jueves, 14 de mayo de 2026

    Hacia una política energética global

    El mundo avanza hacia una globalización de
    las políticas energéticas. Resulta ya evidente que,
    a largo plazo, no podrá evitarse un cambio traumático
    en el clima del planeta si no se adoptan medidas comunes y urgentes
    en esta materia.


    La matriz de energía primaria mundial está
    dominada por los combustibles fósiles (80%), de los cuales
    el petróleo sigue siendo el dominante, con una participación
    relativa de 40%. Le sigue el carbón (23%) y el gas natural
    (17%). Es interesante destacar que 75% del total de energía
    es usado por las naciones industrializadas, cuyos habitantes constituyen
    apenas una cuarta parte de la población mundial.


    Las naciones industrializadas emiten 3.8 toneladas
    de dióxido de carbono (anhidrido carbónico) per
    cápita por año, mientras que el índice de
    los países subdesarrollados es de 0.36. La población
    mundial, de alrededor de 5.500 millones de habitantes, crecerá
    en los próximos 40 años a 8.000 millones. Para estabilizar
    las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera,
    a partir de los niveles actuales, habrá que reducirlas
    hasta el 2030 en alrededor de 0.35 toneladas de carbono per cápita
    por año.


    El desafío mayor corresponde a Estados Unidos,
    Europa y Japón. Ellos ya han adoptado medidas de política
    interna, con obvias consecuencias sobre el mercado mundial de
    la energía:


    * Sustitución intrafósiles (petróleo
    y carbón por gas natural).


    * Reducción del uso de combustibles fósiles
    (mayor eficiencia, impuestos que gravan los combustibles fósiles
    en función de la emisión de anhidrido carbónico
    por unidad de energía ofertada).


    * Sustitución de combustibles fósiles
    por otras fuentes de energía.


    Estas directrices condicionarán a mediano
    y largo plazo cualquier estrategia energética nacional.
    En el próximo milenio todo plan estratégico en el
    sector energético deberá partir de la globalización
    de las políticas sectoriales.



    Restricciones ambientalistas.



    El denominado "factor ambiental" está
    modelando una nueva industria petrolera. El tema demanda creciente
    interés gerencial y grandes inversiones. En los últimos
    dos años, los gobiernos de casi todos los países
    industrializados han regulado objetivos de estabilización
    o reducción de emisiones de carbono.


    El norteamericano confronta una serie de requerimientos
    impuestos por las regulaciones de medio ambiente federales, estatales
    y locales. La Fase II del Clean Air Act impondrá inversiones
    multimillonarias a muchas compañías. Este instrumento
    legal es el primer catalizador de inversiones en el sector refinador
    de Estados Unidos. Durante el resto de esta década, las
    empresas del rubro


    tendrán que realizar inversiones en dos frentes
    principales:


    * Limpieza total de todas las instalaciones existentes
    de refinación y distribución (incluye reducción
    de emisiones de las instalaciones, limpieza de efluentes y purificación
    del agua).


    * Producción de refinados de combustión
    limpia para significativos segmentos de los combustibles producidos
    para el transporte.


    * A partir de noviembre de este año, el uso
    de gasolina oxigenada es requerido durante el invierno en 41 ciudades
    que representan 30% de la demanda de Estados Unidos, para controlar
    las emisiones de monóxido de carbono de los vehículos.


    * A partir de octubre de 1993, el combustible diesel
    de bajo sulfuro será impuesto a 40% de la demanda de este
    destilado.


    * A partir de enero de 1998, en una primera fase,
    el consumo de gasolina reformulada será obligatorio en
    las ciudades más contaminadas. En otras 90 áreas
    urbanas, cuyo consumo representa la mitad de la demanda norteamericana,
    también se puede optar por requerir gasolina reformulada.


    * Una segunda fase impondrá mayores cambios
    en el consumo de gasolina para controlar las emisiones.


    Se requerirán inversiones muy significativas
    para cumplir con estas nuevas especificaciones de productos, particularmente
    en MTBE y en otras instalaciones de producción de oxigenados
    y de hidrotratamiento para eliminación de sulfuro.


