sábado, 30 de mayo de 2026

    El aviso que faltaba

    Más de un centenar de agencias disputan una facturación
    anual de US$ 3.000 millones sin publicitar sus servicios. Compiten
    con propuestas integrales, "venden" imagen y aplican
    tecnología. Las grandes atienden las grandes cuentas y
    se ofrecen especialistas en "nichos".


    En las casas de los herreros de la publicidad los cuchillos no
    son precisamente de palo. Las agencias "venden" imagen
    ante los potenciales clientes, trazan su propia estrategia de
    marketing y, a la mejor usanza de los viejos tiempos, salen revoleando
    el maletín a visitar empresas. Sin embargo, no apelan al
    autoaviso institucional. Y no todas admiten que tocan timbres.


    Muy rara vez trasciende cómo compiten entre ellos por las
    cuentas, cómo hacen las presentaciones o cómo los
    eligen. Cuál es su propia estrategia de marketing.


    Ayer Vázquez trasunta velocidad y eficiencia computarizadas;
    Casares Grey, ortodoxia creativa; Walter Thompson, jerarquía
    internacional; Young & Rubicam, solvencia empresaria; Verdino,
    desborde de ingenio; López Rossi, talento sobrio, y así
    podría recorrerse el centenar de agencias que actúan
    dentro de las fronteras.


    Carlos Nesci, vicepresidente de López Rossi/ Nesci, baja
    la publicidad de la estratósfera para acercarla a lo que
    sería un acto de comercio más: "Las agencias
    no escapan a las generalidades del mercado.


    Desde el momento en que operamos en un negocio sumamente competitivo,
    no podemos ser un commoditie. Tenemos que construir una marca,
    generándole valor agregado, con una identidad reconocida,
    conformada a partir de las debilidades y oportunidades, de las
    fortalezas y amenazas de cada una".


    La metodología que aplican para disputarse la clientela
    no ofrece mayores sorpresas. Recorren el espinel, llevan propuestas
    adonde saben que algún colega está en la cuerda
    floja, se presentan en concursos con suntuosas carpetas cargadas
    de gráficos impresos en colores en los que se proyectan


    indicadores y siembran de tarjetas cuanta reunión social
    congregue anunciantes. Otros dicen esperar sentados sobre sus
    laureles la llegada del anunciante.


    Víctor Fantauzzo, director de servicios de marketing de
    Young & Rubicam, no está conforme ante tantos lugares
    comunes. "Cada agencia debería tener su política
    y estrategia para presentarse y competir en el mercado",
    reclama. ¿Cómo garantizar originalidad desde una oferta
    tan convencional?


    También Roberto Ameal, director general de planeamiento
    estratégico de David Ratto BBDO, lo reconoce: "Las
    diferencias que separan a una agencia de otra se van construyendo
    a partir de pequeñas cosas".


    Lo importante es ganar.


    Dentro de las peculiares y muy decoradas paredes de las agencias,
    la palabra competencia no suena igual en todas partes. Están
    los que la tienen en cuenta como parte del negocio y hay quienes
    hablan de ella como si no perteneciera al mundo de los iluminados.


    Para Nesci "se compite por el éxito, que es una mezcla
    de notoriedad, autosatisfacción profesional y dinero. Por
    supuesto que también pretendemos recortarnos públicamente
    y vivir con dignidad".


    Giani Gasparini, presidente de Lautrec, niega que la competencia
    se plantee directamente entre colegas, sino que se aprecia "a
    través del éxito de los productos de nuestros clientes,
    que se las tienen que ver en el mercado con otros productos, clientes,
    a su vez, de otras agencias".


    Algunas confían en sus propios blasones para atraer las
    cuentas. Al menos así lo manifiesta Federico de Oromí,
    presidente de Pragma: "Trabajamos puertas adentro. No creemos
    en la venta, sí en la presentación de credenciales".


