ANÁLISIS | Entrevista
Por María Teresa Lavayén

Bill Hawkins
Foto: Gabriel Reig
En el marco de la reforma del sistema de salud propuesta en Estados Unidos por el presidente Barack Obama, las empresas de tecnología médica creen que es fundamental que las inversiones en ese terreno no entren en una etapa de suspenso. Existe el peligro, dicen, de que los inversores opten por una actitud de “esperar a ver qué pasa” mientras el ecosistema sanitario se abre paso entre el laberinto de cambios políticos y legislativos que afectarán cobertura y financiamiento de la prestación médica.
Especialistas de ambos sectores, medicina y tecnología, trabajan actualmente con el Gobierno presentando casos clínicos que demuestran que lo que hacen no solo es prometedor y eficaz desde el punto de vista médico sino que además puede ahorrar mucho dinero al sistema sanitario.
Estos temas preocupan a mucha gente de los ámbitos involucrados y en especial a Bill Hawkins, presidente y director ejecutivo de Medtronic, una compañía de tecnología médica que lleva 60 años dedicándose al desarrollo de productos que mejoran el tratamiento de enfermedades crónicas. Hawkins vino a Buenos Aires para inaugurar nuevas oficinas y también un laboratorio virtual donde ofrecerán capacitación permanente a médicos de nuestro medio en las nuevas técnicas de inserción de implantes, stents, marcapasos y una amplia gama de dispositivos médicos.
–Hoy hay cada vez más personas en el planeta y además viven muchos más años que antes. ¿Cómo afecta esa tendencia el negocio de Medtronic?
–El negocio de Medtronic se especializa en enfermedades crónicas, nuestro foco está puesto en las enfermedades que vienen con el envejecimiento, como arritmia cardiaca, enfermedad degenerativa de disco, diabetes, Alzheimer o Parkinson. Para atender ese mercado que crece estamos muy bien posicionados. Cuanto más viva la gente más va a necesitar a Medtronic.
Un negocio interesante es el que tenemos en el área de la neuromodulación para tratar el mal de Parkinson. Se trata de un pequeño marcapasos para alojar en el cerebro que estimula o inhibe neuronas y termina con el temblor. Imagínese lo que puede mejorar la calidad de vida del enfermo.
–Los otros grandes beneficiados son los grupos farmacéuticos, aunque deben soportar el embate de los genéricos y la creciente intervención estatal. Entonces reaccionan consolidando el mercado, con compras y fusiones. ¿Cree que es posible que terminen comprando empresas que desarrollan dispositivos para la salud, firmas como Medtronic?
–A fines de los 70 –más precisamente entre 1977 y 1985– los laboratorios farmacéuticos tuvieron que redefinir su negocio y pasaron a decir que pertenecían al negocio de las “ciencias de la vida”. En aquel momento compraron muchas empresas de dispositivos médicos y durante algún tiempo duró la combinación. Pero lo interesante de esto es que no pensaron en integrar droga con dispositivo para mejorar el tratamiento del paciente. Se veían como carteras de productos. Y luego, en los 90, vendieron todas aquellas empresas para volver a ser simplemente farmacéuticas.
Una reconexión diferente
¿Si creo que habrá una reconexión? Sí, pero por otras razones. Si usted me pregunta por Medtronic, yo no creo que seamos una empresa de dispositivos médicos per se, sino una compañía orientada específicamente a ciertas enfermedades crónicas como diabetes, problemas cardíacos o enfermedad degenerativa de disco. En este momento alrededor de 20% de nuestros negocios, de nuestros productos, está constituido por fármacos.
–Entonces, hay convergencia
–Sí, hay una convergencia. Vamos a ver la convergencia de biotecnología, biofármacos con dispositivos médicos. La tecnología nos va a permitir hacer cosas que antes no podíamos y va a ser la encargada de unir empresas.
–Usted ve un futuro independiente para Medtronic?
–Nuestra estrategia no va a ser poner en venta la compañía. Afortunadamente, tenemos una sólida posición financiera, una visión muy clara y estrategias que nos van a permitir ir hacia adelante como empresa independiente.
