguiente paso representa un desafío no menos arduo: abrir y asegurar mercados para las carnes frescas argentinas.
Las negociaciones en torno de cuestiones sanitarias encaradas con el gobierno de Estados Unidos contemplan varios
objetivos, pero sin duda el principal pasa por ingresar al mercado norteamericano, cerrado a las carnes frescas argentinas
desde hace más de 60 años.
Las normas acordadas en la Ronda Uruguay del GATT sobre medidas fitozoosanitarias y de flexibilización del comercio
agropecuario fijan pautas precisas que, a su vez, contribuirán a eliminar barreras paraarancelarias.
Por otro lado, la aceptación por parte de Washington de las normas del GATT impone una fuerte presión para los mercados
del sudeste asiático, y principalmente para Japón y Corea, sostenedores del llamado riesgo cero.
Las expectativas puestas sobre las negociaciones en curso son, por lo tanto, justificadas. Sin embargo, es preciso advertir
que no sólo se trata de aplicar medidas de sanidad animal y salir a vender: hay que saber a quién se vende, cómo compra y,
especialmente, qué quiere comprar y por qué.
Cambiar para que Nada Siga Igual
La Argentina tenía una manera tradicional de trabajar el campo, basada en el modelo productivista, con el incremento de
los rendimientos por unidad de superficie, explica el ingeniero agrónomo Marcelo Foulón, decano de Ciencias Agrarias de
la Universidad de Belgrano.
Pero durante los años ´80 comenzaron a aparecer señales que indicaban que ese modelo, por sí mismo, no daba
respuestas a los crecientes problemas económicos y financieros de los productores argentinos, advierte Foulón.
En su opinión el plan de convertibilidad terminó con esos sistemas productivos, desnudando viejas ineficiencias. Al
mismo tiempo, en el mundo desarrollado, antes comprador de commodities, se inició la tendencia hacia nuevos hábitos de
consumo de productos procesados o elaborados con mayor diferenciación y reconocida calidad.
Foulón propone modificar los programas de estudios de las carreras universitarias vinculadas con las ciencias agrarias, para
poner el centro de atención en los negocios y la economía agropecuaria.
El Cliente Tiene Razón
En los últimos tiempos es habitual escuchar a voceros oficiosos u oficiales de los sectores pecuarios hablar acerca de
las bondades de las carnes argentinas por su bajo contenido de colesterol.
Sin embargo, no hay que dar por sentado que éstas son características buscadas y apreciadas en todos los mercados. Algunos
países asiáticos que aparecen como compradores potenciales (para dar sólo un ejemplo: Filipinas y Tailandia, que suman
más de 120 millones de habitantes y cuentan con un ingreso promedio anual per cápita de US$ 2.500) exhiben preferencias
que se orientan a calidades de carnes frescas del tipo marmolado, es decir, con vetas de grasa. Cabe recordar que estos
países ingresaron al consumo masivo de carne a partir de la finalización de la Segunda Guerra, abastecidos por Estados
Unidos.
Problemas de Crianza
La Argentina está caracterizada como país proveedor de carne. Las empresas internacionales vendrán a buscar
carne, y si no los satisfacemos comprarán alguna planta frigorífica y, si esto no es suficiente, habrá conversaciones
para producir ganado en la Argentina por el método de feed-lot, señaló el administrador general del Senasa,
Bernardo Cané, en abril pasado ante productores de la zona de Ayacucho.
En la misma oportunidad, Cané se refirió a la baja reposición de ganado (las 20.000 toneladas concedidas por Estados
Unidos para exportar significan alrededor de 400.000 cabezas) y advirtió que si la Argentina quiere pasar de 250.000 a
500.000 o 600.000 toneladas de carne exportable en los próximos tres años y sostener el consumo interno como fuente de
ingresos, deberá modificar principios de crianza.
Si logramos sacarnos de encima el problema de la aftosa agregó y somos suficientemente maduros para
comprender que el negocio de la carne abarca variados elementos, como mejorar la oferta, el marketing, el
packaging, podremos avanzar en los mercados competitivos, porque no habrá seducción posible ofreciendo solamente
carne.
Por último, Cané advirtió que o son los productores y la industria los que se adapten a la realidad, o serán capitales
extranjeros los que vean estos negocios y operen dentro de las fronteras argentinas en su propio beneficio.
Raúl Ruiz de Alegría
Combatir la Ilegalidad
El mercado de carnes en la Argentina nunca fue totalmente transparente. Y a partir del plan de convertibilidad se pusieron
en descubierto los bolsones de ilegalidad.
En los círculos industriales y productores se estima que la faena clandestina de bovinos alcanza a 700.000 cabezas anuales,
producto del cuatrerismo. Esto representa una importante evasión impositiva y competencia desleal para con quienes
cumplen con las pautas fiscales.
Y no se trata sólo de una cuestión fiscal. Combatir la ilegalidad en la comercialización de la carne significa garantizar
calidades sanitarias, porque cada bovino faenado legalmente cuenta con un certificado sanitario y con un propietario
responsable.
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