Capítulo II | Actividad económica

Los grados de libertad de la economía argentina se han reducido al máximo y, a pesar que durante 2010 veremos una recuperación, la Argentina de hoy es la más vulnerable de los últimos ocho años.
Cuentas nacionales
Con recuperación, ¿sin crecimiento?
La Argentina cerró en 2009 un ciclo de seis años ininterrumpidos de registros alcistas, el más extenso desde 1964 y el más estable desde 1918. La crisis internacional dio el golpe de gracia a una economía que venía tambaleando luego del conflicto con el sector agropecuario.
De este modo, en el cuarto trimestre de 2008 se registró la primera variación interanual negativa (–2,9%) luego de casi seis años. Si bien la actividad se recuperó en el tercer trimestre de 2009 de la mano del rebote de la economía brasileña, cerrará el año con una contracción de 4,4%.
Durante el último año, una gran cantidad de factores influyeron para que la caída del producto sea peor a la esperada en octubre pasado. Algunos impredecibles e inevitables, como el clima; otros auto inflingidos, como la estatización de las AFJP y la anticipación electoral.
El primero de estos factores operó reduciendo drásticamente la producción de un sector esencial para el país. Aunque no se le puede achacar a la administración la falta de lluvias, sí es criticable la inexistencia de medidas que amortiguasen el mal momento del sector.
Por su parte, la estatización de las AFJP en octubre de 2008 provocó una fuga de capitales que se extendió durante todo el primer semestre de 2009, fenómeno que se profundizaría luego con el adelantamiento electoral. Ambos elementos operaron en detrimento de la demanda agregada, retrasando inversiones en capital fijo y de trabajo y posponiendo decisiones de consumo, produciendo efectos de segunda vuelta sobre el nivel de actividad. A posteriori, el inesperado resultado electoral derivaría en un giro rotundo en el horizonte político del oficialismo llevándolo a tomar una postura más radical, poniendo en riesgo la gobernabilidad y generando incertidumbre.
Es por ello que no sorprende que la Argentina haya sido el país latinoamericano, exceptuando México, que más sufrió el impacto de la crisis internacional.
Uruguay. Pequeña y flexible, rebotó rápidamente y ya superó los niveles precrisis.
Brasil. A pesar de su tamaño levantó cabeza luego de un semestre recesivo gracias a los grados de libertad de su política económica.
Colombia. Venía mostrando tasas de crecimiento magras, por lo que el impacto de la crisis fue corto y poco intenso.
Chile. La recesión comienza antes, de la mano de la caída del precio del cobre. Fue la más larga junto con México, aunque se debe tener en cuenta que el alto crecimiento precrisis implica una base de comparación alta.
México. Fue naturalmente el país más afectado por la crisis internacional.
Análisis de la demanda
Los tractores del crecimiento durante 2009 cambiaron radicalmente respecto a lo observado durante los últimos años. El consumo privado y la inversión supieron tener un rol relevante, explicando durante 2005, 2006 y 2007 más de 8,5 puntos porcentuales (pp.) del crecimiento. Dicha realidad comienza a modificarse en 2008 (+4,2 pp.) y se revierte de manera contundente en 2009 por las causas ya explicadas (restando del crecimiento 6,8 pp.).
Parte de los US$ 13.500 millones que según la balanza de pagos salieron del sistema durante el cuarto trimestre de 2008 y el primer semestre de 2009 eran stocks que, directamente o flujos que de manera directa o a través del crédito, estaban llegando a la demanda privada (consumo+inversión). Puntualmente, la inversión se contrajo 13,5% durante el último año y el consumo lo habría hecho en 7%.
El rol del consumo público, al contrario de lo que se espera en épocas de crisis, se mantuvo en similares niveles agregando entre 0,7 pp y 0,9 pp de crecimiento. La sobre-estimulación del consumo vía gasto público en la etapa previa le quitó grados de libertad al Gobierno a la hora de aplicar políticas fiscales contra-cíclicas al comienzo de la crisis.