    La Comunidad Europea ha establecido directivas que
    imponen el consumo de gasolina sin plomo en todos los automóviles
    nuevos a partir del 1º de enero de 1993. También ha
    aprobado un paquete gradual de estrictas limitaciones para el
    sulfuro en diesel, en gasoil y fuel oil residual, a aplicarse
    en los próximos cinco años. Regulaciones de contenido
    análogo se están imponiendo en Japón y van


    cobrando fuerza en las nuevas potencias industriales
    asiáticas.


    Todas estas medidas se corresponden con las directrices
    de la globalización de la política energética
    y van a determinar cambios en la estructura del mercado petrolero
    mundial y en las características del negocio. Antes de
    avanzar en ello, y para dilucidar si ésta es una macrotendencia
    transitoria, vale


    la pena recordar las características principales
    del problema ecológico asociado con la emisión de
    gases de combustibles fósiles.



    Atmósfera caldeada.



    La teoría del efecto invernadero (greenhouse)
    ha logrado establecer una relación de causalidad entre
    el aumento de la temperatura media del planeta (que en el último
    siglo se habría elevado entre 0.3° C y 0.5° C)
    y la emisión de gases producidos por el hombre. La causa
    de este paulatino calentamiento


    es la mayor concentración de gases en la atmósfera,
    que afectan su constitución, lo que a su vez aumenta la
    exposición de la tierra a la radiación solar. Las
    consecuencias del problema impactan el medio ambiente en dos aspectos:
    a) aumento del nivel medio de los mares, por la expansión
    térmica


    de los océanos y deshielo de glaciares (en
    el último siglo el nivel medio de las aguas aumentó
    entre 10 y 20 cm); b) cambio en las fronteras agropecuarias.


    Los gases comprometidos en este impacto ecológico
    son:


    * Dióxido de carbono o anhidrido carbónico


    * Cloroflorocarbonos (CFCs), entre los que se destaca
    el freón.


    * Metano.


    * Oxido nitroso.


    El Gráfico I destaca la significación
    relativa del anhidrido carbónico en las emisiones de gases
    asociadas al efecto invernadero durante la última década.
    Los científicos han establecido que aproximadamente 25%
    de las emisiones de anhidrido carbónico están relacionadas
    con el fenómeno de la deforestación. El restante
    75% proviene del uso de combustibles fósiles.


    Pero el mundo es todavía dependiente en casi
    80% de la energía primaria provista por combustibles fósiles.
    De ellos, el carbón es el más contaminante. Le sigue
    el petróleo y luego el gas natural. Por unidad de energía,
    la emisión de anhidrido carbónico de la combustión
    del carbón es de 1.8, del petróleo 1.5, y del gas
    1.


    Recientes investigaciones demuestran que, aunque
    se decidiera una estrategia para detener drásticamente
    las emisiones gasíferas, llevaría más de
    100 años reducir las actuales concentraciones en la atmófera.
    De allí los planteos para reducir en 60% las emisiones
    de anhidrido carbónico, en 15-20% las de metano, y casi
    totalmente las de carbonos florados y clorados. Si no hay una
    política


    global y convergente con estas exigencias algunas
    investigaciones pronostican:



    a) Aumento en la temperatura media del planeta entre
    0.2° C y 0.5° C por década en el próximo
    siglo.


    b) Aumento en el nivel promedio de los mares de 5
    cm por década.


    Hay pronósticos menos traumáticos,
    pero ya no se discute la condición de amenaza global que
    entraña el fenómeno. Quizá por primera vez
    en la historia petrolera, los niveles decisorios del poder mundial
    consideran seriamente la necesidad de sustituir combustibles fósiles
    por el impacto ecológico adverso de su consumo.



    Impacto en el mercado.



    En Carta Petrolera hemos hecho alusión a los
    ciclos del mercado petrolero. Hemos identificado ciclos político-institucionales
    (recurso estratégico – commodity) y ciclos económicos
    (alza de precios – baja de precios). El ciclo económico
    del negocio petrolero es el que condiciona las decisiones de


    inversión. Cuando el mercado recibe señales
    de escasez de oferta, los precios comienzan a subir, crece la
    renta y aumentan las inversiones. El ciclo de expansión
    de la industria compromete inversiones con una maduración
    de unos 10 años. El incremento de la oferta, para responder
    a los mayores niveles de demanda, aparece unos 10 años
    después de las primeras señales de escasez.


