miércoles, 29 de abril de 2026

    El Gobierno porteño busca más autonomía y parecerse a Madrid

    ANÁLISIS | Entrevista


    Por Javier Rodríguez Petersen


    Néstor Grindetti

    Gente que conoce al jefe de Gobierno porteño asegura que Mauricio Macri mira más a las ciudades europeas que a las estadounidenses. Consecuente, su ministro de Hacienda, Néstor Grindetti, toma como faro del desarrollo económico deseable a la capital española, aunque advierte sobre la enorme inversión que necesita Buenos Aires para acercarse a Madrid. No hay sorpresas: la apuesta pasa por impulsar a la Capital como un polo tecnológico, de diseño, cinematográfico y publicitario, sin dejar de aprovechar al tango y el turismo. Y el mayor desafío, lograr algún consenso para financiar las obras que teóricamente harían una ciudad con mayor desarrollo.
    Con gastos e ingresos por unos $17.000 millones, el presupuesto de la Ciudad es de los más voluminosos del país. Y tiene una particularidad que el ministro de Hacienda se encarga de resaltar: solo 10% son recursos de coparticipación. Las provincias, en cambio, reciben entre 44% y hasta casi 80% de sus ingresos a través de transferencias de la Nación (un punto en el que los economistas hacen sus propios señalamientos: en Buenos Aires hay gastos que corren por cuenta de la Nación, como la seguridad y la justicia, de un modo que no ocurre en las provincias).
    En la entrevista con Mercado, Grindetti también cuestiona el bloqueo que sufrió la ciudad por parte del Gobierno Nacional para endeudarse. La deuda es imprescindible para las obras que Macri apuesta a dejar como huella. El ministro se queja de que la ciudad tiene un bajo endeudamiento y cumple la Ley de Responsabilidad Fiscal, por lo que no habría motivos para que, como ocurrió, la Nación mantuviera frenado ese permiso. Y amenaza con romper el Pacto de Responsabilidad Fiscal nacional –hoy tambaleante por la presión de las provincias– y crear uno propio que deje la decisión de emitir deuda en manos del Gobierno y la Legislatura porteños.
    Con casi 90% del presupuesto en fondos propios (no coparticipados), las arcas de la ciudad descansan sobre su propia capacidad recaudatoria. En particular, sobre Ingresos Brutos, que representa 76% de las fuentes tributarias. Un desafío es aumentar el peso de otros tributos (como ABL) y hacer que el sistema porteño sea un poco más progresivo.

    –¿Cómo impactó la crisis en la recaudación y el equilibrio fiscal?
    –Golpeó por el lado de Ingresos Brutos, que tiene relación directa con la actividad. Sin embargo, ya habíamos previsto este problema cuando llevamos el presupuesto el año pasado y estamos bastante cerca del número estimado. Además, neutralizamos la caída con el Impuesto de Sellos, que generalizamos a varias actividades.
    Lo que no teníamos previsto fue la gripe A, que impactó en el área de servicios (restaurantes y espectáculos). Igual estamos seguros de terminar en el número que habíamos calculado para el año (algo más de $16.000 millones) gracias a que lo que preveíamos lo compensamos con política tributaria y lo que no, con este veranito de recuperación.

    –¿Cuáles son las estimaciones para el año que viene?
    –Estamos previendo un crecimiento de entre 1,5 y 2,5% y una inflación que rondaría 8%. Lo único que estamos haciendo es proyectar crecimiento de los impuestos con esos indicadores y tocando un poquito el Impuesto de Sellos a la actividad financiera, que pasa a tener la misma alícuota que en la provincia de Buenos Aires: va de 0,8 a 1%. No aumentamos ningún otro impuesto, pero sí trabajamos en la lucha contra la evasión en Ingresos Brutos.

    –¿Cuánto está mejorando la recaudación en términos reales?
    –Alrededor de 4% anual por encima de la actividad económica e inflación.