La demanda agregada (consumo público, privado e inversión) se contrajo 5,9% en 2009, caída superior a 4,4% de la actividad económica. Como suele suceder en estos casos, el sector externo sirvió de válvula de escape trasladando parte del impacto a los socios comerciales. De este modo, de restar 1,5 pp de crecimiento al PIB durante 2008, agregó en el último año 1,8 pp. Esta es la consecuencia de la peor performance local respecto al promedio global.
Análisis de la oferta
En 2009 continuó la misma tendencia observada desde 2006 en adelante, donde el consumo recalentado había beneficiado a los sectores de servicios (no transables) en detrimento de los productores de bienes (en su mayoría transables). De este modo, la producción de bienes, que en 2006 explicaba 31,9% del PIB, hoy solo representa 28,7%. Por su parte, los servicios pasaron en el mismo período de 68,1% a 71,3%. Estos sectores registraron variaciones interanuales en torno a –9% y 0,4%, respectivamente.
Puntualmente, los ganadores de 2009 fueron las actividades asociadas al sector inmobiliario y el sector financiero, con crecimientos anuales de 4,5% y 0,6% anual. El primero de ellos impulsado por una todavía escasa oferta de inversiones para los saldos monetarios ociosos, mientras que el segundo por un nuevo crecimiento de los créditos al consumo (+32% anual). Ambos representan 20,7% PIB, 1,8 pp más que en 2007.
En la vereda de enfrente no sorprende encontrar nuevamente a la agricultura y ganadería, cuyos volúmenes producidos registraron una caída que estimamos en 23% anual, configurando un factor negativo para la dinámica de la economía. La industria y la construcción mostraron sendas contracciones de 5,7% y 2,7% anual, respectivamente.
Conclusiones y perspectivas
Los guarismos de 2009 mostraron un deterioro mayor al esperado hace un año (la caída en la actividad estimada en el último anuario era de 1,5%), consecuencia de la importante sequía y nuevos e inesperados fenómenos políticos.
Es preocupante la importancia relativa que durante los últimos tres años tomó el sector servicios por sobre la producción de bienes. Esto se explica por una coyuntura que se ha vuelto gradualmente más hostil para la producción, consecuencia de una inflación que ya lleva cinco años con guarismos de dos dígitos, la ausencia de crédito y la cada vez mayor imprevisibilidad respecto al marco en el cual se desarrollan las inversiones.
La recuperación de la producción agropecuaria, consecuencia de las mejores perspectivas climáticas, y el arrastre estadístico que dejará la recuperación industrial en función del rebote durante los últimos dos meses de 2009, aseguran una tasa de crecimiento mínima de 2%. El resto de las actividades mostrará un rebote generalizado que sumará algunos puntos, por lo que proyectamos un crecimiento en torno a 4%.
En este sentido, no esperamos que durante el próximo año se recupere el nivel de producción observado en 2008, consecuencia de un mercado laboral que no mostrará una recuperación intensa y una demanda privada (consumo e inversión) que desde el comienzo del segundo mandato oficialista se ha vuelto más cautelosa, consecuencia de los constantes imprevistos políticos y económicos.



Industria
Recuperación de la mano de bloques concentrados
2009 cerró con una caída de 5,8%, por encima de la esperada en el informe del último año. Esta caída se dio en un contexto de cada vez mayor concentración dentro del bloque industrial, en una coyuntura macroeconómica que no beneficia el crecimiento y desarrollo de las Pyme.
En línea con lo descrito en la sección cuentas nacionales, la industria fue una de las damnificadas del último año, donde la producción de servicios desplazó definitivamente de la escena a la oferta de bienes.
El crecimiento industrial de 2006 en adelante estuvo explicado en 92% por tres segmentos, automotriz (43,5%), alimentos y bebidas (31,5%) y químicos (16,9%). El hecho que estos tres segmentos representen 44,1% de la matriz productiva de la industria deja claro que la evolución de los últimos años ha sido, al menos, desequilibrada. Estos bloques comparten algunas características que fueron la base de su excelente performance: (a) gran tamaño, (b) capacidad de crédito, (c) vinculación directa o indirecta con el mercado de exportación.
La crisis internacional impactó de lleno en la demanda de estos sectores, contrayendo su producción o disminuyendo el ritmo de crecimiento. Esto último, a la par de la caída del resto de la industria, degeneró inevitablemente en una fuerte contracción de la actividad.
