miércoles, 29 de abril de 2026

    Industrias, servicios y tecnologías buscan futuro

    ANÁLISIS | Escenario global (II)

    Cada año, la compañía compila perspectivas para el futuro. Tras resumir el pasado inmediato, llega a conclusiones no siempre positivas. Formuladas en enero a junio de 2010, no sorprende que las proyecciones partan de un escenario 2009 depresivo.
    Por ejemplo, la industria química estadounidense (factura US$ 2 billones anuales) trata aún de superar el peor año de que se tenga memoria. En el plano financiero, más de 120 bancos de todo tamaño cayeron en 2008/9 e hicieron falta US$ 1,5 billones en rescates para evitar un colapso generalizado. En tecnología, Microsoft sufrió en 2009 su primera baja de ingresos y las ventas de Intel (semiconductores) cedieron 11%.

    Advertencia
    Además de las sombras proyectadas por una crisis sistémica sólo en parte superada, las perspectivas sectoriales de Booz & Co contienen una severa advertencia. En efecto, un puñado de cambios estructurales subyacentes (demografía, consumo, sustentabilidad) tiene efectos dislocantes superiores a los de la licuación financiera de 2006/9. Peor todavía, pues, si bien las empresas reconocen que deben transformarse para sobrevivir y tener éxito, se hallan comúnmente mal equipadas para hacerlo. A muchas las faltan capacidades indispensables o estructuras adecuadas para responder a los cambios sobre la marcha.
    A la sazón, crudos y gas natural son más susceptibles que la banca minorista a problemas de costos y tarifas. Los productos complejos se exponen a reconversiones más profundas que los servicios reales. A continuación, la consultoría echa una rápida mirada a químicos, banca minorista, tecnología, bienes de consumo y productos complejos.

    El dilema de las industrias químicas
    La conversión de productos complejos en meros insumos industriales afectará durante años al sector químico. Sin embargo, la actividad vive una mezcla de negación y excesivo optimismo que la paraliza. Como resultado, estrategias y modelos operativos demoran en evolucionar. La caída de la demanda parece haberse amortiguado, no sin antes haber causado bastante daño. El promedio de ventas comienza a subir, aunque sólo partiendo de niveles severamente deprimidos; en ciertos casos, hasta 40% inferiores a los normales. Casi todo el crecimiento nuevo proviene de Asia oriental y sudoriental, donde los exportadores petroleros de Levante gozan de ventajas competitivas.
    Dicho simplemente, hay demasiada capacidad y márgenes poco viables, a medida como a nueva oferta de compañías con menores costos –en medio mundo– les disputan mercados al resto. Por su parte, quienes producen químicos especializados continúan vendiendo soluciones caras en nichos selectos. Pero estos segmentos no forman aún un mercado único ni son manufacturas de escala.
    En verdad, algunas tempranas tendencias en fusiones y adquisiciones apuntan a desplazamientos de poder en la industria química mundial. Por ejemplo, tras haber tomado Nova Chemicals, la estatal IPIC (Abú Dhabi) negocia con Bayer Material Science. Mientras tanto, la india Reliance Industries estaba a punto de tomar los activos en quiebra de LyondellBasell Industries.

    La perspectiva de la banca minorista
    En el futuro el sector afrontará el debilitamiento de la demanda en occidente. El nivel de ahorro personal o familiar seguirá sostenido –salvo en Estados Unidos–, pero los ingresos se contraerán. Los bienes raíces vacilarán, mientras nuevas, severas normas y restricciones operativas afectarán las utilidades. En ese contexto, el foco se desplazará de conseguir más clientes a hacer más negocios con los actuales.
    Éstos abarcan grupos prósperos y jubilados de alto nivel. Ambas categorías probablemente tengan hoy menos ingresos o activos reales que hace cuatro años. Igual, serán superiores que los del resto. En el caso de Estados Unidos, entretanto, los nacidos desde 1946 deberán ahorrar mejor e invertir con inteligencia. Por ende, los bancos han de ofrecer paquetes múltiples, transparentes y de bajo costo relativo.
    Por otra parte –señala el informe de Booz & Co.–, surge la generación Y, o sea los aportantes en edad laboral. Hacia 2025, constituirán 60 a 70% de la población activa. Sin duda, aproximarse a ellos será excelente negocio para los bancos minoristas. Para aprovecharlo, deberán integrarse mejor canales y propuestas. En particular Internet, claves para la g-Y.
     
