jueves, 30 de abril de 2026

    La banca, rara avis en el contexto internacional

    FINANZAS |

    Por Ignacio Chaussis

    A mediados del mes pasado, cuando se cumplió un año del derrumbe de Lehman Brothers y de Bear Stearns, el influyente New York Times advirtió que Wall Street ha salido indemne de la crisis.
    A 12 meses de la catástrofe, “la sorpresa no es que el sistema financiero haya modificado perceptiblemente sus malas costumbres, sino lo poco que lo hizo”, sostuvo el prestigioso matutino, reflejando con fidelidad el pensamiento dominante en la sociedad estadounidense. El veredicto es severo y terminante: “ayudados por rescates estatales, o sea dinero del contribuyente, los bancos se han reestructurado bien poco”.
    Es cierto que Barack Obama envió al Congreso una ambiciosa reforma financiera pero también lo es que encuentra duras dificultades para ser aprobada, en buena medida porque el Gobierno emite señales contradictorias.
    “Los mercados no serán seguros hasta que este proyecto sea aprobado por el Congreso”, sostuvo el Presidente. No ahorró críticas contra Lehman Brothers, de cuya caída hace ya un año.
    “Desistan de seguir presionando contra una necesaria ampliación de regulaciones y supervisión financiera”, urgió a bancos, firmas de valores y otros protagonistas de una crisis sistémica que cuesta dejar atrás. Obama pidió a los legisladores aprobar la ley para este fin de año.
    A su criterio, “la economía real y el sistema financiero dan cautas señales de recuperación. Pero quiero subrayar –dijo– que normalización no significa complacencia ni la vuelta a ciertos abusos. Por desgracia, abundan en el negocio quienes malinterpretan el perfil del momento”.
    Por su parte, el diario neoyorkino agrega: “Cambios tan radicales como un techo a remuneraciones de ejecutivos afrontan resistencia similares a las reformas del seguro social. Aun modificaciones de menor cuantía –apunta el NYT–, como revelar a la Securities & Exchage Commission (comisión de valores) el volumen de derivados en cartera, son combatidos”.
    Lo cierto es que los escasos economistas y analistas que habían pronosticado el desastre desde 2006, advierten hoy sobre el peligro de una crisis sistémica peor, si no se afrontan los riesgos de la especulación financiera, subraya el diario.
    Quedó en claro que muchos bancos en Occidente sacaron jugosas utilidades recolocando rescates financieros cuyas tasas eran casi cero. Especialmente en Estados Unidos y Gran Bretaña. El segundo balance trimestral de Goldman Sachs pudo así mostrar 67% de alza en ganancias.
    Como reclaman Paul Krugman y Joseph Stiglitz, entre otros economistas críticos, si no se avanza a fondo en las reformas, la nueva caída puede ser catastrófica.
    Es obvio ahora que nada funcionará bien en tanto el sector financiero estadounidense no se ponga en orden. El plan de subsidios fiscales de Timothy Geithner (secretario del Tesoro), orientado a promover inversión privada en activos tóxicos “es una gran desilusión”, ha dicho Krugman. “Si funcionase, lo haría con lentitud y podría resultarles a los contribuyentes más caro que estatizar bancos insolventes”.