En este sentido, el impacto inicial de la crisis fue notable. Las exportaciones argentinas de manufacturas industriales registraron una retracción durante el primer trimestre de 2009 de 22,7%. En particular el sector automotriz, responsable de 40% del crecimiento en el trienio 2006-2008, sufrió el freno inicial de la economía brasileña. Esto implicó una caída de sus exportaciones de 43,7% entre noviembre de 2008 y febrero de 2009, dato relevante teniendo en cuenta que 60% de la producción local de automotores se exporta.
La mejora posterior de las expectativas respecto a la resolución de la crisis y la desaparición de las dudas respecto a la solvencia del sistema bancario global, permitió que se recupere nuevamente el flujo mundial de comercio. Las exportaciones industriales argentinas, luego de estar 40% por debajo de los máximos alcanzados durante 2009, mostraron una importante recuperación, y cerraron el año a solo 15% de los guarismos alcanzados en el mejor momento de 2008 y con una caída de solo 11% anual.
Esto le dio oxígeno a la industria, principalmente a los sectores antes mencionados. El sector automotriz motorizó una recuperación significativa sobre el final del año, sustentada en el rebote de la economía brasileña, que permitió un crecimiento de sus exportaciones de 50% en el último trimestre del año (cayeron apenas 8% anual en 2009).
Solo tres sectores mostraron variaciones anuales positivas durante 2009. Productos de caucho y plástico (+5,3% anual) fueron impulsados por la producción de las manufacturas plásticas (+7% anual).Este último subsector se benefició de la depreciación cambiaria, la reducción de los flujos de comercio (las importaciones de sustitutos cayeron 60% anual) y provee, además, a los otros dos conglomerados que registraron guarismos positivos durante el último año: la industria química (puntualmente el segmento farmacéutico y de limpieza) y al sector productor de alimentos y bebidas.
La industria química (+2,8% anual), por su parte, realizó gran parte del ajuste durante el segundo semestre de 2008, período en el que los volúmenes producidos cayeron 13% anual. Luego de un primer semestre pálido, se preparan a la espera del rebote del consumo interno, que revitalizará la demanda de productos de limpieza e insumos plásticos para la producción de envases; y también de la mejora del sector primario.
Finalmente la producción de alimentos y bebidas (+1,8% anual), bloque que atiende una demanda inelástica y que, paralelamente, tuvo que hacer frente a una caída de sus exportaciones de solo 9% anual, tuvo una contracción menor a la del total de las manufacturas (–11% anual) y de las exportaciones en general (–21% anual).
Por su parte, los sectores más atomizados, habiendo rebotado la economía, se han sumergido nuevamente en el mismo contexto previo a la crisis internacional. Un contexto que los perjudicó notablemente y que se espera no cambie en el mediano plazo.
El tramo Pyme entró en recesión ya en 2008 de la mano de una inflación creciente y la escasez del crédito que le restó rentabilidad y eliminó la posibilidad de realizar inversiones de magnitud que le permitan un incremento en la productividad.
Perspectivas 2010
La industria durante 2010 seguirá mostrando las mismas heterogeneidades productivas que se profundizaron en 2009. Se podrán distinguir tres tipos de performances.
• Sectores concentrados (53% de la industria). Estimamos para este bloque un crecimiento de 5,4%, sustentado en el rebote exportador y en la recuperación del consumo en el mercado interno.
• Sectores atomizados (26,1% de la industria). Crecerán en torno a 6%, producto de la recomposición de stocks en el marco de una mejora del consumo interno. Este crecimiento no compensará la caída de 2009 teniendo en cuenta que, a pesar de esta recuperación, la realidad del tramo Pyme seguirá en franco deterioro.
• El resto de los sectores, básicamente metálicas básicas y refinación de petróleo, dependerá de elementos exógenos (precios internacionales) y/o discrecionales (política de precios interna). Independientemente de ello, la recuperación del precio internacional de los metales implicará una mayor extracción y procesamiento de estos materiales. Paralelamente, los aumentos graduales de combustibles en el mercado de consumo privado, que desde enero de 2007 acumulan 150%, implica una disminución en el ritmo de crecimiento del consumo (que de aumentar a 20% anual en 2007, cierra 2009 con tasas en torno a 5%) que inevitablemente impactará en la refinación de petróleo.
