sábado, 20 de junio de 2026

    Radiografía de un sector dinámico

    Cerca de 5.100 establecimientos que emplean a 194.000 personas, son la infraestructura de la industria de la agroalimentación según el último censo del Registro Industrial de la Nación. La producción agrícola (cereales, oleaginosas, hortalizas y caña de azúcar) frutícola (manzanas, peras, naranjas, pomelos y uva) ganadera (avícola, vacuna, porcina y ovina) láctea (leche fluida, quesos y
    yogures), vitivinícola (vinos y champagnes), aceitera (aceites de girasol, maíz, soja, uva y oliva), molinera y de panificación (harinas, fideos, pastas varias y pan) y pesca, supera los 80 millones de toneladas anuales.
    Junto con la explotación de los recursos energéticos y actividades derivadas como la petroquímica (ver página 41), la alimentación es una de las más importantes industrias transformadoras de la Argentina, destinada no sólo a abastecer el mercado interno, sino que llega con sus productos a más de un centenar de países del extranjero. La agroalimentación exportó el año pasado por valor de US$ 4.200 millones. Los principales productos fueron los aceites vegetales, las carnes, los lácteos, los preparados de legumbres y hortalizas, y las frutas.

    Datos para un Perfil.
    Es imposible encerrar en números una actividad tan extensa y diversificada, pero puede señalarse que la producción anual de carne vacuna del país es de 2,5 millones de toneladas; la producción de aves es de 400.000 toneladas; la captura de pescado supera las 400.000 toneladas, mientras que se elaboran unas 280.000 toneladas de chacinados (carne de cerdo y vacuna). La producción de leche supera los 5.000 millones de litros. La yerba mate proporciona algo más de 200.000 toneladas anuales. La oferta abarca 1.000.000 de toneladas de manzanas, 200.000 toneladas de peras y 1.000.000 de toneladas de azúcar. La industria molinera produce 3,4 millones de toneladas de harina y 1,1 millón de toneladas de pellets.
    Los argentinos están muy orgullosos de la producción vitivinícola de Mendoza, la que es complementada por las de San Juan, Salta, La Rioja y Río Negro. Unas 2.000 bodegas elaboran 20 millones de hectolitros anuales. La cebada y el lúpulo dan origen a más de 6 millones de hectolitros anuales de cerveza.
    “La agroalimentación -sentenció el ex canciller japonés Okita- debe ser considerado como uno de los sectores capaces de ser el motor del crecimiento económico argentino”. Para los industriales nucleados en la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL), la razón de esa afirmación debe buscarse, en primer término, en un territorio extenso, de clima templado, capaz de producir materias primas de origen agropecuario de la mejor calidad a precios sumamente competitivos. En segundo lugar, el nivel de vida relativamente alto que por muchos años tuvo la población argentina, motivó que las pautas alimentarias fuesen compatibles con las internacionales, por lo cual el mercado interno se constituyó en una sólida base de desarrollo de la
    actividad.
    Pero, además, debe considerarse -afirma Copal- que, por distintas circunstancias políticas y económicas, esta actividad no gozó de protecciones ni privilegios comunes en otros rubros, lo que contribuyó a crear un espíritu genuinamente empresario por parte de los industriales que los componen. Basados en este espíritu, los empresarios de la alimentación no dudaron en efectuar las inversiones necesarias para mantenerse actualizados tecnológicamente y competir con eficiencia, tanto en el mercado interno como en el exterior.