–No cree entonces que la consolidación sea un peligro.
–No digo que no vaya a ocurrir, porque hay ejemplos. Philips acaba de comprar Respironics. Novartis compró a Nestlé su participación en Alcon, la compañía oftalmológica que fabrica lentes de contacto y dispositivos para cirugía ocular. Pero son compras centradas en una enfermedad. En cambio, lo que ocurrió en los años 70 estaba más relacionado con el modelo de negocios, que buscaba ampliar la cartera de productos, buscaba diversificación.
Lo que unirá empresas en el futuro va a ser el reconocimiento de que la integración de tecnologías va a permitir una mejor atención del paciente. Será una convergencia de tecnologías orientada al beneficio real del paciente versus la diversificación como modelo de negocios.
–¿Dónde está puesto el foco de la empresa en este momento?
–Nuestro principal foco está puesto en el tratamiento de la enfermedad, pero la tecnología nos está permitiendo sumarle capacidad de diagnosticar a nuestros dispositivos. Ahora, en los aparatos implantables podemos poner pequeñas radios que envían información inalámbrica al médico. Así se controla lo que está pasando.
El objetivo es dar a los pacientes la posibilidad de manejar mejor sus enfermedades. Le doy un ejemplo con la diabetes. Comenzamos hace 25 años con una pequeña bomba que libera insulina en forma continua a pacientes con diabetes de tipo 1 cuyo páncreas no la fabrica.
Sensores diminutos
Las tecnologías de bombeo fueron avanzando hasta adquirir gran precisión. Pero lo mejor de todo es que hemos desarrollado unos sensores diminutos que se apoyan en el estómago y que en su interior tienen radios que controlan continuamente los niveles de azúcar en sangre. Un diabético de tipo 1 se tiene que pinchar el dedo entre 10 y 12 veces al día, tomar una muestra de sangre, ponerla en un aparato que mide el nivel de azúcar en sangre. Luego el paciente tiene que decidir si necesita aplicarse más o menos insulina. El nuevo dispositivo se usa durante días y mide los niveles en forma constante, transfiere la información a la radio, de la radio a la bomba, que muestra, en tiempo real, el nivel de glucosa. De modo que el paciente controla su enfermedad con más facilidad.
Fíjese usted la importancia del sensor: no solo envía información y la muestra sino que se comunica con la bomba y le dice: “envía más insulina porque el nivel de azúcar está subiendo mucho o deja de enviar insulina porque el nivel de azúcar está demasiado bajo”. Se convierte en un páncreas artificial.
–Visto el constante aumento de costos, ¿la tecnología médica contribuirá a aliviar los costos, o por el contrario, los aumentará?
–Yo diría que va a permitir una atención de la salud más eficiente en costos. En Estados Unidos gastamos entre US$ 170.000 y 200.000 millones en complicaciones de la diabetes. Porque, por ejemplo, personas con diabetes tipo 1 no la controlan bien, luego tienen complicaciones y terminan en el hospital, tal vez en terapia intensiva. Todo eso es muy caro. Con la tecnología que acabo de describir habría menos complicaciones, menos internaciones y también menos muertes.
Para el corazón tenemos lo mismo. Un dispositivo que combina desfibrilador con marcapasos. Pero ahora incluimos sensores para que detecten la acumulación de fluidos en el corazón (que es lo que termina produciendo un ataque cardíaco) y esa información es enviada inalámbricamente al médico. El médico podrá entonces llamar a su paciente y pedirle que tome más diuréticos o más de su medicamento.
Estos ejemplos ilustran la importancia de la tecnología médica en permitir a la gente manejar mejor sus enfermedades. Eso, a la larga, reduce costos, porque previene hospitalizaciones.
–La tesis del sector que Ud. representa parece ser que la reforma en materia de salud propuesta por el presidente Obama, no estimula y gratifica la innovación. ¿Es eso correcto?