De este modo, la industria observará un crecimiento que podría llegar a 6% anual. La evolución heterogénea del sector fabril tendrá su correlación en el empleo, el cual no registrará una mejora importante, teniendo en cuenta que son los sectores más atomizados los que generan cambios relevantes en las variables laborales. En este sentido, incluso desde el INDEC, se reconoce este último fenómeno en la encuesta cualitativa del EMI cuando afirma que 93,6% de las firmas encuestadas no espera cambios en la dotación de personal para el año 2010.


Construcción
Fuga de capitales, blanqueo y devaluación fueron motores
La actividad terminó 2008 con una contracción de 1,9%. A pesar de la caída, fue uno de los sectores que se mostró más sólido, sustentado por la falta de oportunidades de inversión y el año electoral. Mientras el primero empujó la construcción de viviendas (+1,5% anual), el segundo implicó mayores erogaciones destinadas a obra pública (+3% anual).
El comportamiento del Indicador Sintético de la Construcción a lo largo del año siguió la misma lógica que el resto de la economía. Luego de un cierre negro en 2008, consecuencia de fuertes shocks internos (conflicto agropecuario y estatización de las AFJP) y externos (crisis internacional) que afectaron las perspectivas sobre la economía, se observó un primer semestre anémico donde prácticamente no hubo crecimiento. Mucho tuvo que ver en esta dinámica el adelantamiento electoral, que operó postergando decisiones de inversión a la espera de un escenario más claro. Entre julio de 2008 (máximo de la serie sin estacionalidad) y junio 2009 (piso post-crisis), el bloque mostró una contracción de 8,2%.
Con el resultado de las elecciones conocido y el freno en la fuga de capitales, consecuencia de un panorama local y externo más claro, mejoraron los indicadores. Entre junio y diciembre de 2009, la serie sin estacionalidad avanzó 2,5%.
Entre sus componentes, el comportamiento fue dispar. Mientras que aquellos segmentos asociados a la inversión privada (infraestructura y otros destinos) fueron los que tuvieron un freno abrupto y una posterior e intensa recuperación, la inversión pública (obras viales) mostró una dinámica más estable.
Comentarios aparte merecen los siguientes segmentos de la actividad:
• Construcciones petroleras (–34% anual). A una coyuntura interna que ya ofrecía de antemano pocos incentivos a la inversión, se agregó la fuerte caída de los precios del crudo (el barril tocó los US$ 39 en febrero de 2009). Aunque los productores locales no perciben ingresos por encima de US$ 42 por barril, un marco global adverso para el mercado petrolero fue la excusa perfecta para que los actores locales contrajeran inversiones y generaran más caja.
• Construcción de viviendas (+1,5% anual). Nuevamente, el contexto de crisis jugó a favor de los ladrillos. La escasez de opciones de inversión, la fuga de capitales del sistema, la consecuente depreciación cambiaria, el blanqueo impulsado por el Gobierno y la poca oferta edilicia para ciertos tramos de demanda, generó un incremento en la actividad dentro de este segmento y una posterior mejora del ratio Q1. Los costos en pesos fueron lentos en su marcha a la par de la pobre performance del sector en el primer semestre, al tiempo que las propiedades mantuvieron sus precios en dólares al haberse producido una caída simultánea de la oferta y la demanda.
Las perspectivas para el presente año son moderadamente buenas. Junto a un sector inmobiliario que seguirá mostrando cierta dinámica (+3% anual aproximadamente) apuntando a las necesidades de una clase media con ahorros bajo el colchón, se observará una recuperación de los segmentos asociados a la inversión privada (entre 3% y 4% anual).
Creemos que la inversión pública mantendrá el ritmo de crecimiento del último trimestre de 2009 (+2,5% anual). Si bien es impredecible la evolución de las construcciones petroleras, la dinámica de los cuatro sectores mencionados (que explican 95% de la actividad) hace pensar en una tasa de crecimiento alrededor de 3,5%.
1- Relación entre el valor de reposición de un inmueble y su valor de venta.