    Paul Krugman


    Joseph Stiglitz

    El futuro del crédito
    En la Argentina, donde en esta ocasión el sistema financiero no funcionó como cadena de transmisión de la crisis, el desafío pasa por ampliar el financiamiento a la producción, en el marco de un sistema bancario que canaliza la mayor parte de sus recursos para financiar el consumo.
    La situación local es muy diferente a la del resto del mundo. Ya tuvimos nuestra crisis autóctona y profunda a principios de siglo. Ahora, con prudencia y serenidad, las entidades financieras locales exhiben un buen nivel de salud financiera, aunque en gran medida debida a la falta de una presencia activa en el escenario económico.
    Hoy poca duda cabe que a escala global la perspectiva a futuro es la de un sistema financiero mundial mucho más regulado. Rodrigo Álvarez, experto en finanzas de la consultora Ecolatina, sostiene que “a escala global hay una presión para que haya una regulación mucho más agresiva. En la discusión del modelo que se viene la fuerte regulación va a ser un dato. La gente del sistema financiero podrá decir que en realidad la regulación restringe la flexibilidad necesaria para una mayor agresividad, pero lo cierto es que eso va a ser así. Por eso creo que el modelo que nosotros conocemos como la banca tradicional va a ser uno de los negocios ganadores, o una de las estrategias más aceptadas por parte de los bancos. Cada uno podrá tener su visión, obviamente, pero lo cierto es que la banca tradicional ha mostrado tener una base de sustento mucho más sólida para estos tiempos, y que el modelo de banca de inversión, de financiamiento barato, con poca estructura, termina siendo extremadamente inestable”.
    En un contexto mas general, existe amplio consenso entre los analistas del sector financiero de que lo que debería pasar en el mundo ahora es una definición más clara de lo que es la banca de inversión frente a la banca tradicional, justamente para evitar que aquella gente que deposita en el banco para que se preste a sectores productivos, mucho más estables y menos relacionados con el flujo financiero, no vaya corriendo a sacar los depósitos y deje a los bancos descalzados. De este modo, se busca evitar que los bancos centrales del mundo tengan que salir a emitir moneda, con las presiones inflacionarias que ello conlleva.
    Lo cierto es que ese proceso que estamos viendo a escala global, con un sector financiero menos extendido y mayormente regulado, se dio en la Argentina pero no por un mayor grado de regulación, sino por los efectos de la traumática salida de la convertibilidad, y las características que adoptó la recuperación del ciclo económico a partir de 2003. Frente a un contexto internacional extremadamente difícil la banca argentina demostró, principalmente en los últimos dos años, ser muy sólida. El problema es que presta poco y nada. Pero el nivel de ganancias es, en cambio, muy satisfactorio para casi todas las entidades del sistema.

    Crédito escaso y concentrado
    Para intentar visualizar cuál puede llegar a ser el perfil del sistema financiero argentino en un horizonte de mediano y corto plazo es necesario indagar acerca de sus rasgos actuales. Lo cierto es que hoy por hoy el sistema financiero argentino tiene una operatoria muy limitada, con los bancos captando fondos principalmente para lo que son cajas de ahorro y cuenta corrientes, para luego invertirlo en instrumentos muy líquidos, fundamentalmente pases pasivos de los bancos, o realizar préstamos para el consumo, donde no hay tanto peligro de insolvencia.
    También el sistema realiza préstamos al Banco Central de la República Argentina, o incluso al Gobierno, produciendo lo que en economía se denomina el efecto “crowding out”, que se da cuando el Estado compite con las empresas privadas por la captación del ahorro, con todos los efectos que ello tiene en materia de inversión y eficiencia de la inversión. Entonces, en la actualidad lo único que hace que el sistema bancario sea menos especulativo que en los 90, es que las tasas de interés real son negativas, pero los recursos son para el consumo. Dicho esto, es por lo menos dudoso que el sistema bancario esté cumpliendo el rol clásico de intermediación financiera, captando fondos de corto plazo para invertir en el largo plazo. A ello debe añadirse este dato: la Ciudad de Buenos Aires y las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe concentran 87,6% del crédito bancario otorgado a empresas.
    Esta situación no es nueva. En el 2003/2004 los bancos estaban en una situación de saneamiento patrimonial. Después, lanzarse de pleno al financiamiento productivo cuando la tasa de inflación es de dos dígitos es complicado porque las tasas o bien son muy altas o si son bajas, aumenta el riesgo. Ahí está la clave de por qué los bancos no han participado del financiamiento productivo. También en parte porque no pueden acceder a mecanismos para el fondeo de más largo plazo. Cuesta desarrollar mecanismos para hacer colocaciones en los bancos y está demostrado que si no existe un mercado de capitales fuertes esto es muy difícil.
    Esta tendencia a privilegiar los créditos personales y de consumo se hace evidente en la misma estructura organizativa y de recursos humanos de las entidades bancarias. Contrariamente a lo que se piensa, la valuación del negocio productivo es mucho más complicada que el negocio de crédito personal. En esto ha habido obviamente un facilismo por parte de los bancos, ya que en la búsqueda de rentabilidad es mucho más fácil salir a chequear un recibo de sueldo para saber si prestar o no, que salir a hacer una valuación de un flujo de fondos, por ejemplo, donde tiene que haber gente especializada y estructuras preparadas, que en su momento se desmontaron. Lo que hicieron los bancos es enfocarse en el segmento más rentable que es el financiamiento personal y avanzaron mucho desde los créditos personales, tarjetas de crédito, hasta otras variantes como la asociación con empresas de consumo masivo para otorgar descuentos.
    Osvaldo Cado, economista de la consultora Prefinex, lo grafica con un ejemplo: “Un colega el año pasado fue a un pedir un crédito a un banco privado para la realización de una represa en una provincia del norte argentino. La respuesta que obtuvo de parte del mismo banco al que se había dirigido fue que se presente con el análisis del riesgo, el plan de inversión…, todo elaborado por él mismo”.

