Un auto modelo 1993 pintado con Colorín no cotizará jamás los US$ 319.000 en que acaba de venderse un lienzo realizado en 1927 por Emilio Pettoruti, pero seguramente recordará un hito histórico en la economía nacional contemporánea: la apasionante puja por la compra de su paquete accionario que protagonizaron el holding local Bunge y Born (propietario de Alba) y el norteamericano-venezolano Corimón International.
No era común en la Argentina de la inflación y las regulaciones que dos colosos se disputaran la adquisición de una empresa para mejorar su posición competitiva dentro del mercado, hasta que el nuevo conductor traído por B&B de la General Motors de España, Angel Perversi, les birló en primera instancia a los venezolanos la operación que venían negociando con el Banco de Santander, que representaba a Colorín. Ofertó US$ 15 millones.
Mientras paladeaba el triunfo alardeando ante la prensa de haber “actuado como un puma”, Perversi recibió un furibundo contragolpe de Corimón, que logró arrebatarle Colorín. Pagó US$ 11,5 millones.
Alba se quedó así sin la socia que la ayudaría a hegemonizar 60% del mercado y a pintar, con su poderosa prima brasileña Coral, la mayor parte de los autos del Mercosur.
Los pincelazos no terminaron ahí. Pratt & Lambert Paints entró en la plaza local de la mano de Química del Norte, en cuya línea se destaca la marca Petrilac. Duperial también se movió en el ámbito petroquímico capitalizando créditos por US$ 35,5 millones que tenía en Electroclor, que entregará en consecuencia su parte en el polo de Bahía Blanca y en Electrolisis.
Todo lo que tenga que ver con la construcción participó en mayor o menor medida en los pases.
Polledo le vendió a la British Gas la mitad de las acciones que tenía en la Central Dock Sud por US$ 24,75 millones y reforzó su balance con vistas a las obras futuras. Alesud Argentina, subsidiaria del grupo Alcoa, absorbió a la elaboradora de perfiles de aluminio Feroscar, ubicada en Ringuelet (La
Plata).
Y el gran alboroto en el sector lo produjo Duratex (perteneciente al poderoso holding brasileño Itaúsa) cuando compró en US$ 3,5 millones una cuarta parte del paquete accionario de la firma de sanitarios y grifería Piazza. Trae US$ 10 millones en las arcas para invertir en una planta de loza sanitaria que revolucionará tecnológicamente el renglón de los artefactos para baño, cuyo líder es Ferrum. Piazza factura US$ 20 millones al año y domina, junto con FV, la plaza local de grifería.
La otra gran novedad la constituyó el traspaso de 51% de las acciones de cristalerías Rigolleau, que obraban en poder de gente vinculada a Sava (dueña de Gancia y Martini), a Industrias Integrales del Vidrio de Enrique y Humberto Cattorini, que así incorporará la línea Pyrex de productos para el hogar.
LOS GIGANTES SE DESPEREZAN.
Las fusiones y adquisiciones de empresas se pusieron a la orden del día en la segunda mitad del año.
Una avalancha de informaciones de negocios ganó espacio en las páginas de los diarios, antes poco afectos a publicarlas.
Bunge y Born fue la estrella de la temporada. Aunque Alba se quedó sin novio en el altar, la atribulada Grafa revivió tras unirse con Alpargatas y cederle a Gatic una planta casi inactiva que tenía en La Rioja.
Canale resultó otra de las compañías que asomaron permanentemente en el candelero de las compraventas. Estuvo a punto de pasar a Nestlé cuando apareció Massuh (con sus problemas financieros a cuestas) junto con el Continental Bank, y se interpusieron con una carta de intención que luego quedó en la nada. La otra fábrica de galletitas de origen familiar, Terrabusi, asoma en el firmamento cada vez que la rama de los Montagna vende en la Bolsa fracciones de su paquete accionario que pacientemente acopia Infupa, por cuenta y orden de algún tercero.
Bagley apuró el aggionarmento de su marketing sin esperar lo que suceda con sus tradicionales competidoras, ya que por si la reactivación de Suchard desde Philip Morris no hubiera sido suficiente, o el pertrechamiento de Arcor con Aguila Saint no los hubiese preocupado, apareció la británica casa
de chocolates Catbury comprándole Stani a Arnoldo Stanislavsky.
Las expansiones también se dan hacia afuera. Baesa, la embotelladora de Pepsi Cola más importante fuera de Estados Unidos, se apresta a adquirir plantas envasadoras de gaseosas en Chile, Uruguay y Brasil. Recientemente compró Sierras del Mar, con sede en Mar del Plata, por US$ 45 millones. Para
bendecir el liderazgo regional que viene afianzando, transfirió 26% de sus acciones a Pepsi Cola International.