    Pero la hora de la verdad, donde se gana un bocado o se lo pierde,
    toca en cada uno de los concursos convocados por las empresas:
    "Todo lo que se pueda decir y tratar de demostrar en una
    presentación no vale de nada si la agencia no tiene capacidad
    de respuesta en cantidad y en calidad", asegura Oromí.
    La trayectoria, el listado de clientes y los mercados constituyen
    el curriculum que avala lo que se promete. Marcelo Capurro, presidente
    de Capurro & Asociados, concuerda con que el único
    marketing posible para las agencias es el de la trayectoria: los
    avisos y comerciales que la gente ve.


    Que las agencias de publicidad no hagan publicidad propia, salvo
    en casos excepcionales de ediciones sectoriales, no obedecería,
    según los empresarios, a la existencia de cocodrilo alguno
    en sus bolsillos: Héctor Mas, titular de Lintas, considera
    que, "al igual que un cantante, al que hay que escuchar cantar
    para conocerlo, una agencia se vende por sus obras. No tiene sentido
    publicar un aviso hablando de lo que hace".


    Cheek to cheek.


    Pese a que muchos de sus colegas se santiguan cuando se habla
    de sacarle una cuenta al competidor, Oscar Pintor, titular de
    la agencia homónima, se confiesa pendiente del teléfono
    para atrapar a carenciados de comunicaciones. La agencia conquistó
    a siete de cada diez clientes por recomendación. El resto
    lo pescó.


    Pintor, como Vázquez, Marcovecchio, López Rossi/Nesci
    o Verdino, está jugado a la atención personalizada
    precisamente por haberle puesto su apellido a la agencia: "Tratamos
    con los clientes como dos grupos empresarios puestos frente a
    frente, para darles la certeza de ser cabeza principal.


    Y si tenemos un límite de cuentas es porque no queremos
    perder ese contacto personal".


    Mas dice que para él es fundamental mirar a los ojos del
    que le pide una campaña. "Los briefings por escrito
    son imprescindibles, pero son como los huesos, les falta el músculo
    y la carne."


    Gran parte de los entrevistados opinaron que el capital más
    importante de una agencia "se va todos los días a
    las cinco de la tarde por la escalera", según la precisa
    definición de Gasparini.


    Traje a medida.


    Las comunicaciones integradas son la niña mimada de las
    agencias en estos tiempos. El servicio basado exclusivamente en
    una campaña, prácticamente, ya ni se menciona. Los
    objetivos comerciales y de comunicación forman parte de
    un mismo paquete, que en algunos casos es "fatto in casa"
    y en otros, contratado a terceros.


    El marketing, el telemarketing, las encuestas, las operaciones
    de prensa, el mailing y otros servicios "integrados"
    se han ido profesionalizando cada vez más puertas adentro.


    Horacio Diez, titular de Ogilvy & Mather, afirma que la agencia
    de hoy no puede aislar a la publicidad de la comercialización,
    a ésta de la economía y a ésta del país,
    para concluir que su misión es pilotear una transición.
    "Cuando empieza el tren de la costa, llamaron a un concurso
    para la campaña -relata-. Nos presentamos y les dijimos
    que el problema era de asuntos públicos, de


    relaciones con la comunidad. Implementamos entonces un plan de
    acción muy completo, que generó dos reacciones:
    por un lado, Marcovecchio salió del concurso porque admitió
    que era un caso para Ogilvy, y otra agencia se retiró preguntando
    para qué llamaron a concurso si terminaron tomando a lobbistas.
    Esas son reacciones del pasado. No entender que hay cosas que
    la publicidad


    sola no puede hacerlas."


    Roberto Hernández, director general de cuentas de Ayer
    Vázquez, contó que en el último concurso
    por la cuenta de Telecom que se adjudicaron no se podían
    presentar piezas creativas sino un planteo estratégico
    de cómo se veían las comunicaciones actuales y cómo
    se veían en el futuro. Hubo que hacer un profundo análisis
    de mercado y allí quedó demostrado que la suma de
    capacidad de respuesta, tecnología y la posibilidad de
    generar una plataforma de información dan como resultado
    el talento estratégico que la agencia moderna está
    obligada a proporcionar.