Servicios públicos
Subidos al tren de los celulares
El sector mostró una nueva expansión en 2009. Esta vez fue 8,1% y, aunque implicó una desaceleración respecto al año anterior, no está nada mal para un año de crisis. Nuevamente fue la telefonía la que explicó este crecimiento, siendo el único segmento de entre los cinco que componen el índice que observó guarismos positivos.
El crecimiento registrado por la telefonía (+22,2% anual) más que compensó la caída del resto de los segmentos. Este bloque tuvo como protagonista a la telefonía celular, que por séptimo año consecutivo tuvo una performance superlativa. La cantidad de celulares activos alcanzó a 50 millones (+8,4% anual), las llamadas realizadas desde celulares se incrementaron 30% y los mensajes de texto enviados, 28%. Si excluimos la evolución de los celulares del segmento telefonía, observamos que el crecimiento no fue para nada despreciable (+12,6%). Este último se apoyó en el crecimiento de las llamadas interurbanas (+14,4%).
Es razonable esperar una estabilización en el número de celulares, con lo cual el crecimiento de esta línea de negocios de aquí en más la explicará únicamente el mayor consumo per cápita, y no la suba en la cantidad de usuarios. Es razonable esperar un alza en torno a 15% durante 2010, que redundaría en una nueva expansión para el total del segmento de telefonía de 12%.
Hubo dos rubros que registraron frenos importantes.
• Transporte de pasajeros. Pasó de crecer 10,4% en 2007, a 0,6% en 2008 y –0,1% en 2009. Si bien este comportamiento responde a múltiples factores, se destacan la desaceleración de la construcción que se arrastró desde 2008 y la menor actividad económica en las ciudades y en el interior, que redunda en un menor movimiento de personas. Se observaron caídas de 3% en el servicio ferroviario urbano, 18% en el interurbano (confirmando el peor impacto de la sequía y crisis en el interior) y 3% en el servicio de transporte automotor metropolitano.
• Transporte de cargas. Se registró la segunda caída interanual consecutiva, esta vez de 14,5%. Durante 2008 la causa había sido el conflicto con el sector agropecuario, en 2009 fue la grave sequía que redujo la producción primaria en 30% y el menor nivel de actividad general que implica, lógicamente, menos insumos y mercaderías transportadas. Paralelamente, se registró una caída de 2,5% en la afluencia de camiones pesados en los peajes nacionales y provinciales.
Los peajes mostraron una caída de 1,2%, aunque si limpiamos esta serie del transporte de carga, se observa un incremento de 1%. Esto responde a un crecimiento vegetativo y contrasta a su vez con la caída del transporte público de pasajeros, algo razonable teniendo en cuenta que la contracción de la actividad económica durante el último año tuvo un mayor impacto en las clases sociales más relegadas.
Finalmente, los servicios básicos. Si bien registraron un incremento de 0,2%, en su interior tuvieron comportamientos disímiles. Los rubros electricidad y gas pasaron de crecer 6,5% y 4,7%, respectivamente, a contraerse el primero (–1,8%) y desacelerarse el segundo (+1,4%). Este fenómeno respondió al significativo aumento en las tarifas de ambos rubros energéticos. La provisión de agua creció 3,3% en 2009, la misma tasa que en 2008, y se explica por un crecimiento vegetativo más la expansión de la red cloacal en el Conurbano Bonaerense.
De cara a 2010 esperamos un crecimiento de 8%. Que se sustentará en una nueva expansión de la telefonía, los servicios de electricidad, gas y agua (+1,7% anual) y del transporte de cargas (entre 5% y 10%), dinamizado nuevamente por el rebote del sector fabril y la producción agrícola.



Sector agropecuario
Librado a la suerte de los mercados internacionales
Luego de un 2009 signado por las consecuencias del conflicto y la posterior sequía, 2010 se mostraría más benigno para el sector con mejores perspectivas climáticas y suba de precios internacionales. Continúan sin solución los problemas estructurales y todavía está pendiente la implementación de un plan que garantice el desarrollo sustentable al largo plazo.
