ESTRATEGIA | Informe
Por Gustavo Baiman

Atanor fabrica y comercializa un amplio abanico de productos de una misma cadena de producción que incluye, entre otros, azúcar, alcohol, químicos, agroquímicos, petroquímicos y polímeros. En la división de agroquímicos, que representa 70% del total de la facturación de la compañía, sintetiza y produce herbicidas e insecticidas empleando tecnología de última generación. Tiene una planta en Río Tercero, Córdoba, y dos fábricas en Buenos Aires; una en San Nicolás y otra en Pilar.
Los principales herbicidas que produce son 2,4 D y 2,4 DB, que son productos selectivos para el control de malezas de hoja ancha en diversos cultivos de gramíneas como cereales de invierno, maíz, sorgo, caña de azúcar, praderas y verdeos. Atanor ocupa el segundo puesto en la producción mundial de estos productos. Más de la mitad de lo que fabrica se exporta a distintos países, destacándose por volumen EE.UU. y Brasil. Otros dos herbicidas importantes de la compañía son la atrazina, un producto de acción prolongada y amplio espectro que se usa para controlar malezas en cultivos de maíz, sorgo granífero y caña de azúcar; y el glifosato, un herbicida no selectivo para el control post-emergente de las malezas anuales, principalmente utilizado en los cultivos de soja.
“En la Argentina se sintetiza y se produce, para el caso de semillas, fertilizantes y fitosanitarios, todas las materias primas que el agro requiere. Este beneficio lo tienen solo otros dos países, Estados Unidos y China. Esto se traduce en una gran ventaja competitiva. Por otra parte, la inquietud del productor por incorporar nuevas tecnologías para producir más y mejor, a veces va mas rápido que las empresas proveedoras de insumos. No nos da tiempo a invertir, Atanor tiene sobrevendido todo lo que fabrica en la Argentina, en el resto del Mercosur y Estados Unidos. Cuando la Argentina vende el último poroto de soja, Brasil vende el primero, los costos nuestros son inmejorables. Tenemos la producción granaria en forma absolutamente sustentable. Se pueden importar algunas cosas, como productos farmacológicos, pero el núcleo duro de la producción está acá”, dice Miguel Ángel González, presidente de Atanor.
En la planta de San Nicolás, Atanor produce la gama de insecticidas más utilizados en los cultivos de mayor importancia: Clorpirifós, control de amplio espectro; Sistémico, combate cochinilla, trips, pulgón, isocas, mosca de la fruta en citrus, olivo, manzano, peral, duraznero, algodón, cereales y alfalfa; y Endosulan, tiene un amplio espectro de acción y a medida que aumenta la temperatura su acción se incrementa.
Fertilizantes
“Otro punto importante para el agro, además del uso de los productos fitosanitarios, son los fertilizantes, sobre los cuales cada vez hay mayor conciencia de la necesidad de su aplicación. El fertilizante es a la producción agrícola lo que el tratamiento de efluentes es a la producción química. Su utilización en el corto plazo no da réditos pero a largo plazo si no se usan no hay negocio posible. Por eso, desde el sector estamos peleando para que el Congreso sancione una ley de estímulo de fertilizantes. Por ahora logramos el IVA reducido, que fue una gran conquista, pero se necesita que desde el Estado se incentive más el uso de estos productos”, afirma González.
Atanor tuvo un gran crecimiento a comienzos de la década del 90 con la incorporación en los cultivos de la siembra directa. Si bien la compañía nació como productora de químicos, cuando comenzó a utilizarse la siembra directa, reorientó la mayor parte de sus operaciones parar proveer insumos a este tipo de cultivos, lo que aumentó la producción agropecuaria significativamente. Anteriormente, el rendimiento de la germinación de semillas en siembra convencional era de 75%; con la siembra directa alcanza a 99%, de cada 100 semillas sembradas, 99 germinan.
