jueves, 30 de abril de 2026

    Las 400 que mas exportan

    Aumenta el volumen de las ventas externas entre las firmas relevadas,
    especialmente en el caso de bienes industriales. Son significativos
    el comportamiento del sector petrolero y el del automotriz.


    Lamentablemente, las importaciones crecen más rápido.


    Nadie se atreve a repetir alegremente lo que fue el argumento
    usual de los últimos dos años: "No importa
    que haya déficit comercial. Mientras ingresen capitales
    es importante el reequipamiento de la industria nacional que se
    está produciendo".


    Lo cierto es que la confirmación de que el déficit
    comercial de 1993 fue superior a las expectativas más pesimistas
    (alcanzó a US$ 3.700 millones) hizo correr frío
    por la médula del equipo económico.


    Simultáneamente, la firme tendencia al ascenso en las tasas
    de interés internacionales puede reducir el monto de los
    US$ 10 mil millones de aporte externo que demanda la economía
    nacional.


    Si este flujo de fondos disminuyera, a pesar del esfuerzo reactivador
    en la industria de la construcción (ver artículo
    siguiente), el gobierno podría enfrentar una recesión
    en 1995.


    Aunque el ministro de Economía se niega sistemáticamente
    a hablar del futuro, si no crecen significativamente las exportaciones
    no se ve cómo sigue el desarrollo del modelo y la mentada
    integración con las principales corrientes del comercio
    mundial.


    En 1993 las exportaciones registraron una expansión de
    7,0 %, que si bien resulta importante considerando el cuadro económico
    internacional, no despeja las incógnitas en torno del abultado
    déficit comercial que aún subsiste. Por lo tanto,
    el futuro de las ventas al exterior, especialmente de las que
    contienen algún grado de manufactura y de valor agregado,
    es un aspecto que tendrá


    gravitación decisiva en el mantenimiento de la convertibilidad.


    Sin una industria exportadora pujante, no será posible
    obtener los recursos suficientes para evitar un eventual estrangulamiento
    del sector externo. Un déficit comercial como el registrado
    en los tres últimos años sería insostenible
    en el tiempo y, en el supuesto de una atenuación de la
    afluencia de capitales del exterior, podría tener serias
    repercusiones sobre la capacidad del gobierno, de la Tesorería
    en particular, para hacer frente a los abultados compromisos emergentes
    de la deuda externa.


    Esta es la gran polémica que enfrenta a los economistas
    del gobierno con los de la oposición y algunos independientes,
    que sostienen que el mantenimiento del actual déficit generará,
    a la corta o a la larga, serios problemas que podrían culminar
    con una profunda recesión.


    La otra alternativa sería imponer serias limitaciones a
    las importaciones, pero esta política no está en
    línea con el pensamiento de Cavallo, que hasta ahora se
    mostró remiso a imponer límites a las compras externas,
    salvo en casos muy aislados, donde la competencia foránea
    había alcanzado una penetración muy elevada en el
    mercado interno (más de una tercera parte) como en el caso
    de algunos rubros textiles, papel y calzado deportivo. Sin embargo,
    no debería extrañar que se recurra con mayor frecuencia
    a herramientas de "política industrial no explícita".


    PROMOCION DE VENTAS EXTERNAS.


    Los anuncios oficiales destinados a fomentar las ventas al exterior
    alcanzaron gran difusión, pero hasta ahora esas disposiciones
    no tuvieron gran trascendencia, ya sea porque muchas de ellas
    todavía se encuentran en la etapa de implementación
    o porque sus efectos no son inmediatos y, por


    lo tanto, deberá pasar todavía cierto tiempo para
    que se reflejen en las cifras.


    Entre los proyectos puestos en práctica por el gobierno
    para fomentar las exportaciones, figura el denominado de especialización
    industrial, instituido por el Decreto 2641 dictado en 1992. Se
    basa fundamentalmente en la autorización a las empresas
    para que importen insumos con un arancel mínimo (2%), siempre
    que aumenten las exportaciones realizadas en los doce meses previos
    a la aprobación por parte del gobierno del plan propuesto
    por la compañía.


    Hasta mediados de marzo se habían interesado por este plan
    150 empresas, de las cuales fueron aprobadas 70 solicitudes, y
    se estima que en el curso del año podrían alcanzar
    a duplicarse las que se encontrarían en esas condiciones.En
    este año y el próximo, las ventas al exterior basadas
    en este plan podrían alcanzar US$ 500 millones (US$ 200
    en 1994 y US$ 300 en 1995), lo que sería una contribución
    importante en la gravitación de las exportaciones industriales
    sobre las cifras totales.


    En 1993 las ventas de productos no tradicionales al exterior ascendieron
    a US$ 3.500, que incluyeron US$ 150 millones, basadas en el régimen
    instituido por el Decreto 2641.


