Santa Fe no sólo es una de las provincias más afectadas por la desocupación, sino que, además, no ha contribuido al
crecimiento de la economía nacional. Aparece entonces un interrogante: ¿qué es lo que hace que una zona de gran riqueza
natural y de una ubicación geográfica estratégica, sobre todo con respecto al Mercosur, haya permanecido estancada en un
marco que fue propicio para su crecimiento?
Dejando de lado el impacto de la crisis financiera que afectó a todo el país, empresarios, políticos y economistas coinciden
en señalar la existencia de algunos problemas de tipo estructural que entorpecen el crecimiento y el desarrollo de Santa Fe.
Una de las asignaturas pendientes es la reforma del estado provincial, necesaria para corregir, entre otras cosas, el problema
de una banca subsidiada que no ha brindado adecuado financiamiento al sector privado; el alto costo (en relación con otras
provincias) de la provisión de energía para las pequeñas y medianas empresas, y el retraso en la concreción de obras de
infraestructura elementales, como la recuperación de puertos, la hidrovía Paraguay-Paraná, y el camino-puente entre
Rosario y Victoria.
Los empresarios señalan, además, la ineficiente utilización de los recursos que impidió la aplicación de políticas de
promoción industrial locales (el Pacto Fiscal es una política nacional que apunta más a la reducción de costos que a alentar
la radicación de industrias).
También el sector privado, sin embargo, exhibe características que acentuaron su estancamiento: el núcleo de la economía
santafesina es el sector agropecuario y sus industrias derivadas, pero el grado de elaboración de la producción primaria es
bajo y aporta muy poco valor agregado a la producción total.
A esto se suma que el resto de la industria, que se desarrolló fundamentalmente en el esquema de sustitución de
importaciones, está constituido principalmente por Pymes, que no se han tecnificado y que producen a niveles de precio y
calidad poco competitivos en el mercado internacional.
Muchas empresas no han logrado sobrevivir a la apertura de las importaciones (un claro ejemplo de esto es lo que ocurrió
en el cordón industrial que abarcaba a Rosario y ciudades aledañas como San Lorenzo, Capitán Bermúdez y otras).
Algunos voceros del sector privado indican, además, que la lenta reacción de las cámaras empresarias locales frente a los cambios
determinó un alto grado de desconocimiento acerca de las oportunidades y requerimientos de la nueva etapa.
Ser o No Ser: una Decisión Privada
Ante este panorama, las empresas privadas de la provincia de Santa Fe, en su mayoría Pymes, debieron tomar una decisión
crucial para el destino de su producción y de sus empleados: aceptar las reglas del juego (si es que estaban en condiciones de
hacerlo) o cerrar las puertas temporaria o definitivamente. Para Edgardo Orio, miembro del directorio de la empresa Tadeo
Czerweny, una fábrica de transformadores eléctricos, con 140 empleados y una facturación anual de $ 800.000, la apertura
económica fue muy violenta, lo que significó que muchas empresas debieran optar por saltar hacia atrás o adelante. Su
empresa, ubicada en el interior de la provincia, fue una de las que apostaron a adaptarse a las nuevas reglas del juego.
Orio admite que la decisión de permanecer en el mercado se vio favorecida por las privatizaciones de las compañías del
sector energético, que permitieron que las ventas de la empresa se duplicaran en menos de tres años.
Roberto Paladini, accionista y miembro del directorio de la empresa Paladini, especializada en la producción de fiambres y
embutidos, cuestiona, por su parte, la falta de asesoramiento y orientación por parte del gobierno para introducir a las
Pymes en el mercado mundial.
Para Paladini, una de las claves para enfrentar la coyuntura es el otorgamiento de créditos accesibles a las Pymes a las que
califica las verdaderas generadoras de empleo. El empresario estima que actualmente crear un puesto de trabajo en
empresas del rubro alimentario tiene un costo aproximado de $ 50.000, que asciende a $ 200.000 en las industrias más
tecnificadas.
Sólo en Rosario y el Gran Rosario hay 120.000 desocupados, de los cuales 80.000 podrían volver al mercado, en tanto que
el resto, sin capacitación ni posibidades de adquirirla, tendrá un trabajo inestable por un largo plazo, advierte Paladini.
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