“La bisagra en la vida de esta empresa fue la siembra directa. En 1993 Atanor se deshizo de algunas operaciones y le apunto a este sistema. Ahora somos la única empresa del mundo que hace los tres herbicidas que necesita la siembra directa, de forma totalmente integrada y partiendo de materias primas renovables. Esta forma de cultivo resultó ser la gran innovación porque no se destruye el suelo, los nutrientes llegan con más facilidad y además permite juntar muchos más las hileras; en una misma hectárea se pueden sembrar muchas más semillas y, por otra parte, se pudieron incorporar tierras de climas áridos que eran netamente ganaderas”, dice González.
La principal característica del modelo de negocios de Atanor es su integración en toda la cadena de producción. Comienza elaborando productos primarios con bajo valor agregado hasta llegar a la fabricación de productos altamente tecnificados. El ciclo empieza con la producción de azúcar y sal –la compañía es dueña de la salina La Colorada Grande, de La Pampa, y de plantaciones de caña de azúcar en Tucumán–; parte de lo que se extrae se vende como producto final y la otra parte se integra como materia de otros productos. Con el azúcar se produce alcohol y luego ácido acético, que es el principal insumo para la fabricación de algunos agroquímicos. Por otra parte, con la sal se hace cloro y soda cáustica, que también es uno de las principales componentes de un grupo importante de herbicidas.
Transgénicos y patentes
Si bien Atanor realiza investigaciones sobre semillas modificadas genéticamente, lanza algunas advertencias sobre su uso. Para la compañía, debería haber mejores controles por parte del Estado antes de aprobar cualquier alteración genética y además subraya que no se deberían pagar patentes por el uso de esa tecnología.
“El tema de las semillas genéticamente modificadas hay que tomarlo con mucho cuidado; hay una rápida innovación y una rápida aprobación de eventos genéticos y la Secretaría de Agricultura no tiene el background como para enfrentar a empresas de gran magnitud y cuestionar algunos de sus experimentos. ¿Cómo sé que esto que hago con la manipulación genética no va a tener dentro de 10 ó 20 años una consecuencia indeseable?
Es indiscutible que este tipo de semillas le simplifica el trabajo al agricultor; antes tenía que usar 10 herbicidas distintos y ahora con esta tecnología puede usar solo tres. Baja mucho los costos. Está bien que haya desarrollo genético pero las habilitaciones tendrían que ser más prudentes. Por otra parte, en cuanto a la propiedad de ese producto, la ley argentina es muy clara cuando dice que no se puede patentar genes, porque es como patentar un ser vivo, y está muy bien, porque lo que está impidiendo en el fondo es que una empresa tenga la exclusividad de algo cuyas consecuencias a largo plazo no están bien definidas. Y menos aceptable es que el agricultor pague regalías por el uso de esa tecnología, porque es el que tiene la tierra y sin esa tierra no se puede plantar nada”, afirma González.
Circuito comercial
Atanor tiene tres líneas de comercialización. En el primer segmento están las empresas del mismo sector como Monsanto y Dow a quienes les vende materia prima para producir algunos tipos de agroquímicos. El segundo grupo está compuesto por 25 distribuidoras que venden en todo el país las marcas de la compañía por cuenta propia. El último segmento está formado por los dueños de campos y las grandes administradoras agrícolas.
Los productos se cobran de distintas maneras. Una de las tendencias de los últimos años es que los productores paguen con granos. De esta manera, se aseguran el precio de los insumos sin el riesgo de la variación de los valores de los granos. Otra modalidad es cobrar directamente de los exportadores a cuenta del productor, por ejemplo, Atanor termina cobrando de Cargill –exportador– por un herbicida que le vendió a un agricultor de La Pampa.
“En estos momentos estamos ampliando la planta de herbicidas, porque la demanda tanto local como del exterior supera ampliamente nuestra producción. El monto de la inversión es de US$ 35 millones que nos permitirá aumentar entre 10 y 15% la producción global en germicidas, poniendo el acento fundamentalmente en fenóxidos, en la siembra directa y en fabricar de manera totalmente integrada el glifosato. Por otra parte seguimos invirtiendo 5% de la facturación total en investigación y desarrollo, que es la principal estrategia para mantenernos competitivos y seguir creciendo”, concluye González.