    En estos días se anunció un nuevo apoyo a las exportaciones
    pero en este caso de tipo financiero, a través del Banco
    de Inversión y Comercio Exterior (BICE), que de esta forma
    dará comienzo formal a sus actividades con una línea
    de préstamos por US$ 100 millones, que canalizará
    a financiar exportaciones de las Pymes hasta un monto máximo
    de US$ 2,5 millones. En lo concerniente a


    bienes de capital, por este medio financiará hasta 85 %
    del valor FOB de la exportación, mientras que en lo concerniente
    a repuestos y accesorios la financiación se limitará
    a 10 %, aunque entre ambas cifras hay una variada gama de posibilidades.


    CRECEN LAS IMPORTACIONES.


    Pese al crecimiento de las exportaciones, lo cierto es que las
    importaciones lo hicieron a un ritmo superior. De acuerdo con
    la opinión oficial, esta tendencia se irá atenuando
    por la relevancia que tienen en las importaciones los bienes de
    capital, los que, al ser incorporados al proceso productivo, deberán
    producir indefectiblemente un aumento importante en la productividad
    y, por lo tanto, una


    sensible reducción de costos que permitirá a las
    empresas una mejor posición competidora externa.


    La importancia de la incorporación de estos bienes al proceso
    productivo tiene muy pocos antecedentes en el país, y se
    produce después de varios lustros de niveles muy bajos
    de inversión, explicables por la carencia de políticas
    estables y la agudización del proceso inflacionario, donde
    la principal preocupación de las empresas era defender
    el patrimonio de ese flagelo.


    En ese contexto, que se mantuvo durante la mayor parte de la década
    pasada, el dólar exhibió un valor real muy alto
    en relación con nuestra moneda. Esta circunstancia, unida
    a la contracción del mercado interno, favoreció
    la exportación marginal de ciertos productos industriales,
    que con la


    implantación de la convertibilidad y la casi simultánea
    caída de los precios internacionales, ya no tienen posibilidad
    de continuar accediendo a los mercados foráneos.


    La disminución del denominado costo argentino, reflejada
    en los menores gastos portuarios, en la reducción de las
    tarifas eléctricas para los grandes consumidores (caso
    Buenos Aires y Santa Fe) y en las menores cargas sociales derivadas
    del pacto fiscal, neutralizarán (por lo menos parcialmente)
    el


    atraso cambiario y deberían tener efectos positivos en
    el desarrollo de las exportaciones.


    Al famoso dólar "barato" los industriales ya
    se estarían acostumbrando, y los que todavía no
    lo han hecho intentan adecuar sus estructuras fabriles y administrativas
    a la realidad de los mercados, tanto en el orden local como en
    el internacional.


    Los US$ 13.090 millones a que ascendieron las exportaciones totales
    durante 1993 (7,0 % más que los US$ 12.227 millones logrados
    en 1992) no dejan de ser un logro importante, dada la naturaleza
    de la paridad cambiaria y la existencia de un contexto internacional
    en crisis, que comenzó a


    morigerarse en julio y agosto, fecha a partir de la cual muchos
    commodities mostraron precios algo más tonificados por
    la recuperación de la economía en Estados Unidos.


    Uno de los sectores que exhibe un avance más espectacular,
    dentro de los rubros no tradicionales, es el petrolero, que a
    pesar de la caída de los precios internacionales, exhibió
    una gran expansión debido al notable auge de la producción
    (en 1993 subió a 34 millones de metros cúbicos contra
    32,2


    millones de 1992) al amparo de la total desregulación del
    sector.


    OTRA VEZ LIDER.


    YPF volvió a liderar a las empresas exportadoras del país,
    pero ahora mucho más distanciada de su escolta, Cargill,
    que aumentó ligeramente (1,9 %) lo exportado en 1992. En
    cambio, YPF incrementó sus valores en 16,4 %, al elevarlos
    de US$ 688 a US$ 801 millones.


    Otro de los sectores muy dinámicos fue el automotriz, pero
    en este caso hay que tener en cuenta el espinoso tema de las importaciones
    del propio sector, dado que el régimen que regula su actividad
    impone a las empresas compensar con exportaciones las importaciones
    que realizan. Por lo tanto, desde el punto de vista del saldo
    de la balanza comercial, la gravitación del sector debería
    ser a largo plazo prácticamente neutra, aunque en determinados
    períodos, como ocurrió en 1992 y en 1993, pueden
    registrarse importantes desfasajes dado que las empresas encuentran
    más rentable atender la demanda interna que compensar las
    importaciones.