    Cuando crece la oferta, se deprimen los precios y
    cae la inversión. Esto ocupa otro período de 10
    años, hasta que reaparecen en el mercado las señales
    de escasez de oferta.


    En los últimos 100 años ha habido cinco
    ciclos de aproximadamente 20-22 años de duración.
    El último tuvo su pico en 1981. Los pronósticos
    proyectan un nuevo ciclo de expansión para comienzos de
    1993. Sin embargo, todavía no llegan al mercado señales
    de escasez de oferta y los precios tienden a estabilizarse con
    tendencia bajista. Algunos analistas lo atribuyen a la recesión
    económica internacional. Otros empiezan a interesarse en
    la repercusión de la concientización ecológica
    del poder mundial.


    Si se está globalizando la política
    energética para producir una sustitución intrafósiles
    y a partir de allí una paulatina sustitución de
    combustibles fósiles, es posible que la industria petrolera
    no reciba señales de escasez durante esta década.
    Tendrá entonces que asumir precios estables y no contará
    con beneficios extraordinarios para abordar planes de inversión.
    El sector será más dependiente que antes del financiamiento
    bancario y, por su obligación de encarar la inversión
    ambiental, contará con menos recursos para nuevas aventuras
    exploratorias. Crecerá la dependencia de las reservas de
    Medio


    Oriente, pero en un contexto donde el petróleo
    es más commodity que recurso estratégico.


    Por todo esto, Carta Petrolera ha subrayado, desafiando
    pronósticos convencionales, que la presente década
    será muy competitiva para la industria.





    El dilema de YPF.



    ¿Venta de acciones o de activos?.



    La disyuntiva no pasa por vender acciones de una
    YPF integrada y dominante del mercado local, o de una YPF escindida
    en tres o cuatro empresas. Nada asegura que con una alternativa
    se pueda obtener más precio que con la otra. La verdadera
    disyuntiva se planteaba entre la venta de activos y liquidación
    de YPF, por una parte, y la transformación y venta de acciones
    de la empresa en el


    mercado de capitales, por la otra.


    En enero, Carta Petrolera había analizado
    el tema analizando la disputa Estenssoro-Orsi. El entonces secretario
    de Estado argumentaba que la venta desmembrada de activos de YPF
    maximizaría el ingreso fiscal, en comparación con
    la vía propuesta por Estenssoro de redimensionar, transformar
    y


    vender acciones.


    El gobierno optó por la estrategia del presidente
    de la petrolera estatal. Con la sanción de la ley de privatización
    de YPF la cuestión quedó cerrada. Los protagonistas
    del mercado local tienen que asumir que deberán competir
    con una empresa que por su envergadura tendrá un rol dominante.


    También tenderá a imponer prácticas
    oligopólicas que le permitan maximizar su renta. Es un
    eror creer que la subdivisión de YPF en tres o cuatro subempresas
    soluciona el problema. Si el mercado local no está debidamente
    internacionalizado, cualquiera sea el tamaño de sus actores
    (siempre serán pocos), inevitablemente habrá tendencia
    a las prácticas colusivas en perjuicio del consumidor.


    Por otra parte, la internacionalización del
    mercado no sólo depende de la eliminación de restricciones
    regulatorias a la entrada y salida de actores, sino también
    de facilidades logísticas, de infraestructura portuaria
    y de usos y prácticas en el segmento de comercialización.
    Lo que preocupa a algunos petroleros es que la YPF dominante imponga
    prácticas oligopólicas inconsultas cuando las condiciones
    lo permitan. Preferirían, ante la falta de competencia,
    consensuar prácticas colusivas.


    Para ello, el tamaño relativo de las empresas
    del mercado local debería ser más equilibrado. Lo
    que debe preocupar al gobierno es la competencia del mercado petrolero
    local. Para ello debe asumir el nuevo papel de garante de competencia,
    comenzando por estar muy bien informado de lo que acontece en
    el mercado.


    En un mercado expuesto a la efectiva competencia
    externa, el tamaño de la nueva YPF no es un problema para
    los intereses del consumidor. Para la proyección de la
    industria petrolera argentina al mundo es una ventaja. Cuando
    el país cuente con una política energética,
    se advertirá la necesidad a mediano plazo de que los empresarios
    petroleros argentinos vayan tomando posiciones fuera del país
    (fundamentalmente en reservas). El Gráfico II muestra el
    tamaño relativo de YPF frente a sus competidores mundiales.
    En el mercado internacional son otros los actores dominantes,
    y para interactuar con ellos hace falta envergadura relativa.