    El creciente poder de los emergentes
    Mientras tanto, el management volvía la atención a lo básico, en particular recorte de costos y reestructuraciones en varios frentes. Por ende, se desarrolló un obsesivo sentido de las prioridades. Pero, viéndolo bien, son remedios de corto plazo que, en EE.UU. y Gran Bretaña, sólo exacerbaron los problemas industriales en un marco internacionalizado. Competidores de países emergentes –que no aplican recetas convencionales– continuaron trabajando en contextos de crecimiento real. Por tanto, pudieron desarrollar todo tipo de bienes complejos, capacidades críticas, cadenas de abastecimiento baratas y servicios financieros orientados a la producción, no a especulaciones.
    En verdad, los cambios globales en productividad son asombrosos. El Fondo Monetario Internacional señala que el producto bruto mundial se contrajo 1,1% en 2009. Pero las economías maduras (Estados Unidos, Eurozona, Japón) retrocedieron 3,4% en promedio. Mientras, las emergentes más dinámicas avanzaban 5% y China alcanzaba 7,5%. En 2010, el PBM podría llegar a 3,1%, con China rozando 8,4% e India 6,4%.
    Hasta la crisis, en general compañías y bancos de Estados Unidos no debían rivalizar en expansión con el resto del planeta. Ahora, el escenario es inverso: muchos competidores recién venidos disputan porciones de sus mercados locales (cuando no son cautivos) y, al mismo tiempo, se abren camino en occidente.
    Por ejemplo, los nuevos gigantes industriales beneficiarios de la tercerización –“exportada” desde el Atlántico norte– han estado años desarrollando ingeniería, tecnologías y servicios. Hoy rivalizan con occidente. Así, tres de las cinco mayores automotrices del mundo están en Japón (Toyota), China (Chery) y Surcorea (Hyundai). Otra firma china, Zhejiang Geely, acaba de comprar la sueca Volvo, y Tata Motores (India) exporta ya el súper económico coche Lak o Nano a Sudamérica y planea hacerlo a Estados Unidos para 2012.
    El creciente poder de los países emergentes y sus mercados también redefinen el sector tecnológico. Vale decir, computadoras de todo tipo, electrónica de uso final, celulares, microprocesadores, software, redes, etc. Aun en tiempos de lenta expansión en las economías maduras, Booz & Co. espera que mucha iniciativa se mueva al sur (Brasil, México, Sudáfrica) o el este (China, India, Indonesia, Surcorea).
    Mientras tanto y pese a vacilaciones de Estados Unidos, la tercerización proseguirá alcanzando ya no sólo a India o China, sino Vietnam, México, Brasil y otros puntos. El mismo proceso determina que varios mercados en desarrollo se tornen técnicamente más complejos.

    Vía Latinoamérica, Brasil adquiere más peso mundial

    Nadie sabe por qué Gran Bretaña, vía su colonia malvinera, pide a Brasil cooperar con su exploración petrolera en el Atlántico sudoccidental. Londres sabe que Itamaratí apoya a la Argentina en la zona mientras Petrobras se proyecta al golfo de México.  
    En verdad, el virtual colapso operativo de British Petroleum en el litoral estadounidense favorece los planes brasileños en la región. Éstos incluyen actividades en la cuenca norte de Cuba –entre la isla, Florida y Bahamas–, junto con la firma estatal noruega Hydro. Tan complicado ajedrez tiene un estímulo sistémico: en el primer semestre, el gigante creció más de lo supuesto y registra 9% de aumento anual en el producto bruto interno. Vale decir, durante los 12 meses entre julio de 2009 y junio último. Nunca había ocurrido. 
    El ritmo del PBI brasileño, pues, sólo queda todavía superado por China, que pasó el 10% anual en 2006, 2007 y 2008. Como ocurre con otras economías emergentes –India, Rusia, la Argentina–, las claves del auge brasileño residen en la demanda interna, que estimula la producción industrial y la inversión externa directa. 
    Internacionalmente, Brasil mejora su posición en el cuarteto emergente líder, que completan China, Rusia e India. Este conjunto más algunos otros integrantes del grupo de los 20 son quienes están impulsando –pese a los problemas europeos– a la economía occidental fuera de la crisis sistémica iniciada con el colapso hipotecario estadounidense de 2006/7. Resulta irónico que ese mismo G-20 no pueda debatir una “tasa Tobin” sobre el negocio financiero multinacional, justamente porque un “lobby” opera sobre varios bancos centrales. 
    Pero falta un detalle: varios países han tirado por la borda las viejas recetas del Fondo Monetario Internacional, que resultaron contraproducentes en la crisis sistémica de 1997/8. Hoy el propio FMI abandona –con parsimonia– la cartilla ortodoxa, forzado por otra crisis, la del endeudamiento en la Unión Europea. En cierto sentido, el problema real es el colapso del pacto de Maastricht (1992) y la suerte del euro.