viernes, 29 de mayo de 2026

    ¿Se puede crecer en una sociedad insatisfecha?

    La competencia se introduce en sus caminos, en su sector, en su organización, en su trabajo; no hay nichos para instalarse por excesivo tiempo, no hay organización suficientemente grande que no pueda caer; no hay trabajo para toda la vida; su única ventaja sostenible es su capacidad para mejorar constantemente.” La sentencia, acuñada en la Escuela de Negocios de Wharton, describe claramente el entorno en que van a desenvolverse en el futuro las empresas y los negocios en todo el mundo.

    ¿Cómo responden las empresas argentinas a esta nueva realidad? Uno de los expertos más autorizados para trata esta cuestión es Carlos Daniel Tramutola. Consultor de empresas al frente de su propia firma, Strat; flamante miembro del directorio de la Sociedad Comercial del Plata; ex titular de Siderca; activo dirigente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), Tramutola desarrolló a fondo esa y otras cuestiones vinculadas con la actualidad empresaria argentina en una prolongada charla con MERCADO. Lo que sigue es una síntesis de esa conversación.

    “Frente al nuevo contexto nacional e internacional, las empresas están sometidas a varios frentes de presión: la presión de los avances tecnológicos rápidos, con lo que esto significa en cuanto a velocidad y flexibilidad para adaptarse rápidamente; la presión de demandas éticas por parte de los distintos sectores de la sociedad (clientes, proveedores, accionistas, personal, comunidad) y la presión de la globalización de la economía. Se globalizan la demanda y la competencia, y entonces la empresa tiene que globalizarse también, respondiendo con lo que se podría definir como tener una visión global y actuar localmente.”

    Para responder a ese frente de presiones -opina Tramutola- las empresas van a tener que repensar muchas cosas. “En primer lugar, las estrategias de negocios: en qué negocio están, cómo compiten, con qué fuerzas, cuáles son sus debilidades, con qué tecnologías. Esto es lo que en inglés se llama business re-engineering, algo así como replantear el negocio. Es decir que un tema es el replanteo de las estrategias, otro la adopción de las tecnologías más adecuadas, un tercer frente de ataque es el organizacional (hoy en día se tiende hacia organizaciones muy flexibles, muy comunicadas, de pocos niveles, capaces de responder muy rápidamente a nuevas situaciones y con mucho trabajo en equipo). Y lo último es la modificación de los procesos de decisión, que está ligada a la estructura organizativa que se adopte, o sea que incluye la logística y los sistemas.”

    UN INTENSO ENTRENAMIENTO.

    A partir de este esbozo general, cabe preguntarse cómo se vive este proceso desde la realidad argentina. Tramutola responde en forma terminante: “Yo veo a los empresarios argentinos muy bien preparados para enfrentar estos desafíos”. Y agrega: “A los empresarios argentinos que han sobrevivido en circunstancias tremendamente volátiles y por lo tanto han demostrado una notable flexibilidad para adaptarse a distintas situaciones y, además, han tenido la voluntad de permanecer en el ejercicio de su profesión, pese a las condiciones adversas en las que se desempeñaron”.

    Con respecto al pasado argentino, Tramutola distingue un conjunto de factores que caracterizaron a la vida económica y empresaria y que la diferencian del resto del mundo. En primer lugar, la volatilidad de los precios relativos, tasas de interés, tipo de cambio y también de las regulaciones, con una cantidad de leyes, decretos, reglamentaciones, resoluciones que cambian permanentemente.

    Al mismo tiempo, un régimen con un mínimo e ínfimo mercado de capitales, lo cual obligó a estructuras accionarias prácticamente cerradas, con el agregado de que había escasos recursos financieros en general.

    “Todas estas cosas llevaron a empresas cerradas, donde se premiaba la capacidad de sobrevivencia versus la estrategia, porque, ¿quién iba a plantear estrategias en un régimen muy volátil? Al mismo tiempo, con escasos recursos financieros, ¿quién iba a hablar de tecnología? Y además se vivía en un ambiente de fuerte regulación, especialmente en el área laboral, que incluye todo, el trabajador propiamente dicho, sus obras sociales y su régimen previsional.”

    Tramutola destaca que, en la medida en que la volatilidad se vaya eliminando, las regulaciones van disminuyendo, el mercado de capitales se desarrolla y los recursos financieros se tornan accesibles.