    Ameal, de David Ratto BBDO, cuenta la anécdota de cómo,
    a partir de una exigencia de Pepsi, la agencia agregó a
    la división de comunicación especializada promociones
    serias, como las de las chapitas, donde se hicieron los cálculos
    probabilísticos, la mecánica y, por último,
    lo que se ve: el aviso o el afiche.


    Premios son amores.


    Las estatuillas o galardones que cosechan los publicitarios en
    los concursos internos e internacionales que proliferan "marcan
    el reconocimiento de los pares al hecho creativo", como dice
    Gasparini, aunque recuerda que, "con premio incluido, los
    clientes pueden irse ni bien perciben que las agencias trabajan
    más para su lucimiento que para el de los productos".


    De Oromí dice que "se supone que la creatividad está
    en función de un resultado comercial", y Capurro sentencia
    que, "más que premios, los clientes deben ganar dinero
    con lo que hacemos".


    Las computadoras, los scanners, efectos especiales y toda la artillería
    tecnológica se encimaron actualmente al tablero de dibujo,
    el lápiz y la máquina de escribir de la clásica
    creatividad romántica.


    "La tecnología sirve para estar al lado del cliente
    en la capacidad de reacción frente a la competencia, pero
    debe estar acompañada por la filosofía del servicio
    cotidiano", afirma Carlos Moreira, director de marketing
    y planificación de medios de Oscar Pintor y Asociados.


    Sin embargo, Capurro destaca que, a pesar de la tecnología,
    la herramienta número uno de los creativos es su cabeza.
    "Una agencia con tecnología de primera y creativos
    mediocres producirá resultados mediocres bien impresos."


    Mariana Bonadies y Josefina Giglio.


    Grafittis al paso.


    Roberto Hernández (Ayer Vázquez): "Nuestro
    símbolo es una boina verde. Esta agencia no está
    formada por ejércitos regulares, sino por grupos comando:
    lo importante es el objetivo".


    Roberto Ameal (Ratto): "Construimos marcas fuertes, valiosas
    y distintivas. Recorremos el camino de la creatividad a través
    de la comunicación integral".


    Antonio Barreiro (Casares Grey & Asociados): "La mejor
    agencia para cada uno de los clientes. Esto implica una enorme
    cintura".


    Marcelo Capurro: "Conocerle las cosquillas al cliente".


    Horacio Diez (Ogilvy): Profesionalismo, actualización y
    excitante aglomerado de comunicaciones".


    Giani Gasparini (Lautrec): "Talento creativo como materia
    prima".


    Carlos Moreira (Oscar Pintor): "El perfil creativo es nuestro
    gran valor agregado".


    Víctor Fantauzzo (Young & Rubicam): "Liderazgo
    creativo focalizado en el marketing".


    Carlos Nesci (López Rossi/Nesci): "Imágenes
    y marcas construidas entre lo racional y lo sensitivo".


    Federico de Oromí (Pragma): "Excelencia en todas las
    áreas".


    Héctor Mas (Lintas): "Pocos pero buenos para involucrarnos
    con el top management de los clientes".



    Mensajes siglo XXI.


    Para Roberto Hernández, de Ayer Vázquez, habrá
    cambios en el mercado, que "se atomizará. Los anunciantes
    chicos necesitarán agencias chicas; los grandes demandarán
    agencias como la nuestra: con todos los servicios".Roberto
    Ameal, de Ratto, coincide en marcar como tendencia que "las


    agencias más chicas estarán abocadas a la atención
    de clientes típicos y nichos muy específicos de
    mercado".


    Horacio Diez, de Ogilvy, prefiere definir como "consultora"
    a la agencia del 2000. "No podemos seguir con campañas
    hechas a control remoto desde la Capital Federal. Habrá
    que estudiar las regiones geográficas como integraciones
    ad hoc y dirigir mensajes cada vez más focalizados a pequeños


    nichos de mercado."


    Víctor Fantauzzo, de Young & Rubicam, ve en "las
    necesidades futuras del marketing el punto de partida para definir
    la agencia del año 2000".