–Hay algo de verdad. Hay mucho riesgo en nuestro negocio. Hoy desarrollar un nuevo producto en el mundo de dispositivos médicos puede costar hasta US$ 100 millones. La innovación es riesgosa y cara. Además, el camino hasta lograr la aprobación es largo y difícil, lo cual está bien. Los estudios clínicos necesarios para la aprobación cuestan mucho dinero y llevan mucho tiempo.
Valorar la innovación
Ante esta realidad, existe la sensación de que si va a haber un solo pagador (el Gobierno) este, en su afán de bajar costos, no va a valorar realmente la innovación. Eso va a desalentar a las pequeñas empresas para ir a buscar capitalistas de riesgo que inviertan en ellas.
Si con la reforma el Gobierno decide que todos van a recibir determinado tipo de dispositivo, los investigadores no se van a animar a desarrollar el aparato de próxima generación. Y así toda la planificación de innovación en nuestro negocio podría cambiar. Tendremos un punto ciego en el proceso de innovación. A diferencia de la farmacéutica, nuestra industria está extremadamente fragmentada y gran parte de la innovación proviene de pequeñas empresas. Nosotros este año hemos comprado siete.
–¿Cómo define usted “mejor cuidado de la salud”?
–Es medicina más personalizada. Mejor cuidado de la salud es comprender las diferencias en constitución genética para poder orientar el tratamiento a ese individuo en particular. También es un sistema más eficiente, con mejor información. La medicina tiene enormes cantidades de datos (piense en todas esas máquinas que toman imágenes y miden de todo) y muy poca información. Si se integrara la información sobre un paciente habría conocimiento, y el tratamiento sería más eficiente.
–¿Cómo avanza el proceso de convergencia entre las distintas ciencias que intervienen en tecnología médica?
–Hoy tenemos la posibilidad de pensar en sistemas de soluciones. La posibilidad de combinar biotecnología con dispositivos que van a llevar una mejor solución al paciente. El gran producto que tenemos ahora es una combinación de fármaco y dispositivo. Es para tratar personas con enfermedad degenerativa de disco lumbar y que necesitan fusión en la parte baja de la columna. Se implanta entre las vértebras, cargado con una proteína humana modificada que se convierte en hueso y restaura la lesión eliminando el dolor.
También tenemos stents que liberan medicamentos. Las operaciones a corazón abierto que suelen ser necesarias para instalar un bypass desde hace tiempo se reemplazan con un catéter que se inserta en la pierna y viaja hasta el lugar donde está el problema. Hasta ahí, el procedimiento es conocido. El avance de hoy –debido a la convergencia– es que ese stent va equipado con un medicamento que impide complicaciones que solían presentarse al acomodar el catéter.
Para pacientes con Alzheimer tenemos pequeñas bombas que se implantan como un marcapasos para llevar medicamentos directamente al cerebro. Piense usted que las píldoras hacen un camino muy indirecto: primero hacia abajo, hacia el estómago y luego, algo de su contenido llega al cerebro. O para un tumor cerebral, por ejemplo, uno no puede tomar nada. Lo que sí se puede hacer es tomar un catéter diminuto, adjuntarlo a la bomba e ir directamente a los ventrículos cerebrales. Hoy eso se puede hacer. Esto es tratamiento dirigido. Esto es medicina dirigida. Esto sí les va a interesar a los laboratorios farmacéuticos, porque si quieren curar Alzheimer o epilepsia, necesitan una manera de llevar la droga directamente al lugar.
Y aquí es donde Medtronic es líder. Tenemos toda una línea de pequeñas bombas implantables y también de las que se llevan puestas. Y además estamos desarrollando nuevos polímeros que se ponen dentro del medicamento para que este sea diluído gradualmente. Con eso se trata, por ejemplo, el dolor post operatorio.
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Un ejemplo Uno de los dos fundadores de Medtronic –la empresa estadounidense líder mundial en tecnología quirúrgica– tiene hoy 85 años y no se cansa de decir lo contento que está de haberla creado. Earl Bakken tiene colocado un marcapasos, un stent y un dispositivo que le bombea insulina sin intervención humana cuando decide que es el momento necesario. |