Las bebidas gozan de un margen de crecimiento envidiable en la plaza doméstica. Baesa va, pero la cervecera alemana Wartsteiner viene, traída por el Banco Extrader para fabricar su afamada marca Casa Isenbeck en una planta que erigirá en Zárate.
Otros que vienen, pero desde Brasil, son los líderes del negocio del pollo, Sadia (del grupo Fontana), para asociarse con la granja Tres Arroyos en Sadia Trading South para apuntarle al corazón a un mercado de US$ 1.000 millones anuales. La brasileña aporta 2,5 millones en la infraestructura de distribución.
LOS QUE SALEN DEL POZO.
Los petroleros, en cambio, se encuentran decididos a apretar el acelerador una vez privatizados los yacimientos de YPF y desregulada la comercialización de las naftas. El activo grupo Soldati pagó algo más de US$ 8 millones por las acciones que le faltaban de la trading Interpetrol, líder en exportaciones de crudo y derivados. Ahora extrae en Santa Cruz I, elabora subproductos en las
refinerías de San Lorenzo, en sociedad con Pasa, de Pérez Companc, y cuenta con una red de 265 estaciones de servicio bajo el nombre Puma.
La prensa especializada la da como posible socia de Pérez Companc en la comercialización de las naftas, luego del frustrado intento de compartir el negocio con Isaura y Astra. Ambas acaban de adjudicarse, junto con Duke Transener, el transporte eléctrico de las redes de 500 kw y parte de las
líneas de 220 kw que pertenecían a Agua y Energía e Hidronor.
YPF, en una operación que dejó boquiabiertos a los expertos del sector, compró la red de estaciones de servicio Agip Gas, de GNC, en cerca de US$ 80 millones.
Los Grüneisen tomaron resueltamente la iniciativa en Mendoza, al adquirirle a Occidental Exploration 20% de su paquete en US$ 24 millones, y le adelantaron 10 millones más por la opción de la totalidad, fijada en 95 millones. Astra explota, de este modo, el rico yacimiento La Ventana.
Asimismo se convirtió en la principal firma naviera del país desde el momento en que su subsidiaria Antares adquirió 50% de Transportes Marítimos Petroleros, que cuenta en su flota con los cuatro buques más importantes que tenía YPF.
Telecom y Telefónica no se dan respiro en la toma de posiciones. Terminaron de absorber la participación que les restaba en Startel y ahora son los propietarios de Radiollamada.
El regreso de General Motors al país se concretará finalmente de la mano de la ex Renault (Ciadea), que tendrá 20% de las acciones. El acuerdo incluye las plantas que ambas poseen en Brasil e incorporaría a la planta de motores Perkins.
Zanella ya no se conforma con las motos y, además de consagrarse como importador de electrodomésticos a través del convenio concretado con la italiana Ariston, abrió una moderna procesadora de pescado.
Y también rugen los motores japoneses en Santa Fe, donde Isuzu constituyó un joint venture con Cobel y Carmetal para fabricar vehículos de pasajeros de larga distancia, con una inversión de US$ 17 millones.
El salpicón de las noticias de negocios comprendió la traumática adjudicación de las obras de reparación y ampliación de los accesos a la Capital Federal mediante el sistema del peaje, que recayó en los consorcios Sideco (Macri), Roggio y Huarte. La constructora cordobesa, que operará asimismo
subterráneos y ferrocarriles, salió a comprar sucursales del Banco Tornquist para reforzar su ventanilla financiera: el Banco del Suquía.
Y el apellido Massuh resonó en varias de las bajadas de martillo que coronaron ventas. Se desprendió de su tenencia accionaria en la central generadora Pedro de Mendoza, que se había adjudicado cuando se privatizó, por US$ 2 millones, que pagó una sociedad inversora creada por Acindar (Invertrad), y firmó una carta de intención con el grupo Smurfit para transferirle 50,1% de la planta de
envases de cartón corrugado que posee en Quilmes (valuada en 16 millones), a la cual finalmente no se asoció Union Camp Corporation de Estados Unidos.
Pero quizás una de las operaciones que más repercutió en el periodismo fue la compra de 51% de La Prensa por parte de Amalia Fortabat. Según sus propias declaraciones, lo hizo con su firma en papeles sin aporte alguno de capital. De este modo, Loma Negra agrega el matutino a las radios El Mundo y Horizonte FM, que ya venía administrando.
A poco que cualquier observador se tome la molestia de contarlas, las informaciones vinculadas con negocios de empresas privadas que aparecieron en lo que va de la primavera son más de 30. Los diarios se disputan palmo a palmo cada primicia en materia de negocios. Las nuevas reglas de juego
de la economía relegaron devaluaciones, aumentos de salarios, índices de precios y regulaciones diversas. La microeconomía trascendió del rincón de las gacetillas para instalarse en las columnas de interés general.