    Estructura impositiva despareja
    –Más allá de la fuerte incidencia de Ingresos Brutos, el balance porteño deja ver algo notorio: en la recaudación, el patrimonio inmobiliario y el automotor son casi idénticos (la recaudación de ABL es de menos de $1.300 millones y la de Patentes, de casi 1.000 millones). Esto es así, explica Grindetti, porque Ingresos Brutos y Patentes se actualizan por la actividad, uno, y el valor de los vehículos, el otro, pero ABL no tiene ninguna fórmula. Así, este impuesto (en realidad es un servicio que funciona como impuesto) representaba en 1991, 24,9% de la recaudación porteña; cayó hasta tocar 8,5% en 2007; con el revalúo inmobiliario subió a 11,7% en 2008, pero ya volvió a caer a 10,24%.
    El Gobierno está analizando el tema y el ministro afirma que ya lo tiene “muy bien estudiado, casa por casa, desde el aspecto técnico”. “El problema –dice– es cómo fijar un valor y mantenerlo actualizado”. Para Grindetti, lo ideal sería “partir” ABL en “una tasa que sea efectivamente lo que cuesta barrer y limpiar la ciudad, y un impuesto inmobiliario que tenga que ver con el valor real patrimonial”. Esa, sostiene, sería “la única forma de darle más progresividad al sistema impositivo desde la ciudad”.
    El ministro reconoce que no está constituido el fondo anticíclico que manda la Ley de Responsabilidad Fiscal, aunque lo atribuye a que “en su momento lo usó el Gobierno de (Jorge) Telerman y después fue imposible reconstituirlo”. Pero, además, anticipa que la administración de Macri estudia renunciar a esa ley nacional y crear una “con los mismos parámetros” pero local. La explicación: “Cumplimos con todos los requisitos de la ley y cuando fuimos al Ministerio de Economía a decir que nos íbamos a endeudar, nos trabaron el trámite. Eso es una injusticia para los vecinos, que se quedaron sin obras porque los señores de enfrente nos trabaron el trámite”.

    –¿Pero eso no quitaría un aval?
    –No, porque no representa ningún aval. Lo único que hace es fijar una serie de ratios. Cumplidas esas relaciones, la ciudad se puede endeudar. Pero hay un trámite burocrático que implica pasar por el Ministerio de Economía de la Nación y que es el que está trabado. Nuestra idea es que, como cumplimos con la ley de Responsabilidad Fiscal, nos debemos dar nuestros propios ratios y poner un órgano de control que no dependa del Ejecutivo. Además, la realidad es que es el mercado el que analiza si uno cumple o no. Lo único que hizo el Gobierno nacional fue poner palos en la rueda; para bien o para mal, tenemos que salir a la cancha y jugar solos.

    –¿Es imprescindible que la ciudad se siga endeudando para seguir con el plan de obras que es eje de la gestión de Macri?
    –Más que imprescindible, es razonable desde la administración prudente de los fondos. Nadie se compra una casa con el sueldo, saca un crédito hipotecario. Y es justo que a las grandes obras de infraestructura las paguen varias generaciones. Eso desde el punto de vista conceptual.
    En cuanto a los números, hoy la ciudad tiene una deuda de largo plazo que está en el orden de 9% de los ingresos anuales, inéditamente baja, y que vence en los próximos dos años. Nuestro planteo es tomar el famoso bono que no pudimos tomar, de alrededor de US$ 250 millones, y empezar a licitar las grandes obras con oferta de financiamiento. Por ejemplo, el Vega-Medrano (un proyecto para mitigar las inundaciones en Belgrano, Núñez y Saavedra), que es una obra tan grande como la del Maldonado (Juan B. Justo), lo ganó una empresa brasileña con financiación del BNDES a una tasa bajísima, del orden de 6%, por 60% de la obra; por el otro 40% hay que buscar financiación.
    La contra es que, por más que los números de la ciudad son inmejorables, estamos inmersos en un riesgo país. Hay tres o cuatro ciudades en el mundo con bonos mejor calificados que los soberanos, entre ellas Buenos Aires.

    –Pero las letras se estuvieron licitando a tasas todavía altas, de alrededor de 15%…
    –Es un problema de mercado, son las tasas que hay para el corto plazo. Igual fue un lanzamiento exitoso: salimos de cero, con un papel sin garantía, y ha sido aceptado por el mercado, y eso que los bancos no lo pueden tomar.
    Salimos a la misma tasa que LEBAC, con lo que otra vez el riesgo ciudad sobre el riesgo soberano es cero. Y creamos una herramienta que va a poder usar este Gobierno y los futuros, porque tener mercado y moverse en el corto plazo permite equilibrar lo espasmódico de los ingresos estatales jugando con entradas y salidas.