    Necesidad y no capricho
    Para el economista Nicolás Bridger, también analista de la consultora Prefinex, este comportamiento de los bancos es algo absolutamente natural, en tanto es bastante poco probable que una institución “prefiera otorgar créditos hipotecarios con una tasa fijada a 15 años y con una inflación de dos dígitos que si sigue a ese ritmo hace que ese mismo crédito no valga nada. En cambio puede otorgar un crédito a un año cobrando una tasa de 30%… Uno puede discutir el nivel de algunas tasas, pero fuera de eso no hay dudas de que la relación riesgo-retorno para las instituciones es mucho más conveniente en este último caso antes que en los créditos a largo plazo. Evidentemente no es un capricho”.
    Un elemento clave para el desarrollo es tener una inflación relativamente baja y previsible, algo que para el ministerio de Economía y el Banco Central hoy no parecería ser una cuestión clave, ni desde el discurso ni desde las medidas que se toman. En tanto que la lucha contra la inflación no se ponga como eje, es difícil pues salir del sistema de banca actual.
    Tenemos hoy en la Argentina un sistema bancario atrofiado, muy limitado, que es sólido pero como consecuencia de su misma pequeñez. El tema de la inflación no se soluciona de un día para el otro. “Brasil tardó casi 10 años, pero hoy por hoy tiene una inflación estable, que le permite al Banco Central tener instrumentos para llegar a una tasa de interés de referencia y tener un mercado de capitales más desarrollado, pero ellos lo fijaron como una meta y apuntaron los cañones en ese objetivo”, advierte Bridger. El tema es que la inflación es funcional a la política económica del Gobierno, puesto que es su principal vía de financiamiento, por lo cual es difícil pensar que la actual administración tome como objetivo central la reducción de la inflación.
    “Lo que miro como parámetro en un plano más global son bancos comerciales (banca tradicional) separados de lo que son las bancas de inversión, un sistema bancario más diversificado pero bien dividido en unidades de negocios. Si uno empieza a copiar lo bueno de la historia, la Argentina debería converger a un sistema así, el tema es que hoy las condiciones no están dadas para tener un sistema financiero estable. Hay una inflación muy alta, mucha incertidumbre en política económica, con lo cual ni siquiera se puede aspirar hoy por hoy a una banca tradicional, que es la que presta a la producción, y presta para que el ciudadano se pueda comprar una casa”, apunta Cado.
    Hoy los préstamos al sector privado realizados por medio de los bancos están en el orden de 10 al 12%, en tanto que en los 90 rondaba 20%. Es posible pensar que esto no se modificará, al menos en el corto plazo.
    Para muchos observadores del escenario económico, lo importante está por venir. Creen adivinar la intención del Gobierno; una vez despejado el escenario legislativo con una nueva ley de medios y con el presupuesto 2010 aprobado, el paso siguiente sería la modificación de la ley de entidades financieras, para “castigar la especulación financiera”.

    Mario Vicens, presidente de ABA

    El sistema es sólido, y también pequeño

    No funcionó un mecanismo de transmisión de los problemas financieros internacionales a la órbita local, como en otras oportunidades. Según el titular de la entidad que nuclea a los bancos locales, existió una regulación apropiada, un manejo muy prudente de la liquidez y del riesgo por parte de los bancos.