No hubo cambios relevantes en los fundamentals del segmento de producción de carnes durante el último año. A pesar de haber registrado volúmenes constantes de producción, el mercado mostró una ligera mejora, consecuencia de la flexibilización de las regulaciones a las exportaciones. Esto permitió mejorar los volúmenes destinados al comercio externo (+43,4%), y a su vez implicó un incremento en los valores exportados de aproximadamente 2,5% (US$ 1.500 millones durante el último año). Vale aclarar que, al contrario de lo sucedido en 2008 (alta regulación y altos precios), la menor intervención estatal se dio en el marco de una caída de los precios internacionales de 28,5%.
Este incremento en las exportaciones (19% de la producción se destinó a las ventas externas en 2009 contra 13,8% de 2008) implicó necesariamente un menor consumo interno y el consecuente incremento de precios ante una demanda inelástica. La falta de lluvias redujo las pasturas y aumentó los costos de alimentación para el ganado, siendo necesario incrementar la faena 1,5% para alcanzar los el mismos volúmenes producidos durante 2008.
Una política vacuna cuyo principal vector son las necesidades coyunturales está impactando en el sector generando una descapitalización pronunciada traducida en la liquidación de vientres. La misma se incrementó desde 2001 a la fecha 7 puntos, ubicándose actualmente en 49% de la faena total. De este modo el stock de hembras pasó de 23 millones en 2007 a 20 millones en 2009, lo que impacta uno a uno en la producción de terneros. Esto se suma a una situación financiera compleja de los productores de cría.
2010 asoma como un año complicado para el sector. El impacto de la liquidación de hembras se comenzaría a sentir y la sequía vendrá de la mano de una reducción en los kilos del ganado en pie. Por este último motivo es que el Gobierno finalmente no implementó la medida que llevaba el mínimo para la faena de 260 kg a 280 kg, lo que hubiera producido una cantidad menor de animales faenados.
Sector lácteos
Luego de una fuerte recuperación en 2004 (+21%), impulsada sobre todo por las exportaciones, comenzaron a observarse en 2005 inconvenientes en la cadena láctea fruto del resurgimiento de la inflación. Por este motivo, se produjo la intervención del Gobierno (acuerdos de precios y control de las exportaciones) que degeneró en tensiones en el seno de la cadena láctea, básicamente una puja distributiva entre productores primarios (sector atomizado) y el eslabón industrial (sector concentrado).
La salida más cómoda para el Gobierno fue la regulación del mercado externo que, en 2007, comenzó a mostrar importantes aumentos de precios de la mano de la liberación de algunos mercados europeos (Alemania como caso más relevante). La excesiva intervención estatal sobre las exportaciones evitó que las industrias pudieran obtener mayores beneficios de esta coyuntura, lo que redobló la presión sobre el primer eslabón de la cadena.
El precio de referencia por litro de leche a boca de tambo se mantuvo congelado en $0,53 desde mediados de 2005 hasta 2007 lo que, en un contexto de inflación de costos, implicó caída de rentabilidad y liquidación de tambos. Los terrenos liberados se destinaron a la producción agrícola. Ni el incremento de precios otorgado al sector primario a fines de 2007 ($0,80/litro), ni los subsidios durante 2008 ($0,10/litro para ciertos niveles de producción) pudieron revertir la última tendencia. Como resultado, la producción primaria se estancó durante los últimos cinco años y no se logró superar el máximo registrado en 1998. Mientras tanto el consumo continuó creciendo, reduciendo los excedentes exportables.
El reciente shock externo produjo un desplome de los precios de los productos lácteos a escala global, generando por un lado una reducción de la tensión exportación-consumo interno, pero empeorando la perspectivas de los tamberos, que veían cada vez más lejos una recomposición de los precios de la leche cruda. A este contexto se sumó en 2008/09 el golpe de la sequía que dejó a muchos productores primarios en una situación financiera delicada, consecuencia del endeudamiento cuyo objeto fue conseguir más y mejores insumos forrajeros. A pesar de esto, el despacho de leche cruda se mantuvo estable y la industrialización de la misma aumentó 4%, aunque con mayor participación de la producción de “productos lácteos” (yogures, quesos, cremas, etc.), rubros todos más rentables para las empresas.
