lunes, 25 de mayo de 2026

    Carta desde la Casa Rosada

    CONDUCCION BICÉFALA.

    Cuando, en una conferencia de prensa, el ministro del Interior, José L. Manzano, fue consultado sobre la prometida reforma de la Constitución Nacional, no titubeó: miró a quien estaba a su lado en el estrado, Eduardo Bauzá, y le transfirió la respuesta.

    Curiosamente, Manzano concurre a las entrevistas sobre el diálogo político junto a Bauzá, y hasta ahora las impredecibles relaciones entre el Poder Ejecutivo y el Congreso cuentan a la dupla como brazo negociador de la Casa Rosada.

    Quizá nunca se dio en la historia del ministerio político una conducción bicéfala como la actual.

    Acaso, la presencia de Manzano en el primer piso de la Casa de Gobierno hubo de respetar tantas prevenciones que el presidente de la Nación volvió a reclamar de su máximo hombre de confianza -el secretario general de la presidencia- una “marcación” rigurosa.

    En realidad, algo similar se insinuó durante la gestión de Julio Mera Figueroa, oportunidad en que Bauzá -primer ministro del Interior de la administración Menem- retornó a la Casa de Gobierno después de su azaroso paso por el Ministerio de Salud y Acción Social.

    Todo indica, pues, que el particular “estilo Menem” relega el natural protagonismo político del ministro del Interior y propone la concentración de ese poder en el propio Poder Ejecutivo, en este caso asistido por el incondicional Bauzá, una actitud inconcebible en otras épocas con ministros de la talla de Alfredo R. Vítolo o Arturo Mor Roig.

    EL “GENIOL” QUE NO FUE.

    Bajo la mirada celosa del arquitecto Peña -cultor de la prosapia porteña- le están lavando la cara a la Casa de Gobierno, descartada la idea insinuada varias veces de trasladar la sede del Poder Ejecutivo al Banco Nación, quizás a la espera de que la remodelación de la zona portuaria habilite un nuevo edificio para cobijar la actividad oficial y dejarle definitivamente al viejo inmueble de Balcarce 50 la condición de albergue protocolar.

    Ahora le toca al despacho presidencial, inaugurado por Perón en 1946, cuando decidió habilitar como tal lo que fue salón comedor, desde las fastuosas épocas de Roque Sáenz Peña.

    Las reformas demandaron la sustitución de los añejos muebles que adornaron el ámbito donde se enhebró la historia política del país de los últimos 45 años.

    Así, al desaparecer la gran mesa de trabajo de aquellos años, se van con ella de este ámbito recuerdos tales como el momento en que el general Poggi, derrocador de Frondizi, apoyó allí el vaso de agua para apurar el “geniol” que no pudo sedarlo en la presidencia, ya que lo barrió el pronunciamiento de la Corte Suprema que instauró en el mismo lugar a José M. Guido.

    “¡Si estos muebles hablaran…!”, repetía un veterano funcionario al ver salir los enseres, cargados por jóvenes granaderos en ropa de fajina.

    Enrique Bugatti.

    CONFESIONES DE MUSEO.

    El presidente de la Nación quiso participar de la ceremonia en la que el ex primer mandatario Arturo Frondizi donó al museo de la Casa de Gobierno los atributos del mando para sumarlos a los allí exhibidos, que pertenecieron a quienes pasaron, desde Urquiza en adelante, por la máxima conducción política del país.

    Menem tuvo la gentileza de estimular el oído de Frondizi aludiendo a las bondades de la política desarrollista lanzada por éste a partir de 1958. Pero en las catacumbas del subsuelo de la Casa de Gobierno, donde funciona el museo, Menem se confesó públicamente ante el ya legendario Frondizi.

    “Le voy a decir algo que guardaba para una circunstancia como ésta” -lo interesó-: “En la elecciones de 1958 yo voté por usted…”

    Los memoriosos se apuraron a precisar luego que en aquella oportunidad el voto del afiliado peronista fue, por orden de Perón, a favor de Frondizi, como resultado de un pacto diligenciado por Rogelio Frigerio.

    Menem no aclaró si votó de la manera indicada por la verticalidad o por la propuesta electoral de Frondizi. Algo es cierto: está haciendo ahora mucho de lo que no le dejaron hacer a Frondizi, y de lo que ninguno de los dos adelantaron en sus respectivas campañas.