    Mario Vicens

    Es el presidente de la Asociación de Bancos de la República Argentina, ABA. Pero Mario Vicens tiene una dilatada trayectoria pública. Fue secretario de Hacienda del Ministerio de Economía de la Nación entre diciembre de 1999 y marzo de 2001. Entre agosto de 1986 y septiembre de 1988, fue director del Banco Central. En el ámbito privado fue fundador y socio de Macroeconómica y MVAS Macroeconomía, consultoras en economía y finanzas.
    Esta es su visión del sistema financiero local en la actual coyuntura.

    –¿Cuál es la lectura que se hace desde ABA de la actual crisis financiera internacional?
    –Normalmente las crisis son el resultado de un conjunto de factores. Y desde ese punto de vista, en la crisis financiera internacional que se disparó a partir de julio de 2007 hubo dos factores que influyeron: uno fue la burbuja de liquidez que teníamos en los mercados financieros internacionales, que tuvo que ver con el déficit de la economía estadounidense y que generó una apreciación exagerada de todos los activos.
    El otro factor que me parece que influyó fue un cierto relajamiento de los controles, tanto en el plano de las agencias públicas que tenían que generar ese control, como de las propias entidades privadas en algunos casos. Donde el control y la regulación fueron más estrictos no hubo grandes problemas.

    –¿Cuál fue el impacto real de esta crisis en el sistema financiero argentino?
    –En la Argentina en particular el sistema financiero mostró en esta crisis una faceta que no necesariamente estuvo presente en otras crisis. No hubo un mecanismo de transmisión de los problemas financieros internacionales, que a veces eran de carácter un poco más global, y otras veces eran de carácter regional.
    Claramente la situación argentina no está aislada del mundo y por lo tanto también está sujeta a las consecuencias de la situación como la que se ha vivido en los últimos dos años, pero en el caso del sistema financiero local el crédito siguió creciendo a pesar de que en algún momento los depósitos dejaron de crecer. De hecho, a lo largo de estos dos años el público no ha dudado de la estabilidad del sistema financiero en su conjunto.

    –¿A qué factores atribuye esta escasa transmisión de la crisis al sistema financiero argentino?
    –Es el resultado de varios factores; no es una casualidad. No es solamente porque la Argentina esté poco conectada con el mercado financiero internacional, que es uno de los argumentos que se han dado. Eso por supuesto influye, pero es un argumento menor. Mi opinión es que ha habido una regulación apropiada, un manejo muy prudente de la liquidez y del riesgo por parte de los bancos, y al mismo tiempo, lo que queda claro es que en estos últimos años, los bancos han capitalizado, han usado las utilidades que ha generado la actividad para fortalecer su situación patrimonial, su situación de solvencia.

    –No hubo entonces una fuga de capitales…
    –Bueno, ha habido salida de capitales importantes, pero esto no ha repercutido en caídas masivas de los depósitos de los bancos.

    –Algo que se repite en los documentos de ABA como un problema estructural del sistema financiero argentino es el reducido nivel de bancarización…
    –Tenemos un sistema sólido, con niveles de liquidez muy apropiados, un marco regulatorio adecuado y un Banco Central que reaccionó adecuadamente cuando fue necesario y eso hace todo a una situación de estabilidad financiera que es importante destacar. Ahora, al mismo tiempo tenemos un sistema financiero que es muy pequeño, y esta cuestión del tamaño claramente es un problema, porque si no se consigue que el ahorro nacional se canalice a través de los mercados financieros institucionales va a ser muy difícil que haya oferta de financiamiento para la producción y también para el consumo, o para financiar la inversión por ejemplo.

    –Hoy en día, ¿qué proporción del ahorro nacional se canaliza a través del sistema bancario?
    –Obviamente hay un flujo de ahorro anual, y hay un acervo de ahorro. Del acervo de ahorro, lo que se canaliza a través del sistema financiero argentino es poco menos de 20% cuando hablamos de depósitos del sector privado. Pero para que tengamos una referencia, en Chile los depósitos del sector privado son alrededor de 60% del Producto Interno Bruto, en tanto que en España pueden llegar a 100%, por supuesto en sus diferentes modalidades.

