Después de tres años de la transformación del sector, el mercado eléctrico exhibe un comportamiento satisfactorio en los
distintos sectores que componen el sistema: generación, transporte y distribución, asegura Carlos A. Mattausch, presidente
del ente nacional que regula la actividad (Enre). Desde que Segba fue privatizada, se posibilitó la incorporación al sistema
de aproximadamente 450.000 usuarios que anteriormente se encontraban en situación de ilegalidad. A ellos se sumaron
150.000 nuevos clientes. De modo que en tres años se incorporaron a la red 600.000 usuarios, que elevaron los totales
dentro de la Capital y el Gran Buenos Aires a casi 4,5 millones, de los cuales 300.000 corresponden a Edelap, que atiende la
zona de La Plata. El resto está distribuido en forma pareja entre Edenor y Edesur.
A la drástica reducción de la cantidad de enganchados se sumó una mejora en el plantel de generación y distribución, como
resultado de las inversiones efectuadas, que durante 1994 alcanzaron a $ 127 millones en el caso de Edenor y a $ 202
millones en el de Edesur. Gracias a ello, en los últimos tiempos se redujeron en forma notable las multas por
incumplimiento aplicadas por el Enre a las empresas distribuidoras, síntoma evidente, según Mattausch, de la mejora
exhibida por el servicio, que espero se acreciente en el futuro, de acuerdo con las mayores exigencias a que deberán
someterse las empresas para cumplir con los pliegos de la licitación.
A partir del año próximo Mattausch estima que se intensificarán las inversiones, porque en los primeros años de la
desregulación las empresas pudieron contar a su favor con una mayor utilización de la infraestructura existente, que en
épocas de la gestión estatal operaba muy por debajo de sus capacidades operativas, ya fuera por falta de recursos financieros
o por deficiente management.
Capacidad a Pleno
Actualmente, la infraestructrura operativa se utiliza a niveles cercanos a los máximos. Por esta razón, ese recurso ya no
podrá utilizarse en el futuro. La mejora en la calidad del servicio deberá provenir de las mayores inversiones, destinadas
tanto a ampliar la capacidad del sistema como a mejorar los costos totales de producción.
La mejora registrada en este último aspecto permitió que los precios de la energía para los usuarios se mantuvieran en
valores nominales prácticamente estables. Antes de la privatización se requería un aumento de 60% en los valores de las
tarifas para mantener la continuidad del servicio.
Los mayores costos derivados del aumento de algunos insumos fueron neutralizados por las reducciones de los costos
operativos, merced a la incorporación de tecnología de avanzada en las usinas generadoras. De 3.000 kilocalorías por cada
kilovatio-hora producido, que era el promedio del parque térmico en 1992, bajó a fines de diciembre último a 2.600.
En el futuro, este índice seguirá bajando. A esto contribuirá, por ejemplo, la próxima habilitación de la nueva planta
generadora de Central Buenos Aires (perteneciente al grupo Central Costanera), que pasará a ser una de las más modernas
del sistema eléctrico nacional. Su consumo será de 1.750 kilo- calorías contra 2.300 que necesitan las máquinas más
modernas en actividad.
El buen funcionamiento que hasta ahora registró el sistema eléctrico queda de alguna forma de manifiesto con la decisión
del gobierno de España de instalar en ese país un régimen de contralor muy similar al que realiza el Enre, que no sólo esta
destinado a defender al consumidor de eventuales políticas monópolicas por parte de las empresas, sino que también tiende
a incentivar la disminución de los costos operativos a través de una severa política de fiscalización, destinada a optimizar al
máximo las inversiones realizadas por cada una de las empresas que participan del sistema.
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