2010 mostraría una mejoría para el sector, no tanto en términos productivos como en rentabilidad. La coyuntura internacional acaba de dar un giro positivo mejorando el precio de la leche en polvo, que alcanzó US$ 3.300 por tonelada. Esto mejora la capacidad de pago de las empresas lácteas por la materia prima, permitiendo desarrollar por parte de los jugadores más grandes mecanismos de incentivos a la producción. Se busca de este modo lograr mayor aprovisionamiento en un año que se espera haya escasez de esta materia prima. De este modo, se estarían logrando precios por litro que, sumando compensaciones, alcanzarían los $1,20.
Producción agrícola
2009 fue el peor año desde la campaña 99/ 2009. La sequía produjo la pérdida lisa y llana de gran parte de las cosechas y redujo significativamente los rindes de todo el sector. Esto se dio a la par de una caída abrupta de los precios de los commodities que, entre julio y diciembre de 2008, acumularon 42% de baja dejando un panorama sombrío de cara al comienzo de 2009.
La producción de la campaña 2008/09 alcanzaría, según datos preliminares, a 56 millones de toneladas, lo que implica una caída de 38,5% respecto a la campaña anterior (92 millones de toneladas). Las mayores caídas se dieron en trigo (–49%) y soja (–40%), aunque en el caso del primero tuvo que ver una reducción en el área sembrada de 20%.
Los precios, luego de comenzar el año en niveles muy por debajo de los máximos previos, registraron importantes subas. De diciembre de 2008 a diciembre de 2009 se observó un incremento de 36% en promedio. Los mayores avances vinieron de la mano del sorgo (+117%), la soja (+33,7%) y el trigo (+31,4%), con precios por tonelada de US$ 370, US$ 230 y US$ 159.
La explicación a esta dinámica de los precios durante el último año la encontramos en varios factores. En primera instancia debe tenerse en cuenta que la producción argentina es significativa en el plano global. De este modo, cambios abruptos en sus niveles de producción impactan con una gran correlación en la evolución de precios mundiales, sobre todo en soja y girasol. Paralelamente a la menor producción nacional, se sumaron también menores y peores performances en EE.UU. y Brasil (también por cuestiones climáticas). Esto dos fenómenos, sumados a la estrepitosa caída de precios previa, motorizaron el abultado rebote que dejó a los precios en niveles para nada despreciables y que permiten ser optimistas de cara a 2010. Mejoras en las cosechas globales y un dólar más estable permiten prever un escenario de precios más estables que, de no mediar efectos climáticos no deseados, podrían incluso registrar correcciones bajistas.
2010 será un año que dará a los actores del sector un respiro. A pesar de ello, los problemas estructurales continúan y, en algunos casos, se profundizaron. Las regulaciones y trabas impuestas a todos los sectores primarios ligados al campo y la falta de políticas inteligentes han intensificado la siembra de la soja. Esta última no se consume en el mercado local, tiene características que la hacen poco costosa para producir y detenta actualmente un elevado precio internacional.
De este modo, no sorprende que la superficie sembrada de soja haya pasado de 10,6 millones de hectáreas en la campaña 1999/00, a 18 millones en la 2008/09, y se espera supere dicho valor en la campaña 2009/10, siempre en detrimento del resto de los cultivos, la ganadería y la lechería. De hecho, al margen de un nivel menor de producción de granos, la soja podría registrar un nuevo récord histórico.
En función de estos datos, esperamos que el valor bruto de la producción alcance durante la campaña 2009/10 los US$ 27.500 millones, 54% superior al guarismo de 2008/09 (US$ 17.900 millones), aunque menor a los US$ 33.500 millones de 2007/08.



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De qué dependen los precios de los commodities agrícolas Por Ignacio Fernández Marino (*) Durante los últimos años, de la mano de la desregulación financiera y a la par de la entrada de grandes jugadores del sector financiero en el mercado de commodities, los precios han dejado de depender exclusivamente de la relación oferta-demanda (fundamentals), tomando relevancia factores ajenos a la dinámica tradicional de este mercado. Un análisis comprensivo de la tendencia de los precios implica necesariamente evaluar ambos elementos, cuyo impacto podría incluso tener resultados contradictorios. Un mercado más volátil Análisis de fundamentals Reflexiones finales (*) Ignacio Fernández Marino es analista financiero especializado en mercados agrícolas en Isaura SA.
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