    –¿En qué sentido debería enfocarse la regulación el sistema financiero para lograr el objetivo de alcanzar mayores niveles de bancarización?
    –Desde mi visión, yo no veo la regulación como un impedimento o un obstáculo hoy. Hay colegas que piensan diferente. Yo creo que la regulación hoy día no es obstáculo para que crezca el sistema. De hecho, hoy tenemos un marco regulatorio que es comparable con el que rige en el mundo. Ha resultado ser probablemente un marco apropiado, en la medida que ha contribuido a que los efectos de esta burbuja de liquidez en el mundo de la crisis sea menor.
    Sí creo que hay un problema más amplio, más difícil de resolver que tiene que ver con la confianza en la economía, el crecimiento y la sustentabilidad de ese crecimiento en el tiempo, y con la estabilidad de precios y del valor de la moneda.

    –Hoy día el principal negocio de la banca es el crédito al consumo…
    –No. En promedio, en los bancos de la asociación, el crédito al consumo no representa más de 35% ó 38%; el resto son líneas comerciales. Lo que sí ha sucedido es que después de la crisis, alrededor del año 2003 ó 2004, el crédito al consumo fue el que primero se recuperó. Pero luego otras modalidades de crédito que están vinculadas con la producción y la inversión han crecido más rápidamente que el crédito al consumo.
    No son el corazón de la actividad bancaria los créditos al consumo, o por lo menos no es la única actividad crediticia que tienen los bancos hoy por hoy. En verdad, el crédito al consumo representa bastante menos que la mitad del total, y el resto es crédito cuyo objetivo es atender operaciones comerciales, producción y hasta eventualmente alguna inversión que requiera fondos de plazos relativamente limitados.

    –El diputado electo Carlos Heller habla de la necesidad de una nueva Ley de Entidades Financieras que sustituya a la ley 21.526.
    –Todas las leyes son perfectibles. Hay que ver que tipo de reforma tiene en mente Heller. Lo que es claro es que el sistema financiero es un servicio de interés público, no veo que sea un servicio público. En este sentido cabe la regulación apropiada de la actividad y el interés que las autoridades tienen que imponer sobre la estabilidad de la actividad. Creo que el punto principal a observar y discutir no es tanto cómo se asigna el crédito, sino cómo se crea el crédito, es decir, cómo se consigue que el ahorro nacional vaya a los sistemas financieros institucionales y de allí se convierta en crédito.
    Si no resolvemos el financiamiento de los sistemas financieros va a ser difícil que podamos resolver la afluencia de crédito. Si el problema es que el crédito es escaso y caro, el problema no reside tanto en que las entidades no quieran dar crédito. Incluso está comprobado a través de los últimos años que, cuando crecen los depósitos, las entidades son muy agresivas tratando justamente de colocar esos fondos.
    Falta ver qué hacer para ampliar la proporción del ahorro que canalizan los mercados financieros institucionales, tanto los mercados de capitales como los bancos. Ese es el punto a resolver.

    –Heller sostiene que la actual Ley de Entidades Financieras deja al arbitrio exclusivo de los bancos la prestación de sus servicios y por ello se privilegió el préstamo al consumo durante la recuperación, en tanto es más rentable, en lugar del préstamo a la inversión reproductiva.
    –Hay un marco regulatorio muy preciso por parte del Banco Central que establece las condiciones bajo las cuales los bancos tienen que administrar los depósitos de la gente. Con respecto a que tipo de crédito se ha desarrollado los números son claros: hoy los créditos al consumo representan menos de la mitad del crédito total de los bancos, así que yo no veo en ese sentido un problema. Y en segundo lugar tampoco veo en esa discusión un problema, porque en realidad el crédito al consumo permite a los productores ampliar las ventas de sus productos, indirectamente genera la posibilidad de que se produzca más, esta división tan fuerte entre crédito al consumo y producción a mi me parece un tema que no es de primer orden.

    Carlos Heller, diputado electo

    Por una nueva ley de entidades financieras

    Impulsará una nueva ley que sustituya la 21.526 de la dictadura, que interprete al sistema financiero como un servicio público, pero confeccionada desde el interés de los usuarios y no de las entidades. Los objetivos más específicos son la construcción de un amplio mercado de crédito bancario, centrado en el crédito productivo y el hipotecario para la vivienda.