    “Entonces sí tiene sentido hablar de tecnología y de inversión; de estrategia y no de sobrevivencia; de la gente y no de los dirigentes. Hay un permanente requerimiento de empresarios que buscan un replanteo estratégico de sus empresas, así como crear alianzas, buscar socios, aliados y joint – ventures en el país o en el exterior.”

    Los cambios en el país y en el mundo llevan también a un nuevo discurso de las entidades empresarias. En palabras de Tramutola: “Avanzamos hacia un tipo de sociedad abierta, con un régimen político pluralista y democrático, con economía, política y cultura abiertas al mundo (porque no es sólo la economía la que se abre al mundo; un país se abre al mundo cuando entran y salen comunicaciones, cuando se abre culturalmente también). En esa sociedad abierta, el diálogo de las entidades empresarias no sólo debe ser con la autoridad elegida. El espectro se amplía y pasa rápidamente al diálogo con otros poderes que no son el Ejecutivo, y llega a la sociedad, a la gente.

    No olvidemos que hoy, en una sociedad abierta, la gente tiene sus mecanismos de influencia sobre las decisiones de los poderes republicanos. Entonces, la entidad empresaria tiene que actuar con la gente, con la sociedad y ése es un canal nuevo y generalmente más complicado, propio de la profesión del periodista, que sabe cómo comunicarse con la gente.”

    MAS RESPONSABILIDADES.

    A esta altura, es inevitable tocar el tema de la responsabilidad social de la empresa. Tramutola lo sintetiza: “Hay dos factores que determinan que esa responsabilidad social exista. Primero, el peso notable que en la sociedad han adquirido las empresas: estamos hablando de la sociedad del siglo XXI, en la cual las empresas son entidades sumamente importantes para la conformación de toda la estructura societaria y por lo tanto no pueden pensar pura y exclusivamente en términos del producto que venden. Están tan insertas en el ambiente que tienen la obligación de extender sus miras afuera del portón”.

    “El segundo punto es que, obviamente, con el tamaño de la empresa crecen las responsabilidades.

    Esto no significa que no haya empresas de pequeño tamaño que tienen una conciencia y una responsabilidad social excelentes y desarrollan labores espléndidas. Pero es cierto que cuanto más grande es la empresa los medios a su disposición son más amplios y también los perjuicios que puede causar son mayores. Por otra parte, si se quiere complementar esto con la teoría de la economía de mercado, lo que se puede decir con toda claridad es que una empresa que se desarrolle en una sociedad no satisfecha no tiene desarrollo propio; no tiene posibilidades de crecimiento sostenido si se desarrolla en una sociedad insatisfecha.”

    ¿Cómo evolucionan los códigos de ética en la Argentina? Para Tramutola, éste es un tema naciente; en otros países han cobrado mucha fuerza en la última década las demandas de comportamiento por parte de la sociedad. La sociedad, cuando reclama preservación del medio ambiente; los accionistas, cuando reclaman políticas claras; los clientes, cuando reclaman calidad y servicio; el personal, cuando requiere un trabajo digno y que le permitan desarrollar sus capacidades.

    “En ACDE se trabajó desde hace bastante tiempo en la concientización de estos temas; en 1967 se hizo una Propuesta Empresaria que contenía una cantidad de recomendaciones e ideas. Lo importante es que el empresario que quiera abordar el tema no sólo tenga su comportamiento ético delineado en normas, dentro de su cabeza, sino que lo haga explícito; que las normas estén escritas, para el público interno y externo.”

    Mirando hacia otros países, ¿cuál es el modelo ideal de empresariado para la Argentina del futuro?

    “A mí me parecen importantes las virtudes que tiene el sistema de funcionamiento de los países anglosajones, con amplísima libertad de movimiento en los mercados de capitales, de trabajo, de bienes”, señala Tramutola. “No obstante, en los últimos tiempos se ha desarrollado una pequeña desviación del sistema, que es la imposibilidad de pensar en el largo plazo; es decir, la expansión enorme del mercado de capitales ha llevado a una preponderancia de los resultados de corto plazo.

    Países como Estados Unidos pueden superarlo desarrollándose mejor en aquellos campos en los cuales pueden actuar como suma de pensamientos de corto plazo.”

    “Me parece que para la actual situación de la Argentina, donde hacen falta empresarios que se conviertan al pensamiento estratégico de largo plazo, preferiría que esto estuviera mechado con algunas de las virtudes del sistema japonés, que son básicamente una gran estabilidad del management, con estabilidad del accionariado y, en consecuencia, capacidad de desarrollar planes a largo plazo.”