lunes, 1 de junio de 2026

    Asignaturas pendientes del estado y el sector privado

    Santa Fe no sólo es una de las provincias más afectadas por la desocupación, sino que, además, no ha contribuido al

    crecimiento de la economía nacional. Aparece entonces un interrogante: ¿qué es lo que hace que una zona de gran riqueza

    natural y de una ubicación geográfica estratégica, sobre todo con respecto al Mercosur, haya permanecido estancada en un

    marco que fue propicio para su crecimiento?

    Dejando de lado el impacto de la crisis financiera que afectó a todo el país, empresarios, políticos y economistas coinciden

    en señalar la existencia de algunos problemas de tipo estructural que entorpecen el crecimiento y el desarrollo de Santa Fe.

    Una de las asignaturas pendientes es la reforma del estado provincial, necesaria para corregir, entre otras cosas, el problema

    de una banca subsidiada que no ha brindado adecuado financiamiento al sector privado; el alto costo (en relación con otras

    provincias) de la provisión de energía para las pequeñas y medianas empresas, y el retraso en la concreción de obras de

    infraestructura elementales, como la recuperación de puertos, la hidrovía Paraguay-Paraná, y el camino-puente entre

    Rosario y Victoria.

    Los empresarios señalan, además, la ineficiente utilización de los recursos que impidió la aplicación de políticas de

    promoción industrial locales (el Pacto Fiscal es una política nacional que apunta más a la reducción de costos que a alentar

    la radicación de industrias).

    También el sector privado, sin embargo, exhibe características que acentuaron su estancamiento: el núcleo de la economía

    santafesina es el sector agropecuario y sus industrias derivadas, pero el grado de elaboración de la producción primaria es

    bajo y aporta muy poco valor agregado a la producción total.

    A esto se suma que el resto de la industria, que se desarrolló fundamentalmente en el esquema de sustitución de

    importaciones, está constituido principalmente por Pymes, que no se han tecnificado y que producen a niveles de precio y

    calidad poco competitivos en el mercado internacional.

    Muchas empresas no han logrado sobrevivir a la apertura de las importaciones (un claro ejemplo de esto es lo que ocurrió

    en el cordón industrial que abarcaba a Rosario y ciudades aledañas como San Lorenzo, Capitán Bermúdez y otras).

    Algunos voceros del sector privado indican, además, que la lenta reacción de las cámaras empresarias locales frente a los cambios

    determinó un alto grado de desconocimiento acerca de las oportunidades y requerimientos de la nueva etapa.

    Ser o No Ser: una Decisión Privada

    Ante este panorama, las empresas privadas de la provincia de Santa Fe, en su mayoría Pymes, debieron tomar una decisión

    crucial para el destino de su producción y de sus empleados: aceptar las reglas del juego (si es que estaban en condiciones de

    hacerlo) o cerrar las puertas temporaria o definitivamente. Para Edgardo Orio, miembro del directorio de la empresa Tadeo

    Czerweny, una fábrica de transformadores eléctricos, con 140 empleados y una facturación anual de $ 800.000, la apertura

    económica fue muy violenta, lo que significó que muchas empresas debieran optar por saltar hacia atrás o adelante. Su

    empresa, ubicada en el interior de la provincia, fue una de las que apostaron a adaptarse a las nuevas reglas del juego.

    Orio admite que la decisión de permanecer en el mercado se vio favorecida por las privatizaciones de las compañías del

    sector energético, que permitieron que las ventas de la empresa se duplicaran en menos de tres años.

    Roberto Paladini, accionista y miembro del directorio de la empresa Paladini, especializada en la producción de fiambres y

    embutidos, cuestiona, por su parte, la falta de asesoramiento y orientación por parte del gobierno para introducir a las

    Pymes en el mercado mundial.

    Para Paladini, una de las claves para enfrentar la coyuntura es el otorgamiento de créditos accesibles a las Pymes a las que

    califica las verdaderas generadoras de empleo. El empresario estima que actualmente crear un puesto de trabajo en

    empresas del rubro alimentario tiene un costo aproximado de $ 50.000, que asciende a $ 200.000 en las industrias más

    tecnificadas.

    Sólo en Rosario y el Gran Rosario hay 120.000 desocupados, de los cuales 80.000 podrían volver al mercado, en tanto que

    el resto, sin capacitación ni posibidades de adquirirla, tendrá un trabajo inestable por un largo plazo, advierte Paladini.


    /p>
    /body>
    /html>