    Carlos Heller
    Foto: Diego Fasce

    Ni sus adversarios niegan que es buen banquero. Pero el titular del Credicoop y representante de la banca cooperativa es además un político activo (asumirá en diciembre su banca de diputado) con opiniones rotundas que a veces generan urticaria entre algunas audiencias. Esta es su visión del escenario financiero.

    –A partir del escenario actual, donde las empresas tienen dificultades para obtener crédito de la banca, y el negocio bancario se centra especialmente en el crédito al consumo ¿cuál piensa usted será el perfil del sistema financiero argentino en el corto y mediano plazo?
    –Si bien es cierto que la participación de los préstamos sobre el PBI es menor en la actualidad que en los años 90, no estoy de acuerdo en que el sistema financiero es hoy una sombra de lo que fue. Muy por el contrario, de aquel sistema dolarizado y que realizaba préstamos en dólares a agentes con ingresos en pesos, pasamos a un sistema muy sólido patrimonialmente, con alta liquidez y niveles de mora históricamente bajos. Hoy los agregados monetarios están denominados principalmente en pesos, con un segmento en divisas que solo le presta los dólares depositados, a los clientes con capacidad de generar ingresos en esa moneda.
    La crisis de 2001 fue muy grande, y el sistema creció significativamente cuando esta se resolvió, en especial en lo atinente a la bancarización de la población, que superó los niveles pre crisis.
    Pero sin duda hay mucho por avanzar, dado que la Ley de Entidades Financieras deja al arbitrio exclusivo de los bancos la prestación de sus servicios, y por ello, se privilegió el préstamo al consumo durante la recuperación, porque es el más rentable, en vez del necesario préstamo para la inversión reproductiva.

    –¿Cómo piensa usted que puede avanzar la regulación local?
    –El parlamento es el ámbito adecuado para discutir una nueva regulación, y cuando asuma como diputado de la Nación, presentaré al debate un proyecto de ley de Crédito Productivo y Cobertura Universal de Servicios Financieros. Se trata de gestar una nueva ley de entidades financieras que sustituya la Ley 21.526 de la dictadura. Una nueva ley que interprete al sistema financiero como un servicio público, pero confeccionada desde el interés de los usuarios y no de las entidades. Los objetivos más específicos del proyecto de ley son la construcción de un amplio mercado de crédito bancario, centrado en el crédito productivo y el hipotecario para la vivienda, que constituye uno de los desafíos más importantes, ya que se parte de un nivel extremadamente bajo de financiación de la economía.
    Otra cuestión a abordar es la democratización del crédito, fomentando los préstamos a las Pyme, para cambiar la impronta de las últimas décadas de altísima concentración por deudor en las carteras de préstamos bancarios. Un objetivo principal es lograr la cobertura universal para toda la población argentina, que llegue a las localidades más pequeñas, puesto que menos de la mitad de la población está hoy bancarizada.

    –Algunos analistas y consultores señalan actualmente al bajo nivel de institucionalidad en el manejo de la política económica como un impedimento para el desarrollo de un mercado de capitales local.
    –Todas las acciones económicas y regulaciones que se están tomando están dentro de lo que establece la ley. Para varios analistas, la eliminación del régimen de capitalización previsional y la creación de un único régimen público de reparto es una debilidad institucional, cuando fue refrendada por la Ley 26.425 votada por el Parlamento. Creo que la baja institucionalidad deviene de una excesiva participación de los mercados sin la regulación necesaria y de la falta de protección de los ciudadanos ante las crisis propias y ajenas; el gran deterioro de los fondos de las AFJP a partir de la instalación de la crisis financiera internacional es un ejemplo.
    Sin duda falta mucho por avanzar, como resolver la falta de credibilidad de las estadísticas del Indec, diseñar una profunda reforma tributaria que transforme al sistema fiscal en progresivo, y otros tantos temas más. Pero creo que un indicador fehaciente del alto nivel de institucionalidad de la política económica se obtendrá cuando esta logre mejorar sustancialmente la distribución del ingreso de la población.