    Reclamos tributarios.



    El sector petrolero vuelve a la carga con distorsiones
    tributarias que afectan a la industria. El menú de objeciones
    alcanza a los distintos tributos que gravan la actividad.


    Impuesto a las Ganancias. Aquí se objeta la
    limitación que impone la ley a la compensación de
    pérdidas de un ejercicio en los cinco ejercicios siguientes.
    La industria petrolera tiene fuertes quebrantos y gastos en los
    primeros años de gestión, para ir recuperándolos
    en un largo plazo que supera el quinquenio. Resulta pues recomendable
    que se extienda la posibilidad de compensación de


    los quebrantos a por lo menos 10 años.


    Impuesto al Valor Agregado. Se cuestiona que las
    Uniones Transitorias de Empresas sean sujetos pasivos del impuesto.
    En la industria petrolera, cuando la operación que genera
    la asociación es exitosa y se obtiene petróleo,
    el IVA de las compras se imputa contra el IVA de las ventas de
    las U.T.E, generándose un perjuicio financiero, debido
    al largo ciclo de recuperación de la inversión.


    Si la asociación no es exitosa, no se generarán
    en las U.T.E débitos fiscales para compensarlos, ya que
    al fracasar la operación no habrá ventas ni otras
    operaciones, porque la única razón de existir del
    ente es esa operación y ninguna otra. A su vez, el crédito
    fiscal de las U.T.E (saldo a su favor) no


    podrá transferirse a los socios porque éstos
    son sujetos pasivos distintos ante el impuesto y no existen normas
    que permitan la transferencia de saldos a favor entre contribuyentes
    (excepto que provengan de exportaciones).


    Se propone eliminar a las U.T.E como sujetos pasivos
    del gravamen, pasando a serlo por esas operaciones los socios
    que las componen, tal como sucede en el resto de los impuestos
    nacionales.


    De mantenerse a estos entes como sujetos pasivos
    del gravamen, se debe permitir la transferencia, en las proporciones
    correspondientes a su participación, de los saldos a favor
    de las U.T.E a sus socios.


    Impuesto a los Ingresos Brutos. Con respecto a este
    tributo, la industria comparte críticas generalizadas y
    formula algunas observaciones específicas. El hecho imponible
    discrimina la actividad de los operadores de contratos de servicio
    (que extraen el crudo o el gas para entregárselo a otra
    empresa) frente a los que operan su propia producción.
    Las actividades de servicio están


    generalmente alcanzadas por la alícuota general
    que oscila entre 2.5 y 3%. En cambio, la producción primaria
    de gas natural y petróleo crudo está gravada a una
    alícuota diferencial inferior a 1%.


    También se critica que algunas legislaciones
    provinciales contengan normas confusas que podrían alcanzar
    a las U.T.E como sujeto pasivo del impuesto, con consecuencias
    parecidas a las descritas para el IVA. Se propone la armonización
    de las legislaciones provinciales de Ingresos Brutos,


    rescatando las observaciones formuladas.


    Impuesto de Sellos. Como la actividad petrolera es
    de largo plazo, los contratos relacionados con ella, como los
    de exploración, concesión y servicio, abarcan largos
    períodos. Debido a que la obligación de pago se
    genera al emitirse el contrato, el costo del impuesto es muy elevado,
    si tiene que pagarse sobre la totalidad de los años que
    dura el contrato. A su vez, el pago al contado castiga


    todo proyecto en su faz inicial.


    La industria petrolera reclama que, hasta tanto se
    concrete la derogación de todas las leyes de impuesto de
    sellos (nacionales y provinciales), resulta necesario que las
    distintas jurisdicciones emitan normas que limiten la duración
    de los contratos a efectos del cálculo de la base imponible
    de


    este tributo. También se demanda de las jurisdicciones
    provinciales el dictado de normas que permitan pagar el impuesto
    en forma financiada, de acuerdo con el calendario de pago que
    se fije en el propio contrato para la operación que le
    da origen.