    –El presupuesto 2010 es muy parecido al 2009. Se incrementan los ingresos por inflación y crecimiento, pero no mucho más.
    –66% del presupuesto del año que viene está destinado al área social: salud, educación y asistencia social directa. Va a haber menos inversión en obra pública: este año tenemos previstos $3.300 millones; el año que viene, unos $2.400 millones: quisimos ir con un presupuesto sin endeudamiento adicional y después lo veremos por proyecto; para la Línea H, estamos negociando financiación con la Corporación Andina de Fomento.
    Esto le da transparencia al presupuesto y hace que sea más manejable desde Hacienda, con una gran tranquilidad en cuanto al superávit primario y la garantía de que ningún servicio se vea afectado.

    –¿Cuanto impacta en las cuentas porteñas la no adhesión al blanqueo?
    –No especulamos en ningún momento. Hubo una fuerte postura ideológica y de valores. Salimos a decir muy rápido que no creemos en la moratoria y mucho menos en el blanqueo indiscriminado, con lo cual si aparece alguien blanqueando en la ciudad, vamos a salir a cobrarle Ingresos Brutos. No sé si nos perjudicó, pero no fue un problema de cuentas: el jefe de Gobierno bajó línea y dijo que no íbamos a blanquear.

    –¿Cuáles son hoy los principales actores económicos de una ciudad que se quedó casi sin industria manufacturera?
    –Estamos tratando de fomentar todo lo que tiene que ver con la tecnología y el software, por eso hicimos el polo tecnológico en el sur. Por otro lado, está el tema del diseño. Y el otro polo que pensamos impulsar es para la industria de medios, la filmación de películas y comerciales y todo lo que es contenidos, para lo cual estamos discutiendo alguna ventaja fiscal en la zona de Palermo Hollywood.
    Buscamos toda la industria no contaminante que se pueda exportar con facilidad. Y ahora, a partir del nombramiento del tango como bien intangible de la humanidad, nos vamos a apalancar en el tema turístico. Además está el área financiera y de servicios que es clásica de la ciudad.

    –Para convencer al inversor, ¿cuáles son las FODA de la ciudad?
    –Si es para que preste plata, los números, que son muy confiables. El año que viene vamos a tener un pequeño superávit y estamos invirtiendo como no se invirtió en los últimos 10 años. La debilidad es una situación nacional que tiene más de crisis político-institucional que económica pero que existe y hace que hoy Brasil, Chile o Perú se endeuden a 7% y acá haya que hacerlo a 12%.
    Con respecto a invertir en la ciudad, primero, la política del Gobierno está orientada a hacerle la vida mas fácil al que viene a invertir plata y correr un riesgo empresario en la ciudad; y si el proyecto es interesante, está el Banco Ciudad. Y dado que estamos en un piso político-institucional, cuando se salga, la ciudad va a salir disparada, recibir más turistas y ser más mirada para estas industrias, porque además hay mucha materia prima en recursos humanos. Es como un oasis en medio de un gran lío que tiene el país.

    –Va a haber que competir con otras ciudades de la región y el resto de mundo…
    –Por eso tratamos de ser lo más agresivos posibles. Para llevar a Buenos Aires a un nivel (de desarrollo económico) de 60% del que tiene Madrid, se necesita una inversión de $60.000 millones; como hoy quedan libres 300 ó 400 millones por año, harían falta unos 200 años para alcanzar ese nivel.
    El gran desafío es cómo hacemos, por el lado de los ingresos o de los gastos, para que a la ciudad le sobren $3.000 millones por año para llegar antes a ese umbral. Y poniéndonos de acuerdo, porque tiene tanta razón el director del hospital que pide por el quirófano como la maestra que se queja de las goteras o el ciudadano que quiere el subte. Lo importante es entender el presupuesto como política de Estado, que todos entiendan que la puja es lógica pero que hay que ponerse de acuerdo en cómo usar esa sábana corta.

    Con el corazón en Lanús

    Grindetti no lo oculta. “Yo nací, viví y seguiré viviendo seguramente en Lanús, es mi pago chico. Me encantaría, y nuestra gente en Lanús está trabajando para eso”, responde a la pregunta de si sigue queriendo ser intendente de ese municipio. Sin embargo, aclara que “no es momento de hablar de candidaturas”. Y a eso le suma un alineamiento incondicional: “Así como mi derrotero profesional viene atado desde hace 30 años al de Macri (Grindetti llegó al Gobierno porteño desde SOCMA), seguiré ahí donde él y el partido me necesiten. Me gustaría, pero no es el momento de definirlo”.