    Precisamente, para corregir esa situación, la Secretaría
    de Industria dispuso en los primeros días de marzo que
    las autorizaciones para efectuar importaciones durante ese mes
    serán equivalentes a 80% de las exportaciones efectuadas
    por las empresas en falta durante febrero. La medida, que se iría
    acentuando en los próximos meses, tiende a que finalmente
    se llegue al equilibrio previsto en el


    régimen automotriz.


    De ser así, este año, por primera vez desde la instauración
    del sistema, el sector debería mostrar saldo positivo,
    basado en el aumento de las exportaciones y en la disminución
    obligada de las importaciones.


    En 1994 las exportaciones de este sector alcanzarán nuevas
    cifras récord, considerando que Ciadea (ex Renault) tiene
    previsto llevar las suyas cerca de US$ 200 millones, como consecuencia
    de la inauguración de una vasta red de concesionarios en
    Brasil, que le permitirá realizar importantes ventas de
    los modelos R 21 y R 19, especialmente de este último,
    cuyas colocaciones podrían


    alcanzar un nivel cercano a las 1.000 unidades mensuales.


    Sevel se encuentra en una situación similar (las exportaciones
    podrían llegar a US$ 400 millones) debido a la colocación
    de la pick up 504 y de los modelos Fiat 1 y Fiat Duna y de importantes
    envíos de cajas de velocidades y motores a Francia e Italia.
    Autolatina, por su parte, elevaría sus exportaciones a
    US$ 450 millones, al incentivar las colocaciones de los modelos
    Voyage Especial, F.


    1000, Gol y F 4000, al margen de autopiezas y cajas puente, Modelo
    MQ, que envía a Alemania y al Brasil.


    De esta forma y computando las de Transax, Scania y otras empresas,
    las totales del sector durante 1994 podrían ascender a
    US$ 1.200 millones, equivalentes a 8,3% de las exportaciones totales,
    que según cálculos optimistas de funcionarios oficiales
    alcanzarían el récord de US$ 14.500 millones, con
    una expansión de 11 % con respecto a 1993.Si bien esta
    cifra a primera vista aparece como de difícil obtención,
    no lo sería tanto si se considera que entre el sector petrolero
    y el automotriz aportarían nuevas ventas externas por más
    de US$ 650 millones, dado lo ya explicado y la reciente habilitación
    del oleoducto a Chile, que, pese a operar a capacidad plena recién
    en julio, agregará durante el año más de
    US$ 300 millones, sin contar el incremento que se producirá
    en este rubro por la mayor producción de otros yacimientos.De
    esa forma, para cumplir con la meta de US$ 14.500 millones, el


    resto de los sectores debería aportar entre US$ 700 y US$
    800 millones adicionales, que en parte podrían provenir
    del sector agrícola, por los mayores valores que registraron
    las cotizaciones de algunos productos a fines del año pasado.


    SECTOR FRUTICOLA, OTRO ACTOR IMPORTANTE.


    El frutícola también podría mostrar algunos
    avances interesantes, considerando que en 1993 la producción
    de manzanas y peras del Alto Valle fue afectada por razones climáticas,
    situación que coincidió con la caída de los
    precios internacionales. De acuerdo con opiniones recogidas en
    empresas del ramo, la cosecha de la actual temporada se desarrolló
    sin problemas de origen climático, a lo que se agregaría
    una mejor predisposición que se estaría observando
    en los mercados internacionales, derivadas de menores stocks por
    parte de los países integrantes de la ex Comunidad Económica
    Europea.


    El ranking de este año de MERCADO refleja con mayor exactitud
    la real gravitación de las empresas de este sector en los
    mercados internacionales, con una exportación global estimada
    en US$ 160 millones, donde se destacan nítidamente Expofrut,
    Moño Azul, Zetone y Sabbag, S. A. San Miguel, Coop. de
    Chajarí y P.A.I., que en conjunto absorbieron 45 % de esa
    cifra.


    Los sectores tradicionales (cerealero, aceitero y lanero) también
    exhiben una mayor representatividad en el actual ranking.


    Las exportaciones totales reflejadas en este listado alcanzan
    a US$ 9.106 millones contra US$ 8.098,7 millones que acumuló
    el de 1992.


    El aumento que revelan estas cifras (12,4 %) es muy superior al
    que surge de las exportaciones totales (7,0 %) y refleja el grado
    de perfeccionamiento que MERCADO va logrando en sus rankings,
    que, justo es reconocer, obedece en parte a la mayor colaboración
    de las empresas, no así de los organismos


    oficiales, que, si bien informan disponer de las correspondientes
    cifras, aducen no poder brindarlas por impedirlo las normas en
    vigencia, que evidentemente distan mucho de ajustarse a una economía
    que tiene entre sus objetivos alcanzar una creciente transparencia.



    Luis García.